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viernes, 18 de junio de 2021

Contemplando la aparición de Dios en Su juicio y Su castigo


Como cientos de millones de otros seguidores del Señor Jesucristo, nosotros acatamos las leyes y los mandamientos de la Biblia, gozamos la abundante gracia del Señor Jesucristo y nos reunimos, oramos, alabamos y servimos en el nombre del Señor Jesucristo, y todo esto lo hacemos bajo el cuidado y la protección del Señor. Muchas veces somos débiles y muchas veces fuertes. Creemos que todas nuestras acciones están en conformidad con las enseñanzas del Señor. Se sobreentiende, entonces, que también creemos que caminamos el camino de la obediencia a la voluntad del Padre que está en el cielo. Anhelamos el regreso del Señor Jesús, la gloriosa llegada del Señor Jesús, el fin de nuestra vida en la tierra, la aparición del reino, y todo lo que se predijo en el Libro de Apocalipsis: el Señor llega y trae el desastre, y recompensa a los buenos y castiga a los malvados, y se lleva en los aires a los que lo siguen y acogen Su regreso para que se encuentren con Él. Cada vez que pensamos en esto, no podemos evitar que la emoción nos embargue. Estamos agradecidos de haber nacido en los últimos días y somos lo suficientemente afortunados de ser testigos de la venida del Señor. Aunque hayamos sufrido persecución, es a cambio de “un peso de gloria que sobrepasa todo y que es eterno”; ¡qué bendición que así sea! Todo este anhelo y la gracia que otorga el Señor muchas veces nos vuelven más formales en la oración y nos reúnen con más frecuencia. Tal vez el año que entra, tal vez mañana o tal vez incluso antes, cuando el hombre no se lo espere, el Señor de repente llegará y aparecerá entre un grupo de personas que han estado esperándolo atentamente. Todos estamos compitiendo entre nosotros; nadie se quiere quedar atrás, a fin de poder ser el primer grupo en contemplar la aparición del Señor, para ser uno de los que van a ser arrebatados. Lo hemos dado todo, sin importar el costo, para la venida de este día. Algunos han abandonado sus trabajos; algunos han abandonado sus familias; algunos han renunciado al matrimonio; y algunos hasta han donado todos sus ahorros. ¡Qué devoción tan desinteresada! ¡Semejante sinceridad y lealtad deben incluso estar más allá de las de los santos de los siglos pasados! Así como el Señor concede gracia sobre quien Él quiere, y tiene misericordia de quien Él quiere, nuestra devoción y nuestro dispendio, creemos, Sus ojos ya los han contemplado. Así, también, nuestras sentidas oraciones ya han alcanzado Sus oídos, y confiamos en que el Señor nos recompensará por nuestra devoción. Además, Dios fue misericordioso para con nosotros antes de que creara el mundo, y nadie nos quitará las bendiciones de Dios y Sus promesas. Todos estamos planeando para el futuro y damos por sentado que nuestra devoción y gasto son moneda de cambio o acciones para nuestro arrebatamiento en el aire para encontrarnos con el Señor. Es más, sin el menor titubeo, nos ubicamos en el futuro trono, presidiendo sobre todas las naciones y pueblos o gobernando como reyes. Todo esto lo damos por hecho, como algo que se espera.

Despreciamos a todos los que están en contra del Señor Jesús; al final, todos serán aniquilados. ¿Quién les dijo que no creyeran que el Señor Jesús es el Salvador? Por supuesto, hay veces en que aprendemos del Señor Jesús y somos compasivos con el mundo, porque no entienden y debemos ser tolerantes y perdonarlos. Todo lo que hacemos va de acuerdo con las palabras de la Biblia, porque todo lo que no se conforma a la Biblia es herejía y un culto inicuo. Tal creencia está profundamente arraigada en nuestras mentes. Nuestro Señor está en la Biblia, y si no nos apartamos de la Biblia no nos apartaremos del Señor; si acatamos este principio, entonces seremos salvos. Nos animamos entre nosotros, nos apoyamos mutuamente, y cada vez que nos juntamos esperamos que todo lo que digamos y hagamos sea de acuerdo con la voluntad del Señor y que el Señor lo pueda aceptar. A pesar de la terrible hostilidad de nuestro ambiente, nuestros corazones están llenos de gozo. Cuando pensamos en las bendiciones que están tan cómodamente a nuestro alcance, ¿habrá algo a lo que no podamos renunciar? ¿Algo de lo que no podamos soportar separarnos? Todo esto es implícito, y todo esto lo ven los ojos de Dios. Nosotros, el puñado de los necesitados que hemos sido levantados del muladar, somos lo mismo que todos los seguidores ordinarios del Señor Jesús: soñamos con el arrebatamiento y con ser bendecidos y gobernar a todas las naciones. Nuestra corrupción está al descubierto a los ojos de Dios, y nuestros deseos y avaricias son condenadas a los ojos de Dios. Sin embargo, todo esto sucede como si fuera tan insignificante, tan lógico, sin que ninguno de nosotros nos preguntemos si nuestro deseo es correcto, y mucho menos sin que ninguno de nosotros dudemos de la exactitud de nada a lo que nos aferramos. ¿Quién puede conocer la voluntad de Dios? No sabemos buscar o explorar o incluso no nos interesa el camino que el hombre camina. Porque sólo nos interesa si podremos ser arrebatados, si podemos ser bendecidos, si hay un lugar para nosotros en el reino de los cielos y si vamos a tener una parte del agua del río de la vida y del fruto del árbol de la vida. ¿No creemos acaso en el Señor, y no somos los seguidores del Señor, en aras de ganar estas cosas? Nuestros pecados han sido perdonados, nos hemos arrepentido, hemos bebido de la copa amarga del vino y hemos puesto la cruz en nuestra espalda. ¿Quién puede decir que el precio que hemos pagado el Señor no lo aceptará? ¿Quién puede decir que no hemos preparado aceite suficiente? No queremos ser esas vírgenes necias o uno de los que son abandonados. Más aún, oramos a menudo y le pedimos al Señor que nos guarde de que los falsos Cristos nos engañen, porque está escrito en la Biblia que, “Entonces, si algún hombre os dice: Ved, acá está Cristo, o ahí; no lo creáis. Porque aparecerán Cristos falsos y profetas falsos, y estos os mostrarán grandes signos y maravillas; de tal manera que, si fuera posible, engañarán incluso a los elegidos” (Mateo 24:23-24). Todos nos hemos aprendido de memoria estos versículos de la Biblia, nos los sabemos al derecho y al revés, y los vemos como un tesoro precioso, como vida, y como las credenciales de nuestro arrebatamiento y salvación…

Por miles de años, los vivos han muerto, llevándose con ellos sus anhelos y sus sueños, y nadie verdaderamente sabe si se han ido al reino de los cielos. Los muertos vuelven y han olvidado todas las historias que una vez ocurrieron y todavía siguen las enseñanzas y las sendas de los antepasados. Y así, a medida que los años pasan y los días transcurren, nadie sabe si nuestro Señor Jesús, nuestro Dios, realmente acepta todo lo que hacemos. Sólo esperamos un resultado y especulamos acerca de todo lo que sucederá. Sin embargo, Dios ha guardado Su silencio todo el tiempo y nunca se nos ha aparecido ni nos ha hablado. Y de esta manera deliberadamente juzgamos la voluntad de Dios y Su carácter de acuerdo con la Biblia y las señales. Nos hemos acostumbrado al silencio de Dios; nos hemos acostumbrado a medir los aciertos y las equivocaciones de nuestro comportamiento usando nuestra propia manera de pensar; nos hemos acostumbrado a usar nuestro conocimiento, nociones y ética moral para reemplazar lo que Dios nos demanda; nos hemos acostumbrado a gozar la gracia de Dios; nos hemos acostumbrado a que Dios nos ayude siempre que lo necesitemos; nos hemos acostumbrado a extender la mano a Dios para todas las cosas, y a pedirle a Dios; también nos hemos acostumbrado a seguir la doctrina, sin poner atención a cómo nos guía el Espíritu Santo; además, nos hemos acostumbrado a los días en que somos nuestro propio señor. Creemos en un Dios como este, a quien nunca hemos conocido. Preguntas tales como a qué se parece Su carácter, cuáles son Sus posesiones y Su ser, a qué se parece Su imagen, si lo conoceremos o no cuando Él venga, etc., ninguna de ellas es importante. Lo que es importante es que Él está en nuestros corazones, que todos lo esperamos, y que podemos imaginar a qué se parece. Valoramos nuestra fe y atesoramos nuestra espiritualidad. Consideramos todo como estiércol y pisamos todas las cosas bajo nuestros pies. Porque somos los seguidores del glorioso Señor, no importa qué tan largo y penoso sea el viaje, no importa qué dificultades y peligros nos acontezcan, nada puede detener nuestros pasos mientras seguimos al Señor. “Un río puro de agua de vida, clara como el cristal, brotó del trono de Dios y del Cordero. A cada lado del río estaba el árbol de la vida que tenía 12 clases de frutos y que daba frutos cada mes, y las hojas del árbol eran para la sanación de las naciones. Y no habrá más maldiciones, pero el trono de Dios y del Cordero estará ahí y Sus siervos lo servirán; y ellos verán Su rostro; y Su nombre estará grabado en sus frentes. Y no habrá noche ahí; y no necesitarán velas, ni tampoco la luz del sol; porque el Señor Dios les da luz y ellos reinarán por siempre y para siempre” (Apocalipsis 22:1-5). Cada vez que cantamos estas palabras, nuestros corazones rebosan de un gozo y satisfacción incomparables y lágrimas corren por nuestros ojos. Demos gracias al Señor por escogernos, demos gracias al Señor por Su gracia. Él nos ha dado cien veces más ahora en este tiempo, nos ha dado la vida eterna en el mundo por venir, y si nos pidiera morir hoy, lo haríamos sin la menor queja. ¡Señor! ¡Por favor ven pronto! No tardes ni un minuto más, porque desesperadamente te añoramos y hemos dejado todo por Ti.

