miércoles, 6 de octubre de 2021

Cómo leer la Biblia-Carta a mi amigo lejano de la iglesia

 

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Cómo leer la Biblia-Carta a mi amigo lejano de la iglesia

Sin darnos cuenta hemos estado alejado por más de dos años. ¿Cómo están yendo tus cosas en estos días? ¿Cómo están los hermanos y hermanas? Realmente extraño aquellos días cuando compartíamos el evangelio, leíamos la biblia y acudíamos a las reuniones. Recuerdas aquella vez que discutimos acerca de cómo debería ser leída la biblia ya que no entendíamos la palabra del Señor Jesús aunque la leiamos todos los días. Para ser honesto contigo hace varios años publiqué este interrogante en Internet. Rápidamente un amigo de la iglesia me contestó y me hizo ganar muchísimo. Por eso te escribo esta carta para compartir el camino de cómo leer la palabra de Dios para entender la verdad.

En primer lugar, cuando leemos la palabra de Dios deberíamos tener una actitud sincera, devota y concentrarnos. El Señor Jesús dijo: “Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). Dios es santo y fiel. Su palabra es la expresión de Su disposición de la vida y la revelación de Su esencia. Por lo tanto, debemos leer Su palabra con un corazón sincero y anheloso. Solo así el Espíritu Santo entrara en nosotros. Si leemos con una actitud despreocupada e indiferente y sólo nos concentramos en saber, resumir y terminar el sentido literal de Su palabra o sólo nutrirnos de la teoría espiritual, entonces caeremos inevitablemente en nuestra idea e imaginación. De este modo, no sólo no podemos entender la voluntad y requerimientos de Dios, sino que fácilmente haremos el mal para evitar a Dios e interrumpir y perturbar Su obra. Recuerda las parroquias de la era de ley. Ellos recitaban las escrituras día tras día pero nunca buscaron o reflexionaron sobre el significado profundo de la palabra de Dios, ni sabían en lo más mínimo acerca del trabajo del Espíritu Santo, en vez de eso eran tan arrogantes que tomaron conocimiento de una carta corta de la biblia y la usaron de guía y tenían varias nociones acerca de Dios. Cuando el señor Jesús vino a hacer Su trabajo para redimir a la humanidad, ellos usaron la carta y la doctrina de la Biblia para negar a Dios, rechazarlo y resistir Su obra. Finalmente usaron la carta para clavar al Señor en la cruz, pecando terriblemente y siendo eliminado y castigado por Dios. Esto completa las palabras de la biblia: “porque la letra mata, pero el Espíritu da vida” (2 Corintios 3:6). De ahí podemos ver que si nosotros deseamos la iluminación divina del Espíritu Santo y entender el propósito de Dios, es necesario una actitud piadosa, concentrada y sincera. Solo así podemos obtener resultados reales al leer la palabra del Señor.

En segundo lugar, deberíamos rezar y reflexionar más acerca de la palabra de Dios. Todos sabemos que la palabra de Dios contiene Sus requerimientos y propósitos. Cuando leemos un pasaje de Su palabra necesitamos reflexionar sobre: por qué Dios quiere pronunciar esas palabras, cuál es el propósito de esas palabras, qué problemas quería que resolvamos por nuestra cuenta y qué resultados quiere adquirir. Solo reflexionando acerca de esto, entenderemos el significado de Su palabra y comprenderemos Su propósito. Una vez cuando leí la palabra del Señor Jesús: “Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres” (Mateo 6:5). Luego reflexioné: ¿por qué Dios no aprobaba los rezos de los fariseos? ¿Qué significaba la manifestación de sus oraciones? ¿Cuál sería la consecuencia si rezaremos del mismo modo que ellos? En aquellos días, yo siempre rezaba y reflexionaba sobre estos temas. Luego de esto, pensé acerca del comportamiento de los fariseos. Por ejemplo, ellos hipócritamente realizaban largas plegarias, les encantaba rezar parados en las esquinas de las calles para ser vistos por la gente y repetían palabras agradables a Dios, pero no las ponían en práctica. Además devoraron la propiedad de las viudas y hasta asesinaron profetas. Sus plegarias engañaban a los hombres y a Dios. Dios es fiel, bendito y justo; Dios aborrece y condena las plegarias hipócritas de los Fariseos. Comparado con el comportamiento de los fariseos podemos descubrir que nuestras plegarias están llenas de mentiras, palabras vacías y pretenciosas, que decimos palabras agradables y realizamos incontables propósitos ante Dios pero pocas veces los cumplimos. Por ejemplo, en ocasiones rezábamos para obtener gracia pero nunca para entender la verdad o hacer realidad la palabra de Dios; en otras rezábamos para amar al Señor pero cuando teníamos dificultades en nuestra vida y caíamos inmediatamente nos quejábamos del Señor y no podíamos amarlo más; hubo momentos también que rezábamos a Dios diciendo que estábamos dispuestos a servir al Señor toda la vida pero al ver a nuestros amigos viviendo una vida fácil y cómoda, comenzábamos a dudar y queríamos caminar por el mismo camino que ellos. Solo luego de darnos cuenta que nuestras oraciones no están alineados con la voluntad del Señor podemos hablar de manera sincera al Señor y estar dispuesto a arrepentirnos. Este es el resultado que Dios quiere que alcancemos diciendo esas palabras. De aquí podemos ver que podemos conscientemente reflexionar acerca de cada palabra y cada requerimiento de Dios, buscar más acerca del propósito de Dios cuando habla y cuál es el resultado que quiere que alcancemos; así poder obtener la iluminación divina del Espíritu Santo y gradualmente entender el verdadero significado de las escrituras.

Además hay un tiempo para que funcione el Espíritu Santo. En algunos casos no podemos recibirnos de forma inmediata la iluminación divina del Espíritu Santo cuando reflexionamos sobre las escrituras; en ese momento no podemos abatirnos ni rendirnos pero deberíamos tener una determinación perseverante y confiado para no descansar hasta entenderlas. El Señor Jesús dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados” (Mateo 5:6). “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). Dios es fiel. Siempre que reflexionemos con frecuencia y esperemos, tal vez luego de un tiempo, Dios nos iluminara y de repente entenderemos Sus palabras. Así es como Peter lo experimento. El Señor Jesús una vez le preguntó a Peter tres veces: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” (Juan 21:16). En ese momento Peter no entendió la voluntad de Dios. Mediante constantes reflexiones y rezos se dio cuenta que él sólo amaba una idea vaga de Dios en el cielo pero no amaba al Señor en la tierra. El propósito de Dios es esperar que el hombre pueda amar al Dios práctico en tierra y no la idea vaga, invisible e intangible de Dios en el cielo. De ese momento Peter se propuso como meta para su vida amar a Dios. Al final, él alcanzó su propósito de amar a Dios al máximo y fue crucificado de cabeza por el Señor, siendo perfecto para Dios. Dios no es injusto con las personas mientras que nosotros nos esforcemos en entender la palabra de Dios y rezar más y esperar con un corazón obediente, con seguridad Dios nos iluminará y guiará.

Por último, deberíamos poner en práctica en la vida real la palabra de Dios que entendemos. Sólo de ese modo podemos entender de forma más clara la palabra de Dios. Deberíamos practicar tantas verdades como entendamos en las escrituras. Aún si sólo entendemos en sentido literal, podemos practicar de ahí. Por ejemplo, El Señor dijo: “Antes bien, sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; y lo que es más de esto, procede del mal” (Mateo 5:37). Luego de reflexionar sobre estas palabras podemos entender que para ser una persona honesta hay que llamar a las cosas por su nombre y no decir mentiras. Luego podemos empezar a practicar ser honestos de acuerdo con lo que entendimos. Cuando actuemos así, nos daremos cuenta que no es fácil ser una persona honesta y que es muy difícil no decir mentiras. Cuando hacemos algo, aún tenemos muchas impurezas y malas intenciones y para proteger nuestra vanidad, rostro e intereses, también decimos mentiras a pesar de nosotros mismos. En este momento podemos entender que Dios requiere que nosotros resolvamos las intenciones e impurezas que tenemos dentro así podemos deshacernos de nuestra predisposición deshonesta y conseguir no engañar a Dios, al hombre ni a nuestro corazón. Además, cuando nos comportamos como personas honestas, podemos descubrir que la humanidad está profundamente corrompida por Satanás y necesitamos la salvación de Dios. En este momento, rezaremos urgentemente para que Dios nos ilumine y nos guíe, así podemos practicar la verdad y ser purificados pronto y ser alguien que enorgullezca Dios. Si solo prestamos atención en nutrirnos con el conocimiento bíblico y la doctrina espiritual pero no enfatizamos en practicar la palabra de Dios lo que sabemos permanecerá superficial y aún cuando podamos recibir la iluminación de Dios la olvidaremos con rapidez. Cuando Dios vea que no practicamos la verdad el Espíritu Santo no nos iluminará más para entender la palabra de Dios. Esto completa la frase del Señor Jesús: “Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Mateo 13:12). Entonces luego de recibir la iluminación divina del Espíritu Santo deberíamos prestar atención para ponerlo en práctica. Esta es la llave para recibir la aprobación de Señor.

