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miércoles, 15 de septiembre de 2021

¿Sabes realmente qué es orar?


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Estudio acerca de la oración: ¿Sabes realmente qué es orar?

Las palabras relevantes de Dios:

¿Qué significa orar realmente? Quiere decir hablar con Dios las palabras que están dentro de tu corazón y tener comunión con Dios después de que comprendiste Su voluntad, basándote en Sus palabras; quiere decir sentirte particularmente cerca de Dios, sentir que Él está enfrente de ti y que tienes algo que decirle; y quiere decir estar especialmente radiante dentro de tu corazón y sentir que Dios es especialmente precioso. Te sentirás especialmente inspirado y, después de escuchar tus palabras, los hermanos y hermanas se sentirán complacidos, sentirán que las palabras que hablas son las que están dentro de sus corazones, las que quieren pronunciar, y que lo que dices representa lo que ellos quieren decir. Esto es lo que significa orar verdaderamente. Después de que has orado verdaderamente, te sentirás en paz y complacido en tu corazón; la fuerza para amar a Dios crecerá y sentirás que nada en toda tu vida es más valioso o significativo que amar a Dios, y todo esto probará que tus oraciones han sido efectivas.

El estándar más bajo que Dios exige de las personas es que le puedan abrir sus corazones. Si el hombre le da a Dios su corazón sincero y le dice lo que realmente hay dentro de su corazón, entonces Dios estará dispuesto a obrar en el hombre; Dios no quiere el corazón torcido del hombre sino su corazón puro y honesto. Si el hombre no le dice a Dios lo que de verdad hay en su corazón, entonces Dios no toca el corazón del hombre ni obra dentro de él. Por lo tanto, lo más crucial acerca de la oración es decirle a Dios las palabras de tu auténtico corazón, hablarle a Dios de tus defectos o de tu carácter rebelde y abrirte completamente a Él. Sólo entonces Dios estará interesado en tus oraciones; si no, Él ocultará Su rostro de ti.

Algunas veces, esperar en Dios no significa pedirle que haga algo utilizando palabras específicas o solicitarle una guía o protección específica. Más bien, es cuando las personas se encuentran con algún problema que pueden clamar a Él de una manera sincera. Así pues, ¿qué hace Dios cuando las personas claman a Él? Cuando el corazón de alguien se conmueve y esa persona piensa “Oh, Dios. Yo no puedo hacer esto por mí mismo; no sé cómo hacerlo y me siento débil y negativo”, ¿lo sabe Dios? Cuando surgen estos pensamientos en las personas, ¿su corazón es sincero? Cuando claman a Dios de esta manera, con sinceridad, ¿Dios accede a ayudarles? A pesar del hecho de que tal vez no hayan pronunciado una sola palabra, muestran sinceridad y, así, Dios accede a ayudarles. Cuando alguien se encuentra con una dificultad especialmente espinosa, cuando no tiene a nadie a quien acudir y se siente particularmente indefenso, pone toda su esperanza en Dios. ¿Cómo son sus oraciones? ¿Cuál es su estado mental? ¿Es esa persona sincera? ¿Existe alguna adulteración en ese momento? Es sólo cuando confías en Dios como si Él fuera lo último a lo que puedes aferrarte para salvar tu vida, esperando que Él te ayude, que tu corazón es sincero. Aunque tal vez no hayas dicho mucho, tu corazón ya se ha conmovido. Esto es, que le das tu corazón sincero a Dios y Dios escucha. Cuando Dios vea tus dificultades, te esclarecerá, te guiará y te ayudará.

