domingo, 2 de agosto de 2020

¿Qué es la oración? ¿Cómo debemos orar a Dios?


¿Qué es la oración? ¿Cómo debemos orar a Dios?


Desde que empezamos a creer en el Señor, sabíamos que orar a Dios y tener comunión con Él es indispensable para nuestra vida espiritual. Porque la palabra de Dios dice: “La oración es una de las formas en las que el hombre coopera con Dios, es un modo por medio del cual el hombre invoca a Dios y es el proceso por medio del cual el Espíritu de Dios toca al hombre. Se puede decir que los que están sin oración son muertos que no tienen espíritu, lo que prueba que les hacen falta las facultades para que Dios los toque. Sin la oración, no pueden alcanzar una vida espiritual normal, mucho menos pueden seguir la obra del Espíritu Santo; sin la oración, rompen su relación con Dios y no pueden recibir la aprobación de Dios. Siendo que eres alguien que cree en Dios, entre más ores, más te toca Dios. Esas personas tienen una mayor determinación y pueden recibir más la iluminación más reciente de Dios; como resultado, el Espíritu Santo puede perfeccionar sólo a personas como estas tan pronto como sea posible”. Aquí se menciona que una persona sin oración no es alguien que vive delante de Dios; quien no ora no tiene espíritu y viceversa. La oración es la necesidad en nuestra vida espiritual. Cuando leemos la Palabra de Dios, orar puede ayudarnos a obtener la iluminación del Espíritu Santo, entender la voluntad de Dios, y encontrar el camino de la práctica de la Palabra de Dios; cuando nos encontramos en peligros y adversidades, es a través de nuestra oración que Dios nos da verdadera fe y valor. Por así decirlo, cuanto más oramos a Dios, más fuerte se vuelve nuestra fe en Él, más abundante es nuestro entendimiento de la verdad, y más grande es nuestra resolución de amarlo. Puesto que la oración puede producir tales resultados, algunas personas pueden preguntar: Para que nuestra oración esté de acuerdo con la voluntad de Dios y logre estos resultados, ¿qué principios debemos comprender? Ahora, me gustaría compartir el comunicación en esto específicamente.

Primero, el verdadero significado de orar a Dios es comprender la verdad, obedecer a Dios, adorar a Dios y nunca participar en rituales religiosos.

Orar es una manera de adorar a Dios. Para que nuestras oraciones sean efectivas, primero debemos encontrar el camino dentro de la Palabra de Dios y entender el verdadero significado de la oración. La Palabra de Dios dice: “La oración no es un proceso de pasar por las formalidades o de seguir un procedimiento o de recitar las palabras de Dios, es decir, la oración no quiere decir repetir palabras como perico y copiarles a los demás. En la oración le debes dar tu corazón a Dios, compartiendo con Dios las palabras que están en tu corazón para que Dios te pueda tocar”. “Si oras con frecuencia, sabes cómo hacerlo, y oras a menudo de forma sumisa y razonable, tu condición será particularmente normal en tu interior. Si oras frecuentemente con algunos eslóganes y no tienes una carga ni reflexionas en si estás hablando de manera razonable o no en tu oración, y qué tipo de lenguaje no es adoración verdadera ni te tomas nunca en serio estos asuntos, tus oraciones no tendrán éxito y la condición en tu interior siempre será anormal. No entrarás nunca en profundidad en las lecciones respecto a lo que es la razón normal, la sumisión verdadera, la verdadera adoración, y dónde mantenerse. Todos estos asuntos son sutiles”. De la palabra de Dios entendemos. Cuando oramos, debemos tener buenas intenciones, tomar una actitud de piedad, y tener un corazón receptivo y obediente. Sólo así nuestras oraciones pueden obtener la aprobación de Dios y estar de acuerdo con Su voluntad. Si no oramos con seriedad y con un corazón tranquilo delante de Dios, sino que oramos hablando unas pocas palabras de manera casual y sin sinceridad, e incluso exigiendo irrazonablemente que Dios haga esto o aquello, entonces tales oraciones no son las de obedecerlo o adorarlo, sino las de llevar a cabo una ceremonia religiosa y yendo directamente a la salida. Dios nunca acepta tales oraciones.

