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jueves, 19 de agosto de 2021

Principios de la comunión con Dios

 (1) Orar a Dios empleando Sus palabras, buscar la verdad, tratar de comprender Su voluntad y ser capaz de recibir el esclarecimiento del Espíritu Santo: esta es la auténtica comunión con Dios.

(2) Al practicar y experimentar las palabras de Dios se ha de aprender a orar leyéndolas en busca de la verdad. Orando de este modo se reciben fácilmente el esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo.

(3) Todas las palabras de Dios son la verdad. La oración frecuente a Dios empleando Sus palabras es la única manera de lograr comprender Su voluntad y obtener una senda de práctica.

(4) Al orar a Dios, comprender Su voluntad en las pruebas y la refinación y alcanzar una sincera comunión con Él, es fácil conocerlo y someterse en la relación con Él.

Las palabras relevantes de Dios:

¿Cómo puede mantener la gente una relación con Dios? ¿Y en qué debe ampararse para ello? En suplicar a Dios, en orar a Dios y en comunicarse con Dios en su interior. Con una relación así, la gente vive constantemente ante Dios y está muy tranquila. Algunos se pasan el tiempo realizando acciones externas, ocupados en tareas externas. Tras uno o dos días sin vida espiritual, no notan nada; transcurridos tres o cinco días, o uno o dos meses, siguen sin notar nada; no han orado, suplicado ni tenido comunión espiritual. Suplicas cuando te ocurre algo y le pides a Dios que te ayude, te guíe, te provea, te dé esclarecimiento y te permita entender Su voluntad y saber qué hacer con arreglo a la verdad. El alcance de la oración es más amplio: a veces hablas en tu interior para contarle a Dios tus dificultades o tu negatividad y debilidad; y también oras a Dios cuando eres rebelde, o le hablas de las cosas que te suceden cada día, las tengas claras o no. Esto es orar. El alcance de la oración es, básicamente, hablar y abrirse a Dios. Algunas veces se hace con un horario regular, y otras no; puedes orar cuando y donde quieras. La comunión espiritual no es excesivamente formal. Unas veces la haces porque tienes un problema; otras, no. A veces contiene palabras; otras veces, no. Cuando tienes un problema, lo hablas con Dios y oras; cuando no tienes ningún problema, piensas en cómo Dios ama a la gente, en cómo se preocupa por ella y en cómo la reprende. Puedes tener comunión con Dios en cualquier momento o lugar. Esto es la comunión espiritual. En ocasiones, cuando estás por ahí y recuerdas algo que te molesta, no tienes que arrodillarte ni cerrar los ojos. Solo tienes que decirle a Dios dentro de ti: “Oh, Dios mío, te ruego que me guíes en esto. Soy débil, no puedo con ello”. Tu corazón se conmueve; no dices más que unas sencillas palabras y Dios ya sabe. A veces, es posible que extrañes tu hogar y digas: “¡Oh, Dios mío! Extraño mucho mi hogar…”. No dices a quién extrañas en concreto. Simplemente estás triste y le hablas de ello a Dios. Los problemas solamente pueden solucionarse cuando oras a Dios para decirle lo que sientes. ¿Es posible resolver los problemas hablando con otras personas? Está bien si encuentras a alguien que comprenda la verdad, pero, si no —si te encuentras con alguien negativo y débil—, podrías influirle. Si le hablas a Dios, Él te consolará y conmoverá. Si eres capaz de leer las palabras de Dios tranquilamente ante Él, podrás comprender la verdad y solucionar el problema. En las palabras de Dios hallarás un camino que te permitirá dejar atrás este pequeño obstáculo. No tropezarás con el obstáculo, que no te frenará ni repercutirá en tu cumplimiento del deber. Hay momentos en que, de pronto, te sientes algo triste o inquieto en tu interior. En esas ocasiones, no dudes en orar a Dios. Tal vez no le supliques, no desees que haga nada ni que te dé esclarecimiento; tan solo le hablas y te abres a Él en cualquier momento, estés donde estés. ¿Qué debes sentir en todo momento? “Dios siempre está conmigo, nunca me ha abandonado y puedo sentirlo. Allá donde esté o haga lo que haga —esté descansando, en una reunión o cumpliendo con el deber—, dentro de mí sé que Dios me lleva de la mano, que nunca me ha abandonado”. De vez en cuando, al recordar cómo has pasado cada día de los últimos años, notas que has crecido en estatura, que Dios te ha guiado, que el amor de Dios te ha protegido todo el tiempo. Mientras piensas en estas cosas, oras en tu interior para dar gracias a Dios: “¡Oh, Dios mío! ¡Gracias! Soy muy débil y frágil, hondamente corrupto. Si no me hubieras guiado de este modo, no habría llegado hasta aquí por mí mismo”. ¿Esto no es comunión espiritual? Si la gente es a menudo capaz de tener comunión de esta manera, ¿no tendrá mucho que decirle a Dios? No pasaría muchos días sin decirle algo a Dios. Cuando no tienes nada que decirle a Dios, Él está ausente de tu corazón. Si Dios está en tu corazón y tienes fe en Él, podrás contarle todo lo que sientas, incluidas esas cosas de las que les hablarías a tus confidentes. De hecho, Dios es tu máximo confidente. Si consideras a Dios tu máximo confidente, el familiar en quien más te apoyas, en el que más confías, del que más te fías, al que más te abres, el más cercano, entonces será imposible que no tengas nada que decirle a Dios. Si siempre tienes algo que decirle a Dios, ¿no vivirás constantemente ante Él? Si eres capaz de vivir constantemente ante Dios, en todo momento notarás cómo Él te guía, cómo te cuida y protege, cómo te brinda paz y gozo, cómo te bendice, cómo te da esclarecimiento y cómo te reprende, disciplina, corrige, juzga y castiga; todo esto te resultará obvio y evidente dentro de ti. No te limitarás a ir tirando cada día sin saber nada, solo diciendo que crees en Dios, cumpliendo con el deber y asistiendo a reuniones nada más que por las apariencias, leyendo las palabras de Dios y orando a diario, actuando por simple inercia: sencillamente, no harás este tipo de ceremonia religiosa externa. Por el contrario, en tu interior acudirás a Dios para orarle en todo momento, te comunicarás con Dios a todas horas y serás capaz de someterte a Él y de vivir ante Él.