La oración no es un proceso de pasar por las formalidades, de seguir un procedimiento o de recitar las palabras de Dios, es decir, la oración no implica repetir palabras como un perico y copiarles a los demás. En la oración, le debes dar tu corazón a Dios, compartiendo con Dios las palabras que están en tu corazón para que Él te pueda tocar. Si las oraciones han de ser efectivas, entonces se deben basar en la lectura de las palabras de Dios. Sólo orando en medio de las palabras de Dios se podrá recibir más esclarecimiento e iluminación. Una oración verdadera se demuestra cuando se tiene un corazón que anhela las exigencias que Dios le hace y se está dispuesto a cumplir estas exigencias; se podrá odiar todo lo que Dios odia y sobre esta base se tendrá conocimiento, se conocerá y se tendrá claras las verdades que Dios explica. Tener la determinación, la fe, el conocimiento y un camino por el cual practicar después de orar, sólo esto es orar verdaderamente y sólo la oración como esta puede ser efectiva. Sin embargo, la oración se debe construir sobre el fundamento del disfrute de las palabras de Dios y teniendo comunión con Dios en Sus palabras, y el corazón puede buscar a Dios y estar en paz ante Dios. Esa oración ya ha alcanzado el punto de la comunión verdadera con Dios.

Espero que los hermanos y hermanas puedan orar verdaderamente todos y cada uno de los días. Sin embargo, esto no es observancia de la doctrina, sino un efecto que se debe lograr. ¿Estás dispuesto a renunciar a un poco de sueño y gratificación haciendo oraciones matutinas al amanecer y después disfrutar de las palabras de Dios? Si oras, comes y bebes las palabras de Dios de esta manera, con un corazón puro, entonces Dios te aceptará más. Si lo haces cada día, si practicas darle tu corazón a Dios cada día y tienes comunión con Él, entonces tu conocimiento de Dios seguro aumentará y estarás mejor capacitado para captar la voluntad de Dios. Debes decir: “¡Oh Dios! Quiero cumplir mi deber. Con el fin de que Tú seas glorificado en nosotros, y de que puedas disfrutar del testimonio en nosotros, este grupo de personas, no puedo sino consagrarte todo mi ser. Te suplico que obres dentro de nosotros para que yo pueda amarte y satisfacerte verdaderamente y convertirte en el objeto de mi búsqueda”. Cuando tengas esta carga, con toda seguridad Dios te perfeccionará; no sólo oras por tu bien sino también por el bien de llevar a cabo la voluntad de Dios y por el bien de amarlo a Él. Esa es la clase de oración más verdadera.

Fragmentos de sermones y comunicaciones para referencia:

Existen varios resultados que una verdadera comunión con Dios debe producir: En primer lugar, cuando estamos en comunión con Dios, llegamos a conocer la verdad de nuestra corrupción y la esencia de nuestra naturaleza, logrando con ello el resultado de conocernos a nosotros mismos. En presencia de Dios, a menudo debemos reflexionar en las cosas que hemos hecho para ver si realmente estas se conformaron o no a la voluntad de Dios y para ver en qué hemos confiado para vivir. Si hemos vivido según la palabra de Dios, entonces eso es un testimonio para la entrada a la vida. Si hemos vivido según la filosofía de Satanás, eso es una expresión de la naturaleza de Satanás, lo que se considera una transgresión. En segundo lugar, cuando estamos en comunión con Dios, no sólo logramos un verdadero conocimiento de nosotros mismos, sino que también alcanzamos un verdadero conocimiento de Dios, lo que es el resultado de estar en comunión con Dios. Después de alcanzar el verdadero conocimiento de Dios, surgirá en nuestros corazones el deseo de reverenciar a Dios, de obedecer a Dios y de amar a Dios, lo que finalmente producirá en nosotros la resolución de servir a Dios. Este es el resultado que se logra por conocer a Dios y, también, por estar en comunión con Dios. Si no logramos estos resultados en nuestra comunión con Dios, eso es suficiente para probar que no hemos entrado en la vía correcta en nuestras oraciones y que no hemos realmente estado en comunión con Dios. Algunas personas dicen: “Bueno, yo he orado por muchos años, así que, ¿significa eso que estoy en comunión con Dios en las oraciones?”. Entonces tienes que medir esto de acuerdo a los siguientes resultados: ¿Has obtenido el resultado de conocerte a ti mismo en tus oraciones? ¿Has obtenido el resultado de buscar la voluntad de Dios y la verdad? ¿Has obtenido el resultado de obedecer a Dios? ¿Has obtenido el resultado de reverenciar a Dios? ¿Has obtenido el resultado de amar a Dios? Si no has obtenido ni uno solo de estos resultados, entonces tus oraciones son huecas, no tienen significado y simplemente no estás en una verdadera comunión con Dios.