Entonces, ¿cuál es el verdadero significado de la oración? La oración de uno no es por sus propios intereses personales, sino más bien para entender la Palabra de Dios, para practicar la verdad de acuerdo a la Palabra de Dios, y para actuar de acuerdo a Su voluntad. El Señor Jesús dijo: “Pero buscad primero su reino y su justicia...” (Mateo 6:33). Aquí vemos que la oración debe ser con el propósito de la obra de Dios, para satisfacerlo y para llevar a cabo Su voluntad. Tomemos como ejemplo la oración de Pedro. No importaba las cosas que encontrara, rezaba con un corazón sumiso para buscar la voluntad de Dios. Dejó de ser su propio amo aun en comida, vestimenta y refugio; en cambio, se exigió estrictamente a sí mismo para practicar de acuerdo con la palabra del Señor. Así que todas sus oraciones estaban en concierto con la voluntad de Dios y todo lo que él hacía podía glorificar a Dios. Eventualmente, fue perfeccionado por Dios, y llegó a ser una persona verdaderamente obediente a Él y que tenía verdadera adoración a Dios. Pero las oraciones de los fariseos eran completamente diferentes. Sus oraciones eran total y completamente para conservar su estatus y sustento, para establecerse y exaltarse a sí mismos. Además, a fin de engañar a esas personas comunes e ignorantes para que las adoraran y obedecieran, se pararon a propósito en las sinagogas y en las encrucijadas para participar en largas oraciones. Por eso, el Señor Jesús los criticó diciendo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, aun cuando por pretexto hacéis largas oraciones; por eso recibiréis mayor condenación” (Mateo 23:14). A través de la palabra del Señor Jesús, podemos ver que las oraciones de los fariseos eran hipócritas y religiosas. Dios no aprueba, sino que desprecia tales oraciones.

En segundo lugar, debemos recurrir a nuestras dificultades prácticas y problemas cuando rezamos a Dios. No debemos apartarnos de la realidad y hablar palabras vacías, o hablar de cartas y doctrinas.

En nuestra vida, siempre encontramos todo tipo de dificultades. En este momento, ¿cómo debemos orar a Dios? Él dice: “El estándar más bajo que Dios exige de las personas es que le puedan abrir sus corazones. Si el hombre le da a Dios su corazón sincero y le dice a Dios lo que realmente hay dentro de su corazón, entonces Dios estará dispuesto a obrar en el hombre; Dios no quiere el corazón torcido del hombre sino su corazón puro y honesto. Si el hombre no le dice a Dios lo que de verdad hay en su corazón, entonces Dios no toca el corazón del hombre ni obra dentro de él. Por lo tanto, lo más crucial acerca de la oración es decirle a Dios las palabras de tu auténtico corazón, hablarle a Dios de tus defectos o de tu carácter rebelde y abrirte completamente a Dios. Sólo entonces Dios estará interesado en tus oraciones; si no, entonces Él ocultará Su rostro de ti”. La palabra de Dios nos indica una manera de practicar. Cuando enfrentamos dificultades prácticas, debemos orar ante Dios con una actitud de piedad, y abrirle nuestro corazón: Pronunciar las palabras de nuestro corazón con honestidad; no digas palabras vacías o falsas o mientas para engañarle. Pero si cerramos nuestros corazones a Dios, y sólo decimos algunas palabras elevadas y agradables para engañar a Dios, entonces Él no puede ver nuestros corazones honestos, y por eso no aprobará tales oraciones. Por ejemplo, algunas personas oran a Dios: “¡Oh Dios! Estoy dispuesto a dedicarme por entero a Ti. Estoy dispuesto a dedicarte todo lo que tengo”, pero después no hacen nada por Dios. Algunas personas dicen, “¡Oh Dios! Me gustaría consumirme en Ti y ofrecerte mi corazón. Me gustaría servirte y serte leal”, pero después de decir eso, ellos todavía se rebelan contra Dios como lo hacían antes, ¿no es esto engañar a Dios? Algunas personas rezan a Dios, diciendo: ¡“Oh, Dios! Estoy dispuesto a abandonar todo para seguirte”, pero habiendo orado, no renuncian a nada. Algunas personas le dicen a Dios: "Oh, Dios, te amaré toda mi vida," pero en realidad nunca aman a Dios en su vida: lo que aman son a ellos mismos, su persona, sus hijos y su dinero. Mira estas oraciones. Todas son palabras vacías que engañan a Dios. Esto es suficiente para probar que somos demasiado impíos ante Dios, y que no tenemos un temor de Él. Dios no escucha nuestras oraciones de esta manera, así que son infructuosas. Si no nos arrepentimos y continuamos orando de esta manera, seremos detestados por El.

En tercer lugar, debemos orar con frecuencia a Dios sobre los problemas de cumplir con nuestro deber y entrar en la vida, buscando comprender la verdad y entrar en la realidad.