Lo que te mencione anteriormente lo obtuve en los días que pasaron. Gracias al Señor! Espero que esta información sea beneficiosa para ti y que pueda ayudarte a liberarte pronto de la vejación de cómo leer las escrituras para alcanzar los propósitos y ganar un suministro interminable de agua de vida del Señor.

¡Que la bendición del Señor te acompañe!

(Traducido del original en inglés al español por Antonela Ayelen Martinez)

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Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Estudiar la Biblia

¿Saben por qué los cristianos divulgan el Evangelio?


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Preguntas Cristianas: ¿Saben por qué los cristianos divulgan el Evangelio?

 Hanxiao

Muchas personas han encontrado dicho fenómeno: La mayoría de los verdaderos creyentes en el Señor, luego de creer en Dios, divulgarán el evangelio, hacer su trabajo y establecer iglesias con la mayor confianza; incluso hay algunos que nunca se casan en toda su vida para divulgar el evangelio; incluso algunos creyentes que tienen familias sucumben a sus goces en familia, afecto conyugal y atención de sus hijos para divulgar el evangelio…. Algunas personas piensan que estas conductas son incomprensibles y no saben por qué ellos creen en Dios tan fervientemente. Creer en Dios en casa no los interrumpe de hacer dinero o apoyar a su familia, y también pueden disfrutar la felicidad familiar con sus seres queridos y además pueden ingresar al cielo después de morir. ¿No es una elección perfecta? Al contrario, cuando divulgan el evangelio en todas partes, a menudo se enfrentan al ridículo y a la calumnia, e incluso sufrirán el arresto y persecución de el CCP ateístico, deambulando e incapaz de regresar a sus hogares. Entonces, ¿qué poder les incita a seguir el camino de la divulgación del evangelio?

¿Por qué los cristianos divulgan el evangelio?

De hecho, la razón por la cual los cristianos divulgan persistentemente el evangelio bajo diversos entornos difíciles es principalmente porque han entendido la voluntad de Dios y saben sus misiones y deberes. Por tanto, todos los cristianos que verdaderamente crean en Dios y entiendan la voluntad de Dios pueden apartar su familia, matrimonios, juventud, los gozos de la carne por el evangelio de Dios.

El versículo apunta, “Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio á toda criatura” (Marcos 16:15). “Y llegando Jesús, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:18-20).

Desde estas palabras del Señor Jesús, podemos ver que el Señor Jesús intentaba dejar que sus discípulos y seguidores divulgaran Su evangelio a fin de que todas las naciones y todas las personas pudieran recibir Su redención. Cuando el Señor Jesús trabajó en Judea, Israel, sólo había un pequeño número de judíos que admitían que el Señor Jesús es Cristo. Y los discípulos no creían verdaderamente que el Señor Jesús es Cristo hasta que Él fuese resucitado tres días después de la crucifixión y luego se le apareció a Sus discípulos por 40 días. Como podemos imaginar, la mayoría de los judíos en ese momento no reconocían que el Señor Jesús es el Dios encarnado. Por tanto, luego que el Señor Jesús terminara el trabajo de redención, a fin de que más personas reciban Su redención, el evangelio del Señor requiere que Sus discípulos y seguidores sea divulgado hasta el fin de la tierra, de modo que los Gentiles puedan recibir Su salvación. Por tanto, los discípulos de ese momento, luego de aceptar la comisión del Señor, divulgaron el evangelio del Señor a todas las tribus y naciones, incluso la mayoría de ellos fueron martirizados: Mateo fue desjarretado hasta la muerte; Santiago fue decapitado; Pedro fue crucificado de cabeza; Andrés fue clavado en la cruz en forma de “X”... En este proceso, el evangelio del Señor se expandió rápidamente. Además, cuando los misionarios extranjeros evangelizaban en China, un anfitrión de ellos también fue martirizado. Bajo tales circunstancias, al menos los chinos escuchaban el evangelio del Señor Jesús. Así que, después de eso, los cristianos en China comenzaron a apresurarse a divulgar el evangelio. Obviamente, es el compromiso más correcto que los discípulos y profetas del pasado ofrecieran sus mentes y cuerpos, y que los cristianos de hoy día sacrifiquen todo por el evangelio. Justo como el Señor Jesús dijo, “De cierto os digo, que no hay ninguno que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del evangelio, Que no reciba cien tantos ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, é hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Marcos 10:29-30).

Divulgar el Evangelio es el Deber sagrado de los cristianos

El divulgar el evangelio es el mandamiento de Dios para nosotros y el deber sagrado otorgado por Dios. En primer lugar, es en bien de rescatar almas, y en otro, es para que nosotros acumulemos buenas acciones. Como la parábola dicha por el Señor Jesús en Mateo 25, diciendo que un hombre viajaría a un país lejano, y luego llamaba a sus siervos y les entregaba sus bienes de acuerdo a su capacidad: a uno le dio cinco talentos, a otro dos, y a otro uno. Los dos anteriores comerciaron con ellos e hicieron dinero. Luego que el amo regresó, los alabó como los buenos y fieles siervos, dejándoles gobernar sobre muchas cosas y compartir su alegría. Pero, en lo que respecta al sirviente que recibió un talento y cavó en la tierra para ocultar el dinero, su amo lo llamó como el malo y negligente siervo, echándole a las tinieblas de afuera (Vean Mateo 25:14-30).

Aquí sabemos, Dios nos ha dado una orden a cada uno de nosotros. Aunque nuestros dones de Dios son diferentes, deberíamos intentar lo mejor para cooperar con Dios. Así como algunos hermanos y hermanas tienen el don de orar; algunos tienen el don de cantar; otros tienen el don del evangelismo…. Todos nosotros no debemos escatimar en esfuerzos para la obra del evangelio de Dios. Si tomamos la creencia en Dios como una clase de fe, teniendo sólo reuniones cuando estamos felices, orar a Dios cuando enfrentamos dificultades, ofrecer un poco cuando obtenemos la gracia de Dios pero no consagramos nuestra propia porción a la obra más importante del evangelio, entonces finalmente seremos abandonados por Dios, como aquel malo y negligente siervo que recibió un talento de su amo. Por tanto, divulgar el Evangelio es un asunto grandioso. En lo que concierne a aquellos que abandonan su juventud, carreras, padres, hijos e incluso son encarcelados y martirizados por la obra evangelista, aunque padezcan los malentendidos de muchas personas e incluso sean rechazados y condenados, aún así es innegable que sus esfuerzos y sacrificios son recordados por Dios y vale la pena emularlos. Ellos son los que muestran la mayor consideración de la voluntad de Dios. Por otra parte, Dios no está complacido en que simplemente disfrutemos su gracia y bendiciones pero no nos importe su voluntad. Espera que sus creyentes puedan emerger para darlo todo por la obra evangelista.

Una profecía del Apocalipsis dice, “Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo á los que moran en la tierra, y á toda nación y tribu y lengua y pueblo, Diciendo en alta voz: Temed á Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad á aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14:6-7). Cuando el Señor Jesús venga de nuevo, Él predicará el evangelio eterno al hombre en la tierra. Si aceptamos y luego divulgamos el evangelio a todas las naciones y a todas las personas, nos convertiremos en quienes le importa la voluntad de Dios y disfrutaremos sus bendiciones en el reino de Dios. Al final ciertamente ganaremos la más grande atención y protección de Dios cuando acabe el desastre, recompense al bueno y castigue al negligente.

