Mostrando entradas con la etiqueta Cómo orar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cómo orar. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Mira, ¡que grande es la fuerza de confiar en Dios!

Cuando Moisés condujo a los israelitas a cruzar el Mar Rojo, se apoyó en Dios, y Dios separó el Mar Rojo dejando que escaparan con éxito de Egipto;

David venció a Goliat confiando en Dios, y fruto lo cual los israelitas ganaron la guerra;

Cuando Daniel se hizo culpable y fue arrojado al foso de los leones, confió en Dios, entonces Dios cerró la boca de las fieras y él sobrevivió;

Hermanos, si encuentran alguna dificultad en su vida, por favor confíen en Dios, ¡no hay nada difícil para Dios!

Comparte un artículo para ayudarte a encontrar la respuesta:

Estudio acerca de la oración: ¿Cómo orar para que el Señor escuche?

Hermanos y hermanas:

¡La paz del Señor esté con ustedes! Hoy, hablaremos sobre “los tres problemas que debemos resolver en la oración”. Que el Señor guíe nuestra comunión. Nosotros, los hermanos y hermanas, sabemos que la oración es el camino para establecer una relación normal con Dios. Todos esperamos que nuestras oraciones sean escuchadas y aceptadas, pero hoy muchos hermanos y hermanas están afligidos por el hecho de que sus oraciones no son escuchadas ni aceptadas. Entonces, ¿cómo debemos orar según la voluntad de Dios y qué problemas debemos resolver en nuestras oraciones para que el Señor las escuche?

1. Debemos resolver el problema de hablar de manera pretenciosa, impráctica y deshonesta cuando oramos

En nuestra vida diaria, cuando oramos al Señor a menudo decimos cosas que son falsas, exageradas o vacías, así que el Señor esconde Su rostro y no escucha. Por ejemplo, en nuestras oraciones decimos con frecuencia: “Señor, sé que todas las cosas en el mundo están sucias y que somos simplemente huéspedes y extranjeros en este mundo. Quiero amarte y satisfacerte”. Sin embargo, en nuestra vida seguimos sin poder dejar atrás las cosas del mundo como la riqueza, la reputación y el estatus, e incluso las buscamos de manera activa. A veces, oramos al Señor y decimos: “Dios, deseo ser un siervo leal y servirte con todo mi corazón, con toda mi mente y con todas mis fuerzas”. Pero en nuestra obra, cuando nos encontramos con dificultades que no sabemos resolver, nos quejamos de las dificultades y los problemas. También oramos a menudo de la siguiente manera: “Señor, deseo cargar con la cruz y seguirte”. Pero, cuando llegan grandes dificultades, como la enfermedad o el encarcelamiento, se producen quejas en nuestro corazón y culpamos al Señor por no protegernos. Estas oraciones no son prácticas. No son palabras que salgan de nuestro corazón y por eso el Señor no las acepta. El Señor Jesús dijo: “Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). Así, podemos ver que el Señor nos exige que seamos personas honestas y que hablemos de manera práctica y seria con el Señor. No debemos hablar de forma pretenciosa ni decir cosas que no sean realistas o estaremos engañando al Señor y haremos que nos deteste. Así que, cuando oremos, debemos practicar hablar al Señor desde el corazón, de forma realista, y descartar las palabras falsas e hipócritas. No debería importarnos cuánto hablemos o lo bien que suenen nuestras palabras, sino que debemos preocuparnos de si oramos al Señor sinceramente. Por ejemplo, cuando hacemos una obra para el Señor, quizás en nuestro corazón queramos ir tras las cosas del mundo y la riqueza, así que debemos hablar honestamente al Señor y pedirle que nos guíe y nos ayude a trabajar por Él con sinceridad. Si nos encontramos con dificultades, debemos ser sinceros con el Señor: “Dios, estoy teniendo dificultades en este momento, soy débil, quiero amarte, pero no encuentro la voluntad para ello, así que te pido que muevas mi corazón y que no permitas que mis dificultades me hagan débil”. Después de esto, debemos colaborar activamente con Dios y confiar sinceramente en Él. Cuando cometemos errores que ofenden al Señor o entendemos incorrectamente a Dios durante nuestras dificultades, debemos aún más explicar honestamente al Señor la corrupción que exponemos, nuestros verdaderos pensamientos, nuestras dificultades, etcétera. Lo que decimos cuando oramos al Señor debe ser sincero y verdadero, porque, si es así, tendremos siempre intimidad con Dios y Dios escuchará nuestras oraciones. De esta manera, nuestro conocimiento de Dios se profundizará y creceremos continuamente en la vida.

2. Debemos resolver el problema de pasar por procesos, hacer las cosas por inercia y no acercarnos a Dios con calma cuando oramos

Hoy, muchos de nuestros hermanos y hermanas solo se centran en el proceso externo cuando oran y no están orando en silencio delante de Dios. Piensa que, si estás ocupado en el trabajo y tienes miedo de llegar tarde a trabajar por la mañana, en un intento por ganar algo de tiempo murmuras una oración a medias a Dios. Estas oraciones son una manera de salir del paso, simplemente haciéndolo por inercia. O, cuando oramos en las reuniones y escuchamos a otra persona orar durante mucho tiempo o decir muchas cosas, mientras que nosotros no tenemos mucho que decir, nos da miedo que nos miren por encima del hombro si oramos menos que los demás, así que cuando nos llega el turno, imitamos a la otra persona y decimos muchas palabras, incluso repitiendo cosas que dijo el otro. Estas oraciones se ofrecen para que la gente las oiga, así que no son oraciones que se digan en silencio delante de Dios. El Señor Jesús nos dijo: “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6:6). La palabra del Señor nos dice que debemos tener un corazón tranquilo y sosegado cuando oramos delante de Dios, y que no debemos estar bajo la influencia de ninguna persona, asunto o cosa. Por ejemplo, tal vez tengamos prisa por llegar al trabajo por la mañana, pero, mientras esperamos el autobús, podemos calmar nuestro corazón e ir en silencio delante del Señor. También podemos hacerlo en nuestro corazón mientras vamos en el autobús o estamos en la oficina. Orar así no nos pide que obedezcamos ninguna norma; sólo requiere que nos acerquemos al Señor y consigamos el resultado de no separarnos de Él. Además, cuando oramos en las reuniones, no deberíamos intentar hacer que los demás nos admiren cuando oramos, ni preocuparnos por cómo nos ven los demás, sino que sólo debemos buscar ir delante de Dios en silencio y abrirle nuestro corazón y aceptar el movimiento del Espíritu Santo. Cuando hacemos esto, no estamos haciendo las cosas sin pensar, y Dios nos escucha.

3. Debemos resolver el problema de tener deseos extravagantes y siempre ser egoístas cuando oramos

Como cristianos, todos sabemos que no podemos hacer peticiones extravagantes a Dios, pero como albergamos la intención de recibir bendiciones, a menudo hacemos demandas a Dios sin darnos cuenta, haciendo peticiones extravagantes para satisfacer todo tipo de deseos. Por ejemplo, para que nuestros hijos puedan entrar a una escuela mejor, podríamos orar: “Dios, los exámenes de mi hijo(a) son en unos pocos días. Te confío a mi hijo(a); te pido que le des inteligencia y sabiduría para que saque buenas notas en el examen y tenga éxito en el futuro”. Los que hacen negocios podrían orar: “Dios, te confío mi negocio y te pido protección y ayuda; te pido que bendigas el éxito de mi negocio y les muestres a los gentiles los milagros que puedes obrar, lo cual también me permitirá ser libre de las carencias materiales”. Los que trabajan en la iglesia y se dedican a ella podrían orar: “Señor, ahora que te sirvo y trabajo para ti, te pido que bendigas a mi familia con un negocio exitoso, para que no les falte ropa ni comida”. Estas oraciones contienen nuestros deseos extravagantes. Todas demandan a Dios que haga esto o aquello según nuestros deseos. Somos seres creados y debemos tener buen juicio delante del Creador. Debemos tener corazones que teman a Dios y no pedirle a Dios que cumpla nuestros deseos. El Señor Jesús también nos dijo: “Por tanto, no os preocupéis, diciendo: ‘¿Qué comeremos?’ o ‘¿qué beberemos?’ o ‘¿con qué nos vestiremos?’ Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que necesitáis de todas estas cosas. Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:31-33). El Señor Jesús nos enseñó que no debemos preocuparnos por qué comeremos o cómo nos vestiremos. No debemos pedirle estas cosas al Señor, porque el Señor preparará y dispondrá todo lo que necesitemos materialmente. El Señor nos pide lo siguiente: “Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Esto quiere decir que primero deberíamos orar por el Reino de Dios y Su justicia, porque Dios acepta este tipo de oración. Consideremos que todos sabemos que estamos viviendo en los últimos días y sabemos que las profecías dicen que Él regresará, así que debemos orar más para que el Reino de Dios venga pronto a la Tierra, como está escrito: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10). Debemos orar para que el Señor nos guíe para ser vírgenes sabias y para poder darle la bienvenida al Señor cuando escuchemos noticias de Su retorno. Debemos orar también para escapar de nuestra corrupción y por la purificación. Estas oraciones para recibir la verdad y la vida serán escuchadas por el Señor.