Dios guarda silencio y nunca se nos ha aparecido, sin embargo, Su obra nunca se ha detenido. Ve todas las tierras y manda a todas las cosas y contempla todas las palabras y obras del hombre. Su gestión es conducida por pasos, y de acuerdo a Su plan. Este avanza en silencio, sin un efecto dramático, pero Sus pisadas avanzan cada vez más cerca de la humanidad, y Su tribunal se despliega en el universo a la velocidad de la luz, inmediatamente seguido por el descenso de Su trono entre nosotros. ¡Qué escena tan majestuosa es esta; qué cuadro tan imponente y solemne! Como una paloma, como un león rugiente, el Espíritu llega entre todos nosotros. Es sabio, es justo y majestuoso; Él llega entre nosotros en silencio, dueño de la autoridad y lleno de amor y compasión. Nadie está consciente de Su llegada, nadie acoge Su llegada y, más aún, nadie sabe todo lo que va a hacer. La vida del hombre sigue sin cambios; su corazón no es diferente y los días transcurren como siempre. Dios vive entre nosotros como una persona ordinaria, como un seguidor tremendamente insignificante y un creyente ordinario. Él tiene Sus propias búsquedas, Sus propias metas y, además, tiene una divinidad que ningún hombre ordinario posee. Nadie se ha dado cuenta de la existencia de Su divinidad, ni nadie ha percibido la diferencia entre Su esencia y la del hombre. Vivimos junto con Él, sin restricciones y sin temor, porque lo vemos como nada más que un creyente insignificante. Él observa todos nuestros movimientos, y todos nuestros pensamientos e ideas están expuestos ante Él. A nadie le interesa Su existencia; nadie se imagina Su oficio y, más aún, nadie sospecha quién es Él. Nosotros sólo seguimos nuestras búsquedas como si Él no tuviera nada que ver con nosotros…

Por casualidad, el Espíritu Santo expresa un pasaje de palabras “por medio” de Él, y aunque se siente muy inesperado, reconocemos que esta es la declaración de Dios y sin problemas la aceptamos como de Dios. Esto es porque, independientemente de quién exprese estas palabras, siempre que vengan del Espíritu Santo las debemos aceptar y no las podemos negar. La siguiente declaración podría ser a través de mí, podría ser a través de ti o podría ser a través de él. Independientemente de quién sea, todo es la gracia de Dios. Sin embargo, no importa quién sea la persona, no la debemos adorar porque independientemente de cualquier otra cosa, no puede ser Dios; por ningún motivo podemos escoger a una persona ordinaria como esta para que sea nuestro Dios. Nuestro Dios es demasiado grande y honorable; ¿cómo alguien tan insignificante lo podría representar? Es más, todos estamos esperando la llegada de Dios para que nos lleve de regreso al reino de los cielos y por eso, ¿cómo podría alguien tan insignificante estar calificado para una tarea tan importante y ardua? Si el Señor viene otra vez, debe ser en una nube blanca, visible para todos. ¡Qué glorioso será eso! ¿Cómo podría Él esconderse tan calladamente entre un grupo ordinario de personas?

Y sin embargo es esta persona ordinaria, que está escondida entre las personas, la que está haciendo la nueva obra de salvarnos. Él no nos aclara nada, ni nos dice por qué ha venido. Él sólo hace por pasos la obra que tiene la intención de hacer, y de acuerdo a Su plan. Sus palabras y declaraciones cada vez se hacen más frecuentes. De consolar, exhortar, recordar y advertir a reprochar y disciplinar; de un tono gentil y amable, a palabras que son temibles y majestuosas, todo infunde tanto compasión como estremecimiento en el hombre. Todo lo que dice tiene un fuerte efecto en los secretos que están profundamente escondidos dentro de nosotros; Sus palabras lastiman nuestros corazones, nuestros espíritus, y nos dejan avergonzados y humillados. Nos comenzamos a preguntar si el Dios que está en el corazón de esta persona realmente nos ama, y qué exactamente es lo que pretende hacer. ¿Será que tal vez sólo podremos ser arrebatados después de soportar tal dolor? En nuestras cabezas estamos calculando… acerca del destino que está por venir y acerca de nuestra suerte futura. Aun así, ninguno de nosotros cree que Dios se ha hecho carne y obra entre nosotros. Aunque ha estado por tanto tiempo con nosotros, aunque ya ha hablado muchas palabras cara a cara con nosotros, todavía no estamos dispuestos a aceptar a alguien tan ordinario como el Dios de nuestro futuro, mucho menos estamos dispuestos a confiarle el control de nuestro futuro y destino a alguien tan insignificante. De Él disfrutamos una provisión sin fin de agua viva, y gracias a Él vivimos cara a cara con Dios. Sólo somos agradecidos por la gracia del Señor Jesús que está en el cielo y nunca hemos puesto atención a los sentimientos de esta persona ordinaria que posee la divinidad. Él todavía hace Su obra escondido humildemente en la carne, expresando la voz de Su corazón, aparentemente insensible a que la humanidad lo rechace, al parecer perdonando eternamente el infantilismo del hombre y su ignorancia, y siempre tolerante de la irreverencia del hombre para con Él.

Sin que nosotros lo sepamos, este hombre insignificante nos ha llevado paso a paso en la obra de Dios. Sufrimos un sinnúmero de pruebas, somos sujetos a innumerables castigos y probados por la muerte. Aprendemos del carácter justo y majestuoso de Dios; disfrutamos, también, Su amor y compasión, y llegamos a valorar el gran poder y sabiduría de Dios; somos testigos de la hermosura de Dios y contemplamos el deseo ansioso de Dios de salvar al hombre. En las palabras de esta persona ordinaria, llegamos a conocer el carácter y la esencia de Dios, llegamos a entender la voluntad de Dios, llegamos a conocer la naturaleza y la esencia del hombre, y vemos el camino de salvación y perfección. Sus palabras nos hacen morir y nos hacen volver a nacer; Sus palabras nos dan consuelo, pero también nos atormentan con la culpa y un sentimiento de deuda; Sus palabras nos dan alegría y paz, pero también nos causan gran dolor. A veces somos como ovejas al matadero en Sus manos; a veces somos como la niña de Sus ojos y gozamos Su amor y afecto; a veces somos como Sus enemigos, convertidos en ceniza por Su ira en Sus ojos. Somos la humanidad que Él salvó; somos gusanos a Sus ojos, y somos los corderos perdidos que piensa noche y día encontrar. Él es misericordioso con nosotros, nos desprecia, nos levanta, nos consuela y nos exhorta, nos guía, nos ilumina, nos castiga y nos disciplina, y hasta nos maldice. Se preocupa por nosotros noche y día, nos protege y cuida de nosotros noche y día, nunca se aparta de nuestro lado, nos dedica todo Su cuidado y paga cualquier precio por nosotros. Con las palabras de esta pequeña carne ordinaria, hemos gozado la totalidad de Dios y contemplado el destino que Dios nos ha concedido. Pero a pesar de esto, la vanidad todavía acecha dentro de nuestros corazones, y todavía seguimos indispuestos a aceptar activamente a una persona como esta como nuestro Dios. Aunque nos ha dado tanto maná, tanto para disfrutar, nada de esto puede usurpar el lugar del Señor en nuestros corazones. Honramos la identidad y el estatus especiales de esta persona sólo con gran renuencia. Si Él no hablara para hacernos reconocer que Él es Dios, entonces nunca tomaríamos sobre nosotros el reconocerlo como el Dios que pronto llegará y que ha estado obrando entre nosotros por tanto tiempo.

La declaración de Dios continúa, y Él emplea varios métodos y perspectivas para advertirnos qué hacer y expresar la voz de Su corazón. Sus palabras llevan la energía de la vida y nos muestran el camino que debemos caminar y nos permiten entender cuál es la verdad. Empezamos a ser atraídos a Sus palabras, comenzamos a enfocarnos en el tono y la manera en la que habla, y subconscientemente comenzamos a tener un interés en la voz del corazón de esta persona que no tiene nada de especial. Hace esfuerzos meticulosos por nosotros, pierde el sueño y el apetito por nosotros, llora por nosotros, suspira por nosotros, se queja en la enfermedad por nosotros, sufre humillación por el bien de nuestro destino y salvación, y Su corazón sangra y derrama lágrimas por nuestra insensibilidad y rebeldía. Tal ser y tales posesiones están más allá de una persona ordinaria; ninguno de los corruptos las puede poseer o conseguir. Tiene una tolerancia y paciencia que ninguna persona ordinaria posee, y Su amor no lo posee ningún ser creado. Nadie excepto Él puede saber todos nuestros pensamientos, o tener tal conocimiento de nuestra naturaleza y esencia, o juzgar la rebeldía y corrupción de la humanidad, o hablarnos y obrar entre nosotros como lo puede este en nombre del Dios del cielo. Nadie excepto Él posee la autoridad, la sabiduría y la dignidad de Dios; el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es, emana en su totalidad de Él. Nadie excepto Él nos puede mostrar el camino y traernos la luz. Nadie excepto Él puede revelar los misterios que Dios no ha revelado desde la creación hasta el día de hoy. Nadie excepto Él nos puede salvar de la esclavitud de Satanás y de nuestro carácter corrupto. Él representa a Dios y expresa la voz del corazón de Dios, las exhortaciones de Dios y las palabras de juicio de Dios hacia toda la humanidad. Él ha comenzado una nueva época, una nueva era, y ha traído un nuevo cielo y una nueva tierra, una nueva obra, y nos ha traído esperanza, y ha puesto fin a la vida que llevábamos en la imprecisión, y nos permitió contemplar plenamente el camino de salvación. Él ha conquistado todo nuestro ser y ha ganado nuestros corazones. De ese momento en adelante nuestras mentes se hacen conscientes y nuestros espíritus parecen ser revividos: esta persona ordinaria e insignificante, que vive entre nosotros y que nosotros hemos rechazado desde hace ya mucho tiempo, ¿no es el Señor Jesús, quien siempre está en nuestros pensamientos, y a quien anhelamos noche y día? ¡Es Él! ¡Realmente es Él! ¡Él es nuestro Dios! ¡Él es la verdad, el camino y la vida! Él nos ha permitido que vivamos otra vez, que veamos la luz, y ha detenido nuestros corazones errantes. Hemos regresado a la casa de Dios, hemos regresado ante Su trono, estamos cara a cara con Él, hemos presenciado Su rostro, y hemos visto el camino que está por delante. Ahora, Él ha conquistado nuestros corazones por completo; ya no dudamos quién es Él, ni nos oponemos a Su obra y Su palabra, y nos postramos completamente ante Él. No queremos otra cosa que seguir las pisadas de Dios por el resto de nuestras vidas, y ser hechos perfectos por Él, y recompensarle por Su gracia, y recompensar Su amor por nosotros, y obedecer Sus órdenes y disposiciones, y cooperar con Su obra, y hacer todo lo que podamos para completar lo que Él nos confíe.

Ser conquistado por Dios es como una lucha de artes marciales.