Fuente: Estudiar la Biblia

martes, 5 de octubre de 2021

¿Cómo acercarse a Dios en la vida ajetreada?

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¿Cómo acercarse a Dios en la vida ajetreada?

 Por Xiaomo

La Biblia dice: “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8). Como cristianos, sólo acercándonos a Dios y teniendo una interacción real con Él podemos mantener una relación normal con Dios y obtener la obra del Espíritu Santo. Es como si dos personas se asociaran entre sí, sólo pueden mantener una estrecha relación durante mucho tiempo siendo más abiertos el uno con el otro, comunicándose más cuando encuentran problemas, y comprendiéndose y respetándose mutuamente. Sin embargo, en estos tiempos acelerados, los trabajos exigentes, las relaciones complicadas y las malas tendencias sociales nos atraen y ocupan cada vez más. Las personas, los sucesos y las cosas del mundo exterior perturban fácilmente nuestros corazones y nos impiden mantener una relación normal con Dios. Esto nos lleva a alejarnos cada vez más de Él y, cuando nos vemos en problemas, se nos hace muy difícil calmarnos ante Dios, acercarnos a Él y buscar la iluminación y la guía del Espíritu Santo. A menudo hacemos las cosas sin una dirección o propósito correcto, y nuestros espíritus están constantemente en un estado de vacío y agitación. Entonces, ¿cómo exactamente podemos mantener una relación estrecha con Dios? Basta con comprender los cuatro puntos siguientes para que nuestra relación con Dios se vuelva sin duda más estrecha.

1. Ora a Dios con un corazón honesto y déjate conmover por el Espíritu Santo

La oración es el canal a través del cual nos comunicamos con Dios. La oración es el mejor medio para que nuestros corazones logren calmar ante Dios, para contemplar mejor la palabra de Dios, buscar Su voluntad y establecer una relación normal con Él. Pero en la vida, debido a que estamos ocupados con el trabajo o las tareas domésticas, a menudo hacemos como que oramos y tratamos a Dios a la ligera, sólo decimos unas cuantas palabras descuidadamente. Cuando estamos ocupados, por ejemplo a primera hora de la mañana, yendo al trabajo o con otra cosa, oramos apresuradamente: “¡Oh, Dios! Encomiendo el trabajo de hoy en Tus manos, y Te encomiendo a mis hijos y mis padres. Lo encomiendo todo en Tus manos y te pido que me bendigas y protejas. ¡Amén!”. Tratamos a Dios a la ligera diciendo unas pocas palabras al azar. Nuestros corazones no están tranquilos, ni mucho menos tenemos una interacción real con Dios. A veces, al orar, le decimos a Dios algunas palabras que suenan agradables y otras que suenan vacías y jactanciosas, pero no le decimos a Dios lo que hay en nuestros corazones. O a veces, cuando oramos, recitamos ciertas palabras de memoria y repetimos siempre esas mismas palabras viejas y rancias, se convierte por completo en una oración de un ritual religioso. En nuestras vidas pronunciamos muchas oraciones como esta: oraciones que se ciñen a las reglas, en las que no abrimos nuestros corazones a Dios ni buscamos su voluntad. Dios odia que digamos oraciones sin sentirlas realmente, pues ese tipo de oraciones corresponden a las apariencias y al ritual religioso y no hay una interacción real con Dios en nuestro espíritu. La gente que ora así está tratando a Dios a la ligera y está engañando a Dios. Por lo tanto, Dios no escucha esas oraciones y se hace muy difícil que el Espíritu Santo conmueva a las personas que oran de esta manera. Cuando oran así, son incapaces de sentir la presencia de Dios, sus espíritus son oscuros y débiles, y su relación con Dios se vuelve cada vez más distante.

El Señor Jesús dijo: “Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). Dios es el Creador que abarca todo el cielo y la tierra. Él está a nuestro lado en todo momento, observando cada una de nuestras palabras y acciones, cada uno de nuestros pensamientos e ideas. Dios es supremo, totalmente digno, y cuando oramos a Dios, adoramos a Dios, y debemos presentarnos ante Él con un corazón honesto. Por tanto, cuando oramos a Dios, debemos tener un corazón temeroso de Dios, hablarle con verdad y sinceridad, llevar nuestro estado real, nuestras dificultades y problemas ante Dios y hablarle de ellos, y debemos buscar la voluntad de Dios y el camino de la práctica, porque sólo de esta manera nuestras oraciones se conformarán a la voluntad de Dios. Por ejemplo, encontramos algunas dificultades en la vida o nos vemos viviendo en una situación en la que estamos constantemente pecando y confesando, y nos sentimos atormentados. Y así, abrimos nuestros corazones a Dios, le contamos estos problemas y buscamos Su voluntad, y Dios verá nuestra sinceridad y nos conmoverá. Él nos dará fe o nos iluminará para que entendamos Su voluntad. De esta manera, llegamos a comprender la verdad y a tener un camino a seguir. Por ejemplo, cuando al fin reconocemos que nuestras oraciones se ciñen a las reglas y se dicen como una formalidad, hablamos con jactancia o de una manera vacía y no estamos teniendo ninguna interacción real con Dios, entonces podemos orar de esta manera: “¡Oh, Dios! Antes, al orar, sólo te estaba tratando a la ligera. Todo lo que dije fue para engañarte y no hablaba con ninguna sinceridad; me siento muy en deuda contigo. De este día en adelante, deseo orar de corazón. Te diré lo que pienso de corazón, te adoraré con un corazón honesto y te pediré tu guía”. Cuando nos abrimos a Dios de esta manera, desde el fondo de nuestros corazones, es cuando somos conmovidos. Vemos entonces hasta qué punto nos hemos rebelado contra Dios, y deseamos todavía más arrepentirnos de verdad ante Dios y hablarle sinceramente. En ese momento, sentiremos que nuestra relación con Dios es extremadamente estrecha, como si estuviéramos cara a cara con Él. Ese es el resultado de abrir nuestros corazones a Dios.

Abrir nuestros corazones a Dios no tiene nada que ver con cuánto le decimos, o si usamos o no palabras extravagantes o un lenguaje elevado. Mientras abramos nuestros corazones a Dios y le hablemos de nuestro verdadero estado, busquemos Su guía e iluminación, entonces Dios nos escuchará incluso si sólo decimos unas pocas palabras sencillas. Cuando nos acercamos con frecuencia a Dios de esta manera, ya sea en reuniones o durante la devoción espiritual, o cuando caminamos por la calle o nos sentamos en el autobús o en el trabajo, nuestros corazones siempre se abrirán silenciosamente a Dios en oración. Sin ser conscientes de ello, nuestros corazones pueden entonces calmarse aún más ante Dios, comprenderemos más la voluntad de Dios y, cuando nos topemos con problemas, sabremos cómo practicar la verdad para satisfacer a Dios. De esta manera, nuestra relación con Dios será mucho más normal.

2. Cuando leas las palabras de Dios, contémplalas con tu corazón y comprenderás su verdadero significado.

Los cristianos practican la devoción espiritual y leen a diario las palabras de Dios. ¿Cómo podemos leer las palabras de Dios de manera que se consigan buenos resultados y además permitan que nuestra relación con Él se vuelva más cercana? La palabra de Dios dice: “La manera en que las personas creen en Dios, lo aman y lo satisfacen es llegando al Espíritu de Dios con el corazón, obteniendo de este modo Su satisfacción, y usando el corazón para comprometerse con las palabras de Dios y así poder ser conmovidos por Su Espíritu” (“Es muy importante establecer una relación normal con Dios”). Las palabras de Dios nos dicen que, cuando leemos Sus palabras, debemos contemplarlas e ir a buscarlas con el corazón, debemos obtener la iluminación del Espíritu Santo, y debemos entender la voluntad de Dios y lo que Él requiere de nosotros. Sólo leyendo las palabras de Dios de esta manera darán fruto nuestros esfuerzos y nos acercaremos más a Dios. Cuando leemos las palabras de Dios, si sólo les dedicamos una mirada fugaz, sin prestarle verdadera atención, si sólo nos enfocamos en entender las letras y doctrinas para lucirnos y no prestamos atención a entender el verdadero significado de las palabras de Dios, entonces da igual cuánto leamos Sus palabras, no nos conformaremos a Su voluntad, y mucho menos seremos capaces de establecer una relación normal con Dios.