Finalmente, me gustaría compartir con todos ustedes dos pasajes que leí en una página web sobre el Evangelio: “¿Qué significa orar realmente? Quiere decir hablar con Dios las palabras que están dentro de tu corazón y comunicarte con Dios después de que comprendiste Su voluntad, basándote en Sus palabras; quiere decir sentirte particularmente cerca de Dios, sentir que Él está enfrente de ti y que tú tienes algo que decirle; y quiere decir estar especialmente radiante dentro de tu corazón y sentir que Dios es especialmente precioso. Te vas a sentir especialmente constreñido y, después de escuchar tus palabras, tus hermanos y hermanas se van a sentir complacidos, van a sentir que las palabras que hablas son las palabras que están dentro de sus corazones, las palabras que quieren decir y que lo que tú dices representa lo que ellos quieren decir. Esto es lo que significa orar verdaderamente. Después de que has orado verdaderamente, te vas a sentir en paz y complacido en tu corazón; la fuerza para amar a Dios crecerá y vas a sentir que nada en toda tu vida es más valioso o importante que amar a Dios, y todo esto probará que tus oraciones han sido efectivas”. “Mientras oras tu corazón debe estar en paz delante de Dios y debe ser sincero. Estás realmente teniendo comunión y orando con Dios; no debes engañar a Dios usando palabras que suenen bonito. La oración se centra alrededor de aquello que Dios quiere completar hoy. Pídele a Dios que te ilumine y te esclarezca más, y lleva tu estado real y tus problemas delante de Él para que ores y tomes la determinación ante Dios. Orar no es seguir un procedimiento sino buscar a Dios usando tu corazón sincero. Pide que Dios proteja tu corazón, capacitándolo para que con frecuencia esté en paz delante de Dios, capacitándote para que te conozcas y te desprecies y te abandones en el ambiente que Dios ha puesto para ti, permitiéndote así tener una relación normal con Dios y haciendo de ti alguien que verdaderamente ama a Dios”.

Gracias al Señor. Las oraciones son nuestro puente espiritual de comunicación con Dios y siempre que oremos al Señor con un corazón sincero y honesto y oremos para satisfacer la voluntad de Dios, el Señor aceptará y escuchará nuestras oraciones. Gracias al Señor por permitirme tener comunión con ustedes hoy. ¡Amén!

Recomendación: Cómo orar efectivamente

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

¿Qué es la oración? ¿Cómo debemos orar a Dios?


✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈•✼

¿Qué es la oración? ¿Cómo debemos orar a Dios?

Desde que empezamos a creer en el Señor, sabíamos que orar a Dios y tener comunión con Él es indispensable para nuestra vida espiritual. Porque la palabra de Dios dice: “La oración es una de las formas en las que el hombre coopera con Dios, es un modo por medio del cual el hombre invoca a Dios y es el proceso por medio del cual el Espíritu de Dios toca al hombre. Se puede decir que los que están sin oración son muertos que no tienen espíritu, lo que prueba que les hacen falta las facultades para que Dios los toque. Sin la oración, no pueden alcanzar una vida espiritual normal, mucho menos pueden seguir la obra del Espíritu Santo; sin la oración, rompen su relación con Dios y no pueden recibir la aprobación de Dios. Siendo que eres alguien que cree en Dios, entre más ores, más te toca Dios. Esas personas tienen una mayor determinación y pueden recibir más la iluminación más reciente de Dios; como resultado, el Espíritu Santo puede perfeccionar sólo a personas como estas tan pronto como sea posible”. Aquí se menciona que una persona sin oración no es alguien que vive delante de Dios; quien no ora no tiene espíritu y viceversa. La oración es la necesidad en nuestra vida espiritual. Cuando leemos la Palabra de Dios, orar puede ayudarnos a obtener la iluminación del Espíritu Santo, entender la voluntad de Dios, y encontrar el camino de la práctica de la Palabra de Dios; cuando nos encontramos en peligros y adversidades, es a través de nuestra oración que Dios nos da verdadera fe y valor. Por así decirlo, cuanto más oramos a Dios, más fuerte se vuelve nuestra fe en Él, más abundante es nuestro entendimiento de la verdad, y más grande es nuestra resolución de amarlo. Puesto que la oración puede producir tales resultados, algunas personas pueden preguntar: Para que nuestra oración esté de acuerdo con la voluntad de Dios y logre estos resultados, ¿qué principios debemos comprender? Ahora, me gustaría compartir el comunicación en esto específicamente.

Primero, el verdadero significado de orar a Dios es comprender la verdad, obedecer a Dios, adorar a Dios y nunca participar en rituales religiosos.

Orar es una manera de adorar a Dios. Para que nuestras oraciones sean efectivas, primero debemos encontrar el camino dentro de la Palabra de Dios y entender el verdadero significado de la oración. La Palabra de Dios dice: “La oración no es un proceso de pasar por las formalidades o de seguir un procedimiento o de recitar las palabras de Dios, es decir, la oración no quiere decir repetir palabras como perico y copiarles a los demás. En la oración le debes dar tu corazón a Dios, compartiendo con Dios las palabras que están en tu corazón para que Dios te pueda tocar”. “Si oras con frecuencia, sabes cómo hacerlo, y oras a menudo de forma sumisa y razonable, tu condición será particularmente normal en tu interior. Si oras frecuentemente con algunos eslóganes y no tienes una carga ni reflexionas en si estás hablando de manera razonable o no en tu oración, y qué tipo de lenguaje no es adoración verdadera ni te tomas nunca en serio estos asuntos, tus oraciones no tendrán éxito y la condición en tu interior siempre será anormal. No entrarás nunca en profundidad en las lecciones respecto a lo que es la razón normal, la sumisión verdadera, la verdadera adoración, y dónde mantenerse. Todos estos asuntos son sutiles”. De la palabra de Dios entendemos. Cuando oramos, debemos tener buenas intenciones, tomar una actitud de piedad, y tener un corazón receptivo y obediente. Sólo así nuestras oraciones pueden obtener la aprobación de Dios y estar de acuerdo con Su voluntad. Si no oramos con seriedad y con un corazón tranquilo delante de Dios, sino que oramos hablando unas pocas palabras de manera casual y sin sinceridad, e incluso exigiendo irrazonablemente que Dios haga esto o aquello, entonces tales oraciones no son las de obedecerlo o adorarlo, sino las de llevar a cabo una ceremonia religiosa y yendo directamente a la salida. Dios nunca acepta tales oraciones.

Entonces, ¿cuál es el verdadero significado de la oración? La oración de uno no es por sus propios intereses personales, sino más bien para entender la Palabra de Dios, para practicar la verdad de acuerdo a la Palabra de Dios, y para actuar de acuerdo a Su voluntad. El Señor Jesús dijo: “Pero buscad primero su reino y su justicia...” (Mateo 6:33). Aquí vemos que la oración debe ser con el propósito de la obra de Dios, para satisfacerlo y para llevar a cabo Su voluntad. Tomemos como ejemplo la oración de Pedro. No importaba las cosas que encontrara, rezaba con un corazón sumiso para buscar la voluntad de Dios. Dejó de ser su propio amo aun en comida, vestimenta y refugio; en cambio, se exigió estrictamente a sí mismo para practicar de acuerdo con la palabra del Señor. Así que todas sus oraciones estaban en concierto con la voluntad de Dios y todo lo que él hacía podía glorificar a Dios. Eventualmente, fue perfeccionado por Dios, y llegó a ser una persona verdaderamente obediente a Él y que tenía verdadera adoración a Dios. Pero las oraciones de los fariseos eran completamente diferentes. Sus oraciones eran total y completamente para conservar su estatus y sustento, para establecerse y exaltarse a sí mismos. Además, a fin de engañar a esas personas comunes e ignorantes para que las adoraran y obedecieran, se pararon a propósito en las sinagogas y en las encrucijadas para participar en largas oraciones. Por eso, el Señor Jesús los criticó diciendo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, aun cuando por pretexto hacéis largas oraciones; por eso recibiréis mayor condenación” (Mateo 23:14). A través de la palabra del Señor Jesús, podemos ver que las oraciones de los fariseos eran hipócritas y religiosas. Dios no aprueba, sino que desprecia tales oraciones.

En segundo lugar, debemos recurrir a nuestras dificultades prácticas y problemas cuando rezamos a Dios. No debemos apartarnos de la realidad y hablar palabras vacías, o hablar de cartas y doctrinas.