Cuando nos gastamos para Dios en el cumplimiento de nuestro deber, muchos hermanos y hermanas creen que mientras confesemos nuestros pecados y nos arrepintamos más en nuestra oración ante el Señor, difundamos más el Evangelio, hagamos más trabajo y prediquemos más sermones, entonces estaremos en conformidad con la voluntad de Dios y seremos alabados por Él. Pero de hecho, esto no es cierto. Tal práctica es errónea. Porque en el cumplimiento de nuestro deber aún quedan muchos problemas y situaciones por resolver. La palabra de Dios dice: “Cuando cumples tu deber o trabajas en algo, deberías pensar siempre: ¿cómo debería cumplir este deber? ¿Cuál es la intención de Dios? A través de los asuntos te acercas a Dios, y mediante ese acercamiento a Dios, buscas los principios y las verdades para hacer las cosas, buscas la voluntad de Dios desde dentro y no abandonas a Dios en nada de lo que haces. Ésta es una persona que cree de verdad en Dios. […] Las personas suelen ver bien y considerar correctas las ideas humanas, y es como si no violaran tanto la verdad. Las personas sienten que hacer las cosas así es poner la verdad en práctica, someterse a Dios. En realidad, las personas no están buscando verdaderamente a Dios ni oran a Él sobre esto. No están luchando por hacer las cosas bien y satisfacer la voluntad de Dios ni para hacerlo bien según Sus requisitos. No están en esta situación verdadera ni tienen semejante deseo. Éste es el mayor error que las personas cometen en su práctica, porque crees en Dios, pero Él no está en tu corazón. ¿Cómo podría no ser esto un pecado? ¿Cómo podría no ser esto engañarte a ti mismo? ¿Qué efecto tiene creer de este modo? ¿Dónde está el significado práctico de creer en Dios?” De la Palabra de Dios podemos entender que el cumplimiento del deber es un camino por el cual nuestra vida puede crecer. El deber nos es confiado por Dios, y debemos desarrollar una verdadera carga por ello. Cuando cumplimos con nuestro deber, no es el caso que mientras cumplamos con las cosas que Dios nos ha confiado, entonces estamos satisfaciendo a Dios. Si no buscamos resolver las dificultades y problemas de nuestro deber, ¿podemos satisfacer a Dios? Por lo tanto, debemos pedir y orar más a Dios, encontrar una manera de practicar en Su palabra, y cumplir con nuestro deber de acuerdo a Sus requerimientos. También debemos reflexionar en todo momento acerca de si tenemos nuestros propios pensamientos adulterados en el cumplimiento de nuestro deber o si estamos haciendo algo que traiciona la verdad y los principios y después de encontrarlos, debemos dar la vuelta rápidamente. Si podemos atender seriamente todo lo que Dios nos confía, entonces nuestra vida crecerá al cumplir nuestro deber, y nuestra disposición contaminada, gradualmente se limpiará y cambiará. De hecho, no sólo debemos enfocarnos en practicar la palabra de Dios en el cumplimiento de nuestro deber, sino que debemos vivir por la palabra de Dios en nuestro trabajo y vida diaria. Solamente cuando practicamos siempre de esta manera podemos entender la verdad y entrar en su realidad, cambiar nuestra disposición de vida y convertirnos en una persona que es encomendada por Dios.

En cuarto lugar, debe haber reverencia por Dios en nuestras oraciones, y debemos ser razonables. No debemos hacer exigencias a Dios, forzar a Dios o tomar ventaja de Dios, y mucho menos podemos hacer intercambios con Dios.