Por tanto, cuando leemos las palabras de Dios, debemos calmar nuestros corazones y usar nuestros corazones para reflexionar por qué Dios dice tales cosas, cuál es la voluntad de Dios y qué resultados quiere lograr en nosotros al decir tales cosas. Sólo contemplando profundamente sus palabras de esta manera podremos entender la voluntad de Dios y estar más de acuerdo con su corazón, y nuestra relación con Dios será cada vez más normal. Por ejemplo, vemos que el Señor Jesús dice: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). Todos podemos entender el significado superficial de esta declaración, que Dios desea que nos convirtamos en personas honestas. Pero debemos contemplar más profundamente asuntos como la importancia de ser una persona honesta, por qué Dios ama a las personas honestas y cómo exactamente llegar a ser una persona honesta. A través de la lectura de la oración y la contemplación de las palabras de Dios, entonces entendemos que la esencia de Dios es fiel, y que no hay falsedad o engaño en nada de lo que Dios dice o hace, y por lo tanto Dios ama a la gente honesta y odia a la gente embustera. Dios requiere que nos convirtamos en personas honestas, porque sólo llegando a ser personas honestas de acuerdo con los requerimientos de Dios podemos ser guiados por Dios a Su reino. Entonces, ¿cómo exactamente nos convertimos en gente honesta? En primer lugar, no debemos decir mentiras, sino que debemos ser puros y abiertos y decir lo que hay en nuestros corazones. En segundo lugar, no debe haber engaño en nuestros actos, debemos ser capaces de abandonar nuestros propios intereses y no engañar a Dios ni a los hombres. En tercer lugar, no debe haber engaño en nuestros corazones ni motivos personales u objetivos en nuestras acciones, sino que debemos actuar sólo para practicar la verdad y satisfacer a Dios. Después de que esta luz se ha logrado a través de la contemplación, reflexionamos sobre nuestras acciones y comportamiento y vemos que todavía poseemos muchas expresiones de engaño: cuando tratamos con otras personas, a menudo no podemos evitar mentir o engañarnos a nosotros mismos para salvaguardar nuestros propios intereses, reputación y estatus. Cuando nos entregamos a Dios, podemos decir en oración que deseamos amar a Dios y satisfacer a Dios, pero cuando nos sobrevienen pruebas, como cuando nuestro hijo enferma o nosotros mismos o un miembro de la familia pierde su trabajo, inmediatamente comenzamos a quejarnos a Dios, tanto que queremos renunciar a nuestra obra en la iglesia. Con esto, podemos ver que nos entregamos a Dios de una manera que está manchada, pues hacemos tratos con Dios. Nos entregamos a Dios para aprovecharnos de Él, y no sólo para satisfacerlo. Estos son sólo algunos ejemplos de nuestras expresiones de engaño. A partir de ellas, podemos ver que no somos personas realmente honestas. Una vez que vemos claramente nuestros propios defectos y deficiencias, surge en nosotros la determinación de tener sed de la verdad y buscamos practicar más las palabras de Dios en nuestras vidas. Este es el resultado de la contemplación de la palabra de Dios.

Por supuesto, este resultado no puede lograrse contemplando las palabras de Dios una sola vez, sino más bien a través de la contemplación de Sus palabras muchas veces. También, debemos practicar conscientemente las palabras de Dios siempre que nos topamos con problemas. En resumen, mientras contemplemos incesantemente las palabras de Dios con nuestros corazones de esta manera, entonces podremos obtener la iluminación y el esclarecimiento del Espíritu Santo. Un día, ganaremos algo de nueva luz, y al día siguiente ganaremos un poco más de nueva luz y, con el tiempo, seremos capaces de entender más acerca de la verdad en las palabras de Dios, el camino de la práctica será más claro, nuestras vidas progresarán gradualmente y nuestra relación con Dios será cada vez más estrecha.

3. Busca la verdad y practica la palabra de Dios en todas las cosas

Lo más crucial para que los cristianos mantengan una relación normal con Dios es buscar la verdad cuando nos topamos con problemas y practicar de acuerdo con su palabra. Pero en la vida, cuando nos encontramos con problemas, a menudo nos basamos en nuestras propias experiencias para gestionarlos, empleamos medios humanos o lo hacemos de acuerdo con nuestras propias preferencias. Rara vez nos calmamos ante Dios y buscamos la verdad, o gestionamos el asunto de acuerdo con la voluntad de Dios. Esto nos hace perder muchas oportunidades de practicar la verdad, y así nos alejamos cada vez más de Dios. La palabra de Dios dice, “Independientemente de lo que estés haciendo, de lo grande o pequeño que sea el asunto y de si lo estás haciendo para cumplir con tu deber en la casa de Dios o por tus propias razones privadas, debes considerar si lo que estás haciendo es conforme a la voluntad de Dios, así como si es algo que una persona con humanidad debería hacer. Si buscas la verdad de esta manera en todo lo que haces, entonces eres una persona que verdaderamente cree en Dios” (“Buscar la voluntad de Dios es en aras de practicar la verdad”). “Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos” (Juan 8:31). Las palabras de Dios nos muestran un camino claro. Ya sea que estemos trabajando en la iglesia o gestionando asuntos que nos hemos encontrado en nuestras vidas, siempre debemos buscar la verdad y entender la voluntad de Dios, ver cómo gestionar el asunto de una manera que cumpla con los requisitos de Dios, usar la verdad para resolver todos los problemas que podamos encontrarnos y mantener nuestra relación normal con Dios.

Por ejemplo, veamos cómo debemos buscar la verdad cuando elegimos a nuestro cónyuge. Cuando buscamos una pareja, siempre nos guiamos por nuestras propias preferencias y nos centramos en el aspecto exterior y el temperamento de la persona, buscamos a un hombre alto, rico y guapo, o a una mujer de piel clara, rica y hermosa, creyendo que sólo tendremos un matrimonio feliz si nos casamos con alguien así, que viviremos vidas fáciles, cómodas y placenteras y que los demás tendrán envidia de nosotros. Sin embargo, ¿nos preguntamos alguna vez si encontrar una pareja así es beneficioso para nuestra creencia en Dios y nuestra progresión en la vida? Si nuestra pareja no cree en Dios y trata de impedir que creamos en Dios, ¿cuál será el resultado? La Biblia dice: “No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos” (2 Corintios 6:14). De esto entendemos que las aspiraciones de los creyentes y los incrédulos no van de la mano y no coinciden. En sus acercamientos a la fe y a las tendencias sociales, cada uno tendrá sus propios puntos de vista y perseguirá cosas diferentes: un cristiano querrá seguir el camino de temer a Dios y evitar el mal, mientras que un incrédulo querrá seguir las tendencias del mal en el mundo. Cuando nos unimos a un incrédulo, somos influenciados por él y nuestra progresión en la vida se detiene. Por tanto, al elegir una pareja, debemos tener en cuenta la humanidad y el carácter de la persona y considerar si asociarnos con ella beneficiará nuestra creencia en Dios, si estamos o no en la misma onda y si nuestras aspiraciones coinciden o no. Si no consideramos estas cosas, sino que nos centramos únicamente en la apariencia exterior de la persona y su situación familiar, entonces, después de casarnos sufriremos por no estar en la misma onda. Si nuestra pareja también trata de coaccionarnos e impedirnos creer en Dios, entonces esto arruinará aún más nuestras vidas espirituales. Por tanto, da igual los problemas que nos encontremos en nuestras vidas, sólo buscando la verdad, entendiendo la voluntad de Dios y actuando de acuerdo a ella, podremos vivir bajo el cuidado y protección de Dios, y sólo de esa manera podemos mantener nuestra relación normal con Dios.