En nuestra vida, siempre encontramos todo tipo de dificultades. En este momento, ¿cómo debemos orar a Dios? Él dice: “El estándar más bajo que Dios exige de las personas es que le puedan abrir sus corazones. Si el hombre le da a Dios su corazón sincero y le dice a Dios lo que realmente hay dentro de su corazón, entonces Dios estará dispuesto a obrar en el hombre; Dios no quiere el corazón torcido del hombre sino su corazón puro y honesto. Si el hombre no le dice a Dios lo que de verdad hay en su corazón, entonces Dios no toca el corazón del hombre ni obra dentro de él. Por lo tanto, lo más crucial acerca de la oración es decirle a Dios las palabras de tu auténtico corazón, hablarle a Dios de tus defectos o de tu carácter rebelde y abrirte completamente a Dios. Sólo entonces Dios estará interesado en tus oraciones; si no, entonces Él ocultará Su rostro de ti”. La palabra de Dios nos indica una manera de practicar. Cuando enfrentamos dificultades prácticas, debemos orar ante Dios con una actitud de piedad, y abrirle nuestro corazón: Pronunciar las palabras de nuestro corazón con honestidad; no digas palabras vacías o falsas o mientas para engañarle. Pero si cerramos nuestros corazones a Dios, y sólo decimos algunas palabras elevadas y agradables para engañar a Dios, entonces Él no puede ver nuestros corazones honestos, y por eso no aprobará tales oraciones. Por ejemplo, algunas personas oran a Dios: “¡Oh Dios! Estoy dispuesto a dedicarme por entero a Ti. Estoy dispuesto a dedicarte todo lo que tengo”, pero después no hacen nada por Dios. Algunas personas dicen, “¡Oh Dios! Me gustaría consumirme en Ti y ofrecerte mi corazón. Me gustaría servirte y serte leal”, pero después de decir eso, ellos todavía se rebelan contra Dios como lo hacían antes, ¿no es esto engañar a Dios? Algunas personas rezan a Dios, diciendo: ¡“Oh, Dios! Estoy dispuesto a abandonar todo para seguirte”, pero habiendo orado, no renuncian a nada. Algunas personas le dicen a Dios: "Oh, Dios, te amaré toda mi vida," pero en realidad nunca aman a Dios en su vida: lo que aman son a ellos mismos, su persona, sus hijos y su dinero. Mira estas oraciones. Todas son palabras vacías que engañan a Dios. Esto es suficiente para probar que somos demasiado impíos ante Dios, y que no tenemos un temor de Él. Dios no escucha nuestras oraciones de esta manera, así que son infructuosas. Si no nos arrepentimos y continuamos orando de esta manera, seremos detestados por El.

En tercer lugar, debemos orar con frecuencia a Dios sobre los problemas de cumplir con nuestro deber y entrar en la vida, buscando comprender la verdad y entrar en la realidad.

Cuando nos gastamos para Dios en el cumplimiento de nuestro deber, muchos hermanos y hermanas creen que mientras confesemos nuestros pecados y nos arrepintamos más en nuestra oración ante el Señor, difundamos más el Evangelio, hagamos más trabajo y prediquemos más sermones, entonces estaremos en conformidad con la voluntad de Dios y seremos alabados por Él. Pero de hecho, esto no es cierto. Tal práctica es errónea. Porque en el cumplimiento de nuestro deber aún quedan muchos problemas y situaciones por resolver. La palabra de Dios dice: “Cuando cumples tu deber o trabajas en algo, deberías pensar siempre: ¿cómo debería cumplir este deber? ¿Cuál es la intención de Dios? A través de los asuntos te acercas a Dios, y mediante ese acercamiento a Dios, buscas los principios y las verdades para hacer las cosas, buscas la voluntad de Dios desde dentro y no abandonas a Dios en nada de lo que haces. Ésta es una persona que cree de verdad en Dios. […] Las personas suelen ver bien y considerar correctas las ideas humanas, y es como si no violaran tanto la verdad. Las personas sienten que hacer las cosas así es poner la verdad en práctica, someterse a Dios. En realidad, las personas no están buscando verdaderamente a Dios ni oran a Él sobre esto. No están luchando por hacer las cosas bien y satisfacer la voluntad de Dios ni para hacerlo bien según Sus requisitos. No están en esta situación verdadera ni tienen semejante deseo. Éste es el mayor error que las personas cometen en su práctica, porque crees en Dios, pero Él no está en tu corazón. ¿Cómo podría no ser esto un pecado? ¿Cómo podría no ser esto engañarte a ti mismo? ¿Qué efecto tiene creer de este modo? ¿Dónde está el significado práctico de creer en Dios?” De la Palabra de Dios podemos entender que el cumplimiento del deber es un camino por el cual nuestra vida puede crecer. El deber nos es confiado por Dios, y debemos desarrollar una verdadera carga por ello. Cuando cumplimos con nuestro deber, no es el caso que mientras cumplamos con las cosas que Dios nos ha confiado, entonces estamos satisfaciendo a Dios. Si no buscamos resolver las dificultades y problemas de nuestro deber, ¿podemos satisfacer a Dios? Por lo tanto, debemos pedir y orar más a Dios, encontrar una manera de practicar en Su palabra, y cumplir con nuestro deber de acuerdo a Sus requerimientos. También debemos reflexionar en todo momento acerca de si tenemos nuestros propios pensamientos adulterados en el cumplimiento de nuestro deber o si estamos haciendo algo que traiciona la verdad y los principios y después de encontrarlos, debemos dar la vuelta rápidamente. Si podemos atender seriamente todo lo que Dios nos confía, entonces nuestra vida crecerá al cumplir nuestro deber, y nuestra disposición contaminada, gradualmente se limpiará y cambiará. De hecho, no sólo debemos enfocarnos en practicar la palabra de Dios en el cumplimiento de nuestro deber, sino que debemos vivir por la palabra de Dios en nuestro trabajo y vida diaria. Solamente cuando practicamos siempre de esta manera podemos entender la verdad y entrar en su realidad, cambiar nuestra disposición de vida y convertirnos en una persona que es encomendada por Dios.

En cuarto lugar, debe haber reverencia por Dios en nuestras oraciones, y debemos ser razonables. No debemos hacer exigencias a Dios, forzar a Dios o tomar ventaja de Dios, y mucho menos podemos hacer intercambios con Dios.

La palabra de Dios dice, “Deberías buscar y someterte en tus oraciones; por ejemplo, si te sobrevino un problema que no supiste manejar, dices: ‘¡Oh Dios! Este problema ha caído sobre mí, y no sé cómo manejarlo. Estoy dispuesto a satisfacerte en este asunto, estoy dispuesto a buscarte, deseo que Tu voluntad se lleve a cabo, actuar según Tus propósitos, y no según los míos. Sabes que los propósitos del hombre quebrantan Tu voluntad; se resisten a Ti y no se conforman a la verdad. Sólo deseo comportarme conforme a Tus propósitos. Te pido que me esclarezcas y guíes en este tema, para que no Te ofenda…’. Este es el tono de voz adecuado en la oración. Si dices simplemente: ‘Oh Dios, te pido que me ayudes y guíes; que prepares un entorno adecuado y personas adecuadas para mí, de forma que pueda irme bien en mi trabajo’, cuando esta clase de oración termina, sigues sin saber cuál es la voluntad de Dios, porque estás intentando hacer que Él haga las cosas según tus propósitos”. La palabra de Dios nos da una manera de practicar la oración a Él. Cuando oramos, debemos permanecer en la posición correcta y ser razonables; no debemos hacer demandas a Dios, o forzarlo a hacer esto o aquello. No importa el tipo de dificultades que encontremos, o si entendemos la voluntad de Dios, debemos orar con reverencia por Dios, permaneciendo en la posición de una criatura y conservando un corazón de obediencia a Él. Tome como ejemplo la oración del Señor. Antes de la crucifixión, el Señor Jesús se postró en la tierra y oró en el Huerto de Getsemaní: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras” (Mateo 26:39). De esto podemos ver que aun cuando el Dios encarnado oró al Padre celestial, Él conservó un corazón obediente, actuó completamente de acuerdo a la voluntad de Dios Padre, y no tuvo elección propia. Pero en la vida real, nuestras oraciones no son razonables. A menudo exigimos que Dios haga esto o aquello para lograr nuestros propios objetivos sin la más mínima reverencia a Dios. Forzamos nuestros propios deseos sobre Dios y le pedimos que haga las cosas de acuerdo con nuestras ideas, y exigimos cosas de Él con la intención de llevar a cabo transacciones con Dios. Por ejemplo, frente a las dificultades, muchas personas no se preocupan por la voluntad de Dios, sino que sólo lo molestan con oraciones incesantes que incluyen ayuda para resolver sus problemas; cuando algunas personas se encuentran con la enfermedad, no buscan entender la voluntad de Dios, sino que sólo le piden a Dios para darles una curación rápida, y quitarles el tormento de su enfermedad; además, hay también algunas personas que siempre piden a Dios que bendiga a sus familias, a sus parientes, a su todo, y así sucesivamente. Todas estas oraciones son irracionales, sin sumisión, y no se ajustan a la voluntad de Dios.

Los que se mencionan anteriormente son los cuatro principios de orar e implorar a Dios. Mientras los captemos, los practiquemos y los apliquemos en nuestra vida diaria, obtendremos iluminación y esclarecimiento de Dios, comprenderemos Su voluntad y recibiremos Su guía y liderazgo.

(Traducido del original en inglés al español por Luis Carlos Villegas)

Para conocer más: Cómo orar efectivamente

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Estudiar la Biblia

jueves, 2 de septiembre de 2021

¿Cómo orar para que el Señor escuche?


✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈┈•✼•┈┈┈•✼ 

¿Cómo orar para que el Señor escuche?

Hermanos y hermanas:

¡La paz del Señor esté con ustedes! Hoy, hablaremos sobre “los tres problemas que debemos resolver en la oración”. Que el Señor guíe nuestra comunión. Nosotros, los hermanos y hermanas, sabemos que la oración es el camino para establecer una relación normal con Dios. Todos esperamos que nuestras oraciones sean escuchadas y aceptadas, pero hoy muchos hermanos y hermanas están afligidos por el hecho de que sus oraciones no son escuchadas ni aceptadas. Entonces, ¿cómo debemos orar según la voluntad de Dios y qué problemas debemos resolver en nuestras oraciones para que el Señor las escuche?