Leer más: 4 pasos para orar


martes, 14 de septiembre de 2021

¿Sabe usted cómo orar para obtener la respuesta del Señor Jesús?


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Prédica sobre la oración: ¿Sabe usted cómo orar para obtener la respuesta del Señor Jesús?

Hermanos y hermanas, que la paz del Señor esté con ustedes. Hoy vamos a tener comunión acerca de la verdad con respecto a la oración. Como es conocido por todos los creyentes en el Señor, la oración es indispensable para nosotros Sus seguidores. Si un cristiano no ora, no merece ser llamado cristiano. A través de la oración tenemos fe para practicar las enseñanzas del Señor Jesús, a través de la oración somos iluminados y guiados por Él, a través de la oración nuestro trabajo y dedicación pueden estar en línea con Su corazón, a través de la oración podemos salir de la debilidad una y otra vez, a través de la oración podemos tener suficiente fuerza para llevar la cruz y beber de la amarga copa... Obviamente, la vida entera de un cristiano no puede ser separada de la oración. Sin embargo, muchos creyentes preguntan: “¿Por qué mis oraciones no pueden obtener la respuesta del Señor Jesús? ¿Por qué Él no escucha mis oraciones? ¿Por qué no puedo sentir Su presencia en mis oraciones?” Si usted tiene la misma confusión, entonces es probable que algo esté mal con sus oraciones.

¿Por qué las oraciones del fariseo no pueden ser aprobadas por el Señor Jesús?

En cuanto a esta pregunta, podemos encontrar la respuesta en la Biblia, que registra las oraciones de dos tipos de personas. Uno fue escuchado por el Señor Jesús mientras que el otro no fue escuchado. Creo que la mayoría de los hermanos y hermanas que están familiarizados con las Escrituras saben de cuáles dos estoy hablando. Así que primero leamos los siguientes versículos. Se dice en Lucas 18:9-14, “Refirió también esta parábola a unos que confiaban en sí mismos como justos, y despreciaban a los demás: ‘Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos. El fariseo puesto en pie, oraba para sí de esta manera: “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano.”’ Pero el recaudador de impuestos, de pie y a cierta distancia, no quería ni siquiera alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘Dios, ten piedad de mí, pecador.’ Os digo que éste descendió a su casa justificado pero aquél no; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado”. De estos versículos podemos ver que Dios no aceptó la oración del fariseo sino la del publicano.

Hermanos y hermanas, ¿saben por qué la oración del fariseo no fue aprobada por el Señor sino repudiada por Él? En realidad, Jesucristo nos dijo la razón hace mucho tiempo. Él dijo: “Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa” (Mateo 6:5). Esto muestra que las oraciones de los fariseos eran hipócritas. Cuando los fariseos se paraban en las esquinas de las calles, los transeúntes los envidiaban al oír de sus elocuentes oraciones. Lo hacían con el propósito de alardear de sí mismos, exhibirse, ganar los elogios de los demás y construir intencionalmente sus buenas imágenes en los corazones de la gente. Ellos oraron no por establecer una relación apropiada con Dios, sino por lucirse ante los demás. Además, nunca se consideraron a sí mismos pecadores ante Dios e incluso sacrificaron a otros para elevarse a sí mismos. Justo cuando rezaban, “Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: estafadores, injustos, adúlteros; ni aun como este recaudador de impuestos. ‘Yo ayuno dos veces por semana; doy el diezmo de todo lo que gano’” (Lucas 18: 11-12). Así aborrecía y condenaba el Señor Jesús sus oraciones de esta manera.