4. Acude ante Dios y reflexiona cada día sobre ti mismo, mantén una relación estrecha con Dios

Jehová Dios dijo: “Considerad bien vuestros caminos” (Hageo 1:7). A partir de las palabras de Dios, vemos que reflexionar sobre nosotros mismos es muy necesario para nuestra entrada en la vida. Mediante la reflexión, podemos ver que tenemos muchas deficiencias y estamos muy por debajo de los criterios requeridos por Dios. La motivación para perseguir la verdad surge por lo tanto en nosotros, decidimos abandonar nuestra carne y hacemos todo lo posible para practicar de acuerdo con la Palabra de Dios. De esta manera, nos preocupamos de actuar de acuerdo con los requisitos de Dios en nuestras experiencias prácticas, practicamos la palabra de Dios y nuestra relación con Él se vuelve cada vez más normal. Por ejemplo, aquellos de nosotros que servimos como líderes en la iglesia vemos que en la Biblia dice: “Pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo; tampoco como teniendo señorío sobre los que os han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño” (1 Pedro 5:2-3). Por tanto, debemos comprometernos con la autorreflexión cuando estamos pastoreando a nuestros hermanos y hermanas, y preguntarnos: ¿Nos estamos ocupando de dar testimonio de las palabras del Señor y de su voluntad, de guiar a nuestros hermanos y hermanas ante Dios, o decimos cosas que suenan bien y que no tienen sentido cuando predicamos sermones sólo para presumir, meras letras y doctrinas para hacer que nuestros hermanos y hermanas nos adoren y nos admiren? Cuando los hermanos y hermanas nos hacen sugerencias razonables, ¿reflexionamos sobre nuestros propios problemas o nos negamos a aceptar sus sugerencias, hasta el punto de que incluso ponemos excusas y tratamos de reivindicarnos? A través de la autorreflexión, podemos ver que todavía hay muchas facetas de nuestro servicio a Dios en las que somos rebeldes, y que todavía poseemos mucho carácter corrupto que requiere que busquemos persistentemente la verdad para que se resuelva. De esta manera, podemos comportarnos humildemente, podemos buscar más la voluntad de Dios en nuestra obra y podemos guiar a nuestros hermanos y hermanas de acuerdo con las exigencias de Dios. Si somos incapaces de presentarnos frecuentemente ante Dios y reflexionar sobre nosotros mismos, entonces no reconoceremos nuestras propias corrupciones y defectos y seguiremos creyendo que somos personas que buscan la verdad. Por tanto, nos contentaremos con quedarnos quietos, rehusaremos progresar y nos volveremos cada vez más arrogantes y santurrones, creyendo que nos conformamos al corazón de Dios. En realidad, sin embargo, nuestras acciones y comportamiento serán inaceptables para Dios, y Dios nos detestará. Por tanto, se puede ver que es muy importante que uno autorreflexione con frecuencia y que la práctica de la verdad se construya sobre la base del conocimiento de uno mismo. Sólo teniendo un verdadero conocimiento de las propias corrupciones y defectos puede surgir el remordimiento, y entonces uno estará dispuesto a perseguir la verdad y a practicar las palabras de Dios. La autorreflexión es muy beneficiosa para nuestra progresión en la vida y es lo más indispensable para acercarnos a Dios.

Hay muchas maneras de reflexionar sobre nosotros mismos: podemos hacerlo a la luz de la palabra de Dios; en los errores que cometemos en nuestra vida diaria; o que otros señalen nuestros defectos y corrupciones es una oportunidad aún mejor para reflexionar sobre nosotros mismos. Además, cuando percibimos los errores cometidos por aquellos que nos rodean, también podemos reflexionar sobre nosotros mismos, tomar sus errores como una advertencia, aprender lecciones, ser beneficiados por ellos y demás. La autorreflexión no se limita al día o la noche. En cualquier momento y en cualquier lugar, podemos orar a Dios en nuestros corazones, reflexionar y conocer nuestras propias corrupciones, podemos buscar la voluntad y los requisitos de Dios dentro de Sus palabras y arrepentirnos a tiempo. Sin embargo, antes de irnos a la cama cada noche, debemos reflexionar y resumir todo lo que hicimos ese día, y entonces podremos tener una idea más clara de nuestros estados y saber qué cosas no hemos hecho bien aún. Una vez que comencemos a hacer esto, nuestra búsqueda será más direccional y más beneficiosa para establecer una relación normal con Dios.

Hermanos y hermanas, los cuatro puntos anteriores son el camino de la práctica para acercarnos a Dios. Mientras pongamos estos puntos en práctica, nuestra relación con Dios se volverá más estrecha, tendremos un camino de práctica con los problemas que nos topemos y Dios nos concederá paz y gozo y nos capacitará para vivir en Sus bendiciones. Así que, ¿por qué no empezamos ahora mismo?

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.


lunes, 4 de octubre de 2021

23 versículos de la biblia sobre el matrimonio

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Estudios bíblicos: 23 versículos de la biblia sobre el matrimonio

Versículos bíblicos para fortalecer su matrimonio; todos esperan tener un matrimonio feliz. Pero debido a diferentes estilos de vida, intereses, personalidades y puntos de vista o algunos asuntos familiares insignificantes, los conflictos aparecen y los cónyuges pueden incluso sospechar y pelear entre sí, lo que pondría a su familia en guerra y a su matrimonio en un callejón sin salida. Entonces, ¿qué podemos hacer para manejar nuestro matrimonio? Aquí me gustaría compartir con ustedes 23 versículos bíblicos para ayudarlos a tratar correctamente su matrimonio y vivir una vida pacífica con su cónyuge.

Reconocer que el matrimonio está predestinado por el Creador

Marcos 10:8

y los dos seran una sola carne; por consiguiente, ya no son dos, sino una sola carne.

Colosenses 3:18

Mujeres, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.

¿Quién será nuestro cónyuge? Esto no puede ser decidido por nosotros mismos, sino que es controlado y predestinado por el Creador. Así como dice la palabra de Dios: “Un matrimonio no es el producto de las familias de ambos miembros, las circunstancias en las que crecieron, sus aspectos, sus edades, sus cualidades, sus talentos ni cualquier otro factor; más bien, surge de una misión compartida y un destino relacionado. Este es el origen del matrimonio, un producto del destino humano orquestado y organizado por el Creador”. El matrimonio que Dios arregla para nosotros es el mejor y más adecuado. Por lo tanto, un esposo y una esposa deben entender, respetar y cuidarse mutuamente, obedecer la soberanía y los arreglos de Dios, llevar las obligaciones y responsabilidades del otro en el matrimonio juntos y cumplir la misión que Dios nos ha confiado con una sola mente. Esta es la voluntad de Dios. A continuación, se muestran algunos versículos bíblicos que debemos entender.

Perdonar y guiar a otros a la senda de creer y adorar a Dios

Mateo 6:14

Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros.

Lucas 5:32

No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

Después de que fuéramos corrompidos por Satanás, a menudo revelamos el carácter satánico corrupto, egoísta y despreciable y no podemos llevarnos bien con nuestro cónyuge, lo que daña nuestro matrimonio. Solo Dios puede salvarnos de el carácter corrupto y satánico. Por lo tanto, debemos guiar a nuestro cónyuge para creer y adorar a Dios. Cuando revelemos corrupciones, podemos orar a Dios para arrepentirnos con nuestro cónyuge, perdonar y renunciar a los errores de nuestro cónyuge, de acuerdo con las exigencias de Dios. Solo así podemos tener un matrimonio feliz.

Ser leal en el matrimonio

Génesis 2:24

Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

1 Pedro 3:7

Y vosotros, maridos, igualmente, convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas.

1 Corintios 7:2

No obstante, por razón de las inmoralidades, que cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido.

Hebreos 13:4

Sea el matrimonio honroso en todos, y el lecho matrimonial sin mancilla, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios.

En esta sociedad materialista y centrada en el dinero, debido a la influencia de las malas tendencias, los esposos que tienen relaciones fuera del matrimonio, las mujeres jóvenes que se divierten con los ricos, los hombres que mantienen a las amantes, y más aún se han convertido en un fenómeno social general. La lealtad de los cónyuges al matrimonio enfrenta un desafío extremo. En tal ambiente, ¿cómo podemos ser leales al matrimonio? Primero, debemos ver a través del matrimonio que está predestinado por Dios. Ser desleal al matrimonio es una forma maligna de comportamiento que viola los principios morales y es odiado por Dios. Además, “como el cielo vigila lo que haces”. Así que debemos tener un corazón temeroso de Dios, aceptar la observación de Dios en todo, orar más a Dios por Su protección y practicar para vivir a menudo delante de Dios. Sólo así podremos vencer a Satanás y dar testimonio al encontrarse con las tentaciones de Satanás.

Dejar a un lado las sospechas

Amós 3:3

¿Andan dos hombres juntos si no se han puesto de acuerdo?

Salmos 85:10

La misericordia y la verdad se han encontrado, la justicia y la paz se han besado.