1. Debemos resolver el problema de hablar de manera pretenciosa, impráctica y deshonesta cuando oramos

En nuestra vida diaria, cuando oramos al Señor a menudo decimos cosas que son falsas, exageradas o vacías, así que el Señor esconde Su rostro y no escucha. Por ejemplo, en nuestras oraciones decimos con frecuencia: “Señor, sé que todas las cosas en el mundo están sucias y que somos simplemente huéspedes y extranjeros en este mundo. Quiero amarte y satisfacerte”. Sin embargo, en nuestra vida seguimos sin poder dejar atrás las cosas del mundo como la riqueza, la reputación y el estatus, e incluso las buscamos de manera activa. A veces, oramos al Señor y decimos: “Dios, deseo ser un siervo leal y servirte con todo mi corazón, con toda mi mente y con todas mis fuerzas”. Pero en nuestra obra, cuando nos encontramos con dificultades que no sabemos resolver, nos quejamos de las dificultades y los problemas. También oramos a menudo de la siguiente manera: “Señor, deseo cargar con la cruz y seguirte”. Pero, cuando llegan grandes dificultades, como la enfermedad o el encarcelamiento, se producen quejas en nuestro corazón y culpamos al Señor por no protegernos. Estas oraciones no son prácticas. No son palabras que salgan de nuestro corazón y por eso el Señor no las acepta. El Señor Jesús dijo: “Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). Así, podemos ver que el Señor nos exige que seamos personas honestas y que hablemos de manera práctica y seria con el Señor. No debemos hablar de forma pretenciosa ni decir cosas que no sean realistas o estaremos engañando al Señor y haremos que nos deteste. Así que, cuando oremos, debemos practicar hablar al Señor desde el corazón, de forma realista, y descartar las palabras falsas e hipócritas. No debería importarnos cuánto hablemos o lo bien que suenen nuestras palabras, sino que debemos preocuparnos de si oramos al Señor sinceramente. Por ejemplo, cuando hacemos una obra para el Señor, quizás en nuestro corazón queramos ir tras las cosas del mundo y la riqueza, así que debemos hablar honestamente al Señor y pedirle que nos guíe y nos ayude a trabajar por Él con sinceridad. Si nos encontramos con dificultades, debemos ser sinceros con el Señor: “Dios, estoy teniendo dificultades en este momento, soy débil, quiero amarte, pero no encuentro la voluntad para ello, así que te pido que muevas mi corazón y que no permitas que mis dificultades me hagan débil”. Después de esto, debemos colaborar activamente con Dios y confiar sinceramente en Él. Cuando cometemos errores que ofenden al Señor o entendemos incorrectamente a Dios durante nuestras dificultades, debemos aún más explicar honestamente al Señor la corrupción que exponemos, nuestros verdaderos pensamientos, nuestras dificultades, etcétera. Lo que decimos cuando oramos al Señor debe ser sincero y verdadero, porque, si es así, tendremos siempre intimidad con Dios y Dios escuchará nuestras oraciones. De esta manera, nuestro conocimiento de Dios se profundizará y creceremos continuamente en la vida.

2. Debemos resolver el problema de pasar por procesos, hacer las cosas por inercia y no acercarnos a Dios con calma cuando oramos

Hoy, muchos de nuestros hermanos y hermanas solo se centran en el proceso externo cuando oran y no están orando en silencio delante de Dios. Piensa que, si estás ocupado en el trabajo y tienes miedo de llegar tarde a trabajar por la mañana, en un intento por ganar algo de tiempo murmuras una oración a medias a Dios. Estas oraciones son una manera de salir del paso, simplemente haciéndolo por inercia. O, cuando oramos en las reuniones y escuchamos a otra persona orar durante mucho tiempo o decir muchas cosas, mientras que nosotros no tenemos mucho que decir, nos da miedo que nos miren por encima del hombro si oramos menos que los demás, así que cuando nos llega el turno, imitamos a la otra persona y decimos muchas palabras, incluso repitiendo cosas que dijo el otro. Estas oraciones se ofrecen para que la gente las oiga, así que no son oraciones que se digan en silencio delante de Dios. El Señor Jesús nos dijo: “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6:6). La palabra del Señor nos dice que debemos tener un corazón tranquilo y sosegado cuando oramos delante de Dios, y que no debemos estar bajo la influencia de ninguna persona, asunto o cosa. Por ejemplo, tal vez tengamos prisa por llegar al trabajo por la mañana, pero, mientras esperamos el autobús, podemos calmar nuestro corazón e ir en silencio delante del Señor. También podemos hacerlo en nuestro corazón mientras vamos en el autobús o estamos en la oficina. Orar así no nos pide que obedezcamos ninguna norma; sólo requiere que nos acerquemos al Señor y consigamos el resultado de no separarnos de Él. Además, cuando oramos en las reuniones, no deberíamos intentar hacer que los demás nos admiren cuando oramos, ni preocuparnos por cómo nos ven los demás, sino que sólo debemos buscar ir delante de Dios en silencio y abrirle nuestro corazón y aceptar el movimiento del Espíritu Santo. Cuando hacemos esto, no estamos haciendo las cosas sin pensar, y Dios nos escucha.

3. Debemos resolver el problema de tener deseos extravagantes y siempre ser egoístas cuando oramos

Como cristianos, todos sabemos que no podemos hacer peticiones extravagantes a Dios, pero como albergamos la intención de recibir bendiciones, a menudo hacemos demandas a Dios sin darnos cuenta, haciendo peticiones extravagantes para satisfacer todo tipo de deseos. Por ejemplo, para que nuestros hijos puedan entrar a una escuela mejor, podríamos orar: “Dios, los exámenes de mi hijo(a) son en unos pocos días. Te confío a mi hijo(a); te pido que le des inteligencia y sabiduría para que saque buenas notas en el examen y tenga éxito en el futuro”. Los que hacen negocios podrían orar: “Dios, te confío mi negocio y te pido protección y ayuda; te pido que bendigas el éxito de mi negocio y les muestres a los gentiles los milagros que puedes obrar, lo cual también me permitirá ser libre de las carencias materiales”. Los que trabajan en la iglesia y se dedican a ella podrían orar: “Señor, ahora que te sirvo y trabajo para ti, te pido que bendigas a mi familia con un negocio exitoso, para que no les falte ropa ni comida”. Estas oraciones contienen nuestros deseos extravagantes. Todas demandan a Dios que haga esto o aquello según nuestros deseos. Somos seres creados y debemos tener buen juicio delante del Creador. Debemos tener corazones que teman a Dios y no pedirle a Dios que cumpla nuestros deseos. El Señor Jesús también nos dijo: “Por tanto, no os preocupéis, diciendo: ‘¿Qué comeremos?’ o ‘¿qué beberemos?’ o ‘¿con qué nos vestiremos?’ Porque los gentiles buscan ansiosamente todas estas cosas; que vuestro Padre celestial sabe que necesitáis de todas estas cosas. Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:31-33). El Señor Jesús nos enseñó que no debemos preocuparnos por qué comeremos o cómo nos vestiremos. No debemos pedirle estas cosas al Señor, porque el Señor preparará y dispondrá todo lo que necesitemos materialmente. El Señor nos pide lo siguiente: “Pero buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Esto quiere decir que primero deberíamos orar por el Reino de Dios y Su justicia, porque Dios acepta este tipo de oración. Consideremos que todos sabemos que estamos viviendo en los últimos días y sabemos que las profecías dicen que Él regresará, así que debemos orar más para que el Reino de Dios venga pronto a la Tierra, como está escrito: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10). Debemos orar para que el Señor nos guíe para ser vírgenes sabias y para poder darle la bienvenida al Señor cuando escuchemos noticias de Su retorno. Debemos orar también para escapar de nuestra corrupción y por la purificación. Estas oraciones para recibir la verdad y la vida serán escuchadas por el Señor.

Finalmente, me gustaría compartir con todos ustedes dos pasajes que leí en una página web sobre el Evangelio: “¿Qué significa orar realmente? Quiere decir hablar con Dios las palabras que están dentro de tu corazón y comunicarte con Dios después de que comprendiste Su voluntad, basándote en Sus palabras; quiere decir sentirte particularmente cerca de Dios, sentir que Él está enfrente de ti y que tú tienes algo que decirle; y quiere decir estar especialmente radiante dentro de tu corazón y sentir que Dios es especialmente precioso. Te vas a sentir especialmente constreñido y, después de escuchar tus palabras, tus hermanos y hermanas se van a sentir complacidos, van a sentir que las palabras que hablas son las palabras que están dentro de sus corazones, las palabras que quieren decir y que lo que tú dices representa lo que ellos quieren decir. Esto es lo que significa orar verdaderamente. Después de que has orado verdaderamente, te vas a sentir en paz y complacido en tu corazón; la fuerza para amar a Dios crecerá y vas a sentir que nada en toda tu vida es más valioso o importante que amar a Dios, y todo esto probará que tus oraciones han sido efectivas”. “Mientras oras tu corazón debe estar en paz delante de Dios y debe ser sincero. Estás realmente teniendo comunión y orando con Dios; no debes engañar a Dios usando palabras que suenen bonito. La oración se centra alrededor de aquello que Dios quiere completar hoy. Pídele a Dios que te ilumine y te esclarezca más, y lleva tu estado real y tus problemas delante de Él para que ores y tomes la determinación ante Dios. Orar no es seguir un procedimiento sino buscar a Dios usando tu corazón sincero. Pide que Dios proteja tu corazón, capacitándolo para que con frecuencia esté en paz delante de Dios, capacitándote para que te conozcas y te desprecies y te abandones en el ambiente que Dios ha puesto para ti, permitiéndote así tener una relación normal con Dios y haciendo de ti alguien que verdaderamente ama a Dios”.