Cada una de las palabras de Dios golpea nuestro punto mortal y nos deja doloridos y temerosos. Él revela nuestras nociones, revela nuestras imaginaciones, y revela nuestro carácter corrupto. Sus palabras revelan nuestra naturaleza y esencia por medio de todo lo que decimos y hacemos, y por cada uno de nuestros pensamientos e ideas, dejándonos humillados y temblando de miedo. Nos dice todas nuestras acciones, nuestras metas e intenciones, y hasta el carácter corrupto que nunca hemos descubierto, haciéndonos sentir que estamos completamente expuestos, e incluso haciéndonos sentir completamente convencidos. Nos juzga por nuestra oposición a Él, nos castiga porque blasfemamos contra Él y porque lo condenamos, y nos hace sentir que a Sus ojos somos inútiles, y que somos el Satanás viviente. Nuestras esperanzas se truncan; ya no nos atrevemos a hacerle ninguna demanda o intento irrazonable, y hasta nuestros sueños se desvanecen de la noche a la mañana. Este es un hecho que ninguno de nosotros se puede imaginar y que ninguno de nosotros puede aceptar. Por un momento, nuestras mentes se desequilibran y no sabemos cómo continuar en el camino que está por delante; no sabemos cómo continuar en nuestras creencias. Parece como si nuestra fe volviera a empezar desde cero, y como si nunca hubiéramos conocido al Señor Jesús y nunca nos hubiéramos familiarizado con Él. Todo lo que está delante de nuestros ojos nos deja perplejos y nos hace sentir como si estuviéramos a la deriva. Estamos consternados, estamos desilusionados, y en lo profundo de nuestros corazones hay una ira y una vergüenza que no pueden ser suprimidas. Tratamos de desahogarnos, tratamos de encontrar una salida; es más, intentamos seguir esperando a nuestro Salvador Jesús y le derramamos nuestros corazones. Aunque hay veces en las que ni somos altivos ni humildes por fuera, en nuestros corazones nos aflige un sentimiento de pérdida como nunca antes. Aunque a veces podamos parecer inusualmente calmados por fuera, por dentro soportamos mares atronadores de tormento. Su juicio y Su castigo nos han despojado de todas nuestras esperanzas y sueños, nos han dejado sin nuestros deseos extravagantes, y reacios a creer que Él es nuestro Salvador y capaz de salvarnos. Su juicio y Su castigo han abierto un abismo profundo entre nosotros y Él, y nadie ni siquiera está dispuesto a cruzarlo. Su juicio y Su castigo son la primera vez que sufrimos un gran revés y una gran humillación. Su juicio y Su castigo nos han permitido apreciar realmente el honor de Dios y la intolerancia de la ofensa del hombre, comparado a lo cual somos demasiado viles e impuros. Su juicio y Su castigo nos han hecho darnos cuenta por primera vez qué arrogantes y pretenciosos somos, y cómo el hombre nunca será igual a Dios o estará a la par de Dios. Su juicio y Su castigo nos han hecho añorar no vivir más en semejante carácter corrupto, y nos han hecho anhelar deshacernos de semejante naturaleza y esencia tan pronto como sea posible, y que Él ya no nos deteste y ni le seamos repugnantes. Su juicio y Su castigo nos han hecho felices de obedecer Sus palabras y dejar de estar dispuestos a rebelarnos contra Sus órdenes y disposiciones. Su juicio y Su castigo nos han dado una vez más el deseo de buscar la vida, y nos han hecho felices de aceptarlo como nuestro Salvador… Hemos abandonado el trabajo de conquista, nos hemos salido del infierno, nos hemos salido del valle de sombra y de muerte… ¡Dios Todopoderoso nos ha ganado, a este grupo de personas! ¡Ha triunfado sobre Satanás y ha derrotado a todos Sus enemigos!

Somos sólo un grupo demasiado ordinario de personas poseídos por un carácter satánico corrupto; somos los predestinados por Dios antes de los siglos y somos los necesitados a quienes Dios ha sacado del muladar. Hubo una vez que rechazábamos y condenábamos a Dios, pero ahora Él nos ha conquistado. Hemos recibido de Dios la vida y hemos recibido el camino de la vida eterna. No importa en dónde estemos en la tierra, y a pesar de la persecución y la tribulación, no podemos alejarnos de la salvación de Dios Todopoderoso. ¡Porque Él es nuestro Creador y nuestra única redención!

El amor de Dios se extiende como el agua de una fuente, y se te da a ti y a mí y a él y a todos los que verdaderamente buscan la verdad y esperan la aparición de Dios.

Así como la luna siempre sigue al sol, la obra de Dios nunca cesa, y se lleva a cabo en ti, en mí, en él y en todos los que siguen las pisadas de Dios y aceptan el juicio y el castigo de Dios.

De “La Palabra manifestada en carne”

23 de marzo de 2010

Recomendación: Estudio bíblico de la venida de Cristo

martes, 23 de febrero de 2021

Las palabras de Dios pueden resolver todas nuestras dificultades

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Devocional cristiano de hoy: Las palabras de Dios pueden resolver todas nuestras dificultades

Dios dice: “Ya sea que las palabras pronunciadas por Dios sean sencillas o profundas en apariencia, todas ellas son verdades indispensables para el hombre a medida que entra en la vida; son la fuente de aguas vivas que le permiten sobrevivir tanto en el espíritu como en la carne. Proveen lo que el hombre necesita para seguir vivo; los principios y el credo para conducir su vida cotidiana; la senda, la meta y la dirección por la cual debe pasar a fin de recibir la salvación; cada verdad que él debería poseer como un ser creado delante de Dios y toda verdad sobre cómo obedece y adora el hombre a Dios. Son la garantía que asegura la supervivencia del hombre, el pan diario del hombre, y también el apoyo firme que le permite ser fuerte y mantenerse en pie. Son ricas en la realidad-verdad de la humanidad normal tal como la viven los seres humanos creados; ricas en la verdad por la cual los seres humanos se liberan de la corrupción y eluden las trampas de Satanás; ricas en la enseñanza, la exhortación, el aliento y el consuelo incansables que el Creador brinda a la humanidad creada. Son el faro que guía y esclarece a los hombres para que comprendan todo lo que es positivo, la garantía que asegura que los hombres vivirán y tomarán posesión de todo lo que es justo y bueno, el criterio por el que todas las personas, todos los eventos y todos los objetos son medidos, y también la brújula que lleva a los hombres hacia la salvación y la senda de la luz”.

Si quiere saber más, haga clic aquí: Prédicas cristianas

domingo, 14 de febrero de 2021

Una vida cristiana | Fragmento 123 | "La humanidad corrupta necesita más que nadie la salvación del Dios encarnado"

Su obra en la carne es de la máxima importancia, de la cual se habla con respecto a la obra, y Aquel que en última instancia concluye la obra es el Dios encarnado y no el Espíritu. Algunos creen que Dios puede en algún momento venir a la tierra y aparecerse al hombre, tras lo cual juzgar personalmente a toda la humanidad, probándola uno por uno sin omitir a nadie. Los que piensan de esta manera no conocen esta etapa de la obra de encarnación. Dios no juzga al hombre uno por uno y no prueba al hombre uno por uno; hacerlo así no sería la obra de juicio. ¿No es la corrupción de toda la humanidad la misma? ¿No es toda la esencia del hombre la misma? Lo que se juzga es la esencia corrupta de la humanidad, la esencia del hombre que Satanás corrompió y todos los pecados del hombre. Dios no juzga los errores frívolos e insignificantes del hombre. La obra de juicio es representativa y no se lleva a cabo especialmente para una cierta persona, más bien, es la obra en la que un grupo de personas es juzgado con el fin de representar el juicio de toda la humanidad. Al llevar a cabo personalmente Su obra en un grupo de personas, Dios en la carne usa Su obra para representar la obra de toda la humanidad, después de lo cual se extiende gradualmente. La obra de juicio también es así. Dios no juzga a una cierta clase de persona o a un cierto grupo de personas, sino que juzga la injusticia de toda la humanidad, la oposición del hombre a Dios, por ejemplo, o la irreverencia del hombre contra Él o la rebelión a la obra de Dios, etc. Lo que se juzga es la esencia de la humanidad en su oposición a Dios y esta obra es la obra de conquista de los últimos días. La obra y la palabra del Dios encarnado de las que el hombre es testigo, son la obra de juicio ante el gran trono blanco durante los últimos días, que el hombre concibió durante el tiempo pasado. La obra que actualmente está haciendo el Dios encarnado es exactamente el juicio ante el gran trono blanco. El Dios encarnado de hoy es el Dios que juzga a toda la humanidad durante los últimos días. Esta carne y Su obra, palabras y carácter completo son la totalidad de Él. Aunque la esfera de Su obra es limitada, y no involucra de manera directa todo el universo, la sustancia de la obra de juicio es el juicio directo de toda la humanidad; no es la obra que se emprende sólo por China o para un pequeño número de personas. Durante la obra de Dios en la carne, aunque la esfera de esta obra no involucra todo el universo, representa la obra de todo el universo y después de que Él concluya la obra dentro de la esfera de la obra de Su carne, de inmediato expandirá esta obra a todo el universo, de la misma manera que el evangelio de Jesús se esparció a todo el universo después de Su resurrección y ascensión. Independientemente de si es la obra del Espíritu o la obra de la carne, es la obra que se lleva a cabo dentro de una esfera limitada pero que representa la obra de todo el universo. Durante los últimos días, Dios aparece para hacer Su obra usando Su identidad encarnada y Dios en la carne es el Dios que juzga al hombre ante el gran trono blanco. Independientemente de si Él es el Espíritu o la carne, el que hace la obra de juicio es el Dios que juzga a la humanidad durante los últimos días. Esto se define basándose en Su obra y no se define de acuerdo a Su apariencia externa u otros diversos factores. Aunque el hombre tiene nociones de estas palabras, nadie puede negar el hecho del juicio de Dios encarnado y la conquista de toda la humanidad. Independientemente de cómo se evalúen, los hechos son, después de todo, hechos. Nadie puede decir que, “Dios hace la obra pero la carne no es Dios”. Esto es absurdo, porque esta obra nadie la puede hacer excepto Dios en la carne. Puesto que esta obra ya se ha terminado, después de esta obra la obra del juicio de Dios para el hombre no aparecerá por segunda vez; el segundo Dios encarnado ya ha terminado toda la obra de toda la gestión y no habrá una cuarta etapa de la obra de Dios. Porque el que es juzgado es el hombre, el hombre que es de la carne y se ha corrompido, y no es el espíritu de Satanás el que es juzgado directamente, la obra de juicio no se lleva a cabo en el mundo espiritual sino entre los hombres.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

Fuente: Estudiar la Biblia

miércoles, 20 de enero de 2021

Palabra de Dios para hoy | Fragmento 380 | "Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad"


Palabra de Dios para hoy | Fragmento 380 | "Entrega tu verdadero corazón a Dios y podrás obtener la verdad"