1 Juan 3:18

Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.

1 Pedro 3:8

En conclusión, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde;

Sin el verdadero amor, los cónyuges sospecharán y se protegerán entre sí, y no podrán ser una sola mente, lo que hará que los cónyuges se distancien entre ellos e incluso llevarán su matrimonio hacia el final. En realidad, sospechar de otros a menudo no es la semejanza que una persona normal debe tener, pero una persona de mente estrecha y engañosa lo hace. Esas personas viven una vida muy miserable. A Dios le gustan las personas honestas que no sospechan de otras. Así que necesitamos ser honestos en el matrimonio. Al encontrar algunas cosas que no podemos ver o entender, debemos orar y buscar más a Dios y suplicarle que nos guíe. Al mismo tiempo, debemos abrir nuestro corazón y hablar con la verdad en nuestro corazón a nuestro cónyuge para comprendernos mutuamente. De esa manera, las sospechas no lastimaran el afecto matrimonial.

Los esposos deben mostrar consideración y respeto entre sí cuando hallan conflictos

Lucas 6:41

¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo?

1 Juan 4:7

Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios.

Mateo 11:29

Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas.

Efesios 4:29

No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan.

Efesios 5:33

En todo caso, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete a su marido.

Los conflictos son inevitables en la vida matrimonial. Culpar y quejarse uno del otro no va a resolver ningún problema. Los esposos cristianos no sólo pueden mirar las deficiencias del otro, sino que deben reflexionar sobre nosotros mismos según las exigencias de Dios, aprender a comprender, mostrar consideración y respeto el uno por el otro. De esta manera los cónyuges pueden amarse mutuamente en lugar de dañar la relación.

Apoyarse uno al otro en tiempos de debilidad

Génesis 2:18

Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; haréle ayuda idónea para él.

Eclesiastés 4:9-12

Más valen dos que uno solo, pues tienen mejor remuneración por su trabajo. Porque si uno de ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del que cae cuando no hay otro que lo levante! Además, si dos se acuestan juntos se mantienen calientes, pero uno solo ¿cómo se calentará? Y si alguien puede prevalecer contra el que está solo, dos lo resistirán. Un cordel de tres hilos no se rompe fácilmente.

Proverbios 18:22

El que halló esposa halló el bien, Y alcanzó la benevolencia de Jehová.

Efesios 4:2

con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor,

En nuestra vida cotidiana, algunas cosas malas pasan y nos hacen débiles y negativos. En este momento, los cónyuges deben ayudarse y alentarse mutuamente y confiar en Dios para superar estas dificultades juntos, para que podamos librarnos pronto de la negatividad y de la debilidad. Esto es amarse y respetarse mutuamente y es la semejanza que los cristianos deben tener.

Confía en Dios en todo momento

Zacarías 4:6

Entonces respondió y hablóme, diciendo: Esta es palabra de Jehová á Zorobabel, en que se dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Josué 1:9

Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres.

La Biblia indica: “Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). En este mundo oscuro y malvado, los peligros y las tentaciones vienen sobre nosotros en cualquier momento. Sin el cuidado y la protección de Dios, seremos fácilmente devorados por Satanás. Así que, dondequiera y cuando sea, debemos confiar en Dios y a menudo vivir en presencia de Dios. Sólo por ser cuidados y protegidos por Dios podemos distanciarnos de las diversas tentaciones de Satanás. Que los versículos bíblicos a continuación nos recuerden: Dios está a nuestro lado y es nuestra ayuda siempre presente.

(Traducido del original en inglés al español por Xinia Arias Quirós)

Leer más: Reflexiones cristianas para jovenes

Unas citas bíblicas son tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.


Fuente: Estudiar la Biblia

domingo, 3 de octubre de 2021

Canción cristiana | ¿Es Dios tan simple como dices?


Canción cristiana | ¿Es Dios tan simple como dices?

I

Durante todos estos años, lo que la gente ha visto

no solo es el Espíritu, un humano, un varón,

sino también mucho que no se ajusta a las nociones,

y así los humanos no pueden desentrañar a Dios.

Siguen dudando de Él y creyéndole a medias,

como si Dios existiera, pero también fuera un sueño,

razón por la cual incluso hasta hoy,

la gente sigue sin saber lo que realmente es Dios.

¿Acaso puedes resumir a Dios con una simple frase?

¿Acaso Dios es tan simple como dices que es?

II

¿Te atreves a decir que Jesús y Dios son lo mismo,

o que Dios y el Espíritu son lo mismo?

¿Acaso estás cómodo al decir

que Dios es solo un humano vestido de carne?

¿Tienes verdaderamente la valentía de afirmar

“La imagen de Jesús es la gran imagen de Dios”?

¿Acaso puedes usar tu elocuencia para

explicar el carácter y la imagen de Dios?

¿Acaso puedes resumir a Dios con una simple frase?

¿Acaso Dios es tan simple como dices que es?

III

¿Es que ahora sabes lo que Dios realmente es?

¿Un humano, un Espíritu, un varón?

¿Acaso solo puede Jesús hacer la obra de Dios?

Si eliges alguna de esas frases

para resumir la esencia de Dios,

eres un fiel creyente ignorante.

¿Acaso puedes resumir a Dios con una simple frase?

¿Acaso Dios es tan simple como dices que es?

IV

Si Dios hubiera obrado en la carne solo una vez,

¿acaso podrían definirle?

¿Puedes entenderle con solo una mirada

o puedes resumirle por lo que has visto en tu vida?

Si Dios viniera a la tierra, dos veces encarnado

para realizar una obra que es muy similar,

¿cómo le percibirías?, entonces.

¿Acaso le dejarías para siempre clavado en la cruz?

¿Acaso puedes resumir a Dios con una simple frase?

¿Acaso Dios es tan simple como dices que es?

De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”


sábado, 2 de octubre de 2021

Advertencias de Dios para los últimos días "Los días de Noé han llegado" | Vídeo cristiano


Advertencias de Dios para los últimos días "Los días de Noé han llegado" | Vídeo cristiano

Echemos la vista atrás hacia la humanidad durante la era de Noé. El hombre estaba inmerso en todo tipo de actividades maliciosas sin dedicar el menor pensamiento al arrepentimiento. Nadie escuchaba la palabra de Dios. Su rigidez y maldad despertaron la ira de Dios y, al final, fueron tragados por el desastre del gran diluvio. Sólo la familia de ocho miembros de Noé escucharon la palabra de Dios y fueron capaces de sobrevivir. Ahora los últimos días ya han llegado. La corrupción de la humanidad se acentúa más y más. Todo el mundo reverencia el mal. Todo el mundo religioso sigue la corriente mundana. No sienten el más mínimo amor por la verdad. ¡Los días de Noé ya han llegado! Para salvar a la humanidad, Dios ha regresado una vez más para llevar a cabo la obra de juicio de los últimos días entre la humanidad. ¡Esta es la última vez que Dios salva al hombre! ¿Qué debe elegir la humanidad?

Esta es una historia verdadera. En vista de que los ciudadanos del condado de Qingping en la provincia de Sichuan se han negado constantemente a aceptar el evangelio del reino de Dios Todopoderoso, se han encontrado con dos situaciones de desastre. Durante el Gran Terremoto de Sichuan, muchos hermanos y hermanas que creían en Dios Todopoderoso fueron milagrosamente protegidos por Dios y sobrevivieron. Se ha dado testimonio de estos hechos: aquellos que aceptan y obedecen a Dios y aquellos que niegan y se resisten a Dios. ¡Estos dos tipos de personas tienen dos finales muy diferentes!

Ahora que los desastres se intensifican y se vuelven más frecuentes en todo el mundo, estas señales indican que la gran tribulación que se profetiza en la Biblia comenzará pronto. Entonces ¿qué tipo de personas podrán ser salvadas por Dios? Y ¿qué tipo de personas sufrirán el castigo y maldición de Dios? Lea más "Versículos de la gran tribulación". Si todavía tienes preguntas o confusiones sobre cómo sobrevivir en el desastre, puede hacer clic en medios de contacto abajo para discutir y comunicarse con nosotros.

viernes, 1 de octubre de 2021

Dios pretende destruir el mundo con un diluvio y ordena a Noé construir un arca

Génesis 6:9-14 Estas son las generaciones de Noé. Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios. Y Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Y la tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios a la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra. Hazte un arca de madera de ciprés; harás el arca con compartimientos, y la calafatearás por dentro y por fuera con brea.