Extracto de ‘Si no puedes vivir siempre delante de Dios, eres un incrédulo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Las personas pueden llevar a cabo la práctica de la oración y comprender su significado, pero que la oración sea eficaz no es nada sencillo. No se trata solo de hacer las cosas por inercia, seguir procedimientos o recitar las palabras de Dios. Es decir, orar no es repetir ciertas palabras como un loro ni es imitar a los demás. En la oración, se debe llegar a un estado en que se le entregue el corazón a Dios, en el que este se abra de par en par para que Dios lo conmueva. Si la oración ha de ser efectiva, entonces se debe basar en la lectura de las palabras de Dios. Solo al orar desde dentro de las palabras de Dios se puede recibir mayor esclarecimiento e iluminación. Las manifestaciones de una oración verdadera son: tener un corazón que anhela todo lo que Dios pide y además un deseo de cumplir lo que Él exige; detestar lo que Dios odia y sobre esta base ganar cierto entendimiento de ello y tener cierto conocimiento y claridad sobre las verdades que Dios explica. Donde hay determinación, fe, y una senda de práctica después de la oración, solo entonces se puede llamar verdadera oración y solo este tipo de oración puede ser efectiva. Sin embargo, la oración se debe construir sobre el disfrute de las palabras de Dios, debe establecerse sobre la base de la comunión con Dios en Sus palabras, y el corazón debe poder buscar a Dios y calmarse ante Él. Ese tipo de oración ya ha entrado en la etapa de la comunión verdadera con Dios.

Extracto de ‘Acerca de la práctica de la oración’ en “La Palabra manifestada en carne”

Os debéis comunicar más, debéis ser capaces de comer y beber independientemente durante vuestras propias devociones espirituales y ser capaces de captar las verdades clave y ponerlas en práctica de inmediato. Debes percibir la realidad de Mi palabra: alcanza su esencia misma y sus principios y no los sueltes. Reflexiona siempre y comunícate conmigo siempre, y gradualmente las cosas se revelarán. No te puedes acercar a Dios por un momento y luego, sin esperar que tu corazón se calme ante Dios, ser perturbado cuando te suceda alguna otra cosa. Siempre estás confundido e inseguro acerca de las cosas y eres incapaz de ver Mi rostro, por lo que no puedes entender claramente Mi corazón, e incluso si puedes entenderlo un poco, no estás seguro y todavía dudas. Solo cuando Yo posea tu corazón por completo y tu mente ya no esté perturbada por ninguna cosa mundana, y puedas esperar con una mente pura y tranquila, haré revelaciones a vosotros, una por una, de acuerdo con Mis intenciones. Vosotros debéis comprender esta senda de cercanía conmigo. Quienquiera que te golpee o maldiga, o por muy buenas que puedan ser las cosas que las personas te ofrezcan, eso es inaceptable si evitan que estés cerca de Dios. Permite que tu corazón esté a Mi alcance y nunca te apartes de Mi lado. Con esta clase de cercanía y comunicación, tus padres, marido, hijos, otras relaciones familiares y las ataduras del mundo secular se irán volando. Disfrutarás de una dulzura casi indescriptible en tu corazón, y experimentarás un sabor fragante y delicioso. Además, serás verdaderamente inseparable de Mí. Si continuáis de esta manera, entenderéis lo que hay en Mi corazón. Nunca perderéis vuestro camino mientras sigáis progresando, porque Yo soy vuestro camino y todo existe gracias a Mí. Cuán madura es tu vida, cuándo serás capaz de librarte de lo mundano, cuándo serás capaz de desechar tus emociones, cuándo serás capaz de dejar atrás a tu marido e hijos, cuándo madurará tu vida… todas estas cosas sucederán de acuerdo con Mi tiempo. No hay por qué tener ansiedad.

Debes lograr la entrada desde el lado de la positividad. Si esperas pasivamente, entonces, sigues siendo negativo. Debes ser proactivo al cooperar conmigo; sé diligente y nunca seas perezoso. Comunícate siempre conmigo y ten una intimidad aun más profunda conmigo. Si no entiendes, no seas impaciente por los resultados rápidos. No es que no te diré; es que quiero ver si confías en Mí cuando estás en Mi presencia y si tienes confianza en tu dependencia de Mí. Siempre debes permanecer cerca de Mí y poner todos los asuntos en Mis manos. No regreses en vano. Después de haber estado cerca de Mí sin saberlo por un período de tiempo, Mis intenciones te serán reveladas. Si las captas, entonces estarás realmente cara a cara conmigo y verdaderamente habrás encontrado Mi rostro. Tendrás mucha claridad y estabilidad en tu interior y tendrás algo en qué confiar. También tendrás poder además de confianza y tendrás una senda hacia adelante. Todo te resultará fácil.

Extracto de ‘Capítulo 9’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”

Cuando recurres a Dios, es posible que Él no te dé ningún sentimiento ni ninguna idea clara, mucho menos ninguna dirección clara, pero Él te permite algo de entendimiento. O tal vez esta vez no has entendido nada, sin embargo ¿está bien que recurras a Dios? El que las personas practiquen de esta manera no se hace para seguir reglas sino más bien es la necesidad en sus corazones y es como el hombre debería practicar. No es que puedas obtener iluminación y guía cada vez que recurres a Dios y apelas a Dios. Este estado espiritual en la vida del hombre es normal y natural, y recurrir a Dios es la interacción normal con Dios en los corazones de las personas.

Algunas veces, esperar en Dios no significa pedirle que haga algo utilizando palabras específicas o solicitarle una guía o protección específica. Más bien, es cuando las personas se encuentran con algún problema que pueden clamar a Él de una manera sincera. Así pues, ¿qué hace Dios cuando las personas claman a Él? Cuando el corazón de alguien se conmueve y esa persona piensa “Oh, Dios. Yo no puedo hacer esto por mí mismo; no sé cómo hacerlo y me siento débil y negativo…”, cuando surgen estos pensamientos en ella ¿acaso Dios no lo sabe? Cuando claman a Dios de esta manera, con sinceridad, ¿Dios accede a ayudarles? A pesar del hecho de que tal vez no hayan pronunciado una sola palabra, muestran sinceridad y, así, Dios accede a ayudarles. Cuando alguien se encuentra con una dificultad especialmente espinosa, cuando no tiene a nadie a quien acudir y cuando se siente particularmente indefenso, pone toda su esperanza en Dios. ¿Cómo son sus oraciones? ¿Cuál es su estado mental? ¿Es esa persona sincera? ¿Existe alguna adulteración en ese momento? Es sólo cuando confías en Dios como si Él fuera lo último a lo que puedes aferrarte para salvar tu vida, esperando que Él te ayude, que tu corazón es sincero. Aunque tal vez no hayas dicho mucho, tu corazón ya se ha conmovido. Esto es, que le das tu corazón sincero a Dios y Dios escucha. Cuando Dios escucha, ve tus dificultades, y te esclarecerá, te guiará y te ayudará.

