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jueves, 6 de febrero de 2020

¿Qué significa Cristo?


¿Qué significa Cristo?

En la Biblia se registra: “El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:15-17).
Dios dice: “El Dios encarnado se llama Cristo y Cristo es la carne que se viste con el Espíritu de Dios. Esta carne es diferente a cualquier hombre que es de la carne. La diferencia es porque Cristo no es de carne y hueso, sino que es la personificación del Espíritu. Tiene tanto una humanidad normal como una divinidad completa. Su divinidad no la posee ningún hombre. Su humanidad normal sustenta todas Sus actividades normales en la carne mientras que Su divinidad lleva a cabo la obra de Dios mismo. Sea Su humanidad o Su divinidad, ambas se someten a la voluntad del Padre celestial. La esencia de Cristo es el Espíritu, es decir, la divinidad. Por lo tanto, Su esencia es la de Dios mismo; esta esencia no interrumpirá Su propia obra y Él no podría hacer nada que destruyera Su propia obra ni tampoco pronunciaría ninguna palabra que fuera en contra de Su propia voluntad”.
“El Dios que se hizo carne se llama Cristo, y así el Cristo que les puede dar a las personas la verdad se llama Dios. No hay nada excesivo en esto porque Él posee la esencia de Dios, y posee el carácter de Dios, y posee la sabiduría en Su obra, que el hombre no puede alcanzar. Los que así mismos se llaman Cristo, pero que no pueden hacer la obra de Dios, son fraudes. El Cristo verdadero no es sólo la manifestación de Dios en la tierra, sino también es la carne particular asumida por Dios a medida que cumple y completa Su obra entre los hombres. Esta carne no es una que cualquier hombre pueda reemplazar, sino una que pueda adecuadamente llevar la obra de Dios en la tierra y expresar el carácter de Dios y representar bien a Dios y proveer al hombre con la vida”.
Estos dos párrafos de las palabras han revelado la verdad de la encarnación de Dios. Cristo es la encarnación de Dios, es decir, el Espíritu de Dios se materializa en una carne que tiene una humanidad normal y pensamientos corrientes, el Espíritu de Dios se convierte en una persona normal y común para hacer la obra y hablar entre los hombres. En apariencia, Cristo es una persona corriente, pero tiene una diferencia esencial con todos seres humanos: los seres creados sólo tienen la humanidad, nada de la divinidad; sin embargo, Cristo no sólo posee la humanidad normal, y también, la divinidad completa, la esencia de Dios, que puede expresar todas las verdades, el carácter de Dios y lo que Él tiene y es y conceder al hombre la verdad, el camino y la vida. Tal como el Señor Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; [...]” (Juan 14:6). Cristo es la manifestación de Dios en la tierra. Hace 2000 años cuando el Señor Jesús vino a la tierra para llevar a cabo Su obra, Él concluyó la Era de la Ley y abrió la Era de la Gracia, expresando la verdad necesaria de la obra de la redención, enseñándole al hombre a confesar y arrepentirse y a amar a otros como a sí mismo, y haciendo los milagros, tales como: curar a los enfermos, expulsar a los demonios, hacer a los ciegos ver y a los paralíticos andar, sanar a los leprosos, resucitar a los muertos, alimentar a cinco mil de personas con cincos panes y dos peces y calmar el viento y el mar con una palabra etc., estas obras son las revelaciones directas de Su divinidad, y también la manifestación de la autoridad y el poder de Dios, es algo que nadie puede poseer y alcanzar. Justamente porque Cristo realiza Su obra divina en la carne que tiene una humanidad expresando la verdad para proveer, regar, pastorear y guiar a la humanidad en cualquier lugar y momento, y podemos confirmar con certeza que Él es Cristo, es Dios mismo encarnado.
Correo: info@biblia-es.org
WhatsApp: +34 698 281 927


Some Scriptures taken from LBLA.. Copyright by The Lockman Foundation.