Aquellas que son capaces de poner en práctica la verdad pueden aceptar el escrutinio de Dios cuando hacen las cosas. Cuando aceptas el escrutinio de Dios, tu corazón se corrige. Si solo haces las cosas para que otros las vean, y no aceptas el escrutinio de Dios, ¿sigue estando Dios en tu corazón? Las personas que son así no tienen reverencia hacia Dios. No siempre hagas las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres tu propio estatus, prestigio o reputación. Tampoco tengas en cuenta los intereses de la gente. Primero debes tener en cuenta los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu principal prioridad. Debes ser considerado con la voluntad de Dios y empezar por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has hecho todo lo posible para ser leal, por completar tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la casa de Dios. Debes meditar sobre estas cosas. Piensa en ellas con frecuencia y te será más fácil cumplir bien con el deber. Si tu calibre es bajo, cuando tu experiencia es superficial o cuando no eres experto en tu ocupación profesional, puede haber algunos errores o deficiencias en tu obra y los resultados pueden no ser muy buenos, pero habrás hecho todo lo posible. Cuando no estás pensando en tus propios deseos egoístas o considerando tus propios intereses en las cosas que haces, y en su lugar le estás dedicando una consideración constante a la obra de la casa de Dios, pensando en sus intereses, y llevando a cabo bien tu deber, entonces estarás acumulando buenas obras delante de Dios. La gente que hace estas buenas obras es la que posee la realidad-verdad y, por tanto, ha dado testimonio. Si siempre vives por la carne, si constantemente satisfaces tus deseos egoístas, entonces tal persona no posee la realidad-verdad. Esta es la marca de alguien que deshonra a Dios. Dices: “No he hecho nada, ¿cómo he avergonzado a Dios?”. En tus pensamientos e ideas, en las intenciones, objetivos y motivos que están detrás de tus acciones y en las consecuencias de lo que has hecho, en todas las formas posibles estás satisfaciendo a Satanás, siendo su hazmerreír y dejando que obtenga algo de ti. Ni remotamente posees el testimonio que deberías tener como cristiano. Deshonras el nombre de Dios en todas las cosas y no posees un testimonio auténtico. ¿Recordará Dios las cosas que has hecho? Al final, ¿qué conclusión sacará Dios acerca de tus actos y del deber que llevaste a cabo? ¿Acaso no debe salir algo de eso, algún tipo de declaración? En la Biblia, el Señor Jesús dice: “Muchos me dirán en ese día: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en Tu nombre? ¿Y no hemos expulsado demonios en Tu nombre? ¿Y no hemos hecho obras maravillosas en Tu nombre? Y Yo les diré: Nunca he conocido de vosotros; iros porque vosotros hacéis maldad”. ¿Por qué dijo el Señor Jesús esto? ¿Por qué aquellos que sanan a los enfermos y echan fuera demonios en nombre del Señor, que viajan para predicar en nombre del Señor, se han convertido en hacedores de maldad? ¿Quiénes son estos hacedores de maldad? ¿Acaso son quienes no creen en Dios? Todos ellos creen en Dios y lo siguen. También abandonan cosas por Dios, se entregan a Dios y llevan a cabo su deber. Sin embargo, al llevar a cabo su deber carecen de devoción y testimonio, así que eso se ha vuelto hacer el mal. Esa es la razón por la que el Señor Jesús dice: “Iros porque vosotros hacéis maldad”.

¿Cuál es el estándar a través del cual las acciones de una persona son juzgadas como buenas o malvadas? Depende de si en tus pensamientos, expresiones y acciones posees o no el testimonio de poner la verdad en práctica y de vivir la realidad-verdad. Si no tienes esta realidad o no vives esto, entonces, sin duda, eres un hacedor de maldad. ¿Cómo considera Dios a los hacedores de maldad? Tus pensamientos y acciones externos no testifican de Dios, no ponen a Satanás en vergüenza ni lo derrotan; en cambio, todos hacen que Dios se avergüence, en todo son la señal de provocar que Dios se avergüence. No estás testificando para Dios, no te estás entregando a Dios y no estás cumpliendo tu responsabilidad y obligaciones hacia Dios, sino que más bien estás actuando para ti mismo. ¿Cuál es la implicación de “para ti mismo”? Para Satanás. Así que, al final Dios dirá: “Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad”. A los ojos de Dios tus acciones no han sido buenas, sino que tu comportamiento se ha vuelto malvado. No serás recompensado y Dios no te recordará. ¿No es esto completamente en vano? Para cada uno de vosotros que cumplís con vuestro deber, no importa cuán profundamente entendáis la verdad, si queréis entrar en la realidad-verdad, entonces la manera más sencilla de practicar es pensar en los intereses de la casa de Dios en todo lo que hagáis y dejar ir vuestros deseos egoístas, vuestras intenciones, motivos, prestigio y estatus individuales. Poned los intereses de la casa de Dios en primer lugar; esto es lo menos que debéis hacer. Si una persona que lleva a cabo su deber ni siquiera puede hacer esto, entonces ¿cómo puede decir que está llevando a cabo su deber? Esto no es llevar a cabo el propio deber. Primero debes considerar los intereses de la casa de Dios, los propios intereses de Dios y considerar Su obra y poner estas consideraciones antes que nada; sólo después de eso puedes pensar en la estabilidad de tu estatus o en cómo te ven los demás. ¿No sientes que se facilita un poco cuando lo divides en estos pasos y alcanzas algunos acuerdos? Si haces esto por un tiempo, llegarás a sentir que satisfacer a Dios no es difícil. Además, si puedes cumplir con tus responsabilidades, llevar a cabo tus obligaciones y deberes, dejar de lado tus deseos egoístas y tus propias intenciones y motivos, tener consideración de la voluntad de Dios y poner primero los intereses de Dios y de Su casa, entonces, después de experimentar esto durante un tiempo, considerarás que esta es una buena forma de vivir: es vivir sin rodeos y honestamente, sin ser una persona vil o un bueno para nada, y vivir justa y honorablemente en vez de ser de mente estrecha y perverso. Considerarás que así es como una persona debe vivir y actuar. Poco a poco disminuirá el deseo dentro de tu corazón de gratificar tus propios intereses.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

Recomendación: Yo soy el camino, la verdad y la vida

sábado, 24 de octubre de 2020

Sobre la vida de Pedro


Pedro fue el ejemplo de Dios para la humanidad, una celebridad conocida por todos. ¿Por qué puso Dios como ejemplo a un hombre tan común y corriente y por qué las generaciones posteriores lo han ensalzado? Sobra decir que esto es inseparable de su expresión de amor por Dios y de su determinación de amarlo. En lo que se refiere a cómo se manifestó el corazón de amor de Pedro por Dios, y cómo fueron realmente sus experiencias de vida, debemos volver a la Era de la Gracia para echar otro vistazo a las costumbres de la época y ver al Pedro de ese tiempo.

Pedro nació en un hogar judío normal de campesinos. Sus padres sostenían a toda la familia con la agricultura, y él era el mayor de los hijos; tenía cuatro hermanos y hermanas. Por supuesto, esta no es la parte principal de nuestra historia; Pedro es nuestro personaje principal. Cuando tenía cinco años, sus padres empezaron a enseñarle a leer. En aquella época, el pueblo judío era bastante erudito y estaba especialmente avanzado en áreas como la agricultura, la industria y el comercio. Como resultado de su entorno social, los padres de Pedro habían recibido educación superior. Aunque eran de la campiña, eran cultos, comparables con los estudiantes universitarios promedios actuales. Evidentemente, Pedro fue bendecido al haber nacido en esas condiciones sociales tan favorables. Él era muy brillante y asimilaba fácil y rápidamente las nuevas ideas. Después de comenzar sus estudios, en sus lecciones comprendía muy fácilmente los conocimientos. Sus padres estaban orgullosos de tener un hijo tan inteligente e hicieron grandes esfuerzos para permitirle ir a la escuela, con la esperanza de que pudiera destacar y asegurar algún tipo de puesto oficial en la sociedad. Sin darse cuenta de ello, Pedro desarrolló un interés en Dios, y a los catorce años, cuando estaba en secundaria, se hartó del plan de estudios de la antigua cultura griega que estudiaba, especialmente en lo relacionado con las personas y los acontecimientos ficticios de la historia griega antigua. Desde ese momento, Pedro —que acababa de entrar en la primavera de la juventud— empezó a tratar de descubrir más sobre la vida humana y el mundo en general. Su conciencia no lo impulsó a compensar las penurias por las que pasaron sus padres, porque vio claramente que todas las personas vivían en un estado de autoengaño, que vivían vidas sin sentido y que destruían su vida en aras de luchar por la riqueza y el reconocimiento. Su percepción tuvo mucho que ver con el entorno social en el que vivía. Cuanto más conocimiento tienen las personas, más complejas son sus relaciones interpersonales y su mundo interno; por tanto, más existen en un vacío. Bajo estas circunstancias, Pedro pasaba su tiempo libre haciendo visitas de gran alcance, la mayoría de las cuales eran a figuras religiosas. Parecía tener un sentimiento vago en su corazón de que la religión podría explicar todo lo inexplicable en el mundo humano, por lo que a menudo iba a una sinagoga cercana para asistir a los servicios. Sus padres no lo sabían, y no pasó mucho tiempo antes de que Pedro, que siempre había tenido buen carácter y buenas calificaciones, comenzara a odiar ir a la escuela. Bajo la supervisión de sus padres, apenas terminó la secundaria. Nadó hasta salir del océano del conocimiento y respiró profundamente y, a partir de ese momento, ya nadie lo educó ni lo limitó.

Tras finalizar sus estudios, comenzó a leer toda clase de libros, pero a la edad de diecisiete años, seguía careciendo de experiencia en el mundo. Después de graduarse de la escuela, se ganó la vida con la agricultura, mientras también apartaba todo el tiempo que podía para leer libros y asistir a servicios religiosos. Sus padres, que habían tenido muchas esperanzas en él, maldecían con frecuencia al Cielo por su “hijo rebelde”, pero ni siquiera esto pudo interponerse en el camino de su hambre y sed de justicia. Pedro sufrió numerosos reveses en sus experiencias, pero tenía un corazón voraz, y creció con rapidez como pasto tras la lluvia. Pronto tuvo la “fortuna” de encontrar personas de alto nivel en el mundo religioso y como su anhelo era tan fuerte, comenzó a relacionarse con ellas cada vez con más frecuencia, hasta que pasaba casi todo su tiempo entre ellas. Inmerso en la felicidad y la satisfacción, descubrió de repente que la mayoría de estas personas solo tenían fe de palabra y que no habían entregado el corazón a su creencia. ¿Cómo podía Pedro, cuya alma era recta y pura, tolerar semejante golpe? Se dio cuenta de que casi todas las personas con las que se había relacionado eran bestias con atuendo humano; animales con rostro humano. En ese tiempo, Pedro era muy ingenuo, por lo que en varias ocasiones les suplicó desde el corazón. Sin embargo, ¿cómo podían estas figuras religiosas astutas y engañosas escuchar las súplicas de este vehemente joven? Fue en ese momento cuando Pedro sintió el verdadero vacío de la vida humana: cuando dio su primer paso sobre el escenario de la vida, fracasó… Un año después, se fue de la sinagoga y empezó a vivir de forma independiente.