Extracto de ‘Los creyentes deben empezar por comprender las tendencias malvadas del mundo’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Tan pronto como las personas se vuelven apresuradas en el cumplimiento de sus deberes, no saben cómo experimentarlo; en cuanto están ocupadas con asuntos, su estado espiritual se colma de problemas; son incapaces de mantener una situación normal. ¿Cómo puede ser esto? Si te piden que hagas un trabajo pequeño, te vuelves poco convencional, sin restricciones, no te acercas a Dios y te distancias de Él. Esto demuestra que las personas no saben cómo experimentar. Sin importar lo que hagas, primero debes entender por qué lo estás haciendo, qué intención es la que te dirige a hacer esto, cuál es el significado de que lo hagas, cuál es la naturaleza del asunto, y si lo que estás haciendo es algo positivo o negativo. Debes tener un entendimiento claro de todos estos asuntos; esto es muy necesario para poder actuar con principios. Si estás haciendo algo para cumplir con tu deber, entonces debes ponderar: ¿cómo debo hacer esto? ¿Cómo debo cumplir bien con mi deber para que no solo lo esté haciendo de manera superficial? Debes acercarte a Dios en esta cuestión. Acercarse a Dios significa buscar la verdad en este asunto, buscar el camino de practicar, buscar Su voluntad y buscar cómo satisfacerle. Así es como te acercas a Dios en todo lo que haces. No implica realizar una ceremonia religiosa o una acción externa. Se hace con el propósito de practicar de acuerdo con la verdad después de buscar la voluntad de Dios. Si siempre dices “gracias a Dios” cuando no has hecho nada, pero entonces, cuando estás haciendo algo, continúas haciéndolo de la manera que quieres, este tipo de agradecimiento es solo una acción externa. Al cumplir con tu deber o trabajar en algo, siempre debes pensar: ¿cómo debo cumplir con este deber? ¿Cuál es la voluntad de Dios? Te corresponde a ti acercarte a Dios a través de lo que haces, y, al hacerlo, buscar los principios y la verdad detrás de tus acciones, así como la voluntad de Dios, y no apartarte de Dios en nada de lo que hagas. Solo este tipo de persona realmente cree en Dios. Hoy en día, cuando las personas se topan con las cosas, independientemente de cuál sea la situación real, piensan que pueden hacer esto y lo otro, y entonces no tienen a Dios en su corazón, y lo hacen según su propia voluntad. Sin importar que el curso de sus acciones sea adecuado o no, o si está de acuerdo con la verdad o no, solo endurecen la cerviz y actúan de acuerdo con sus intenciones personales. Por lo general, puede parecer que Dios está en sus corazones, pero cuando hacen cosas, Dios no está en sus corazones. Algunas personas dicen: “No puedo acercarme más a Dios en las cosas que hago. En el pasado, yo estaba acostumbrado a realizar ceremonias religiosas e intentaba acercarme a Dios, pero sin éxito. No podía acercarme a Él”. Este tipo de personas no tiene a Dios en su corazón, solo se tienen a sí mismas en su corazón y, sencillamente, no pueden poner la verdad en práctica en las cosas que hacen. No actuar según la verdad significa hacerlas de acuerdo con su propia voluntad, y hacer las cosas basándose en su propia voluntad implica abandonar a Dios; es decir, que no tienen a Dios en su corazón. Las ideas humanas generalmente se ven bien y adecuadas para las personas, y parecen que no violarían mucho la verdad. Las personas consideran que hacer las cosas de tal manera sería poner en práctica la verdad, consideran que hacer las cosas de esa manera sería someterse a Dios. En realidad, ellos no están buscando a Dios ni orando a Él acerca de esto verdaderamente, y no se están esforzando por hacerlo bien, de acuerdo con los requisitos de Dios para satisfacer Su voluntad. No poseen este verdadero estado ni tienen ese deseo. Esta es la mayor equivocación que las personas cometen en su práctica. Crees en Dios, pero no tienes a Dios en tu corazón. ¿Cómo es que esto no es un pecado? ¿No tú mismo te estás engañando? ¿Qué tipo de efectos puedes cosechar si sigues creyendo de esa manera? Además, ¿cómo se puede manifestar la relevancia de la creencia?

Extracto de ‘Buscar la voluntad de Dios es en aras de practicar la verdad’ en “Registros de las pláticas de Cristo de los últimos días”

Para conocer más: Cómo acercarme a Dios

Cómo acercarme a Dios: Debes dominar 4 formas de práctica

 

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Cómo acercarme a Dios: Debes dominar 4 formas de práctica

Por Liujing, China

En los últimos años, cuando ya creía en el Señor, persistía en orar y leer la Biblia todos los días, y siempre salía a trabajar para el Señor, pero sentía que todavía estaba alejado de Él. Incluso a veces, cuando oraba o leía la Biblia, mi mente se distraía en otras cosas, me preocupaba por cosas sin importancia en mi vida diaria, y luego no conseguía calmar mi corazón ante el Señor. Así, durante varios años, no entendía demasiado la palabra del Señor ni tenía mayor crecimiento en mi vida espiritual.

Recientemente leí algunos libros. Y sólo entonces comprendí que si queremos lograr un resultado en nuestro entrenamiento espiritual, la lección más fundamental que debemos aprender es calmar nuestro corazón ante Dios. Solo haciéndolo podemos recibir la acción y la iluminación del Espíritu Santo, y así establecer una relación adecuada con Dios y entrar en la vía correcta en nuestra vida espiritual. Gradualmente, nuestra vida espiritual tendrá un progreso cada vez mayor. Entonces, ¿qué prácticas deberíamos hacer para calmar nuestro corazón ante Dios? He encontrado algunas formas de práctica en un libro, y me gustaría compartirlos contigo.