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miércoles, 22 de enero de 2020

¿Cuál es la diferencia entre la verdadera iglesia y la religión?

Preguntas Cristianas¿Cuál es la diferencia entre la verdadera iglesia y la religión?
Versículo(s) bíblico(s) para referencia:
“Y entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que compraban y vendían en el templo, y volcó las mesas de los cambistas y los asientos de los que vendían las palomas. Y les dijo: Escrito está: ‘Mi casa sera llamada casa de oracion’, pero vosotros la estáis haciendo cueva de ladrones” (Mateo 21:12-13).
Y clamó con potente voz, diciendo: ¡Cayó, cayó la gran Babilonia! Se ha convertido en habitación de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo y en guarida de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino de la pasión de su inmoralidad, y los reyes de la tierra han cometido actos inmorales con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con la riqueza de su sensualidad” (Apocalipsis 18:2-3).
Palabras relevantes de Dios:
En la actualidad, todos los que siguen las palabras actuales de Dios están en la corriente del Espíritu Santo; los que son extraños a las palabras actuales de Dios están fuera de la corriente del Espíritu Santo y a tales personas Dios no las elogia. El servicio que está divorciado de las declaraciones actuales del Espíritu Santo es un servicio que es de la carne y de las concepciones y no puede estar de acuerdo con la voluntad de Dios... “Seguir la obra del Espíritu Santo” quiere decir entender la voluntad de Dios hoy, poder actuar de acuerdo con los requisitos actuales de Dios, poder obedecer y seguir al Dios de hoy, y entrar de acuerdo con las nuevas declaraciones de Dios. Sólo alguien así sigue la obra del Espíritu Santo y está en la corriente del Espíritu Santo.
de ‘Conoce la nueva obra de Dios y sigue las pisadas de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

viernes, 27 de diciembre de 2019

¿Cómo deshacerse de la esclavitud del pecado?

¿Puede entrar en el reino de los cielos mientras ser perdonado?

Como cristiano, el pecado es algo con lo que yo no podría estar más familiarizado. ¡Ronda a mi alrededor todos los días, siempre está cerca y no puedo deshacerme de él! El ciclo constante de pecar y confesarme siempre me había preocupado, porque si el Señor volvía, ¿podría yo entrar en el reino de los cielos de esta manera? En medio de mi tormento, pensé en las palabras de Pablo: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? […]” (Romanos 8:33-34). “Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1). Sí, soy uno de los elegidos del Señor, el Señor ya ha perdonado todos mis pecados, y no importa si son pecados pasados, presentes o futuros, Él los perdona todos. Él ya no me ve como un pecador, y cuando el Señor venga, ¡podré entrar en el reino de los cielos!
Casualmente, un amigo de la iglesia me hizo esta pregunta posteriormente: “El Señor Jesús ha perdonado nuestros pecados, pero aun así pecamos, no podemos seguir el camino del Señor, y en nuestra vida diaria seguimos engañando, mintiendo, actuando de manera retorcida y taimada, tramando y conspirando, nos volvemos envidiosos y peleamos entre nosotros, y somos arrogantes y farisaicos. Vivimos en un ciclo de pecar cada día y confesar nuestros pecados cada noche, y no hemos escapado de nuestra naturaleza pecaminosa ni nos hemos purificado. El Señor Jesús dijo: ‘En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre’ (Juan 8:34-35). En 1 Pedro 1:16, también se dice: ‘[…] Sed santos, porque Yo soy santo’. En estas palabras podemos ver que las personas como nosotros que no han escapado de la esclavitud del pecado no pueden entrar en el reino de los cielos. Dios es santo y justo, así que solo quienes han escapado del pecado están calificados para entrar en el reino de los cielos. Debemos creer en el Señor de acuerdo con las palabras del Señor, no de acuerdo con las palabras del hombre. Pablo era solo un discípulo, nada más que un hombre corrupto. ¿No dirías tú eso?”