El revés hizo que Pedro, que tenía dieciocho años, fuera mucho más maduro y sofisticado. Ya no había rastro de la ingenuidad de su juventud; la inocencia y la naturalidad del joven habían sido asfixiadas despiadadamente por el revés que sufrió y comenzó una vida como pescador. Después de esto, se podía ver a personas escuchándolo predicar en su bote. Al tiempo que se ganaba el sustento pescando, difundía el mensaje dondequiera que iba, y todos a cuantos predicaba quedaban fascinados por sus sermones, porque lo que decía tocaba el corazón de la gente común y todos quedaban profundamente conmovidos con su honestidad. Con frecuencia les enseñaba a tratar a los demás desde el corazón, a invocar al Soberano de los cielos y la tierra y de todas las cosas, y a no ignorar su conciencia ni hacer cosas vergonzosas, y a satisfacer en todas las cosas al Dios que amaban en su corazón… A menudo las personas quedaban profundamente conmovidas tras escuchar sus sermones; todas se sentían inspiradas por él y a menudo llegaban a las lágrimas. En ese tiempo, todos los que lo seguían sentían una gran admiración por él. Todos ellos eran desposeídos y, naturalmente, debido a cómo era la sociedad en aquel momento, eran pocos. Pedro también fue perseguido por los elementos religiosos de la sociedad de aquella época. Todo esto implicó que, por dos años, estuviera yendo de un lado a otro y viviendo una vida solitaria. Durante estos dos años de experiencias extraordinarias obtuvo mucho conocimiento y aprendió mucho acerca de cosas de las que no había tenido conocimiento previo, tanto así que no se parecía en nada a cuando tenía 14 años, y no parecía tener nada en común con su yo de aquel momento. A lo largo de estos dos años se encontró con toda clase de personas y vio todo tipo de verdades sobre la sociedad y, como resultado de ello, gradualmente comenzó a deshacerse de toda clase de rituales del mundo religioso. También fue profundamente influenciado por los acontecimientos en la obra del Espíritu Santo de aquella época; para entonces, Jesús había estado obrando durante varios años, así que la obra de Pedro también se vio influenciada por la obra del Espíritu Santo en aquel tiempo, aunque todavía no había conocido a Jesús. Por esa razón, cuando Pedro predicaba, obtuvo muchas cosas que las generaciones previas de santos nunca tuvieron. Por supuesto, en ese tiempo apenas estaba consciente de Jesús, pero nunca había tenido la oportunidad de encontrarse con Él cara a cara. Solo tenía la esperanza y anhelaba ver a esa figura celestial nacida del Espíritu Santo.

Una tarde, al anochecer, Pedro estaba pescando en su bote (cerca de la orilla de lo que en aquel momento se conocía como el mar de Galilea). Tenía una caña de pescar en sus manos, pero había otras cosas en su mente. El sol del atardecer iluminaba la superficie del agua como un vasto océano de sangre. La luz se reflejaba en el rostro joven —pero tranquilo y sereno— de Pedro; parecía inmerso en sus pensamientos. En ese momento se levantó una brisa, y de repente sintió que su vida era solitaria, lo cual de inmediato le produjo una sensación de desolación. A medida que las olas del mar brillaban con la luz, resultaba evidente que no tenía ánimo para pescar. Perdido en sus pensamientos, oyó repentinamente a alguien detrás de él decir: “Simón Barjona, judío, los días de tu vida son solitarios. ¿Me seguirás?”. Sobresaltado, Pedro dejó caer la caña de pescar que tenía en sus manos, misma que inmediatamente se hundió hasta el fondo del mar. Pedro se apresuró a darse la vuelta y vio a un hombre de pie en su bote. Lo miró de arriba abajo: el cabello del hombre, que caía sobre Sus hombros, era ligeramente rubio dorado a la luz del sol; Su ropa era gris, era de mediana estatura y estaba vestido de pies a cabeza como un hombre judío. A la luz del atardecer, su ropa gris se veía ligeramente negra y Su rostro parecía tener un cierto fulgor. Pedro buscó ver a Jesús en múltiples ocasiones, pero jamás tuvo éxito. En ese momento, en lo profundo de su alma, Pedro creyó que este hombre era el santo de su corazón, por lo que se postró en su bote de pesca y dijo: “¿Podrías ser Tú el Señor que ha venido a predicar el evangelio del reino de los cielos? He oído de Tus experiencias, pero nunca te he visto. He querido seguirte, pero no pude encontrarte”. Para entonces, Jesús ya había caminado hasta la cabina del bote, donde estaba sentado tranquilamente. “¡Levántate y siéntate a Mi lado!”, dijo. “Estoy aquí para buscar a aquellos que me aman sinceramente. He venido especialmente a difundir el evangelio del reino de los cielos y viajaré por todas las tierras para buscar a los que están de acuerdo conmigo. ¿Estás dispuesto?”. Pedro contestó: “Debo seguir al que es enviado por el Padre celestial. Debo reconocer al que es escogido por el Espíritu Santo. Ya que amo al Padre celestial, ¿cómo podría no estar dispuesto a seguirte?”. Aunque las palabras de Pedro estaban plagadas de nociones religiosas, Jesús sonrió y asintió con satisfacción. En ese momento, creció en Su interior un sentimiento de amor paternal por Pedro.

Pedro siguió a Jesús durante varios años y vio en Él muchas cosas que no había en otras personas. Después de seguirlo durante un año, Jesús escogió a Pedro de entre los doce discípulos. (Por supuesto, Jesús no habló de esto en voz alta y los demás no estaban conscientes de ello en absoluto). En la vida, Pedro se medía contra cada cosa que Jesús hacía. Principalmente, los mensajes que Jesús predicaba se grababan en su corazón. Estaba totalmente dedicado a Jesús y era fiel a Él, y nunca se quejó de Él. Como consecuencia, se convirtió en el fiel compañero de Jesús dondequiera que Él iba. Pedro observaba las enseñanzas de Jesús, Sus amables palabras, lo que Él comía, lo que vestía, dónde se hospedaba y cómo viajaba. Seguía el ejemplo de Jesús en cada aspecto. Jamás fue un santurrón, pero se deshizo de todas sus cosas obsoletas y siguió el ejemplo de Jesús en palabra y obra. Fue entonces cuando Pedro sintió que los cielos, la tierra y todas las cosas estaban en las manos del Todopoderoso y que, por esta razón, no tenía una opción personal. Pedro también asimiló todo lo que Jesús era y lo utilizó como un ejemplo. La vida de Jesús muestra que Él no era un santurrón en lo que hacía; en lugar de vanagloriarse de sí mismo, conmovía a las personas con amor. Varias cosas mostraban lo que Jesús era y, por esta razón, Pedro emulaba todo lo relacionado con Él. Las experiencias de Pedro le permitieron percibir cada vez más la hermosura de Jesús y dijo cosas como “He buscado al Todopoderoso por todo el universo y he visto las maravillas de los cielos y la tierra y todas las cosas, y, así, he obtenido una idea profunda de la hermosura del Todopoderoso. Sin embargo, nunca había sentido un amor genuino en mi corazón y jamás había visto la hermosura del Todopoderoso con mis propios ojos. Hoy, con Sus ojos, el Todopoderoso me ha mirado con gracia y finalmente he sentido la hermosura de Dios. He descubierto finalmente que no es solo que Dios haya creado todas las cosas lo que hace que la humanidad lo ame; en mi vida diaria he encontrado Su hermosura infinita. ¿Cómo podría limitarse a lo que puede verse en este momento?”. Conforme pasaba el tiempo, muchas cosas hermosas también surgieron en Pedro. Se volvió muy obediente a Jesús y, por supuesto, también sufrió varios reveses. Cuando Jesús lo llevó a diversos lugares a predicar, Pedro siempre fue humilde y escuchó los sermones de Jesús. Nunca se volvió arrogante por razón de sus años de seguirlo. Después de que Jesús le contara que la razón por la que Él había venido era para ser crucificado con el fin de poder terminar Su obra, Pedro a menudo sentía angustia en su corazón y lloraba a solas, en secreto. Sin embargo, ese “desafortunado” día finalmente llegó. Después de que Jesús fue arrestado, Pedro lloró solo en su bote de pesca y oró mucho por esto, pero en su corazón sabía que esta era la voluntad de Dios Padre y que nadie podía cambiarla. Estaba constantemente afligido y se le llenaban los ojos de lágrimas, solo por su amor. Por supuesto, esto es una debilidad humana. Así pues, cuando supo que Jesús sería clavado en la cruz, le preguntó: “¿Después de partir, volverás para estar entre nosotros y cuidarnos? ¿Podremos seguir viéndote?”. Aunque estas palabras eran bastante ingenuas y llenas de nociones humanas, Jesús conocía la amargura del sufrimiento de Pedro, así que, a través de Su amor, Él fue considerado con su debilidad: “Pedro, Yo te he amado. ¿Lo sabes? Aunque no hay razón en lo que dices, el Padre ha prometido que después de Mi resurrección me apareceré a las personas durante cuarenta días. ¿No crees que Mi Espíritu os otorgará gracia frecuentemente a todos?”. Aunque Pedro se sintió un tanto confortado por esto, seguía sintiendo que había algo que faltaba y, así, después de resucitar, Jesús se le apareció abiertamente por vez primera. Sin embargo, con el fin de evitar que Pedro siguiera aferrándose a sus nociones, Jesús declinó la abundante comida que Pedro había preparado para Él y desapareció en un abrir y cerrar de ojos. A partir de ese momento, Pedro tuvo finalmente una comprensión más profunda del Señor Jesús y lo amó aún más. Después de Su resurrección, Jesús se apareció a menudo a Pedro. Pasados los cuarenta días y tras haber ascendido al cielo, se apareció tres veces más a Pedro. Cada aparición se dio justo cuando la obra del Espíritu Santo estaba a punto de completarse y una nueva obra estaba a punto de comenzar.

A lo largo de su vida, Pedro se ganó la vida con la pesca, pero, más que eso, vivió para predicar. En años posteriores, escribió la primera y segunda epístolas de Pedro, así como varias cartas a la iglesia de Filadelfia de aquella época. Él conmovió mucho a las personas de su tiempo. En lugar de sermonear a las personas utilizando sus propias credenciales, les brindó un sustento de vida adecuado. Nunca olvidó las enseñanzas de Jesús antes de Su partida y fue inspirado por ellas a lo largo de toda su vida. Mientras seguía a Jesús, decidió corresponder al amor del Señor con su muerte y seguir Su ejemplo en todas las cosas. Jesús estuvo de acuerdo con esto, así que cuando Pedro tenía cincuenta y tres años (más de veinte años después de la partida de Jesús), Jesús apareció ante él para ayudarle a cumplir su anhelo. En los siete años posteriores, Pedro pasó su vida conociéndose a sí mismo. Un día, al final de estos siete años, fue crucificado cabeza abajo, terminando así su extraordinaria vida.