Primero: Mientras oramos, nuestro corazón debe estar enfocado y sincero

Como cristianos, oramos al Señor todos los días, pero la mayoría de nuestras oraciones siguen el siguiente esquema: No acallamos verdaderamente nuestro corazón delante del Señor ni somos directos y sinceros para hablarle desde nuestro corazón, ni traemos cualquier problema o dificultad que no entendamos ante el Señor para pedirle Su iluminación y obtener así una nueva y mejor comprensión de Su palabra. En cambio, siempre nos arrodillamos simplemente para murmurar cosas que realmente no queremos decir, usando frases hechas o repetidas. A veces, cuando tenemos prisa para ir a trabajar o salir a hacer algo y terminar nuestra oración lo más pronto posible, solo decimos algunas palabras simplemente, por pura fórmula; incluso a veces, cuando estamos arrodillados en oración, nuestro corazón está pensando en otras cosas, y así sucesivamente. Todos estos comportamientos muestran que no estamos realmente calmando nuestro corazón ante Dios para tener verdadera comunión con Él, sino que estamos evadiéndonos y engañando al Señor. Cuando oramos de esta manera, no solo no podemos obtener la acción o la iluminación del Espíritu Santo, sino que hacemos que Dios sienta repugnancia y rechazo. El Señor Jesús dijo: “[…] cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren” (Juan 4:23). De estas palabras podemos ver que lo que el Señor nos pide es que adoremos a Dios con un corazón honesto y centrado. Por lo tanto, mientras oramos, debemos hablar a Dios acerca de nuestros verdaderos estados y dificultades. No importa qué ideas y planes tengamos en mente, deberíamos abrirnos completamente a Dios. Solo entonces Dios estará interesado en nuestras oraciones, nos permitirá ser más conmovidos por el Espíritu Santo, ser iluminados en varias cosas que no entendemos, y gradualmente llegaremos a entender la voluntad de Dios.

Por ejemplo, frente a las dificultades, nuestro corazón está siempre ocupado con asuntos de bienes materiales o de la carne, por lo que no podemos disponernos sinceramente a trabajar o gastar para el Señor. En estos momentos podemos decirle la verdad al Señor: “Oh, Señor, veo que mi estatura es muy pequeña. Siempre estoy enredado con la carne, siempre considerando y planificando mi futuro, y así no puedo servirte de todo corazón. Cuando veo a esos hermanos y hermanas que gastan para ti, dejan de lado su carne y son considerados con Tu voluntad, me siento muy avergonzado. Yo también quiero elevarme para tener en cuenta Tu voluntad, gastar y trabajar para ti, pero mi fe es tan débil, que no puedo lograrlo. Solo deseo dejar esta dificultad en Tus manos. Que Tú me guíes y me concedas confianza y fortaleza...” Si compartimos siempre lo que está en nuestro corazón y nos comunicamos con Dios de esta manera, Dios verá que nuestra oración es sincera en lugar de seguir el esquema. Entonces el Espíritu Santo trabajará dentro de nosotros, nos llevará a liberarnos gradualmente del enredo de la carne y a elevarnos para dedicarnos al Señor. Al mismo tiempo, cuando oramos a Dios, debemos evitar todos los asuntos, personas y cosas que pueden perturbar nuestra mente y encontrar un ambiente tranquilo. Tal como dijo el Señor Jesús: “Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mateo 6: 6).

Segundo: Cuando leemos la Palabra de Dios, debemos estar tranquilos y usar nuestro corazón para meditar

Aunque a menudo leemos la Biblia regularmente, rara vez nos esforzamos por meditar en la palabra de Dios. La mayoría de las veces solo leemos sin devoción, superficialmente y contentándonos con entender el significado literal de la verdad. A veces, aunque estamos mirando la palabra de Dios y leyéndola, nuestro corazón está vagando por el gran mundo, y como resultado, después de haberla leído, nos quedamos sin saber qué significa realmente la palabra de Dios. A veces también reflexionamos sobre la palabra de Dios por un tiempo, pero si no obtenemos iluminación en el acto, dejamos de considerarla. En realidad, no calmamos para nada nuestro corazón ante Dios para descubrir por qué nos dice estas palabras, qué resultados quiere alcanzar con ellas, y cómo practicar y aprender a cumplir con los requisitos de Dios. Es por eso que, aunque hemos creído en el Señor y leímos Su palabras por muchos años, todavía no tenemos mucho entendimiento de la voluntad de Dios, ni hemos encontrado la manera de practicar las muchas verdades que debemos practicar e incorporar. Vemos claramente que, por lo general, no meditamos lo suficiente en la palabra de Dios, de modo que, aunque hemos leído muchas de las palabras de Dios, aún somos incapaces de comprender su significado interno, y nuestra vida espiritual aún no puede crecer. Entonces, en cuanto a este aspecto de la verdad, ¿cómo deberíamos hacer para entrar en ella? Aquí hay un ejemplo. El Señor Jesús dijo: “Y otra vez os digo que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios” (Mateo 19:24). Entonces deberíamos considerar: ¿Qué quiso decir el Señor al decir eso? ¿Qué aspectos de la voluntad y disposición de Dios se revelan? ¿Qué resultado quiere Dios lograr con nosotros? Al considerarlo vemos que las personas que persiguen el dinero pero no la verdad no pueden entrar en el reino de Dios. Pensemos en la Era de la Gracia: Algunos terratenientes también querían seguir al Señor, pero no estaban dispuestos a renunciar a su riqueza y condiciones de vida superiores porque eran codiciosos de las comodidades y placeres de la carne, y no podían tolerar llevar una vida sencilla y pobre. Por lo tanto, aunque sabían que quienes creyeran en el Señor tendrían la vida eterna y podrían entrar en el reino de los cielos, aún así perdieron las oportunidades de obtener la salvación de Dios. Esto muestra que es casi imposible para un propietario entrar en el reino de Dios. A través de esta historia, la voluntad de Dios es que no debemos buscar dinero, sino la vida. Si prestamos atención al dinero, y cuando lo obtenemos perdemos nuestra vida, ¿qué beneficio nos aporta esto? Al meditar en la palabra de Dios de esta manera entenderemos cada vez mejor la voluntad de Dios, y luego también podemos actuar de acuerdo con Su voluntad, sin importar lo que encontremos.