Gracias al Señor. Las oraciones son nuestro puente espiritual de comunicación con Dios y siempre que oremos al Señor con un corazón sincero y honesto y oremos para satisfacer la voluntad de Dios, el Señor aceptará y escuchará nuestras oraciones. Gracias al Señor por permitirme tener comunión con ustedes hoy. ¡Amén!

Para conocer más: Cómo orar a Dios

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

domingo, 1 de agosto de 2021

¿Cómo orar para que el Señor nos escuche?

La oración es un medio de que establecemos una relación normal con Dios, es tan importante como el aire. Todos deseamos que nuestras oraciones sean escuchadas y elogiadas. Recientemente, muchos hermanos y hermanas nos han enviado mensajes diciendo que Dios no ha escuchado sus oraciones y se sienten oscuros y secos en el corazón, están muy angustiosos por esto. Entonces, ¿qué tipo de oración es conforme a la voluntad de Dios y escuchada por Él?

En cuanto a la cuestión de que las oraciones no son escuchadas por Dios, hemos resumido las siguientes
tres razones:

1. Siempre se habla palabras vacías e imprácticas y de engañar a Dios

2.No se calma su corazón ante Dios y está solamente satisfecho con un proceso o un ritual

3. Se tiene extravagantes deseos de Dios y se pide por sí mismo de manera irracional.
 
Lean el siguiente artículo para conocer los detalles.
 
¿Cómo orar a Dios correctamente? ¡Se te dirá 3 claves!

Cheng Shi

Hermanos y hermanas:

¡Paz a vosotros en el Señor! La oración es una manera importante para que nosotros los cristianos establezcamos una relación normal con Dios. Este es especialmente el caso durante la mañana y la noche. Es por eso que aprender cómo orar es sumamente importante. Sin embargo, muchos hermanos y hermanas se sienten perplejos: todos los días oramos tanto por la mañana como por la noche; también oramos antes de comer y después de que terminemos de comer así como cuando tenemos reuniones; además, cada vez que oramos, decimos mucho al Señor y oramos por mucho tiempo. Sin embargo, siempre sentimos como si Dios no estuviera ahí; se siente como si sólo estuviéramos hablando con nosotros mismos cuando oramos y nuestro espíritu no siente paz ni alegría. ¿Por qué Dios no escucha nuestras oraciones? ¿Cómo debemos orar para que podamos recibir la alabanza de Dios?

De hecho, hay unas cuantas razones por las que Dios no puede escuchar nuestras oraciones. Compartiré mi entendimiento personal de esto con todos.

Primero, ¿oramos a Dios con un corazón sincero?

El Señor Jesús dijo: “Cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren” (Juan 4:23). Las palabras de Dios nos han mostrado cómo debemos orar para adorar a Dios según Sus intenciones. En lo que Dios más se enfoca es si tenemos un corazón sincero cuando estamos ante Él y si le decimos palabras sinceras y verdaderas. Siempre y cuando tengamos un corazón reverente hacia Dios y tengamos un corazón sincero cuando oremos a Dios, Dios encontrará nuestras oraciones aceptables. Sin embargo, cuando oramos a Dios, a menudo somos incapaces de guardar silencio ante Dios y de usar un corazón verdadero para orar a Dios. Nuestros labios se mueven pero nuestro corazón está pensando en la familia o en el trabajo y está lleno de pensamientos ansiosos. A veces nuestros labios se mueven pero nuestros corazones no se mueven. No tenemos una actitud honesta y simplemente estamos haciendo las cosas por inercia y dándole vueltas al pasado, haciéndolo de manera superficial. Incluso frecuentemente decimos algunas palabras solemnes, pretenciosas y vacías, palabras que simplemente suenan bien o algunas palabras diluidas para engañar a Dios. Por ejemplo, amamos a nuestros padres más de lo que amamos al Señor o amamos a nuestra carrera más de lo que amamos al Señor pero cuando oramos decimos: “¡Oh Señor, te amo! ¡Estoy dispuesto a renunciar a todo y gastarme para Ti con todo mi corazón!”. Cuando nuestras familias se encuentran con algunos incidentes tristes, nuestros corazones se vuelven negativos y nos quejamos con el Señor. Sin embargo, cuando oramos, damos gracias al Señor y decimos palabras de alabanza al Señor. [...] Básicamente en las oraciones si uno no es sincero y sólo hace las cosas por inercia, usando algunas palabras grandes y vacías, palabras falsas o si uno mismo se disfraza ante Dios y sólo dice algunas palabras que suenan agradables, está engañando a Dios. Dios no escuchará las oraciones que no sean sinceras.

Segundo, ¿rogamos a Dios con racionalidad?

Gran parte del tiempo, cuando oramos a Dios, exigimos a ciegas cosas de Dios o tenemos todo tipo de peticiones extravagantes para Dios. Por ejemplo: si no tenemos trabajo, le pedimos a Dios que nos provea trabajo. Si no tenemos un hijo, le pedimos a Dios que nos conceda un hijo. Si estamos enfermos, le pedimos a Dios que sane nuestra enfermedad. Si nuestras familias están experimentando dificultades, le pedimos a Dios que nos ayude. Las personas de negocios oran a Dios y le piden que las bendiga para que puedan hacer mucho dinero. Los estudiantes le piden a Dios que los bendiga con inteligencia y sabiduría. Los ancianos le piden a Dios que los proteja de enfermedades y calamidades para que puedan pasar sus últimos años en paz. En la vida, independientemente de con qué dificultades y pruebas nos encontremos, nunca somos capaces de someternos a los arreglos de Dios. Siempre esperamos que Dios nos salve de nuestros problemas para que ya no suframos. Siempre le pedimos al Señor que nos proteja para que podamos ser felices y estar tranquilos. Este tipo de oración no es una oración de una de las creaciones de Dios a Dios. Más bien implica pedirle cosas a Dios y pedirle que haga las cosas según nuestros propios pensamientos. Cuando las personas creen en Dios, esperan que Dios satisfaga todas sus peticiones y deseos. Básicamente esto es entrar en un acuerdo comercial con Dios y no tiene una pizca de conciencia ni racionalidad. Este tipo de personas no tienen una fe y un amor genuinos por Dios, ni tampoco obedecen ni reverencian genuinamente a Dios. Más bien están usando a Dios para alcanzar sus metas. Esto es precisamente como Dios dijo: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí” (Mateo 15:8). Por lo tanto, Dios no escucha las oraciones que las personas hacen con intenciones inapropiadas.

Tercero, ¿nuestra iglesia tiene la obra del Espíritu Santo?

Recuerde la etapa inicial de la Era de la Ley cuando el templo contenía la obra del Espíritu Santo. Cuando las personas cometieron pecados, recibieron la disciplina del Espíritu Santo. Si los sacerdotes que estaban sirviendo a Dios infringían la ley, descendía fuego directamente del cielo y los quemaba hasta la muerte. Las personas tenían mucho miedo y tenían corazones que reverenciaban a Dios. Sin embargo, durante el último periodo de la Era de la Ley, cuando Jesús apareció y obró, el pueblo judío no podía cumplir la ley, usó el templo como un lugar para intercambiar dinero y vender ganado. Habían convertido el templo en una cueva de ladrones. Ya no contenía la disciplina del Espíritu Santo. Dado que el Espíritu Santo ya había dejado el templo con el fin de defender la obra de Jesús, aquellas personas que se quedaron en el templo y se negaron a aceptar la salvación de Jesús fueron eliminadas por la obra de Dios, cayendo en oscuridad. Aunque oraron en el nombre de Jehová, Dios no escuchó. Más aún, fueron incapaces de obtener la obra del Espíritu Santo.

Echemos un vistazo a nuestra iglesia hoy. Los sermones de los pastores y ancianos son aburridos. No hay nueva luz. Los hermanos y hermanas no reciben alimento de vida y sus espíritus se marchitan y se oscurecen cada vez más y son incapaces de sentir la presencia del Espíritu Santo. Incluso comenzarían a codiciar la carne y los placeres de la vida, así como a buscar estatus y poder. Los conflictos estallarían entre los compañeros de trabajo. Sus transgresiones frecuentemente reclamarían la victoria sobre ellos y no se sentirían en deuda con el Señor. No siguen las palabras del Señor ni guardan Sus mandamientos. Han violado totalmente la voluntad de Dios, convirtiéndose en los que resisten a Dios. [...] ¿Cuál es la diferencia entre este tipo de iglesia y el templo que existió en el periodo posterior a la Era de la Ley? Esto cumple completamente la profecía en la Biblia: “Y también les he quitado la lluvia cuando faltaban todavía tres meses para la cosecha; e hice llover sobre una ciudad y no sobre otra, llovió sobre una parte y ese pedazo de tierra donde no llovió se marchitó. Entonces dos o tres ciudades fueron a otra ciudad a beber agua;pero no estuvieron satisfechos, aun así no volvisteis a Mí, dijo Jehová” (Amós 4:7-8).* De hecho, Dios ha dejado la iglesia de la Era de la Gracia. Hay muchos hermanos y hermanas que claramente sienten que la iglesia ya no tiene la obra del Espíritu Santo y que Dios ya ha cubierto Su rostro de nosotros. Así que, ¿cómo es posible que nuestros espíritus no se marchiten? ¿Cómo podría Dios escuchar nuestras oraciones?