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viernes, 1 de noviembre de 2019

Palabra de Dios | El entorno básico de vida que Dios crea para la humanidad: La temperatura

Cubo de hielo
Palabra de Dios | El entorno básico de vida que Dios crea para la humanidad: La temperatura
La segunda cosa es la temperatura. Todo el mundo sabe qué es. La temperatura es algo con lo que debe estar equipado un entorno adecuado para la supervivencia humana. Si la misma es demasiado elevada, digamos superior a 40 grados centígrados, la vida humana será muy difícil. ¿No sería agotadora? ¿Y si la temperatura es demasiado baja, y alcanza los 40 grados centígrados bajo cero? Los seres humanos tampoco podrán soportarla. Por tanto, Dios fue realmente muy particular al establecer este abanico de temperaturas. La gama de temperaturas a la que puede adaptarse el cuerpo humano es básicamente desde menos 30 grados hasta 40 grados centígrados. Este es el abanico de temperaturas básico de norte a sur. En las regiones frías, las temperaturas podrían alcanzar alrededor de menos 50 grados centígrados. Una región así no es un lugar en el que Dios permita vivir al hombre. ¿Por qué existen tales regiones frías? En esto residen la sabiduría y los propósitos de Dios. Él no te permite acercarte a esos lugares. Dios protege sitios que son demasiado calientes y demasiado fríos, lo que significa que Él no está preparado para permitir que el hombre viva allí, ya que no son apropiados para los humanos. ¿Por qué permitiría que tales lugares existieran sobre la tierra? Si Dios no consintiera que el hombre viviera o existiera allí, ¿por qué los crearía? La sabiduría de Dios reside en eso. Es decir, Él también ha ajustado razonablemente la temperatura básica del entorno para la supervivencia humana; también hay una ley aquí. Dios creó algunas cosas para ayudar a mantener y controlar la temperatura. ¿Qué cosas se usan para mantener esta temperatura? Ante todo, el sol puede aportar calidez a las personas, pero ellas no podrían soportarlo si hace demasiado calor. ¿Existe algún instrumento sobre la tierra que pueda acercarse al sol? (No.) ¿Por qué no? Porque es demasiado caliente. Se derretiría. Por tanto, Dios también ha establecido una medida específica de la distancia entre el sol y la humanidad; Él tiene un estándar para la misma. También están el Polo Sur y el Polo Norte de la tierra los cuales son glaciares. ¿Puede vivir la humanidad en glaciares? ¿Son adecuados para la vida humana? (No.) No lo son; por tanto, no irás allí. Como no vas a los Polos Sur y Norte, los glaciares se conservarán y podrán desempeñar su papel, que es controlar la temperatura. ¿Lo entiendes? Si los Polos Sur y Norte no existieran y el sol siempre brillara sobre la tierra, todas las personas morirían del calor. ¿Usa Dios únicamente estas dos cosas para controlar la temperatura? No, Él no se sirve únicamente de estas para asegurarse de que la temperatura sea adecuada para la supervivencia humana. También existen toda clase de cosas vivientes, como la hierba en los campos, los diversos tipos de árboles y toda clase de plantas en los bosques. Estos absorben el calor del sol y sintetizan su energía térmica para regular la temperatura en la que viven los seres humanos. También hay fuentes de agua como los ríos y los lagos. La superficie que estos ocupan no es algo que nadie pueda decidir. ¿Puede alguien controlar cuánta agua hay en la tierra, dónde fluye la misma, la dirección en la que lo hace, su volumen o su velocidad de fluido? Nadie puede controlarlo. Sólo Dios lo sabe. Estas diversas fuentes de agua, incluida la subterránea y los ríos y lagos por encima de la tierra que las personas pueden ver, también pueden regular la temperatura en la que viven los seres humanos. Además de eso, existen toda clase de formaciones geográficas como montañas, llanuras, cañones y pantanos. La superficie y el tamaño de estas diversas formaciones geográficas pueden regular la temperatura. Por ejemplo, si esta montaña tiene un radio de 100 kilómetros, estos 100 kilómetros tendrán un efecto de 100 kilómetros. Respecto a cuántas cadenas montañosas y cañones de este tipo ha creado Dios en la tierra, esto es algo que Él ha meditado. En otras palabras, detrás de la existencia de cada cosa creada por Dios hay una historia que también contiene la sabiduría y los planes de Dios. Pongamos como ejemplo los bosques y todas las clases de vegetación: ningún ser humano puede controlar la superficie y el tamaño del espacio en el que estos crecen ni tiene la última palabra al respecto. Tampoco puede ningún ser humano controlar cuánta agua absorben ni cuánta energía térmica absorben del sol. Todas estas cosas se encuentran en el ámbito de lo que Dios planeó cuando creó todas las cosas.

miércoles, 16 de octubre de 2019

Palabras de Dios | Historia. Una gran montaña, un pequeño arroyo, un viento violento, y una ola gigante

Una gran montaña, un pequeño arroyo
Palabras de Dios | Historia. Una gran montaña, un pequeño arroyo, un viento violento, y una ola gigante
Había un pequeño arroyo que serpenteaba de un lado a otro, llegando finalmente al pie de una gran montaña. Esta estaba bloqueando el camino de la quebrada, por lo que esta le pidió con su voz pequeña y débil: “Por favor, déjame pasar, estás en mi camino y bloqueando mi recorrido”. La montaña preguntó entonces: “¿Adónde vas?”. A lo que el pequeño arroyo respondió: “Estoy buscando mi hogar”. La montaña dijo: “¡Vale, sigue adelante y fluye por encima de mí!”. Pero como la pequeña corriente era demasiado débil y joven, no había para ella camino para fluir sobre tan grande montaña, de forma que no tuvo otra elección sino seguir fluyendo hasta el pie de la montaña…
Sopló un viento violento, trayendo con él arena y polvo hasta donde estaba la montaña. El viento gritó a esta: “¡Déjame pasar!”. La montaña preguntó: “¿A dónde vas?”. El viento gritó de nuevo: “Quiero ir a ese lado de la montaña”. Esta dijo: “Vale, si puedes atravesar por en medio de mí, ¡entonces puedes ir!”. El viento violento sopló de una forma y de otra, pero por muy furiosamente que lo hiciera, no pudo atravesar por en medio de la montaña. El viento se cansó, y se detuvo a descansar. Por tanto, en ese lado de la montaña sólo un viento débil sopló de manera irregular, algo que agradaba a las personas allí. Esa era la bienvenida que la montaña daba a las personas…
En la costa, la espuma del océano golpeaba suavemente contra el arrecife. De repente, una ola gigante se levantó y rugió en su camino hacia la montaña. “¡Hazte a un lado!”, gritó la ola gigante. La montaña preguntó: “¿A dónde vas?”. La gran ola no se detuvo, y continuó levantándose respondiendo: “Estoy expandiendo mi territorio y quiero extender un poco mis brazos”. La montaña dijo: “Vale, si puedes pasar por encima de mi cima, te cederé el paso”. La gran ola reculó un poco, y después embistió otra vez contra la montaña. Pero por mucho que lo intentara, no pudo sobrepasar la montaña. No tuvo otra opción que retroceder lentamente por donde vino…
A lo largo de los siglos, el pequeño arroyo fluía suavemente alrededor del pie de la montaña. Siguiendo el curso que esta había hecho, el pequeño arroyo volvió a su hogar; se unió al río, y fluyó hasta el mar. Bajo el cuidado de la montaña, el pequeño arroyo nunca se perdió. Ambas se apoyaban entre sí, se contenían entre sí, y dependían la una de la otra.
A lo largo de los siglos, el viento violento no cambió sus hábitos de gritar a la montaña. Traía grandes remolinos de arena cuando la “visitaba” tal como había hecho antes. La amenazaba, pero nunca la atravesó. El viento violento y la gran montaña se apoyaban entre sí, se contenían entre sí, y dependían el uno del otro.
A lo largo de los siglos, la ola gigante tampoco descansó, y nunca dejó de expandirse. Rugía y embestía a la montaña una y otra vez, pero esta nunca se movió una pulgada. La montaña vigilaba al mar, y de esta forma, las criaturas en el mar se multiplicaban y desarrollaban. La ola gigante y la gran montaña se apoyaban entre sí, se contenían entre sí, y dependían la una de la otra.
Mi historia ha terminado. En primer lugar, ¿qué podéis decirme sobre la misma? ¿Cuál era el contenido principal? Primero había una montaña, ¿después qué? (Un pequeño arroyo, un viento violento, y una ola gigante.) ¿Qué pasó en la primera parte con el pequeño arroyo y la gran montaña? ¿Recordáis? (El pequeño arroyo estaba fluyendo al pie de la gran montaña.) El pequeño arroyo que fluía al pie de la montaña, ¿es esta la historia que tuvo lugar entre ellas? ¿A dónde fue la corriente? ¿Por qué hablaríamos sobre la gran montaña y el pequeño arroyo? (Como la montaña protegió al arroyo, este nunca se perdió. Se apoyaban entre sí.) ¿Diríais que la montaña protegía u obstruía al pequeño arroyo? (Lo protegía.) ¿Podría ser que lo obstruyera? La montaña y el pequeño arroyo estaban juntos; el primero protegía al segundo, y también era una obstrucción. La montaña protegía al arroyo para que pudiera fluir hasta el río, pero también evitaba que fluyera por el lugar en el que podía desbordarse y ser desastroso para las personas. ¿Es esta la idea principal de esta sección? (Sí.) La protección del arroyo por parte de la montaña y la actuación de esta como barrera salvaguardaba los hogares de las personas. Después tienes al pequeño arroyo uniéndose al río al pie de la montaña y más tarde fluyendo hasta el mar; ¿no es ese su imperativo? (Sí.) Cuando el arroyo fluyó hasta el río y después hasta el mar, ¿en qué se estaba apoyando? ¿No se estaba apoyando en la montaña? Estaba confiando en la protección de esta y en su actuación como barrera; ¿es esta la idea principal? (Sí.) ¿Veis la importancia de las montañas para el agua en este ejemplo? (Sí, la vemos.) ¿Es importante? (Sí.) ¿Tiene Dios Su propósito al hacer a las montañas tanto altas como bajas? (Lo tiene.) Tiene una finalidad, ¿verdad? Esta es una pequeña parte de la historia, y a partir de sólo un pequeño arroyo y una gran montaña podemos ver el valor y el significado de estas dos cosas en Su creación por parte de Dios. También podemos ver Su sabiduría y propósito en cómo gobierna estas dos cosas. ¿No es eso correcto?
¿De qué se ocupa la segunda parte de la historia? (Un viento violento y la gran montaña.) ¿Es el viento una cosa buena? (Sí.) No necesariamente, ya que en ocasiones si el viento es demasiado fuerte puede ser desastroso. ¿Cómo te sentirías si tuvieras que estar fuera en el viento violento? Depende de lo fuerte que fuera, ¿verdad? Si fuera una ligera brisa, o un viento de un nivel 2-3, o 3-4, aún sería tolerable, como máximo una persona tendría problemas para mantener sus ojos abiertos. Pero, ¿podrías soportarlo si fuera tan fuerte como para convertirse en un tornado? No serías capaz de hacerlo. Así pues, es incorrecto que las personas digan que el viento siempre es bueno, o que siempre es malo porque depende de cuán fuerte sea el viento. ¿Qué uso tiene entonces aquí la montaña? ¿Es algo así como un filtro para el viento? (Sí.) ¿La montaña toma el viento violento y lo reduce a qué? (A una ligera brisa.) A una ligera brisa. La mayoría de las personas podía tocarlo y sentirlo en el entorno en que vivían, pero, ¿era un viento violento o una ligera brisa lo que sentían? (Una ligera brisa.) ¿No es este uno de los propósitos detrás de la creación de las montañas por parte de Dios? ¿No es este Su propósito? ¿Cómo sería para las personas vivir en un entorno en donde el viento violento llevase arena sin nada que lo bloqueara o filtrara? ¿Podría ser que con arena y piedras volando alrededor, las personas no pudieran vivir sobre la tierra? Las piedras podrían golpear a algunas personas en la cabeza, la arena podría entrar en sus ojos y no podrían ver. Las personas podrían ser aspiradas por el aire o el viento podría soplar tan fuerte que no podrían mantenerse en pie. Las casas serían destruidas y tendrían lugar toda clase de desastres. ¿Tiene valor el viento violento? (Sí.) ¿Cuál es este? Cuando dije que era malo, las personas podrían sentir que no tiene valor, pero ¿es eso correcto? ¿No tiene valor convertirlo en una brisa? ¿Qué es lo que más necesitan las personas cuando hay humedad o bochorno? Necesitan una ligera brisa que sople suavemente sobre ellas, para refrescar y aclarar sus mentes, para calmar su humor y mejorar su estado mental. Por ejemplo, estáis todos sentados en una estancia con muchas personas y el aire está cargado, ¿qué es lo que más necesitáis? (Una ligera brisa.) En lugares en los que el aire es turbio y está lleno de suciedad, el pensamiento de una persona se puede ralentizar, su flujo sanguíneo se puede reducir, y puede tener menos claridad mental. Sin embargo, el aire se volverá fresco si tiene una oportunidad de moverse y circular, y las personas se sentirán mucho mejor. Aunque el pequeño arroyo y el viento violento pudieran convertirse en un desastre, mientras la montaña esté ahí esta hará de ellos cosas que realmente beneficien a las personas; ¿no es correcto?
¿De qué habla la tercera parte de la historia? (La gran montaña y la ola inmensa.) La gran montaña y la ola inmensa. La escena aquí es una montaña al lado del mar donde podemos ver la montaña, la espuma del océano, y también, una ola inmensa. ¿Qué es la montaña para la ola en este ejemplo? (Un protector y una barrera.) Es tanto un protector como una barrera. ¿Verdad? El objetivo de protegerla es evitar que esta parte del océano desaparezca de forma que las criaturas que viven en él puedan desarrollarse. Como barrera, la montaña evita que el agua del mar —esta masa de agua— se desborde y provoque un desastre, que podría dañar y destruir los hogares de las personas. ¿Verdad? Así pues, podemos decir que la montaña es tanto una barrera como un protector. Esto muestra el significado de la dependencia mutua entre la montaña y el arroyo, la montaña y el viento violento y la montaña y la ola inmensa, y cómo se contienen los unos a los otros y dependen los unos de los otros, de lo cual he hablado.
Existe una regla y una ley que gobiernan la supervivencia de estas cosas que Dios creó. ¿Podéis ver lo que Dios hizo a partir de lo acontecido en la historia? ¿Creó Dios el universo e ignoró lo que ocurrió después? ¿Les dio normas y diseñó las maneras en que funcionarían para ignorarlas después? ¿Es eso lo que ocurrió? (No.) ¿Qué es eso entonces? (Dios está en control.) Dios sigue controlando el agua, el viento, y las olas. No deja que corran desbocados ni que dañen o destruyan los hogares de las personas, y gracias a ello las personas pueden seguir viviendo y desarrollándose en este trozo de tierra. Lo que significa que Dios ya había planificado las reglas para la existencia cuando hizo el universo. Cuando Dios hizo estas cosas, se aseguró de que beneficiarían a la humanidad, y también las controló de forma que no fueran problemáticas o desastrosas para la humanidad. Si Dios no las gestionara, ¿no fluirían las aguas por todas partes? ¿No soplaría el viento por todo el lugar? Si Dios no los gestionara no estarían gobernados por ninguna regla, y el viento aullaría y las aguas se levantarían y fluirían por todas partes. Si la ola inmensa hubiera sido más alta que la montaña, ¿podría existir aún esa área del mar? El mar no podría existir. Si la montaña no fuera tan alta como la ola, esa área del mar no existiría y la montaña perdería su valor y su significado.
……
En relación a la gran montaña y el pequeño arroyo, ¿qué es la montaña? Cosas vivas florecen sobre ella de forma que hay valor en su existencia por sí misma. Al mismo tiempo, la montaña bloquea el pequeño arroyo, garantizando que este no fluya por donde quiera y por tanto no lleve el desastre a las personas. ¿No es correcto? En virtud de la existencia de la montaña, esta permite a las cosas vivas como los árboles, las hierbas, todas las demás plantas y los animales en ella que florezcan mientras que también dirige hacia dónde fluye el pequeño arroyo; la montaña reúne las aguas de esta y las guía de forma natural alrededor de su pie donde puede fluir hasta el río y finalmente hasta el mar. La naturaleza no hizo las reglas que entran en juego aquí, sino que fue Dios quien las dispuso especialmente en la época de la creación. En cuanto a la gran montaña y el viento violento, la montaña, también, necesita el viento. Lo hace para acariciar a las cosas vivas que viven en ella, y al mismo tiempo limita la dureza con la que el viento violento puede soplar de forma que no arrolle y devaste. Esta norma contiene, en cierta manera, la obligación de la gran montaña, ¿tomó forma por sí misma esta norma relativa a la obligación de la montaña? (No.) Al contrario, fue hecha por Dios. La gran montaña tiene su propia obligación y el viento violento también tiene la suya. Ahora, en cuanto a la gran montaña y la ola inmensa, si la primera no estuviera allí, ¿encontraría el agua por sí misma una dirección para fluir? (No.) El agua también arrollaría y devastaría. La montaña tiene su propio valor como montaña, y el mar tiene su propio valor como mar. De esta forma, bajo estas circunstancias en las que no interfieren el uno con el otro y son capaces de existir juntos con normalidad, también se limitan; la gran montaña contiene al mar para que no se desborde y protege así los hogares de las personas, y esto también permite que el mar nutra a los seres vivos que moran en él. ¿Tomó este paisaje forma por sí mismo? (No.) Dios lo creó también. A partir de estas imágenes vemos que cuando Dios creó el universo, predeterminó dónde estaría la montaña, dónde fluiría el arroyo, desde qué dirección comenzaría a soplar el viento violento y hacia dónde iría, así como cuán altas serían las olas inmensas. Las intenciones y el propósito de Dios se encuentran en todas estas cosas y son Sus hechos. Ahora, ¿podéis ver que los hechos de Dios están presentes en todas las cosas?
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martes, 15 de octubre de 2019