Tercero: Cuando algo sucede, debemos buscar y practicar la verdad, y vivir ante Dios

Todos sabemos que las devociones espirituales ocupan solo una pequeña porción de tiempo en nuestra vida diaria; la mayor parte del tiempo estamos trabajando o lidiando con varios asuntos en nuestra vida. Entonces, si queremos practicar calmar nuestro corazón delante de Dios, no podemos limitarnos a solo practicar la lectura de la Biblia y orar. También debemos practicar acercarnos a Dios, meditar y contemplar el amor de Dios con nuestro corazón, y enfocarnos en buscar la verdad y la voluntad de Dios, y en actuar de acuerdo con la verdad en cualquier momento en todas las personas, eventos, y cosas que encontramos en nuestra vida diaria. Vi este párrafo en un libro: “Debes comprender en tu vida diaria qué palabras dices y qué cosas que haces podrían provocar que tu relación con Dios sea anormal y luego corregirte para entrar de la manera correcta. En todo momento, examina tus palabras, tus acciones, todos y cada uno de tus movimientos y todos tus pensamientos e ideas. Obtén un entendimiento apropiado de tu verdadero estado y entra en la manera de la obra del Espíritu Santo. Esta es la única forma de tener una relación normal con Dios. Al evaluar si tu relación con Dios es normal, podrás corregir tus intenciones, comprender la esencia-naturaleza del hombre y entenderte a ti mismo verdaderamente y, al hacerlo, podrás entrar en experiencias reales, renunciar a ti mismo de una manera real y someterte de manera intencional”.

A través de estas palabras, podemos ver que, al calmar siempre nuestro corazón delante de Dios y buscar Su voluntad en todas las cosas que encontramos, podemos tener una comprensión más clara de nuestros verdaderos estados, deficiencias e insuficiencias; podemos comprender la voluntad de Dios en todo lo que encontramos para practicar la verdad y satisfacer al Señor. Solo a través de esto podemos mantener una relación normal con el Señor, vivir delante de Él, evitar ser atrapados en las tentaciones y planes de Satanás y hacer cosas que se rebelen contra el Señor y se opongan a Él.

Al igual que Job, durante su vida diaria, trataba de temer a Dios y evitar el mal en todo, por temor a pecar contra Dios y hacer que Dios se sintiera indignado por sus acciones. Entonces, cuando sus hijos e hijas se dedicaron a fiestas y diversiones, él no solo se distanció de ellos, sino que también envió y santificó a sus hijos, y sacrificó holocaustos por ellos. Incluso cuando Job enfrentó la tentación de Satanás y perdió una gran cantidad de ovejas y ganado, incontables masas de riquezas, y sus hijos e hijas; aunque estaba muy afligido en su corazón y no entendía la voluntad de Dios, aún fue capaz calmar su corazón ante Dios y buscar Su voluntad. No pecó con sus labios ni dijo palabras hirientes acerca de Dios, mucho menos resistió a Dios. Y fue precisamente porque Job estuvo razonable y su corazón dispuesto a buscar la verdad y temer a Dios que pudo someterse a ese ambiente y dijo: “Jehová dió, y Jehová quitó: sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:21)*, dando así un maravilloso testimonio resonante y haciendo que Satanás retrocediera humillado. Al final, Job fue doblemente bendecido por Dios. No solo eso, sino que tuvo la oportunidad de ver la apariencia de Jehová Dios, y recibió bendiciones que nadie había recibido anteriormente.

Cuarto: Prestar atención todos los días para reflexionar sobre nuestros problemas y deficiencias

Todos los días nos enfrentaremos con varias cosas. Entonces debemos ir ante Dios para reflexionar sobre todo lo que hemos hecho en el día: sobre en qué asuntos hemos puesto en práctica la palabra del Señor y si nuestras acciones fueron conformes con la verdad; sobre qué asuntos hemos seguido nuestra propia voluntad y hemos ido en contra de la voluntad del Señor. Podemos recordarlos y hacer nuestro mejor esfuerzo para escribirlos en nuestro cuaderno cuando las condiciones y el tiempo lo permitan. Podemos seguir haciendo las cosas en que hemos actuado de acuerdo con la palabra de Dios; en cuanto a nuestros actos que no estaban en línea con la voluntad de Dios, debemos aplicarles la palabra de Dios para inspeccionarnos a nosotros mismos respecto a los problemas y las desviaciones en ellos, y buscar la verdad para resolverlos oportunamente. Por ejemplo, creemos que podemos tratar a los hermanos y hermanas con sinceridad cuando estamos asociados con ellos en momentos normales. Pero a la noche, cuando reflexionamos sobre nosotros mismos, somos conscientes de que, durante el día, para proteger nuestros propios intereses en algo, no hemos hablado abierta y honestamente con los demás. Vemos que por favorecer nuestros intereses personales, mentimos y cometimos fraude contra los hermanos y hermanas, y revelamos una disposición corrupta y engañosa en este asunto. Sabemos que Dios está disgustado con personas engañosas; Él ama a las personas que son honestas, inocentes y abiertas. Por lo tanto, debemos abrirnos a los hermanos y hermanas activamente, confesar haber mentido y engañado, pedirles que nos perdonen y decidir no seguir haciendo esto. De esta manera, inconscientemente, tendremos alguna entrada en la verdad de ser una persona honesta. Si no reflexionamos sobre nosotros mismos al presentarnos ante Dios, no prestaremos atención a nuestras expresiones cotidianas de corrupción, pensando que todas son insignificancias, y entonces no podemos lograr el efecto de mejorar nuestra vida espiritual. Entonces, solo centrándonos en aquietar nuestro corazón delante de Dios, reflexionando siempre sobre nosotros mismos y meditando en nosotros mismos, nuestra vida espiritual crecerá cada vez más, nuestra relación con Dios se hará cada vez más cercana y gradualmente nos convertiremos en personas compatibles con las intenciones de Dios.

Los cuatro aspectos anteriores son la dirección y el camino de entrada a la práctica de aquietar nuestro corazón ante Dios. Realmente espero que todos podamos beneficiarnos de ellos.

(Traducido del original en inglés al español por Carlos Nogués)

Unas citas bíblicas son tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Estudiar la Biblia

lunes, 16 de agosto de 2021

¿Cómo acercarse a Dios y establecer la íntima relación con Dios?

 

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¿Cómo acercarse a Dios y establecer la íntima relación con Dios?

Por Xiaomo

La Biblia dice: “Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros” (Santiago 4:8). Como cristianos, sólo acercándonos a Dios y teniendo una interacción real con Él podemos mantener una relación normal con Dios y obtener la obra del Espíritu Santo. Es como si dos personas se asociaran entre sí, sólo pueden mantener una estrecha relación durante mucho tiempo siendo más abiertos el uno con el otro, comunicándose más cuando encuentran problemas, y comprendiéndose y respetándose mutuamente. Sin embargo, en estos tiempos acelerados, los trabajos exigentes, las relaciones complicadas y las malas tendencias sociales nos atraen y ocupan cada vez más. Las personas, los sucesos y las cosas del mundo exterior perturban fácilmente nuestros corazones y nos impiden mantener una relación normal con Dios. Esto nos lleva a alejarnos cada vez más de Él y, cuando nos vemos en problemas, se nos hace muy difícil calmarnos ante Dios, acercarnos a Él y buscar la iluminación y la guía del Espíritu Santo. A menudo hacemos las cosas sin una dirección o propósito correcto, y nuestros espíritus están constantemente en un estado de vacío y agitación. Entonces, ¿cómo exactamente podemos mantener una relación estrecha con Dios? Basta con comprender los cuatro puntos siguientes para que nuestra relación con Dios se vuelva sin duda más estrecha.