Echemos otro vistazo a cómo el publicano le oró a Dios. Dijo, “... Dios, ten piedad de mí, pecador” (Lucas 18:13). De su oración, se puede ver que aunque su oración fue corta, fue verdaderamente honesto y le habló a Dios con el corazón. Dijo lo que tenía en mente en lugar de alardear sobre sí mismo. Además, fue capaz de conocer su abyecta humildad ante el Señor, y de orar a Él en la posición de pecador. El publicano adoraba a Dios en espíritu y en verdad, y su boca y su corazón eran como uno solo. No oraba en un lugar donde había mucha gente, ni prestaba atención a cómo lo miraban los demás. Más bien, prestó atención a cómo Dios lo miraba. Su propósito de orar a Dios era establecer una relación normal con Él en vez de que otros lo vieran. Por lo tanto, Dios aceptó su oración.

¿Cómo debemos orar para obtener la aprobación del Señor Jesús?

Jesucristo nos dijo: “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y al orar, no uséis repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería” (Mateo 6:6-7). “Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:23-24).

Las palabras de Jesucristo y la comparación de la oración del fariseo con la del publicano nos permiten encontrar una manera de tener una oración apropiada y entender la razón por la cual nuestras propias oraciones no son aprobadas por Dios. Si queremos ser escuchados y guiados por Él, debemos evitar las oraciones vanas, las oraciones en las que menospreciamos a los demás para elevarnos a nosotros mismos, las oraciones en las se alardea deliberadamente, las oraciones en las que no nos reconocemos a nosotros mismos, las oraciones repetitivas como las teorías, las oraciones a medias, las oraciones para quedar bien, las oraciones llenas de mentiras y palabras exageradas y vacías, etc. Por ejemplo, cuando oramos en las reuniones, a menudo decimos palabras bonitas de cuánto hemos dado y gastado, para ser considerados como buenos creyentes por la gente que nos rodea. Esta es la oración de un hipócrita. Muchas veces repetimos las mismas palabras mientras oramos al Señor. A pesar de que pasamos mucho tiempo orando, podemos incluso olvidar lo que hemos hablado con el Señor después de orar. Esta oración a medias se caracteriza por dejarse llevar por las emociones. Muchas veces desarrollamos prejuicios hacia otros, así que nos arrodillamos ante el Señor no para buscar Su voluntad o cómo practicar Sus enseñanzas sino para quejarnos, criticar a otros, y decir cómo somos tolerantes y consecuentes hacia los otros. Este tipo de oración es poner a otros en el suelo para elevarnos a nosotros mismos. Muchas veces cuando vemos la gracia del Señor hacia nosotros, hacemos una promesa a voluntad para satisfacerlo, sin embargo, todavía hablamos y actuamos por nuestro viejo yo y nuestra carne cuando nos enfrentamos con otros asuntos. Esta es una oración que trata de engañar a Dios con mentiras y palabras exageradas y vacías. En nuestra vida diaria, a menudo hacemos oraciones que no conforman con el corazón de Dios. Como resultado, Él no escucha nuestras oraciones. Si queremos ser guiados por Él en nuestras oraciones, debemos evitar las oraciones que Él detesta. Sólo así nuestra relación con Él será cada vez más cercana.

De acuerdo con las palabras de Jesucristo, sabemos que Su mandamiento para nuestras oraciones es hablarle a Él de nuestros corazones en espíritu y en verdad. Él demanda de nosotros un corazón honesto en lugar de muchas palabras o palabras bonitas. Sólo tales oraciones pueden ser aprobadas por Dios.