La palabra de Dios dice, “Deberías buscar y someterte en tus oraciones; por ejemplo, si te sobrevino un problema que no supiste manejar, dices: ‘¡Oh Dios! Este problema ha caído sobre mí, y no sé cómo manejarlo. Estoy dispuesto a satisfacerte en este asunto, estoy dispuesto a buscarte, deseo que Tu voluntad se lleve a cabo, actuar según Tus propósitos, y no según los míos. Sabes que los propósitos del hombre quebrantan Tu voluntad; se resisten a Ti y no se conforman a la verdad. Sólo deseo comportarme conforme a Tus propósitos. Te pido que me esclarezcas y guíes en este tema, para que no Te ofenda…’. Este es el tono de voz adecuado en la oración. Si dices simplemente: ‘Oh Dios, te pido que me ayudes y guíes; que prepares un entorno adecuado y personas adecuadas para mí, de forma que pueda irme bien en mi trabajo’, cuando esta clase de oración termina, sigues sin saber cuál es la voluntad de Dios, porque estás intentando hacer que Él haga las cosas según tus propósitos”. La palabra de Dios nos da una manera de practicar la oración a Él. Cuando oramos, debemos permanecer en la posición correcta y ser razonables; no debemos hacer demandas a Dios, o forzarlo a hacer esto o aquello. No importa el tipo de dificultades que encontremos, o si entendemos la voluntad de Dios, debemos orar con reverencia por Dios, permaneciendo en la posición de una criatura y conservando un corazón de obediencia a Él. Tome como ejemplo la oración del Señor. Antes de la crucifixión, el Señor Jesús se postró en la tierra y oró en el Huerto de Getsemaní: “Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieras” (Mateo 26:39). De esto podemos ver que aun cuando el Dios encarnado oró al Padre celestial, Él conservó un corazón obediente, actuó completamente de acuerdo a la voluntad de Dios Padre, y no tuvo elección propia. Pero en la vida real, nuestras oraciones no son razonables. A menudo exigimos que Dios haga esto o aquello para lograr nuestros propios objetivos sin la más mínima reverencia a Dios. Forzamos nuestros propios deseos sobre Dios y le pedimos que haga las cosas de acuerdo con nuestras ideas, y exigimos cosas de Él con la intención de llevar a cabo transacciones con Dios. Por ejemplo, frente a las dificultades, muchas personas no se preocupan por la voluntad de Dios, sino que sólo lo molestan con oraciones incesantes que incluyen ayuda para resolver sus problemas; cuando algunas personas se encuentran con la enfermedad, no buscan entender la voluntad de Dios, sino que sólo le piden a Dios para darles una curación rápida, y quitarles el tormento de su enfermedad; además, hay también algunas personas que siempre piden a Dios que bendiga a sus familias, a sus parientes, a su todo, y así sucesivamente. Todas estas oraciones son irracionales, sin sumisión, y no se ajustan a la voluntad de Dios.

Los que se mencionan anteriormente son los cuatro principios de orar e implorar a Dios. Mientras los captemos, los practiquemos y los apliquemos en nuestra vida diaria, obtendremos iluminación y esclarecimiento de Dios, comprenderemos Su voluntad y recibiremos Su guía y liderazgo.


Scripture quotations taken from LBLA. Copyright by The Lockman Foundation.

(Traducido del original en inglés al español por Luis Carlos Villegas)

sábado, 1 de agosto de 2020

Película cristiana "El último tren" Escena 3 - Ha comenzado el juicio ante el gran trono blanco

Apocalipsis 20:11-12, “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de cuya presencia huyeron la tierra y el cielo, y no se halló lugar para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante del trono, y los libros fueron abiertos; y otro libro fue abierto, que es el libro de la vida, y los muertos fueron juzgados por lo que estaba escrito en los libros, según sus obras”. Muchos hermanos y hermanas creen que cuando el Señor Jesús regrese en los últimos días, se sentatrá majestuosamente en un gran trono blanco en el cielo sosteniendo un libro sobre las obras de todos para juzgarlos y determinar su final. Pero el hermano Juan tiene una opinión diferente. Él compartió unas Escrituas conmigo, “Y vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14: 6-7). Y me dijo, “De estas Escrituas, podemos ver que  el hombre eataré en la tierra en vez del cielo cuando Dios realice la obra del juicio. De hecho, el cielo es la morada de Dios. El hombre ha vivido en la tierra desde el principio, y ha sido corrompido por Satanás. Es imposible que el hombre ascienda al cielo para ser juzgado. Solo se puede postra ante los pies de Dios para aceptar Su juicio en la tierra. Solo siendo así, es real”.

El hermano Juan cuyo comunicación tiene sentido.  El hermano Juan compartió un video conmigo, Película cristiana “Ha comenzado el juicio ante el gran trono blanco”, revela este aspecto del misterio. 




¿Sabes cómo se realiza el juicio ante el gran trono blanco, profetizado en el Apocalipsis? ¿Se celebra dicho juicio en el cielo o en la tierra? ¿Lo lleva a cabo Dios encarnado o el Espíritu?
 
Recomendación: El Juicio Final 

Scripture quotations taken from LBLA. Copyright by The Lockman Foundation.

La llegada de jesucristo | ¿Cómo vamos a contestarle?


La llegada de jesucristo  | ¿Cómo vamos a contestarle?

Cuando me hice creyente del Señor, a los hermanos y hermanas les gustaba cantar un himno llamado “El buen hombre está llamando a la puerta” y que dice así: “El buen hombre está llamando a la puerta, Su pelo húmedo por el rocío; levantémonos rápido y abrámosle, no permitamos que el buen hombre se dé la vuelta y se vaya [...]”. Cada vez que cantábamos ese himno, nuestros corazones se emocionaban profundamente. Todos queremos pedirle al buen hombre que pase la noche con nosotros, para que cuando llegue el buen hombre y llame a nuestra puerta, recibamos al Señor nada más oír la voz de ese buen hombre. Se puede decir de todos nosotros, que creemos en el Señor, que albergamos esa esperanza. Pero cuando llegue el Señor, ¿cómo va a llamar a nuestras puertas? Cuando el Señor llame a nuestras puertas, ¿qué deberíamos hacer para asegurarnos de que le estamos dando la bienvenida como el Señor que es? En esto es en lo que deberían pensar aquellos que creen en Él.