1. Ora a Dios con un corazón honesto y déjate conmover por el Espíritu Santo

La oración es el canal a través del cual nos comunicamos con Dios. La oración es el mejor medio para que nuestros corazones logren calmar ante Dios, para contemplar mejor la palabra de Dios, buscar Su voluntad y establecer una relación normal con Él. Pero en la vida, debido a que estamos ocupados con el trabajo o las tareas domésticas, a menudo hacemos como que oramos y tratamos a Dios a la ligera, sólo decimos unas cuantas palabras descuidadamente. Cuando estamos ocupados, por ejemplo a primera hora de la mañana, yendo al trabajo o con otra cosa, oramos apresuradamente: “¡Oh, Dios! Encomiendo el trabajo de hoy en Tus manos, y Te encomiendo a mis hijos y mis padres. Lo encomiendo todo en Tus manos y te pido que me bendigas y protejas. ¡Amén!”. Tratamos a Dios a la ligera diciendo unas pocas palabras al azar. Nuestros corazones no están tranquilos, ni mucho menos tenemos una interacción real con Dios. A veces, al orar, le decimos a Dios algunas palabras que suenan agradables y otras que suenan vacías y jactanciosas, pero no le decimos a Dios lo que hay en nuestros corazones. O a veces, cuando oramos, recitamos ciertas palabras de memoria y repetimos siempre esas mismas palabras viejas y rancias, se convierte por completo en una oración de un ritual religioso. En nuestras vidas pronunciamos muchas oraciones como esta: oraciones que se ciñen a las reglas, en las que no abrimos nuestros corazones a Dios ni buscamos su voluntad. Dios odia que digamos oraciones sin sentirlas realmente, pues ese tipo de oraciones corresponden a las apariencias y al ritual religioso y no hay una interacción real con Dios en nuestro espíritu. La gente que ora así está tratando a Dios a la ligera y está engañando a Dios. Por lo tanto, Dios no escucha esas oraciones y se hace muy difícil que el Espíritu Santo conmueva a las personas que oran de esta manera. Cuando oran así, son incapaces de sentir la presencia de Dios, sus espíritus son oscuros y débiles, y su relación con Dios se vuelve cada vez más distante.

El Señor Jesús dijo: “Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). Dios es el Creador que abarca todo el cielo y la tierra. Él está a nuestro lado en todo momento, observando cada una de nuestras palabras y acciones, cada uno de nuestros pensamientos e ideas. Dios es supremo, totalmente digno, y cuando oramos a Dios, adoramos a Dios, y debemos presentarnos ante Él con un corazón honesto. Por tanto, cuando oramos a Dios, debemos tener un corazón temeroso de Dios, hablarle con verdad y sinceridad, llevar nuestro estado real, nuestras dificultades y problemas ante Dios y hablarle de ellos, y debemos buscar la voluntad de Dios y el camino de la práctica, porque sólo de esta manera nuestras oraciones se conformarán a la voluntad de Dios. Por ejemplo, encontramos algunas dificultades en la vida o nos vemos viviendo en una situación en la que estamos constantemente pecando y confesando, y nos sentimos atormentados. Y así, abrimos nuestros corazones a Dios, le contamos estos problemas y buscamos Su voluntad, y Dios verá nuestra sinceridad y nos conmoverá. Él nos dará fe o nos iluminará para que entendamos Su voluntad. De esta manera, llegamos a comprender la verdad y a tener un camino a seguir. Por ejemplo, cuando al fin reconocemos que nuestras oraciones se ciñen a las reglas y se dicen como una formalidad, hablamos con jactancia o de una manera vacía y no estamos teniendo ninguna interacción real con Dios, entonces podemos orar de esta manera: “¡Oh, Dios! Antes, al orar, sólo te estaba tratando a la ligera. Todo lo que dije fue para engañarte y no hablaba con ninguna sinceridad; me siento muy en deuda contigo. De este día en adelante, deseo orar de corazón. Te diré lo que pienso de corazón, te adoraré con un corazón honesto y te pediré tu guía”. Cuando nos abrimos a Dios de esta manera, desde el fondo de nuestros corazones, es cuando somos conmovidos. Vemos entonces hasta qué punto nos hemos rebelado contra Dios, y deseamos todavía más arrepentirnos de verdad ante Dios y hablarle sinceramente. En ese momento, sentiremos que nuestra relación con Dios es extremadamente estrecha, como si estuviéramos cara a cara con Él. Ese es el resultado de abrir nuestros corazones a Dios.

Abrir nuestros corazones a Dios no tiene nada que ver con cuánto le decimos, o si usamos o no palabras extravagantes o un lenguaje elevado. Mientras abramos nuestros corazones a Dios y le hablemos de nuestro verdadero estado, busquemos Su guía e iluminación, entonces Dios nos escuchará incluso si sólo decimos unas pocas palabras sencillas. Cuando nos acercamos con frecuencia a Dios de esta manera, ya sea en reuniones o durante la devoción espiritual, o cuando caminamos por la calle o nos sentamos en el autobús o en el trabajo, nuestros corazones siempre se abrirán silenciosamente a Dios en oración. Sin ser conscientes de ello, nuestros corazones pueden entonces calmarse aún más ante Dios, comprenderemos más la voluntad de Dios y, cuando nos topemos con problemas, sabremos cómo practicar la verdad para satisfacer a Dios. De esta manera, nuestra relación con Dios será mucho más normal.