Las tres circunstancias mencionadas antes son las razones principales por las que el Señor no escucha nuestras oraciones. Todo lo que podemos hacer es presentarnos ante el Señor, buscar Sus intenciones y reflexionar sobre estas cuestiones. También debemos buscar cómo orar al Señor para que Él escuche. Esta es una verdad a la que tenemos que entrar urgentemente. Ahora bien, compartiré con todos tres métodos de implementación para que sepáis cómo orar según las intenciones de Dios. Siempre y cuando podamos ponerlos en acción y practicar todos los días con nuestro corazón, creo que el Señor escuchará nuestras oraciones.

Primero, debemos orar en espíritu, orar sinceramente y decir cosas verdaderas que provengan de nuestros corazones.

Todos sabemos que Dios es fiel. Con Dios no hay traición ni hipocresía ni mentira. Dios es sincero con todos y cada uno de nosotros. Dios también espera que oremos sincera y honestamente a Él. Esto es justo como Jesús dijo: “Antes bien, sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; y lo que es más de esto, procede del mal” (Mateo 5:37). Por lo tanto, cuando oremos, debemos hablarle francamente a Dios. Si somos débiles, debemos decir que somos débiles. Cualquier pensamiento, idea, dolor, dificultad o cosa que hayamos hecho que no sea según las intenciones de Dios, debemos sincerar nuestros corazones completamente y contarle a Dios acerca de ellos. Hay algunas palabras y algunos asuntos que nos sentiríamos avergonzados de admitir a otras personas. Sin embargo, no podemos esconder estas cosas de Dios. Debemos sincerar nuestros corazones con Dios y contarle de ellas a Dios honestamente. Cuando Dios ve que nuestros corazones están completamente expuestos ante Él y que no le estamos ocultando nada y, además, que estamos diciendo cosas que vienen directamente de nuestros corazones y que estamos hablando muy honestamente con Él, Dios nos guiará para que entendamos Sus intenciones y entendamos todos los aspectos de la verdad. Esto nos dará una senda para caminar.

Además, cuando oremos debemos guardar silencio ante Dios. Debemos orar a Dios con un corazón concentrado. No debemos ser tibios ni tener palabras sin corazón. Cuando hablamos con nuestros padres, somos capaces de respetarlos. Nuestra actitud hacia ellos es sincera. ¿No es porque son nuestros mayores y nos han criado? Dios nos creó, nos concedió la vida, nos proporcionó todo lo que necesitamos para vivir y Él nos ha concedido la verdad. ¿No debería entonces ser aún más importante que oremos a Dios con un corazón reverente? Independientemente de acerca de qué oremos a Dios, debemos tener un corazón devoto y buscar las intenciones de Dios y contarle con honestidad acerca de nuestros propios pensamientos y dificultades y debemos esperar pacientemente el tiempo de Dios. Sólo de esta manera obtendremos el esclarecimiento y la guía de Dios y entenderemos Sus intenciones. Entonces nuestras dificultades se resolverán a tiempo.

Segundo, debemos estar en el lugar de un ser creado y no tener exigencias para Dios; cebemos orar con un corazón que se someta a Dios.

Cuando oremos nos debe quedar claro que somos creaciones y que Dios es nuestro Creador. Dios sostiene todas las cosas y eventos en Sus manos. Nuestro todo está controlado por Él. Lo que sea que encontremos todos y cada uno de los días, sin importar si es un asunto importante o un asunto menor, todo se debe a los arreglos de Dios. Cuando oremos a Dios debemos mantenernos firmes en nuestra posición como creaciones y buscar la voluntad de Dios con una actitud devota y sumisa ante Dios. No debemos tener ninguna exigencia para Dios. Por ejemplo, cuando nos encontramos con dificultades y no sabemos qué hacer, podemos orar así: “¡Dios! No entiendo la verdad con respecto a este asunto. No sé cómo debo hacer las cosas según Tus intenciones. Sin embargo, estoy dispuesto a buscar en Tus palabras y hacer las cosas según Tus peticiones y satisfacer Tus intenciones. Por favor esclaréceme y guíame. ¡Amén!”. Cuando nuestros corazones tengan un lugar para Dios y cuando podamos estar en el lugar de una creación y orar, postrarnos y dar adoración a nuestro Creador y cuando podamos obedecer Su obra y poner Sus palabras en acción, sólo entonces construiremos una relación normal con Dios y obtendremos la obra del Espíritu Santo. Todos sabemos que Job fue un hombre que temía a Dios y evitaba el mal. Cuando perdió todo su ganado, hijos e hijas, se cubrió de llagas de pies a cabeza y estuvo soportando mucho dolor, creyó que Dios era el gobernante de todo y que sin el permiso de Dios estas cosas no le hubieran sucedido. Además, también sabía que todo lo que tenía, incluida su vida, le había sido dada por Dios. Independientemente de cuándo Dios quiera cobrar, es natural y correcto. Por lo tanto, no se quejó con Dios ni tuvo ninguna exigencia para Dios. Como resultado, se inclinó y adoró y con un corazón de sumisión oró a Dios. Dijo estas palabras: “Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1:21).* “¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?” (Job 2:10). Job se mantuvo firme y dio testimonio de Dios. Su razonamiento y su sumisión a Dios obtuvieron la alabanza de Dios. Si también somos capaces de dirigirnos a Dios de la manera en que lo hizo Job, si tenemos un lugar para Dios en nuestros corazones y si podemos orar a Dios con un corazón que se somete a Él, independientemente de con qué pruebas nos encontremos, Dios nos guiará y esclarecerá para que entendamos la verdad. Nuestros espíritus se volverán cada vez más agudos y nuestros pensamientos serán cada vez más claros. Cuando revelemos algo de corrupción o tengamos algunas situaciones malas, será aún más fácil que seamos conscientes de ello y lo resolvamos a tiempo. Entonces nuestra relación con Dios se acercará cada vez más y nuestra vida crecerá cada vez más rápido.

Tercero, si nuestra iglesia no tiene la obra del Espíritu Santo debemos tener oraciones de búsqueda.

Todos sabemos, en el periodo posterior de la Era de la Ley, que el hombre fue corrompido cada vez más profundamente por Satanás. El hombre vivió dentro del pecado y enfrentó el peligro de ser declarado culpable por la ley y de ser muerto. Entonces Dios, bajo el nombre de Jesús, terminó la Era de la Ley, comenzó la Era de la Gracia e hizo la obra de redimir a la raza humana. A partir de ese momento el judaísmo perdió completamente la gloriosa presencia de Dios. Para todos aquellos que no aceptaron el nombre ni la obra del Señor Jesús, independientemente de las circunstancias con las que se encontraron y de cómo oraron y apelaron a Jehová Dios, Dios no los escucharía y ellos no obtendrían la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, todos aquellos que aceptaron la nueva obra de Jesús y oraron en el nombre de Jesús disfrutarían del alimento de la fuente de agua viva de Dios. Cuando invocaran al Señor, podrían ver las obras de Dios y tendrían el acompañamiento de la obra del Espíritu Santo.

Hoy en día, independientemente de cómo oremos en el nombre del Señor, no sentimos la obra del Espíritu Santo y no podemos sentir Su presencia. No podemos obtener alimento para nuestras vidas y cometemos pecados pero no recibimos disciplina. Es muy posible que la obra del Espíritu Santo haya sido desviada una vez más. La Bible dice: “Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:47-48). “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios […]” (1 Pedro 4:17). De estos versículos podemos ver que en los últimos días Dios regresará una vez más para hacer la etapa de la obra de juicio. El Señor es fiel. Lo que Él dice sucederá, sucederá. En cuanto a nosotros, debemos buscar y orar, pidiéndole a Dios que nos guíe a la fuente de vida para que podamos obtener riego y alimento y seguir los pasos de nuestro Señor. Creo que siempre y cuando tengamos un corazón que tenga sed y busque, obtendremos la guía de Dios. Esto es porque Dios nos ha prometido: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7).

Gracias al Señor por Su guía. Espero que el contenido que se compartió hoy con respecto a cómo orar beneficie a todos. La oración es un paso importante para establecer una relación normal con Dios. También es una senda clave por la cual podemos obtener la obra del Espíritu Santo. Cuando entendamos cómo orar para obtener la respuesta del Señor y tengamos una senda práctica que seguir y cuando la practiquemos a menudo, sólo entonces el Señor escuchará nuestras oraciones. Que nuestras oraciones pronto puedan ser según las intenciones de Dios.

¡Que toda la gloria sea para Dios!