Cuando Jesucristo vino a hacer Su obra de salvación en la Era de Gracia, la noticia de los milagros que el Señor llevaba a cabo y Su palabra se extendieron por toda Judea. Y además, Su nombre causó un gran revuelo en toda Judea: para la gente de aquellos tiempos la llamada a su puerta eran los discípulos guiados por Jesucristo y predicando en todas partes el evangelio del reino celestial. Jesucristo decía: “Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). El Señor desea que la gente venga ante Su presencia para arrepentirse y confesar sus pecados. Al hacerlo, sus pecados serán absueltos, y se librarán de la condenación e imprecación de la ley y serán redimidos por Dios.

Por aquel entonces, muchos judíos fueron testigos de los milagros llevados a cabo por Jesucristo. Además pudieron sentir la autoridad y la fuerza que llevaba la palabra del Señor, como cuando Jesucristo fue capaz de darles de comer a 5.000 personas con sólo 5 panes y 2 peces. Con tan sólo una palabra, Jesucristo también fue capaz de calmar el viento y el mar, así como resucitar a Lázaro y hacerlo salir de su tumba tras haber estado muerto durante tres días… Según las palabras de Jesucristo, todo lo dicho se cumplirá, permitiéndonos sentir la autoridad y la fuerza de la palabra del Señor. También hay palabras de Jesucristo que enseñan a las personas y que reprenden a los fariseos. Estas palabras son la verdad y no son palabras que nosotros podamos pronunciar. Las palabras pronunciadas por Jesucristo y las cosas que Él hizo, revelan la disposición de Dios y lo que Dios es y tiene. Manifiestan la autoridad y la fuerza de Dios y consiguen agitar el corazón del hombre. Los judíos de aquellos tiempos ya habían oído el sonido de la llamada del Señor, pero ¿cómo lo trataron?

Los curas judíos, los escribanos y los fariseos sabían perfectamente que las palabras pronunciadas por Jesucristo y los milagros que Él llevaba a cabo, procedían de Dios, y sin embargo, no tenían un corazón que adorase a Dios. Ni buscaron ni investigaron la obra de Jesucristo, sino que durante todo ese tiempo sólo se aferraron a las palabras de las profecías bíblicas, creyendo que el que llegaría se llamaría Emmanuel o Mesías, y sería nacido de una virgen. Cuando vieron que María tenía esposo, decidieron que Jesucristo no había sido concebido por el Espíritu Santo ni que hubiera nacido de una virgen. También lo juzgaron y dijeron que Jesucristo era hijo de un carpintero y por lo tanto, una persona completamente normal y corriente. Se sirvieron de esto para negar y acusar a Jesucristo. Incluso llegaron a blasfemar en contra de Jesucristo al decir que Él se amparaba en Belcebú, el soberano de los demonios, para expulsar a los otros demonios. Al final, acabaron por unirse al gobierno romano y lo crucificaron. La mayoría de los judíos creía que Jesucristo debía haber nacido en un palacio real y que Él sería su rey, que los libraría del gobierno romano. Cuando los fariseos empezaron a extender los rumores y calumnias y a condenar a Jesucristo, estaban ciegos y obedecían sin ningún tipo de distinción. Entre la salvación de Jesucristo y las calumnias pronunciadas por los fariseos, los judíos decidieron hacerle caso a los rumores y a las mentiras de los fariseos y rechazaron la senda que Jesucristo predicaba. Cuando el Señor llamó a sus puertas, le hicieron oídos sordos al Señor. Sucedió tal como dijo Jesucristo: “De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no miraréis. Porque el corazón de este pueblo está engrosado, Y de los oídos oyen pesadamente, Y de sus ojos guiñan: Para que no vean de los ojos, Y oigan de los oídos, Y del corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane” (Mateo 13:14-15).