2. Cuando leas las palabras de Dios, contémplalas con tu corazón y comprenderás su verdadero significado.

Los cristianos practican la devoción espiritual y leen a diario las palabras de Dios. ¿Cómo podemos leer las palabras de Dios de manera que se consigan buenos resultados y además permitan que nuestra relación con Él se vuelva más cercana? La palabra de Dios dice: “La manera en que las personas creen en Dios, lo aman y lo satisfacen es llegando al Espíritu de Dios con el corazón, obteniendo de este modo Su satisfacción, y usando el corazón para comprometerse con las palabras de Dios y así poder ser conmovidos por Su Espíritu” (“Es muy importante establecer una relación normal con Dios”). Las palabras de Dios nos dicen que, cuando leemos Sus palabras, debemos contemplarlas e ir a buscarlas con el corazón, debemos obtener la iluminación del Espíritu Santo, y debemos entender la voluntad de Dios y lo que Él requiere de nosotros. Sólo leyendo las palabras de Dios de esta manera darán fruto nuestros esfuerzos y nos acercaremos más a Dios. Cuando leemos las palabras de Dios, si sólo les dedicamos una mirada fugaz, sin prestarle verdadera atención, si sólo nos enfocamos en entender las letras y doctrinas para lucirnos y no prestamos atención a entender el verdadero significado de las palabras de Dios, entonces da igual cuánto leamos Sus palabras, no nos conformaremos a Su voluntad, y mucho menos seremos capaces de establecer una relación normal con Dios.

Por tanto, cuando leemos las palabras de Dios, debemos calmar nuestros corazones y usar nuestros corazones para reflexionar por qué Dios dice tales cosas, cuál es la voluntad de Dios y qué resultados quiere lograr en nosotros al decir tales cosas. Sólo contemplando profundamente sus palabras de esta manera podremos entender la voluntad de Dios y estar más de acuerdo con su corazón, y nuestra relación con Dios será cada vez más normal. Por ejemplo, vemos que el Señor Jesús dice: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). Todos podemos entender el significado superficial de esta declaración, que Dios desea que nos convirtamos en personas honestas. Pero debemos contemplar más profundamente asuntos como la importancia de ser una persona honesta, por qué Dios ama a las personas honestas y cómo exactamente llegar a ser una persona honesta. A través de la lectura de la oración y la contemplación de las palabras de Dios, entonces entendemos que la esencia de Dios es fiel, y que no hay falsedad o engaño en nada de lo que Dios dice o hace, y por lo tanto Dios ama a la gente honesta y odia a la gente embustera. Dios requiere que nos convirtamos en personas honestas, porque sólo llegando a ser personas honestas de acuerdo con los requerimientos de Dios podemos ser guiados por Dios a Su reino. Entonces, ¿cómo exactamente nos convertimos en gente honesta? En primer lugar, no debemos decir mentiras, sino que debemos ser puros y abiertos y decir lo que hay en nuestros corazones. En segundo lugar, no debe haber engaño en nuestros actos, debemos ser capaces de abandonar nuestros propios intereses y no engañar a Dios ni a los hombres. En tercer lugar, no debe haber engaño en nuestros corazones ni motivos personales u objetivos en nuestras acciones, sino que debemos actuar sólo para practicar la verdad y satisfacer a Dios. Después de que esta luz se ha logrado a través de la contemplación, reflexionamos sobre nuestras acciones y comportamiento y vemos que todavía poseemos muchas expresiones de engaño: cuando tratamos con otras personas, a menudo no podemos evitar mentir o engañarnos a nosotros mismos para salvaguardar nuestros propios intereses, reputación y estatus. Cuando nos entregamos a Dios, podemos decir en oración que deseamos amar a Dios y satisfacer a Dios, pero cuando nos sobrevienen pruebas, como cuando nuestro hijo enferma o nosotros mismos o un miembro de la familia pierde su trabajo, inmediatamente comenzamos a quejarnos a Dios, tanto que queremos renunciar a nuestra obra en la iglesia. Con esto, podemos ver que nos entregamos a Dios de una manera que está manchada, pues hacemos tratos con Dios. Nos entregamos a Dios para aprovecharnos de Él, y no sólo para satisfacerlo. Estos son sólo algunos ejemplos de nuestras expresiones de engaño. A partir de ellas, podemos ver que no somos personas realmente honestas. Una vez que vemos claramente nuestros propios defectos y deficiencias, surge en nosotros la determinación de tener sed de la verdad y buscamos practicar más las palabras de Dios en nuestras vidas. Este es el resultado de la contemplación de la palabra de Dios.

Por supuesto, este resultado no puede lograrse contemplando las palabras de Dios una sola vez, sino más bien a través de la contemplación de Sus palabras muchas veces. También, debemos practicar conscientemente las palabras de Dios siempre que nos topamos con problemas. En resumen, mientras contemplemos incesantemente las palabras de Dios con nuestros corazones de esta manera, entonces podremos obtener la iluminación y el esclarecimiento del Espíritu Santo. Un día, ganaremos algo de nueva luz, y al día siguiente ganaremos un poco más de nueva luz y, con el tiempo, seremos capaces de entender más acerca de la verdad en las palabras de Dios, el camino de la práctica será más claro, nuestras vidas progresarán gradualmente y nuestra relación con Dios será cada vez más estrecha.

 3. Busca la verdad y practica la palabra de Dios en todas las cosas

Lo más crucial para que los cristianos mantengan una relación normal con Dios es buscar la verdad cuando nos topamos con problemas y practicar de acuerdo con su palabra. Pero en la vida, cuando nos encontramos con problemas, a menudo nos basamos en nuestras propias experiencias para gestionarlos, empleamos medios humanos o lo hacemos de acuerdo con nuestras propias preferencias. Rara vez nos calmamos ante Dios y buscamos la verdad, o gestionamos el asunto de acuerdo con la voluntad de Dios. Esto nos hace perder muchas oportunidades de practicar la verdad, y así nos alejamos cada vez más de Dios. La palabra de Dios dice, “Independientemente de lo que estés haciendo, de lo grande o pequeño que sea el asunto y de si lo estás haciendo para cumplir con tu deber en la casa de Dios o por tus propias razones privadas, debes considerar si lo que estás haciendo es conforme a la voluntad de Dios, así como si es algo que una persona con humanidad debería hacer. Si buscas la verdad de esta manera en todo lo que haces, entonces eres una persona que verdaderamente cree en Dios” (“Buscar la voluntad de Dios es en aras de practicar la verdad”). “Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos” (Juan 8:31). Las palabras de Dios nos muestran un camino claro. Ya sea que estemos trabajando en la iglesia o gestionando asuntos que nos hemos encontrado en nuestras vidas, siempre debemos buscar la verdad y entender la voluntad de Dios, ver cómo gestionar el asunto de una manera que cumpla con los requisitos de Dios, usar la verdad para resolver todos los problemas que podamos encontrarnos y mantener nuestra relación normal con Dios.