Leer más: Qué es orar

Unas citas bíblicas son tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

lunes, 6 de enero de 2020

¿Por qué los cristianos deben velar y orar?

Versículo de la Biblia sobre evangelio de hoy

Velad y orad para no caer en la tentación. Que si bien el espíritu está pronto, la carne es flaca.
Mateo 26:41

Reflexion del evangelio de hoy

¿Por qué los cristianos deben velar y orar?
Este versículo es la Palabra de exhortación de Dios a nosotros y Su voluntad es recordarnos: en este mundo oscuro y malvado, Satanás a menudo nos tienta, por lo que debemos estar más alertas, vigilar y orar, y no dejar a Dios, para que Satanás no tenga oportunidad que explotar. De lo contrario, cuando las tentaciones de Satanás se nos presenten, incluso si queremos satisfacer a Dios y practicar las palabras de Dios, no podemos vencer las debilidades de la carne y, en cambio, siempre estamos atrapados en las tentaciones de Satanás. Al mismo tiempo, por las palabras del Señor, podemos saber que el poder de la oración es grande, y que es el arma más poderosa que el Señor nos da para triunfar en las tentaciones de Satanás. Al observar y orar a menudo, podemos mantener una relación normal con Dios, obtener el cuidado y la protección de Dios, y vencer varias tentaciones de Satanás. Dios dice: “La oración es una de las formas en las que el hombre coopera con Dios, es un modo por medio del cual el hombre invoca a Dios y es el proceso por medio del cual el Espíritu de Dios toca al hombre. Se puede decir que los que están sin oración son muertos que no tienen espíritu, lo que prueba que les hacen falta las facultades para que Dios los toque. Sin la oración, las personas no pueden alcanzar una vida espiritual normal, mucho menos seguir la obra del Espíritu Santo; sin la oración, rompen su relación con Dios y no pueden recibir la aprobación de Dios. Siendo que eres alguien que cree en Dios, entre más ores, más te toca Dios. Esas personas tienen una mayor determinación y pueden recibir más la iluminación más reciente de Dios; como resultado, el Espíritu Santo puede perfeccionar sólo a personas como estas tan pronto como sea posible” .
Después de comprender la importancia de la oración, a menudo debemos callar nuestros corazones ante Dios, ofrecer oraciones verdaderas a Dios y pedirle a Dios que nos cuide y nos proteja, para que nuestros corazones no se vayan de Dios.

También te podría interesar leer: Cómo orar

sábado, 22 de junio de 2019

Cuando confié en Dios, mi hijo en peligro de muerte sobrevivió


En la primavera de 2015, Wang Min salió un día de casa para hacer algunos recados y al regresar, encontró a su hijo Linlin sentado en su cama con un aspecto muy pálido. Se sostenía el estómago con ambas manos y vomitaba sin parar. Wang Min se apresuró y le preguntó: “Linlin, ¿qué te pasa?” Linlin respondió en voz baja: “Mamá, me duele mucho el estómago”. Wang Min le frotó el estómago y dijo: “¿Te resfriaste anoche o comiste algo y te cayó mal?” Mientras decía esto, buscó en un cajón, encontró un medicamento para el estómago y se lo dio a Linlin. Pensó para sus adentros: “Mi hijo de veinticinco años no está tan delicado, y pronto estará mejor cuando tome algunos medicamentos”. Inesperadamente, sin embargo, el dolor de estómago de Linlin no mejoró, sino que empeoró cada vez más. Tenía tanto dolor que toda su cabeza estaba cubierta de sudor y seguía gritando: “¡Mamá, me duele mucho!” Wang Min llamó al médico de la aldea.
Cuando el médico llegó, le dio a Linlin un medicamento y le puso un gotero para tratar el dolor de estómago. Pero esa medianoche, Linlin seguía vomitando y tenía diarrea, y el sudor de su cabeza le corría por las mejillas y la espalda. Linlin se arrodilló en su cama sin dejar de vomitar, con tanto dolor que lloraba a gritos. Ver a su hijo así hizo que Wang Min se sintiera increíblemente ansiosa, y pensó: “Esto no es una enfermedad estomacal común. ¿Podría ser una gastritis aguda?” Al ver que condición de su hijo era cada vez más seria, Wang Min se apresuró a buscar a su hermana mayor y a su cuñado, y juntos llevaron a Linlin al hospital tan rápido como pudieron.

Cuando se está en una situación desesperada, uno solo tiene un camino a seguir al confiar en Dios

Cuando llegaron al hospital, ya eran más de las siete de la mañana. Era un domingo y había muchos pacientes allí, y todos hacían fila para esperar su turno. Linlin estaba agazapado en un rincón, vomitando continuamente, sin poder hablar siquiera. Al ver a su hijo así, Wang Min se sintió muy angustiada, como si un cuchillo le apuñalara el corazón, y esperó que la fila se moviera rápidamente para que un médico pudiera ver a su hijo, pero al ver a tanta gente, no sabía cuándo llegarían al frente de la fila. Wang Min estaba increíblemente ansiosa y no sabía qué hacer. Todo lo que pudo hacer fue llamar silenciosamente a Dios en su corazón: “Oh Dios, al ver a mi hijo con una enfermedad tan grave y con tanto dolor, siento mucha angustia y no sé qué hacer para mejorar la situación. Tampoco sé cuándo llegaremos al frente de la fila. ¡Oh Dios, por favor abre un camino para mí!”
En ese momento, alguien en la multitud vio que Linlin estaba terriblemente enfermo y les dijo a los otros pacientes: “No estamos tan enfermos como este joven. ¡Dejemos que lo vean primero!” Al escuchar esto, todos abrieron paso, y Wang Min dijo varias veces: “¡Gracias a todos!” Se sintió increíblemente conmovida en ese instante, porque había visto las obras de Dios. Siguió agradeciendo a Dios en su corazón y pensó en las palabras de Dios: “Independientemente de si crees esto o no, cualquiera de todas las cosas, vivas o muertas, cambiarán, se moverán, se renovarán y desaparecerán de acuerdo con los pensamientos de Dios. Así es como Dios gobierna sobre todas las cosas”. “Sí”, pensó ella, “Todas las cosas son creadas por Dios, y Él las gobierna y las arregla todas”. Esta escena, que había transcurrido justo ahora en el hospital, parecía ser simplemente buenas intenciones de la gente, pero en realidad eran la soberanía y los arreglos de Dios obrando”. Desde el fondo de su corazón, ¡Wang Min agradeció a Dios por haber abierto un camino para ella!
Wang Min le pidió rápidamente a su cuñado que llevara a Linlin a la enfermería. Después de que el médico examinó a Linlin y realizó algunas pruebas, le dijo en tono muy serio a Wang Min: “Su hijo está muy enfermo”. Tiene pancreatitis aguda. Ha acumulado líquidos en el pecho y el abdomen; su ritmo cardíaco es mucho más rápido de lo normal y está en constante peligro de perder su vida. Déjelo quedarse aquí bajo observación. Además, usted debería pensar en hacer preparativos. Lo mantendremos aquí bajo observación durante veinticuatro horas, y si su situación mejora en este tiempo, entonces hay esperanza de que recupere su salud. Si no hay mejoría, deberá ser trasladado a otro hospital. Con este tipo de enfermedad, la necrosis del páncreas es altamente probable, y eso no es algo fácil de tratar, sin importar cuánto dinero gaste...” Al escuchar al médico decir esto, Wang Min sintió que su cabeza había sido golpeada por un martillo, y escuchó un zumbido constante en los oídos. Las lágrimas resbalaron por sus mejillas, y se dijo a sí misma: “¿Cómo pudo mi hijo contraer una enfermedad tan repentinamente?” En ese momento, ella pensó que su hijo acababa de cumplir apenas veinticinco años, y que había llevado una vida pobre de estudiante por más de diez años antes de encontrar finalmente un buen trabajo. Los días felices acababan de comenzar para él. Pero ahora, había contraído súbitamente una enfermedad muy grave, y si algo malo le pasaba, ¿qué haría ella? En ese instante, Wang Min sintió que toda esperanza había desaparecido.
Y entonces, Wang Min llamó a Dios: “¡Oh Dios! Mi hijo ha contraído una enfermedad grave y no sé qué hacer para mejorar su situación. Me siento muy débil y deprimida, y sumamente indefensa. ¡Oh Dios! Si mi hijo no puede curarse, no sé si podré seguir adelante. Por favor, dame fe y fortaleza”. Luego, las siguientes palabras de Dios acudieron a su mente: “No debes tener miedo de esto o aquello. No importa cuántas dificultades y peligros enfrentes, permanecerás firme delante de Mí; […] ¡Yo soy tu roca fuerte, confía en Mí!”. “¡Dios Todopoderoso es un médico lleno de poder! Vivir en la enfermedad es estar enfermo, pero habitar en el espíritu es estar bien. Si aún tienes aunque sea un aliento de vida, Dios no te dejará morir”. Las palabras de Dios aumentaron cien veces la fe de Wang Min, su corazón se apaciguó y ella sintió que tenía un apoyo. “Sí, efectivamente”, pensó ella. “¡Dios es mi apoyo! Dios es el Dios verdadero y todopoderoso, y Él es el médico todopoderoso. ¿Por qué no estoy confiando en Dios ni buscándolo? Recordando aquellos primeros días, Lázaro ya llevaba cuatro días muerto y su cuerpo había empezado a pudrirse. Pero bastó una palabra de Dios para que saliera de su tumba: ¡este era el gran poder de Dios! Dios controla la vida y la muerte del hombre, y Él controla la vida de Linlin. Si Dios no permite que Linlin muera, entonces él no morirá mientras le quede un suspiro”.
Pensando en esto, Wang Min caminó hacia Linlin y tomó la mano de su hijo. Le dijo con voz suave: “La enfermedad ha caído sobre nosotros, pero no debemos malinterpretar y culpar a Dios”. Para bien o para mal, está en las manos de Dios. Tanto tú como yo creemos en Dios, y tenemos que confiar en Dios e invocar a Dios con nuestros corazones”. Al escuchar esto, Linlin asintió suavemente con la cabeza. Wang Min le suplicó a Dios con su corazón, le pidió que protegiera su corazón para poder someterse a Sus orquestaciones y arreglos, y deseó confiarle completamente la vida y la muerte de su hijo a Dios. En ese momento, su corazón ya no se sentía tan triste.