Palabras de Dios | El entorno básico de vida que Dios crea para la humanidad: El aire

Palabras de Dios | El entorno básico de vida que Dios crea para la humanidad: El aire
Primero, Dios creó el aire para que el hombre pudiera respirar. ¿No es este “aire” el de la vida cotidiana con el que los seres humanos están en contacto constante? ¿No es este aire aquello sobre lo que se apoyan los humanos en todo momento, incluso cuando duermen? El aire que Dios creó es supremamente importante para la humanidad: es el componente fundamental de su aliento y de la vida en sí. Esta esencia, que sólo puede sentirse, pero no verse, fue el primer regalo de Dios para todas las cosas. Después de crear el aire, ¿terminó Él Su trabajo y se marchó? Hay aspectos de esto que son inimaginables para las personas. Una vez creado el aire, era necesario proveer a la humanidad la densidad y la cantidad exactas para su supervivencia. Con respecto a la densidad, primero está el asunto del contenido de oxígeno. Es una pregunta para la física. ¿Qué estaba pensando Dios cuando hizo el aire? ¿Por qué lo hizo, y cuál fue Su razonamiento? Los seres humanos necesitan aire para respirar. En primer lugar, la densidad del aire debería corresponder al pulmón humano. ¿Conoce alguien la densidad del aire? Esto no es algo que las personas necesiten saber; no hay necesidad de saberlo. Tener una idea general está bien; no necesitamos un número exacto relativo a la densidad del aire. Primero, Dios hizo el aire con una densidad que sería la más apropiada para la respiración de los pulmones humanos, está adaptada a la respiración humana. Es decir, cuando se inhala, el aire tiene una densidad que no daña el cuerpo. De esto se trata la densidad del aire. Principalmente, los contenidos del aire no son venenosos para los seres humanos y, por tanto, no dañarán los pulmones ni el cuerpo. Dios tuvo que considerar todo esto. Tuvo que tener en cuenta que el aire respirado por los seres humanos debía entrar y salir suavemente y que, después de ser inhalado, el contenido y la cantidad de aire debían ser tales que tanto la sangre como el aire residual en el pulmón y el cuerpo se metabolizaran apropiadamente y, también, que el aire no debería contener ningún componente venenoso. Con respecto a estos dos estándares, no quiero hartaros con un montón de conocimiento, sino más bien haceros saber que Dios tuvo un proceso específico de pensamiento en mente cuando creó cada cosa —el mejor—. En cuanto a la cantidad de polvo en el aire, la cantidad de polvo, arena y lodo en la tierra, así como el polvo que cae desde el cielo, Dios también tenía un plan para estas cosas, una forma de eliminarlas o resolverlas. Aunque hay algo de polvo, Dios lo hizo de tal forma que este no dañara el cuerpo y la respiración del hombre, y que sus fragmentos fueran de un tamaño no perjudiciales para el cuerpo. ¿No fue misteriosa la creación del aire por parte de Dios? (Sí.) ¿Fue tan simple como soltar un soplo de aire de Su boca? (No.) Incluso cuando creó las cosas más simples, el misterio de Dios, Sus opiniones, Sus pensamientos y Su sabiduría son evidentes. ¿Es Dios realista? (Sí.) Es decir, incluso en la creación de algo simple, Dios estaba pensando en la humanidad. En primer lugar, el aire que los seres humanos respiran está limpio, su composición es apropiada para la respiración humana, no es tóxica, y no provoca daño a los humanos, y su densidad está calibrada para la respiración humana. Este aire que los humanos inhalan y exhalan es esencial para su cuerpo y su carne. Por tanto, ellos pueden respirar libremente, sin limitación ni preocupación. Pueden respirar con normalidad. El aire es eso que Dios creó en el principio y que es indispensable para la respiración humana.