Como se negaron a escuchar la voz del Señor y no aceptaron Su obra de salvación, estos judíos perdieron la oportunidad de seguir a Jesucristo. Y como resultado de su resistencia a Dios, toparon con el castigo de Dios: 2000 años de destrucción en Israel. Por el contrario, los discípulos que siguieron a Jesucristo, como por ejemplo Pedro, Juan, Santiago y Nazanael, tenían corazones que amaban la verdad. No se fiaron de sus propias ideas ni nociones acerca de cómo tratar la palabra y la obra de Jesucristo, sino que indagaron a conciencia, investigaron con esmero y obtuvieron la iluminación del Espíritu Santo. Oyeron la voz de Dios y supieron reconocer que Jesucristo era el Mesías que esperaban, y por ello siguieron los pasos del Señor y recibieron Su salvación. Vemos que el error de los fariseos y los judíos yace en que sólo se fiaban del significado literal de las profecías bíblicas a la hora de aceptar y reconocer el manifiesto y la obra de Dios. Y esto les llevó a ser gente que creía en Dios pero que se resistió a Él. Aprendemos con ello que si la gente que cree en Dios, trata Su nueva obra basándose en sus propias ideas y nociones, no sólo no podrán darle la bienvenida a Su llegada, sino que fácilmente se convertirán en aquellos que creen en Dios y sin embargo, se resisten a Él. ¡Qué lamentable sería eso!

Jesucristo dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. […] Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos” (Mateo 5:3,6). Vemos que sólo podremos darle la bienvenida al regreso del Señor si, al igual que Pedro y Juan, oímos la voz del Señor, si tenemos corazones que ansían justicia y que buscan e investigan activamente.

Hoy por hoy, las profecías acerca de la segunda llegada del Señor durante los últimos días se han prácticamente cumplido. Cuando durante esos últimos días regrese el Señor, debemos estar más alerta y preparados; debemos prestar atención a la voz de Dios y tener corazones que busquen y ansíen justicia para aguardar así la llamada de Dios a nuestras puertas, lo cual puede ocurrir en cualquier momento. Tan sólo así podremos recibir Su llegada. Jesucristo dijo: “Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar. Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará á toda verdad; [...]” (Juan 16:12-13). También se ha profetizado muchas veces en el capítulo 2-3 de Apocalipsis: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

Las Escrituras nos enseñan que cuando regrese Jesucristo, volverá a hablar y volverá a llevar a cabo una nueva obra. Esto es lo que para nosotros será el Señor llamando a nuestra puerta, y además Él usará Sus propias palabras para llamar a las puertas de nuestros corazones. Todos los que oigan las declaraciones del Señor y que busquen de forma activa y escuchen con atención la voz del Señor, serán vírgenes prudentes. Si reconocen que el Señor está hablando, podrán recibir calurosamente el regreso del Señor y recibirán alimento y agua a través de la palabra de Dios. Y con esto se cumple la palabra del Señor: “Y aun también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días” (Joel 2:29). El Señor es digno de confianza, y será Él quien les permita a todos aquellos que le ansían y lo buscan, oír Su voz en estos tiempos. Y sin embargo, la sabiduría de Dios nos resulta difícil de entender a los humanos, y la forma en la que el Señor llamará a nuestras puertas cuando regrese, no será tal como nos lo imaginamos. Podría ser alguien gritando: “¡El Señor ha vuelto!” Es tal como Jesucristo nos había advertido: “Pero a medianoche se oyó un clamor: ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’” (Mateo 25:6).

Puede que también oigamos la voz de Dios desde las iglesias que extienden el evangelio de la vuelta del Señor, o desde internet o la radio o Facebook o cualquier otro sitio, y que veamos a Dios hablarle a todas las iglesias. Y aun así, no importa cómo llame el Señor a nuestras puertas, lo que no debemos hacer bajo ningún concepto es tratar esa llamada del Señor como lo hicieron los judíos. No debemos rechazar ni la búsqueda ni la investigación basándonos en nuestras propias ideas y nociones; ni debemos escuchar ciegamente las mentiras y rumores. Si lo hiciésemos, estaríamos rechazando la llamada del Señor y nos perderíamos la oportunidad de darle la bienvenida y ser elevados al reino de los cielos.

El Libro de las Revelaciones predice: “He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Jesucristo dice: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7).

La voluntad del Señor es que todos podemos ser vírgenes prudentes y que siempre debemos estar atentos a la voz del Señor. Cuando oigamos la voz del Señor, debemos mirar en Su interior con las mentes abiertas e investigar con sinceridad, y cuando reconozcamos Su voz, debemos salir corriendo a darle la bienvenida al Señor. Mientras tengamos corazones que buscan, Dios con toda seguridad abrirá nuestro ojo espiritual. Y así, ¡seremos capaces de erguirnos ante el trono de Dios y estar presentes durante la fiesta del Cordero!

¡Toda la gloria le pertenece a Dios!

(Traducido del original en inglés al español por Eva Trillo)

Some Scriptures taken from LBLA Copyright by The Lockman Foundation

viernes, 31 de julio de 2020

¿Cómo será la llegada de Cristo?



¿Cómo será la llegada de Cristo?