Génesis 6:18-22 Pero estableceré mi pacto contigo; y entrarás en el arca tú, y contigo tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. Y de todo ser viviente, de toda carne, meterás dos de cada especie en el arca, para preservarles la vida contigo; macho y hembra serán. De las aves según su especie, de los animales según su especie y de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie vendrán a ti para que les preserves la vida. Y tú, toma para ti de todo alimento que se come, y guárdatelo, y será alimento para ti y para ellos. Y así lo hizo Noé; conforme a todo lo que Dios le había mandado, así hizo.

Después de leer estos pasajes, ¿tenéis un entendimiento general de quién era Noé? ¿Qué tipo de persona era? El texto original dice: “Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos”. En la mente de las personas modernas, ¿qué tipo de persona era un “hombre justo” de aquellos días? Un hombre justo debía de ser un hombre perfecto. ¿Sabéis si este hombre perfecto era perfecto a los ojos del hombre o perfecto a los ojos de Dios? Sin duda, este hombre era perfecto a los ojos de Dios pero no a los de los hombres. ¡Esto es seguro! Y se debe a que el hombre está ciego y no puede ver; sólo Dios ve toda la tierra y a cada persona, y sólo Él sabía que Noé era un hombre perfecto. Por tanto, el plan de Dios de destruir el mundo con un diluvio empezó en el instante mismo en que llamó a Noé.

En aquella era, Dios pretendió llamar a Noé para que hiciera algo muy importante. ¿Por qué tenía que hacerse esta tarea? Porque Dios tenía un plan en Su corazón en ese momento, y consistía en destruir el mundo con un diluvio. ¿Por qué destruiría el mundo? Como dice aquí: “La tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia”. ¿Qué sacáis de esta frase “estaba la tierra llena de violencia”? Fue un fenómeno sobre la tierra en el que el mundo y sus habitantes se habían corrompido hasta el extremo, por tanto: “estaba la tierra llena de violencia”. En el lenguaje actual, “llena de violencia” significaría que todo está fuera de lugar. Para el hombre significaba que toda la apariencia de orden se perdió en todas las facetas de la vida, y todo se había vuelto caótico e inmanejable. A los ojos de Dios esto quería decir que las personas del mundo se habían vuelto demasiado corruptas. ¿Pero hasta qué punto? Hasta el punto de que Dios ya no soportaba mirarlas ni ser paciente con ellas. Corruptas hasta el punto de que Dios pretendía destruirlas. Cuando Dios se decidió a destruir el mundo, planeó encontrar a alguien que construyese un arca. Dios escogió a Noé para desempeñar esa tarea; es decir, hizo que Noé construyera un arca. ¿Por qué escogió a Noé? A los ojos de Dios, Noé era un hombre justo; no importa lo que Él le indicara que hiciera, Noé lo hacía. Es decir, Noé estaba dispuesto a hacer todo lo que Dios le pidiera. Él quería encontrar a alguien así para que trabajase con Él, para completar lo que Él había encargado y Su obra en la tierra. En aquel momento, ¿había alguien más, aparte de Noé, que pudiese realizar aquella tarea? ¡Desde luego que no! Noé era el único candidato, la única persona que podía llevar a cabo lo que Dios encargó, y por eso fue escogido. ¿Pero eran los límites y los estándares de Dios para salvar a las personas los mismos ahora que entonces? La respuesta es que desde luego que existe diferencia. ¿Y por qué lo pregunto? Noé era el único hombre justo a los ojos de Dios en aquella época; lo que implica que ni su esposa, sus hijos y sus nueras eran personas justas, pero Dios de todos modos las salvó por Noé. Dios no les hizo exigencias de la misma manera que hace ahora, sino que mantuvo a los ocho miembros de la familia de Noé con vida. Recibieron la bendición de Dios por la justicia de Noé. Sin Noé, ninguno de ellos podría haber acabado lo que Dios había encargado. Por tanto, Noé era la única persona que debía sobrevivir a esa destrucción del mundo, y los demás fueron beneficiarios colaterales. Esto demuestra que, en la era anterior a que Dios comenzase oficialmente Su obra de gestión, los principios y los estándares mediante los cuales trataba a las personas y se dirigía a ellas eran relativamente relajados. Para la gente de hoy, la forma en que Dios trató a la familia de Noé parece carecer de “justicia”, pero en comparación con el gran volumen de obra que Él hace ahora en las personas y la cantidad de Su palabra que ahora transmite, el trato que dispensó Dios a la familia de ocho miembros de Noé fue simplemente un principio de obra, dado el trasfondo de Su obra en aquella época. En comparación, ¿recibieron los ocho miembros de la familia de Noé más de Dios que las personas de hoy?

Que Noé fuera llamado fue una realidad simple, pero la idea principal de lo que estamos hablando —el carácter de Dios, Su voluntad y Su esencia en este relato— no lo es tanto. Para entender estos diversos aspectos de Dios, debemos comprender primero a qué tipo de persona desea Dios llamar y, a través de esto, entender Su carácter, Su voluntad, y Su esencia. Esto es crucial. Por tanto, a los ojos de Dios, ¿qué tipo de persona es este hombre a quien Él llama? Debe ser alguien que pueda escuchar Sus palabras y seguir Sus instrucciones. Al mismo tiempo, debe ser también una persona con sentido de la responsabilidad, alguien que llevará a cabo la palabra de Dios y la tratará como la responsabilidad y el deber que está obligado a cumplir. ¿Debe ser, pues, esta persona alguien que conozca a Dios? No. En aquel tiempo, Noé no había oído gran cosa de las enseñanzas de Dios ni experimentado Su obra en absoluto. Por consiguiente, el conocimiento que tenía de Él era muy limitado. Aunque se dice aquí que caminaba con Dios, ¿vio alguna vez Su persona? ¡La respuesta es definitivamente no! Y es que en aquellos días, solo los mensajeros de Dios venían entre las personas. Aunque podían representarle a Él con lo que decían o hacían, solo comunicaban la voluntad y los propósitos de Dios. La persona de Dios no se revelaba al hombre cara a cara. En esta parte de las escrituras, básicamente, lo único que vemos es lo que Noé tuvo que hacer y cuáles fueron las instrucciones de Dios para él. ¿Cuál fue, pues, la esencia que Dios expresó aquí? Todo lo que Él hace se planea con precisión. Cuando ve desarrollarse una cosa o una situación, existe un estándar por el que medirlas a Sus ojos, y este determinará si comienza un plan para lidiar con ellas o cómo tratarlas. Él no es indiferente ni insensible hacia todo. En realidad, es todo lo contrario. Aquí hay un versículo que Dios le dijo a Noé: “He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra”. ¿Afirman las palabras que Dios dijo esa vez que sólo destruiría a los seres humanos? ¡No! Él declaró que iba a destruir todo lo vivo, lo que tuviera carne. ¿Por qué quería Dios la destrucción? Aquí hay otra revelación del carácter de Dios; a Sus ojos, existe un límite para Su paciencia respecto a la corrupción del hombre, a la inmundicia, la violencia, y la desobediencia de toda carne. ¿Cuál es Su límite? Es como Dios mismo dijo: “Miró Dios a la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”. ¿Qué significa la frase “porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”? Significa que al llenarse de corrupción el comportamiento de todas las cosas vivientes y verlo Dios, tuvo que destruirlas, incluidas las que le seguían, las que invocaban Su nombre, las que una vez le hicieron holocaustos, las que lo reconocían verbalmente y hasta le alababan. Ese fue el límite de Dios. ¿Hasta qué punto mantuvo Dios, pues, la paciencia con el hombre y la corrupción de toda carne? Hasta el punto en que todas las personas, seguidoras de Dios o incrédulas, dejaron de caminar por la senda correcta y el hombre no solo estaba corrompido moralmente y lleno de maldad, sino que no había nadie que creyese en la existencia de Dios, y mucho menos que considerara que Él gobierna el mundo, que puede traer luz y la senda correcta a las personas. Hasta el punto de que el hombre despreció la existencia de Dios y no le permitió existir. Una vez que la corrupción del hombre llegó a semejante nivel, Él ya no lo soportó más. ¿Qué la sustituiría? Llegarían la ira y el castigo de Dios. ¿No era esto una revelación parcial del carácter de Dios? En esta era, ¿no hay hombres justos a ojos de Dios? ¿No hay hombres perfectos a ojos de Dios? ¿Es esta una era en la que la conducta de toda carne sobre la tierra es corrupta a los ojos de Dios? En estos tiempos, aparte de aquellos a quienes Dios quiere hacer completos y los que pueden seguir a Dios y aceptar Su salvación, ¿no están todas las personas de carne desafiando el límite de la paciencia de Dios? ¿No está lleno de violencia todo lo que acontece a vuestro alrededor, lo que veis con vuestros ojos y oís con vuestros oídos, y experimentáis personalmente cada día en este mundo? A los ojos de Dios, ¿no debería un mundo así, una era así, ser finalizada? Aunque el trasfondo de la era actual sea completamente diferente del de la época de Noé, los sentimientos y la ira de Dios hacia la corrupción del hombre siguen siendo exactamente los mismos. Él puede ser paciente debido a Su obra, pero a la luz de las circunstancias y condiciones, a ojos de Dios este mundo tendría que haber sido destruido hace ya mucho tiempo. Las circunstancias están muy lejos de lo que eran cuando el diluvio destruyó el mundo. ¿Cuál es la diferencia? Esto es también lo que más entristece el corazón de Dios, y quizás algo que ninguno de vosotros pueda apreciar.