Por ejemplo, veamos cómo debemos buscar la verdad cuando elegimos a nuestro cónyuge. Cuando buscamos una pareja, siempre nos guiamos por nuestras propias preferencias y nos centramos en el aspecto exterior y el temperamento de la persona, buscamos a un hombre alto, rico y guapo, o a una mujer de piel clara, rica y hermosa, creyendo que sólo tendremos un matrimonio feliz si nos casamos con alguien así, que viviremos vidas fáciles, cómodas y placenteras y que los demás tendrán envidia de nosotros. Sin embargo, ¿nos preguntamos alguna vez si encontrar una pareja así es beneficioso para nuestra creencia en Dios y nuestra progresión en la vida? Si nuestra pareja no cree en Dios y trata de impedir que creamos en Dios, ¿cuál será el resultado? La Biblia dice: “No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos” (2 Corintios 6:14). De esto entendemos que las aspiraciones de los creyentes y los incrédulos no van de la mano y no coinciden. En sus acercamientos a la fe y a las tendencias sociales, cada uno tendrá sus propios puntos de vista y perseguirá cosas diferentes: un cristiano querrá seguir el camino de temer a Dios y evitar el mal, mientras que un incrédulo querrá seguir las tendencias del mal en el mundo. Cuando nos unimos a un incrédulo, somos influenciados por él y nuestra progresión en la vida se detiene. Por tanto, al elegir una pareja, debemos tener en cuenta la humanidad y el carácter de la persona y considerar si asociarnos con ella beneficiará nuestra creencia en Dios, si estamos o no en la misma onda y si nuestras aspiraciones coinciden o no. Si no consideramos estas cosas, sino que nos centramos únicamente en la apariencia exterior de la persona y su situación familiar, entonces, después de casarnos sufriremos por no estar en la misma onda. Si nuestra pareja también trata de coaccionarnos e impedirnos creer en Dios, entonces esto arruinará aún más nuestras vidas espirituales. Por tanto, da igual los problemas que nos encontremos en nuestras vidas, sólo buscando la verdad, entendiendo la voluntad de Dios y actuando de acuerdo a ella, podremos vivir bajo el cuidado y protección de Dios, y sólo de esa manera podemos mantener nuestra relación normal con Dios.

4. Acude ante Dios y reflexiona cada día sobre ti mismo, mantén una relación estrecha con Diosalabra de Dios en todas las cosas

Jehová Dios dijo: “Considerad bien vuestros caminos” (Hageo 1:7). A partir de las palabras de Dios, vemos que reflexionar sobre nosotros mismos es muy necesario para nuestra entrada en la vida. Mediante la reflexión, podemos ver que tenemos muchas deficiencias y estamos muy por debajo de los criterios requeridos por Dios. La motivación para perseguir la verdad surge por lo tanto en nosotros, decidimos abandonar nuestra carne y hacemos todo lo posible para practicar de acuerdo con la Palabra de Dios. De esta manera, nos preocupamos de actuar de acuerdo con los requisitos de Dios en nuestras experiencias prácticas, practicamos la palabra de Dios y nuestra relación con Él se vuelve cada vez más normal. Por ejemplo, aquellos de nosotros que servimos como líderes en la iglesia vemos que en la Biblia dice: “Pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo; tampoco como teniendo señorío sobre los que os han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño” (1 Pedro 5:2-3). Por tanto, debemos comprometernos con la autorreflexión cuando estamos pastoreando a nuestros hermanos y hermanas, y preguntarnos: ¿Nos estamos ocupando de dar testimonio de las palabras del Señor y de su voluntad, de guiar a nuestros hermanos y hermanas ante Dios, o decimos cosas que suenan bien y que no tienen sentido cuando predicamos sermones sólo para presumir, meras letras y doctrinas para hacer que nuestros hermanos y hermanas nos adoren y nos admiren? Cuando los hermanos y hermanas nos hacen sugerencias razonables, ¿reflexionamos sobre nuestros propios problemas o nos negamos a aceptar sus sugerencias, hasta el punto de que incluso ponemos excusas y tratamos de reivindicarnos? A través de la autorreflexión, podemos ver que todavía hay muchas facetas de nuestro servicio a Dios en las que somos rebeldes, y que todavía poseemos mucho carácter corrupto que requiere que busquemos persistentemente la verdad para que se resuelva. De esta manera, podemos comportarnos humildemente, podemos buscar más la voluntad de Dios en nuestra obra y podemos guiar a nuestros hermanos y hermanas de acuerdo con las exigencias de Dios. Si somos incapaces de presentarnos frecuentemente ante Dios y reflexionar sobre nosotros mismos, entonces no reconoceremos nuestras propias corrupciones y defectos y seguiremos creyendo que somos personas que buscan la verdad. Por tanto, nos contentaremos con quedarnos quietos, rehusaremos progresar y nos volveremos cada vez más arrogantes y santurrones, creyendo que nos conformamos al corazón de Dios. En realidad, sin embargo, nuestras acciones y comportamiento serán inaceptables para Dios, y Dios nos detestará. Por tanto, se puede ver que es muy importante que uno autorreflexione con frecuencia y que la práctica de la verdad se construya sobre la base del conocimiento de uno mismo. Sólo teniendo un verdadero conocimiento de las propias corrupciones y defectos puede surgir el remordimiento, y entonces uno estará dispuesto a perseguir la verdad y a practicar las palabras de Dios. La autorreflexión es muy beneficiosa para nuestra progresión en la vida y es lo más indispensable para acercarnos a Dios.

Hay muchas maneras de reflexionar sobre nosotros mismos: podemos hacerlo a la luz de la palabra de Dios; en los errores que cometemos en nuestra vida diaria; o que otros señalen nuestros defectos y corrupciones es una oportunidad aún mejor para reflexionar sobre nosotros mismos. Además, cuando percibimos los errores cometidos por aquellos que nos rodean, también podemos reflexionar sobre nosotros mismos, tomar sus errores como una advertencia, aprender lecciones, ser beneficiados por ellos y demás. La autorreflexión no se limita al día o la noche. En cualquier momento y en cualquier lugar, podemos orar a Dios en nuestros corazones, reflexionar y conocer nuestras propias corrupciones, podemos buscar la voluntad y los requisitos de Dios dentro de Sus palabras y arrepentirnos a tiempo. Sin embargo, antes de irnos a la cama cada noche, debemos reflexionar y resumir todo lo que hicimos ese día, y entonces podremos tener una idea más clara de nuestros estados y saber qué cosas no hemos hecho bien aún. Una vez que comencemos a hacer esto, nuestra búsqueda será más direccional y más beneficiosa para establecer una relación normal con Dios.

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