Ahora ya estamos en los últimos días, las señales de la segunda venida de Jesús han aparecido básicamente, y muchos creyentes han estado esperando amargamente Su regreso, mirando al cielo todos los días anhelando que venga sobre nubes. Sin embargo, ¿Por qué aún no lo hemos visto descender sobre nubes? Lea a continuación contenido para encontrar la manera del recibimiento al Señor.

Alguien dice que cuando llegue la segunda venida del Señor, Él vendrá definitivamente con nubes en gran poder y gloria, porque hay muchas profecías así dentro de la Biblia. Por ejemplo, “He aqui, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por El; [...]” (Apocalipsis 1:7). “Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre; y entonces todas las tribus de la tierra harán duelo, y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria” (Mateo 24:30). También, cuando el Señor Jesús resucitó y subió al cielo, un ángel dijo: “Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11). A la luz de estas profecías, algunos hermanos y hermanas creen que la segunda venida del Señor en los últimos días será definitivamente que Él venga con nubes.

De hecho, además de los muchos versículos en la Biblia que profetizan que el Señor vendrá abiertamente con nubes, también están las profecías que dicen que el Señor vendrá en secreto como un ladrón. Por ejemplo, “He aquí, vengo como ladrón. [...]” (Apocalipsis 16:15). “[...] Por tanto, si no velas, vendré como ladrón, [...]” (Apocalipsis 3:3). Y en Mateo 25:6, el Señor Jesús dijo: “Pero a medianoche se oyó un clamor: ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’”. Estos versículos dicen muy claramente que, cuando el Señor regrese, no todos podrán verlo, pero que Él vendrá sin que nosotros lo sepamos. En cambio, Su llegada será anunciada por un grito, es decir, por alguien que nos da testimonio del evangelio del regreso del Señor. Después de escuchar este testimonio, debemos abrir nuestras puertas y recibirlo, y solo entonces podremos dar la bienvenida al Señor. Por lo tanto, podemos confirmar que la Biblia profetiza dos maneras en que el Señor regresará: Una es que el Señor vendrá en el Espíritu, cabalgando abiertamente sobre las nubes, y la otra es que el Hijo del Hombre vendrá en secreto.

Sabemos que el Señor es fiel, y ya sea que profetice que vendrá en secreto o abiertamente con nubes, todo será logrado y cumplido. Entonces, ¿cómo exactamente se van a cumplir estas dos profecías totalmente diferentes? Veamos varios versículos de la Escritura para encontrar la respuesta.

En Lucas 12:40, el Señor Jesús dijo: “Vosotros también estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no esperéis” Asimismo, Él dijo en Lucas 17:24–25: “Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que El padezca mucho y sea rechazado por esta generación”. Estos versículos profetizan que el Señor regresará en secreto como el Hijo del hombre. Como todos sabemos, “Hijo del hombre” significa alguien que nace del hombre y que posee una humanidad normal. El cuerpo espiritual de Dios no puede ser llamado Hijo del hombre; solo Dios encarnado puede ser llamado así. Como el Señor Jesús, por ejemplo. En esencia, Él era el Espíritu de Dios cubierto con un cuerpo ordinario, y nadie podía decir con solo mirarlo que Él era diferente de una persona normal. Por lo tanto, el tiempo de la obra de Dios encarnado fue la etapa en la que Él vino y obró en secreto. Para decirlo de otra manera, cuando el Señor venga de nuevo en los últimos días, Él aparece primero y realiza Su obra en la carne como el Hijo del hombre, y aquellos que son capaces de escuchar la voz de Dios, a través de las palabras de Dios, serán capaces de reconocer que Él es Dios. Al igual que Pedro y Juan en aquellos días antiguos, por ejemplo, que pudieron reconocer a partir de las palabras que Jesús dijo que Él era el Mesías, y siguieron entonces los pasos del Cordero, y lograron la salvación de Dios. Sin embargo, aquellos que son incapaces de escuchar la voz de Dios, ciertamente juzgan al Dios encarnado por Su apariencia exterior, tratan a Cristo como si Él fuera una persona común, e incluso rechazan, condenan y blasfeman a Cristo en los últimos días, exponiéndolos como vírgenes insensatas. Cuando ocurran los grandes desastres, el Señor comenzará a recompensar a los buenos y a castigar a los malos, y entonces Él vendrá con las nubes y aparecerá abiertamente a todos los pueblos. Cuando llegue ese momento, todos los que resistan a Dios quedarán atrapados en los desastres y habrá mucho llanto y rechinar de dientes. Tal como dice en Apocalipsis 1:7: “He aqui, viene con las nubes y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por El; [...]”.