Palabras de Dios | Historia. Una semilla, la tierra, un árbol, la luz del sol, los pájaros cantores, y el hombre

Una semilla, la tierra, un árbol, la luz del sol, los pájaros cantores, y el hombre
Palabras de Dios | Historia. Una semilla, la tierra, un árbol, la luz del sol, los pájaros cantores, y el hombre
Una pequeña semilla cayó en la tierra. Después de que cayese mucha lluvia, de ella creció un tierno brote y sus raíces ahondaron en el suelo. El brote se hizo grande con el tiempo, enfrentándose a crueles vientos e intensas lluvias, viendo el cambio de las estaciones conforme la luna aparecía y desaparecía. En verano, la tierra entregó regalos de agua para que el brote pudiera soportar el calor abrasador. Y gracias a la tierra, este no sintió el calor del verano y sobrevivió al mismo. Cuando cayó el invierno, la tierra envolvió el brote en su cálido abrazo y se asieron el uno al otro con fuerza. Y gracias a la calidez de la tierra, el brote sobrevivió al duro frío, pasando ileso por las tormentas invernales y las nevadas de la estación. Protegido por la tierra, el brote creció en valentía y estaba feliz. Creció en altura y orgullo a partir de la alimentación abnegada provista por la tierra. Creció feliz. Cantaba cuando la lluvia caía y danzaba y se balanceaba cuando el viento soplaba. Así pues, el brote y la tierra dependen el uno del otro…
Los años pasaron, y el brote era ahora un árbol imponente. Le habían crecido robustas ramas cargadas de innumerables hojas y se mantenía fuerte sobre la tierra. Sus raíces ahondaron en la tierra como habían hecho antes, pero ahora se sumergían a mucha profundidad en el suelo. Lo que una vez protegió al brote era ahora el fundamento para el poderoso árbol.
Un rayo de sol alumbró el árbol y el tronco se sacudió. El árbol tendió sus ramas y captó intensamente esa luz. La tierra debajo respiraba al mismo ritmo que aquel, y se sintió renovada, y sólo entonces, una brisa fresca sopló entre las ramas, y el árbol tembló de deleite, brotando con energía. Así pues, el árbol y la luz del sol dependen el uno del otro…
Las personas se sentaban en la fresca sombra del árbol y disfrutaban en el aire fresco y fragante. Este purificaba sus corazones y pulmones, y la sangre en su interior. Las personas ya no se sentían cansadas ni agobiadas. Así pues, las personas y el árbol dependen los unos de los otros…
Un grupo de pájaros cantores piaba mientras se posaba sobre las ramas del árbol. Quizás estaban huyendo de algún enemigo, o alimentando y criando a sus polluelos, o quizás sólo estaban tomándose un pequeño descanso. Así pues, los pájaros y el árbol dependen los unos de los otros…
Las raíces del árbol, retorcidas y enredadas, ahondaron profundamente en la tierra. Su tronco resguardaba la tierra del viento y la lluvia, y extendía sus grandes ramas y protegía la tierra debajo de él, y el árbol lo hacía porque la tierra es su madre. Viven juntos, el uno depende de la otra, y nunca morarán aparte…
[…]
Todas las cosas de las que acabo de hablar son cosas que habéis visto antes, como las semillas. Sabéis de esto, ¿verdad? Una semilla que crece hasta llegar a ser un árbol puede no ser un proceso que veas con detalle, pero sabes que es una realidad, ¿verdad? (Sí.) Sabes de la tierra y la luz del sol, ¿verdad? La imagen de los pájaros cantores posados es algo que todas las personas han visto, ¿verdad? (Sí.) Y todos habéis visto personas refrescándose a la sombra de un árbol, ¿verdad? (Lo hemos visto.) ¿Que sentimiento tenéis cuando veis todos estos ejemplos en una imagen? (Armonía.) ¿Vienen de Dios todos los ejemplos que existen en esta imagen? (Sí.) Como vienen de Él, Él conoce el valor y el significado de estos diversos ejemplos que existen juntos sobre la tierra. Cuando Dios creó todas las cosas, tenía un plan para cada elemento, y cada cosa que creó muestra Sus propósitos y Él le infunde vida. Él creó el entorno vital para la humanidad, que se expone en la historia que acabamos de oír. Esta expuso la interdependencia entre la semilla y la tierra; esta nutre a aquella, y aquella está atada a esta. Dios predeterminó la relación entre ambas desde el principio, ¿verdad? (Sí.) El árbol, la luz del sol, los pájaros cantores, y el hombre en esta imagen, ¿son un ejemplo del entorno vital que Dios creó para la humanidad? (Sí.) Primero, ¿puede el árbol abandonar la tierra? (No.) ¿Puede el árbol estar sin la luz del sol? (No.) ¿Cuál fue entonces el propósito de Dios al crear el árbol? ¿Podemos decir que fue sólo para la tierra? ¿Podemos decir que fue sólo para los pájaros cantores? ¿Podemos decir que fue sólo para las personas? (No.) ¿Cuál es la relación entre ellos? La relación entre ellos es una de interdependencia en la cual no pueden separarse. La tierra, el árbol, la luz del sol, los pájaros cantores, y las personas, se apoyan los unos en los otros para existir y se nutren entre sí. El árbol protege la tierra mientras esta nutre al árbol; la luz del sol provee para el árbol, mientras este crea aire fresco a partir de ella y ayuda a aliviar a la tierra de su calor. ¿Quién se beneficia de esto al final? La humanidad se beneficia de esto, ¿verdad? (Sí.) Y este es uno de los principios detrás de por qué Dios hizo el entorno para la humanidad y uno de los propósitos principales del mismo. Aunque esto sea un simple cuadro, podemos ver la sabiduría de Dios y Sus intenciones. El hombre no puede vivir sin la tierra, o sin los árboles, o sin los pájaros cantores y la luz del sol, ¿verdad? Aunque era una historia, es un microcosmo de la creación del universo por parte de Dios y Su concesión al hombre del entorno vital.
Dios creó los cielos, la tierra y todas las cosas para la humanidad y creó también el entorno vital. Primero, el punto principal que expusimos en la historia es las relaciones interconectadas y la interdependencia de todas las cosas. Bajo este principio, el entorno vital de la humanidad está protegido, sobrevive y continúa; debido a la existencia de este entorno vital, la humanidad puede desarrollarse y reproducirse. Vimos el árbol, la tierra, la luz del sol, los pájaros cantores, y las personas en la escena. ¿Estaba Dios allí también? Puede que las personas no lo vean, ¿verdad? Superficialmente puede parecer que Dios no estaba allí, pero las personas pueden ver las normas de las relaciones interconectadas entre las cosas en la escena; es por medio de estas normas que las personas pueden ver que Dios existe y que Él es el Gobernador. ¿Verdad? Dios usa estos principios y normas para preservar la vida y la existencia de todas las cosas. Es de esta forma que Él provee para todas las cosas y para la humanidad. ¿Tiene esta historia alguna relación con el tema que acabamos de exponer? (Sí.) Superficialmente parece que no la hay, pero en realidad las normas que Dios ha hecho como el Creador y Su dominio sobre todas las cosas está muy relacionado con que Él sea la fuente de vida para todas las cosas y están inextricablemente vinculados. ¿Verdad? (Sí.) Habéis aprendido algo, ¿verdad?
Dios es el Señor de las normas que controlan el universo, Él controla las normas que gobiernan la supervivencia de todas las cosas, y también controla el universo y todas las cosas de forma que puedan vivir juntos; lo hace de forma que no se extingan ni desaparezcan para que la humanidad pueda continuar existiendo, y el hombre pueda vivir en ese entorno a través del liderazgo de Dios. Estas normas que gobiernan todas las cosas están bajo el dominio de Dios. Sin embargo, la humanidad no puede intervenir y no puede cambiarlas; sólo Dios mismo las conoce y sólo Él las gestiona. Cuándo germinarán los árboles, cuándo lloverá, cuánta agua y cuántos nutrientes dará la tierra a las plantas, en qué estación caerán las hojas, en qué estación darán fruto los árboles, cuánta energía dará la luz del sol a los árboles, qué exhalarán estos de la energía que toman de la luz del sol, todas estas son cosas que Dios ya había dispuesto cuando creó el universo y son leyes que el hombre no puede quebrantar. Las cosas creadas por Dios —sean vivientes o parezcan no serlo a las personas— están todas en Sus manos y bajo Su dominio. Ningún hombre puede cambiar o romper esa norma. Es decir, cuando Dios creó todas las cosas formuló cómo deberían ser. El árbol no podría echar raíces, germinar, y crecer sin la tierra. ¿Cómo sería la tierra si no tuviera árboles? Se secaría. ¿No es esto correcto? (Sí.) Asimismo, el árbol es el hogar de los pájaros cantores, es un lugar en el que se refugian del viento. ¿Sería correcto que el árbol existiese sin la luz del sol? (No lo sería.) Si el árbol sólo tuviera la tierra eso no funcionaría. Todo esto es para la humanidad y para su supervivencia. El hombre recibe aire fresco del árbol, y vive sobre la tierra protegida por este. El hombre no puede vivir sin la luz del sol, sin todos los diversos seres vivos. Aunque las relaciones entre estas cosas son complejas, las personas deben entender claramente que Dios creó las reglas que gobiernan todas las cosas de forma que puedan existir de una forma interconectada e interdependiente; cada cosa creada tiene valor y significado. Si Dios creó algo sin significado, lo dejaría desaparecer. ¿Entendéis? (Sí.) Este es uno de los métodos que usó en la provisión de todas las cosas. ¿A qué se refiere “proveer para” en esta historia? ¿Sale Dios a regar el árbol cada día? ¿Necesita el árbol la ayuda de Dios para respirar? (No.) “Proveer para” se refiere en este ejemplo a la gestión de Dios de todas las cosas después de la creación; todo lo que necesitaba eran reglas para mantener las cosas funcionando sin problemas. El árbol creció por sí mismo al ser plantado en la tierra. Dios creó todas las condiciones para que creciera. Él hizo la luz del sol, el agua, el suelo, el aire, y el entorno alrededor, el viento, la escarcha, la nieve, y la lluvia, y las cuatro estaciones; estas son las condiciones que el árbol necesita para crecer, son cosas que Dios preparó. Por tanto, ¿es Él la fuente de este entorno viviente? (Sí.) ¿Tiene Dios que salir cada día y contar cada hoja en los árboles? No hay necesidad, ¿verdad? Dios tampoco tiene que ayudar al árbol a respirar. Tampoco tiene que despertar a la luz del sol cada día diciendo: “Es hora de brillar sobre los árboles ahora”. No tiene que hacer eso. La luz del sol brilla por sí misma tal como lo prescriben las reglas, brilla sobre el árbol y este se empapa de ella. Así es como viven las cosas dentro de las reglas. Quizás sea un fenómeno que no podéis explicar claramente, pero es una realidad que todo el mundo ha visto y aceptado. Todo lo que debes hacer es reconocer que las reglas para la existencia de todas las cosas vienen de Dios y saber que su crecimiento y supervivencia están bajo el dominio de Dios. Esto comprueba que Él es la fuente de toda vida.
¿Se usa una metáfora en esta historia, tal como el hombre lo llamaría? (No.) ¿Es antropomórfica? (No.) Lo que he hablado es la verdad. Todo lo que está vivo, todo lo que existe se encuentra bajo el dominio de Dios. Todo recibió vida después de que Él lo creara; es vida dada por Dios y sigue las leyes y la senda que Él creó para ello. Esta realidad no debe alterarse por el hombre, ni necesita su ayuda; esta es la razón por la que Dios provee para todas las cosas. Entendéis, ¿verdad? ¿Pensáis que es necesario que las personas reconozcan esto? (Sí.) Así pues, ¿tiene algo que ver esta historia con la biología? ¿Tiene alguna relación con cualquier campo del conocimiento o la ciencia? (No.) No estamos exponiendo biología aquí y sin duda no estamos llevando a cabo investigación biológica alguna. ¿Cuál es la idea principal sobre la que estamos hablando aquí? (Que Dios es la fuente de toda vida.) ¿Qué veis entre todas las cosas de la creación? ¿Habéis visto árboles? ¿Habéis visto la tierra? (Sí.) Habéis visto la luz del sol, ¿verdad? ¿Habéis visto los pájaros descansando en los árboles? (Los hemos visto.) ¿Está la humanidad feliz de vivir en ese entorno? (Está feliz.) Dios usa todas las cosas —las cosas que creó para mantener al hogar de la humanidad para la supervivencia y protegerlo—, y así es como Él provee para el hombre y para todas las cosas.
Fuente: Evangelio de la Fuente de la Vida
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