(Traducido del original en inglés al español por Tusinean Alexandra-Daniela)

Para conocer más: Cómo orar para que Dios te escuche

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

miércoles, 11 de marzo de 2020

4 pasos para orar a Dios

Cómo orar a Dios es un tema muy importante para todos los cristianos. La oración a menudo es ignorada por nosotros en nuestra vida diaria. Muchas veces, oramos ante Dios de manera superficial, simplemente pasando por las formalidades. Nunca hemos presentado nuestros corazones ante Dios para tener oraciones verdaderas, y simplemente nos apresuramos a ir ante Él para orar y admirarlo cuando nos encontramos con algunos problemas. Es por esa actitud que no sabemos cómo orar a Dios, incluso si hemos creído en Él por muchos años. Hoy, compartamos cómo orar a Dios juntos.

1. ¿Qué significa realmente orar?

Un día, un amigo mío vino a mi casa y se reunió conmigo. Al hablar sobre este tema, el sacó un libro y me leyó: "¿Qué significa orar realmente? Quiere decir hablar con Dios las palabras que están dentro de tu corazón y comunicarte con Dios después de que comprendiste Su voluntad, basándote en Sus palabras; quiere decir sentirte particularmente cerca de Dios, sentir que Él está enfrente de ti y que tú tienes algo que decirle; y quiere decir que está especialmente radiante dentro de tu corazón y sentir que Dios es especialmente precioso. Te vas a sentir especialmente constreñido y, después de escuchar tus palabras, tus hermanos y hermanas se van a sentir complacidos, van a sentir que las palabras que hablas son las palabras que están dentro de sus corazones, las palabras que quieren decir y que lo que tú dices representa lo que ellos quieren decir. Esto es lo que significa orar verdaderamente". De "Acerca de la práctica de la oración" Este párrafo de palabras me permitió entender: Una oración verdadera significa hablar nuestras sinceras palabras a Dios y abrir nuestros corazones para estar en comunión con Él acerca de nuestras dificultades, las cosas que enfrentamos y las preguntas que no entendemos. Al orar a Dios y acercarnos a Él, comprendemos su voluntad y encontramos las formas de practicar. Con una oración como esta, podemos tener una mente clara e iluminada bajo la guía de Dios, para que podamos ver la verdadera naturaleza de los problemas más a fondo. Mientras tanto, podemos sentir que Dios tiene razón a nuestro lado; nuestros corazones se sentirán particularmente cerca de Él y nuestra relación con Él se acerca gradualmente. Si siempre oramos a Dios de esta manera, nuestras oraciones estarán detrás de su corazón y seguramente serán respondidas.

viernes, 10 de enero de 2020

Cuando la enfermedad venga sobre nosotros, ¿cómo debemos buscar la voluntad de Dios?



Buscar a Dios|Cuando la enfermedad venga sobre nosotros, ¿cómo debemos buscar la voluntad de Dios?

Dios dice: “Cuando la enfermedad llega, es debido al amor de Dios, y ciertamente Sus buenas intenciones en esa situación. Incluso cuando tu cuerpo pasa por el sufrimiento, no tomes ideas de Satanás. Alaba a Dios en medio de la enfermedad y disfruta a Dios en medio de tu alabanza. No pierdas la esperanza ante la enfermedad, sigue buscando y nunca te rindas, y Dios hará brillar Su luz sobre ti. ¿Cuánta fe tenía Job? ¡Dios Todopoderoso es un médico lleno de poder! Vivir en la enfermedad es estar enfermo, pero habitar en el espíritu es estar bien. Si aún tienes aunque sea un aliento de vida, Dios no te dejará morir”.
“La fe es como un puente de un solo tronco: aquellos que se aferran miserablemente a la vida tendrán dificultades para cruzarlo, pero aquellos que están dispuestos a sacrificarse pueden pasar sin preocupación. Si el hombre tiene pensamientos asustadizos y de temor, está siendo engañado por Satanás. Él teme que crucemos el puente de la fe para entrar en Dios. Satanás diseña todos los medios posibles para enviarnos sus pensamientos; siempre debemos orar para que la luz de Dios brille sobre nosotros, y siempre debemos confiar en Dios para purificarnos del veneno de Satanás. Siempre debemos practicar en nuestros espíritus el acercarnos a Dios. Debemos permitir que Dios domine todo nuestro ser”.

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