Cuando destruyó el mundo con el diluvio, Dios pudo llamar a Noé para que construyese un arca e hiciese parte de la obra de preparación. Dios pudo llamar a un hombre —Noé— para que hiciese esta serie de cosas para Él. Pero en esta época actual, Dios no tiene a quien llamar. ¿Por qué? Todos los aquí presentes entienden y conocen probablemente muy bien la razón. ¿Necesitáis que la explique? Decirlo en voz alta podría haceros quedar mal y pondría nerviosos a todos. Algunos podrían decir: “Aunque no somos personas justas ni perfectas a los ojos de Dios, si Él nos ordenara hacer algo, igual seríamos capaces de hacerlo. Antes, cuando Él decía que se acercaba un desastre catastrófico, empezábamos a preparar alimentos y artículos necesarios en un desastre. ¿No se hacía todo esto de acuerdo a las exigencias de Dios? ¿No estábamos en verdad colaborando con la obra de Dios? ¿Acaso no pueden compararse las cosas que hicimos con las que Noé llevó a cabo? ¿No es verdadera obediencia actuar como lo hicimos? ¿No estábamos siguiendo las instrucciones de Dios? ¿No hicimos lo que Él dijo, porque tenemos fe en Sus palabras? Entonces, ¿por qué sigue Dios estando triste? ¿Por qué dice que no tiene a nadie a quien llamar?”. ¿Existe alguna diferencia entre vuestras acciones y las de Noé? ¿Cuál es la diferencia? (Preparar comida hoy para el desastre fue nuestro propósito). (Nuestras acciones no pueden considerarse “justas”, mientras que Noé era un hombre justo a ojos de Dios). Lo que habéis respondido no está demasiado desencaminado. Lo que Noé hizo fue esencialmente diferente a lo que las personas están haciendo ahora. Cuando hizo lo que Dios le ordenó no conocía Sus intenciones. No sabía lo que Él quería llevar a cabo. Dios sólo le había dado un mandato y le había ordenado hacer algo, y sin mucha explicación, Noé siguió adelante y lo hizo. No intentó descifrar secretamente los propósitos de Dios ni se resistió a Él, ni mostró falta de sinceridad. Sólo fue y actuó en consecuencia, con un corazón puro y simple. Hizo todo lo que Dios le hizo hacer; obedecerle y escuchar Su palabra sostuvieron su fe en lo que hacía. Así fue como lidió de forma directa y simple con lo que Dios le encargó. Su esencia, la esencia de sus acciones, fue la obediencia, no cuestionar, no resistirse y, además, no pensar en sus propios intereses personales ni en sus ganancias y pérdidas. Además, cuando Dios dijo que destruiría el mundo con un diluvio, Noé no preguntó cuándo lo haría ni qué sería de las cosas, y desde luego no le preguntó a Dios cómo iba a destruir el mundo. Simplemente hizo lo que Dios ordenó. Como fuera que Dios quisiera hacerlo y por el medio que deseara, él siguió al pie de la letra lo que Dios le pidió y además, de inmediato emprendió acción. Actuó de acuerdo con las instrucciones de Dios con la actitud de querer satisfacer a Dios. ¿Lo hacía para ayudarse a sí mismo a evitar el desastre? No. ¿Le preguntó a Dios cuánto faltaba para que el mundo fuese destruido? No. ¿Le preguntó a Dios o acaso sabía cuánto tardaría en construir el arca? Tampoco lo sabía. Simplemente obedeció, escuchó, y actuó en consecuencia. Las personas de ahora no son iguales; tan pronto como se filtra un poco de información a través de la palabra de Dios, en cuanto sienten que las hojas se mueven con el viento, entran en acción de inmediato, sin importar lo que pase e independientemente de cuál sea el precio, preparan lo que comerán, beberán, y usarán después, incluso planean sus rutas de escape para cuando el desastre suceda. Es aún más interesante que, en este momento clave, los cerebros humanos sean muy buenos para “hacer lo que hay que hacer”. Bajo circunstancias en las que Dios no ha dado ninguna instrucción, el hombre puede planearlo todo de forma muy apropiada. Se podría usar la palabra “perfectos” para definir tales planes. En cuanto a lo que Dios dice, cuáles son Sus intenciones, o lo que Él quiere, a nadie le importa ni lo aprecia. ¿No es esa la mayor diferencia entre las personas de hoy y Noé?

En este relato de la historia de Noé, ¿veis una parte del carácter de Dios? Hay un límite para la paciencia de Dios con la corrupción, la inmundicia y la violencia del hombre. Cuando alcance ese límite, ya no será paciente y comenzará Su nueva gestión y Su nuevo plan, empezará a hacer lo que tiene que hacer, revelará Sus hechos y el otro lado de Su carácter. Esta acción suya no es para demostrar que el hombre no debe ofenderle nunca o que está lleno de autoridad e ira; tampoco es para mostrar que puede destruir a la humanidad. Es que Su carácter y Su esencia santa ya no pueden permitir más ni tener paciencia para que esta clase de humanidad viva delante de Él, bajo Su dominio ni puede tener más paciencia con ella. Es decir, cuando toda la humanidad está contra Él, cuando no haya nadie a quien pueda salvar en toda la tierra, ya no tendrá paciencia con una humanidad así, y llevará a cabo Su plan sin ningún reparo: destruir a este tipo de humanidad. Ese acto de Dios viene determinado por Su carácter. Es una consecuencia necesaria, y una que cada ser creado bajo el dominio de Dios debe soportar. ¿No demuestra esto que, en esta era actual, Dios no puede esperar a completar Su plan y salvar a las personas que quiere salvar? Bajo estas circunstancias, ¿qué le importa más a Dios? No la forma en que le tratan o se le resisten quienes no le siguen en absoluto o quienes de cualquier modo se oponen a Él ni cómo lo difama la humanidad. Lo único que le preocupa es que quienes le sigan, los que son objeto de Su salvación en Su plan de gestión, hayan sido hechos completos por Él, si se han hecho merecedores de Su satisfacción. En cuanto a los que no le siguen, simplemente provee ocasionalmente un poco de castigo para expresar Su ira. Por ejemplo: tsunamis, terremotos y erupciones volcánicas. Al mismo tiempo, protege firmemente y cuida a quienes lo siguen y están a punto de ser salvados por Él. Este es el carácter de Dios: por un lado puede tener una paciencia y tolerancia extremas hacia aquellos a los que pretende completar, y puede aguardar por ellos tanto como le es posible; por otro, Dios odia y detesta apasionadamente a las personas tipo-Satanás, que no lo siguen y se oponen a Él. Aunque a Él no le importa si esta gente tipo-Satanás lo sigue o lo adora, Él sigue aborreciéndolos a la par que alberga paciencia hacia ellos en Su corazón, y mientras determina el final de esta gente tipo-Satanás también aguarda la llegada de los pasos de Su plan de gestión.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Para conocer más: Arcoiris en la Biblia