En medio de la desesperación, Dios es nuestro respaldo sólido

Después de completar los trámites para la admisión de Linlin en el hospital, le arreglaron una cama y una enfermera fue a colocarle un dispositivo intravenoso. Ella le dijo a Wang Min: “Su hijo no debe comer ni beber nada durante siete días”. Después de que la enfermera se fue, el médico de cabecera se acercó y le dijo inesperadamente a Wang Min: “He consultado con un especialista y actualmente su hijo se encuentra en peligro constante de perder su vida. En este hospital hemos perdido a muchas personas con la misma enfermedad de su hijo. Sólo podemos mantenerlo en observación durante una noche y esperar un milagro. Si mejora o no es algo que depende de su suerte...”
Cuando el médico terminó de hablar, Wang Min se sintió muy débil y extremadamente afligida. Al pensar que su hijo podía fallecer en cualquier momento, las lágrimas brotaron copiosamente de sus ojos, y sintió sus piernas tan temblorosas que no pudo caminar. Cuando llegó al pabellón para visitar a su hijo, vio todo su cuerpo lleno de tubos y su rostro tan blanco como una sábana. Parecía como si estuviera respirando su último aliento y tenía los ojos completamente cerrados. Wang Min sintió que el dolor apuñalaba su corazón, corrió al baño y rompió a llorar. Las palabras que el doctor le había dicho resonaron en sus oídos: “Hemos perdido a muchas personas con la misma enfermedad que su hijo...”.
Mientras más pensó en esto, más miedo sintió, como si la muerte estuviera acechando a su hijo. Una vez más, llamó a Dios en oración: “¡Oh Dios! Me siento muy indefensa y asustada, y no podré soportar el golpe de perder a mi hijo. Realmente no sé cómo enfrentarlo todo. Te pido que protejas mi corazón para que yo no te abandone. Guíame y dame fe”. Después de orar, Wang Min pensó en las palabras de Dios: “¿A quién en toda la humanidad no cuidan los ojos del Todopoderoso? ¿Quién no vive en medio de la predestinación del Todopoderoso? ¿El nacimiento y la muerte de quién vienen de sus propias elecciones? ¿Controla el hombre su propio destino?” “¡Sí! ¡Todas las criaturas grandes y pequeñas en todo el universo, y la vida y muerte de la humanidad, están todas en manos de Dios! Solo Dios es el Soberano todopoderoso que controla la vida y la muerte del hombre. Dios le dio vida a mi hijo, así que, si sobrevive o no, y el poder de decidir entre la vida y la muerte, no está en manos de los médicos, y mucho menos depende de mí, sino que depende de la predestinación, las orquestaciones y los arreglos de Dios. Pensando en aquellos primeros días, Job perdió una montaña de ovejas y ganado, y toda su propiedad y riquezas, y también a sus hijos. Pero Job sabía que todo lo que él había poseído le había sido concedido por Dios, y sabía que debía someterse tanto cuando Dios da como cuando Él quita. Job reverenciaba a Dios en su corazón y, cuando se enfrentó a una prueba tan grande, no culpó a Dios ni lo abandonó, sino que alabó a Dios desde el fondo de su corazón, diciendo: ‘Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo tornaré allá. Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito’ (Job 1:21). Aunque no puedo compararme con Job de ninguna manera, y ante el hecho de que la vida de mi hijo pende de un hilo, quiero emular a Job y someterme a los arreglos de Dios”. Cuando Wang Min pensó de esta manera, el dolor en su corazón se redujo enormemente...

Dios concede milagros a los devotos

Wang Min permaneció despierta toda la noche y no cerró los ojos ni una sola vez en veinticuatro horas, hasta las cinco o seis de la mañana siguiente. En ese momento, el médico entró alegremente en la sala y le dijo a Wang Min: “El ritmo cardíaco de su hijo se ha estabilizado y su salud ha comenzado a mejorar. Ya no hay de qué preocuparse. ¡Para ser honesto, realmente esto es un milagro! Entre los que murieron en este hospital con la misma enfermedad que su hijo, su condición no era tan grave como la de su hijo cuando llegaron aquí, y los tratamos con los mismos medicamentos con los que tratamos a su hijo, pero ninguno de ellos mejoró. Pensé que su hijo estaba tan enfermo que no había esperanzas de que se recuperara porque, aparte de su próstata, todos sus otros órganos estaban afectados. Realmente ha escapado de la muerte y debe ser muy afortunado. ¡Ha ido al infierno y ha vuelto, pero usted puede estar tranquila ahora!” Wang Min escuchó al doctor decir esto y estaba tan feliz que las lágrimas llenaron sus ojos. Siguió agradeciendo a Dios en su corazón, porque sabía que todo esto era la protección de Dios. Tal como dicen las palabras de Dios: “¡Dios Todopoderoso es un médico lleno de poder! […] Si aún tienes aunque sea un aliento de vida, Dios no te dejará morir”. ¡Que su hijo hubiera podido sobrevivir se debió enteramente a la gracia de Dios!
Entonces, el hijo de Wang Min abrió los ojos y estiró ambas manos. Acercó a su madre con una, le limpió las lágrimas de la cara con la otra, y le dijo con dulzura: “Mamá, gracias a la protección de Dios, me siento mucho mejor. No te preocupes”. Y ella le dijo a su hijo: “Estoy muy feliz. Te estás recuperando porque Dios te salvó. ¡Demos gracias a Dios!” Él asintió.
Al día siguiente, una paciente de poco más de treinta años fue trasladada al otro lado de Linlin, y desde el momento en que entró en la habitación, no dejó de llorar. Wang Min escuchó después que la mujer tenía la misma enfermedad de Linlin, pero vio que su situación era mucho menos grave que la de él. Sin embargo, unos días después, estuvo cerca de morir. Su familia imploró a los médicos, diciendo que pagarían cualquier costo siempre y cuando su nuera pudiera ser salvada. Al final, sin embargo, y después de trasladarla al hospital provincial y gastar más de 100 mil yuanes, no pudieron salvar su vida.
Wang Min pensó en esta paciente: ella había contraído la misma enfermedad que su hijo, le habían dado los mismos medicamentos y su familia era rica. Pero ninguna cantidad de dinero podía haberle salvado la vida, mientras que, con la protección de Dios, su hijo ya estaba fuera de peligro. En ese momento, Wang Min llegó a apreciar profundamente el amor y el cuidado de Dios por ellos, y en su corazón, agradeció silenciosamente a Dios por Su protección.

Su hijo se recupera bajo la guía de Dios

El hijo de Wang Min permaneció en el hospital durante dos semanas y recuperó sus fuerzas gradualmente. También comenzó a levantarse de la cama y a caminar, y pudo comer normalmente otra vez. Al ver a su hijo recuperando su salud gradualmente día a día, una sonrisa finalmente brilló en el rostro de Wang Min. ¡Que su hijo pudiera escapar de la muerte y recuperarse tan rápido se debió enteramente a la gracia de Dios! Después de dos semanas, el médico le dijo a Wang Min que podía llevar a su hijo a casa. Ese día, el clima era inusualmente espléndido, y un sol rojo y ardiente brillaba en el cielo. Wang Min y su hijo salieron del hospital y tomaron el autobús de regreso a casa.
De camino a su hogar, Wang Min llegó a apreciar profundamente que el hecho de que alguien viviera o muriera no dependía de los médicos, y que la vida de alguien no podía salvarse ni con dinero ni con afecto; Dios tenía la última palabra sobre la vida y la muerte, ¡y solo Dios era el apoyo del hombre! Al recordar cada vez que el médico le dictó una “sentencia de muerte” a su hijo, fueron las palabras de Dios las que le habían dado a Wang Min fe y valor una y otra vez, le permitieron enfrentar con firmeza la enfermedad de su hijo, y el dolor desapareció de su corazón. A partir de estos eventos, Wang Min vio la autoridad y el poder del Creador, y llegó a creer firmemente que, sin importar lo que sucediera, siempre y cuando alguien confiara sinceramente en Dios y lo buscara, entonces Dios le concedería su dirección, liderazgo y protección, y uno podría entonces ser testigo de las maravillas de Dios. Que toda la gloria sea para Dios.
Fuente: Evangelio de la Fuente de la Vida
Tal vez te guste:Cómo orar