A partir de esto, podemos ver que el período en el que Dios viene en secreto es la etapa durante la cual Dios realiza Su obra para salvar a la humanidad, y que el tiempo en que Dios venga abiertamente será el tiempo en que recompensará a los buenos y castigará a los malvados. Tal como está escrito en Mateo 24:37-39: “Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Pues así como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así será la venida del Hijo del Hombre”. ¿Por qué se dice que los días de la venida del Hijo del Hombre serán los mismos que los días de Noé? Todos sabemos que, cuando Noé construyó el arca, predicó al pueblo que Dios destruiría el mundo con el diluvio, pero nadie le creyó, sino que se burlaron de él por estar loco. Cuando el arca fue terminada y las ocho personas de la familia de Noé subieron a bordo, llegaron las inundaciones. A partir de esto podemos ver que, durante los días antes de que ocurrieran las inundaciones, Dios trató de salvar a los hombres, y que cuando vinieron las inundaciones, que fueron el advenimiento de los días de castigo, todos pudieron ver las inundaciones pero ya era demasiado tarde, porque la puerta de la gracia ya estaba cerrada en ese tiempo. Por lo tanto, la etapa en la cual el Señor viene en secreto es la salvación para todos los que creen sinceramente en Dios y aman la verdad, porque pueden escuchar la voz de Dios, recibir el regreso del Señor, ser limpiados y hechos vencedores por Dios. En cuanto a aquellos que pretenden creer en Dios y que odian la verdad, sin embargo, porque se aferran a sus propios conceptos erróneos e imaginaciones, y porque se rehúsan a aceptar la salvación de Dios de los últimos días, e incluso se resisten y condenan a Dios encarnado, ellos serán los objetos del castigo de Dios. Cuando el Señor aparezca abiertamente con las nubes, ellos verán que Aquel a quien se han estado resistiendo es verdaderamente Dios Mismo, pero para entonces su fin estará decidido, y Dios recompensará a los buenos y castigará a los malos. ¿Cómo entonces no se golpearán el pecho con gran llanto y rechinar de dientes? Así, el espectáculo de “y todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y todas las tribus de la tierra harán lamentación por El” se hará realidad.

A partir de la enseñanza anterior, podemos entender que la segunda venida del Señor en los últimos días tendrá lugar primero por Él encarnando secretamente en la forma del Hijo del Hombre. Antes de que lleguen los desastres, Dios hará un grupo de vencedores y, una vez que Su obra esté terminada, aparecerá abiertamente con nubes para castigar a los malvados que le resistieron. Por lo tanto, si deseamos ser limpiados por Dios y sobrevivir a los desastres, entonces debemos aprovechar nuestra oportunidad de ser salvos por Dios antes de los desastres, no sea que lleguemos a estar entre aquellos por los cuales “y todas las tribus de la tierra harán lamentación por El”.

Actualmente, los desastres en todo el mundo están creciendo en escala y están sucediendo más y más frecuentemente, y todas las profecías bíblicas que profetizan el regreso del Señor ya se han cumplido básicamente. ¿Qué debemos hacer para seguir los pasos de Dios en este momento clave de la segunda venida del Señor? Apocalipsis 2:29 dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. Y Apocalipsis 3:20 dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. A partir de estos versículos, podemos ver que cuando llegue la segunda venida del Señor, Él dirá Sus palabras, y por lo tanto debemos ser como las vírgenes prudentes y prestar atención para escuchar la voz de Dios. Cuando oímos a alguien gritar que el novio ha venido, debemos enfocarnos en buscar e investigar, y no solo mirar el cielo esperando que el Señor venga con las nubes, porque solo de esta manera podremos dar la bienvenida al regreso del Señor.

Scripture quotations taken from LBLA. Copyright by The Lockman Foundation.

jueves, 30 de julio de 2020

Historias Bíblicas: Los discípulos recogen espigas en sábado



Historias Bíblicas: Los discípulos recogen espigas en sábado


Referencias Bíblicas: Lucas 6:1-5

1 Y ACONTECIO que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían, restregándolas con las manos.
2 Y algunos de los Fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en los sábados?
3 Y respondiendo Jesús les dijo: ¿Ni aun esto habéis leído, qué hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban;
4 Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dió también á los que estaban con él, los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes?
5 Y les decía. El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.






miércoles, 29 de julio de 2020

Historias Bíblicas: Jesús en la cruz


Historias Bíblicas: Jesús en la cruz

Versículos de la Biblia:
Marcos 15:29-32
29 Y los que pasaban le denostaban, meneando sus cabezas, y diciendo: ­Ah! tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo edificas,
30 Sálvate á ti mismo, y desciende de la cruz.
31 Y de esta manera también los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, decían unos á otros, con los escribas: A otros salvó, á sí mismo no se puede salvar.
32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. También los que estaban crucificados con él le denostaban.
Lucas 23:39-43
39 Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros.
40 Y respondiendo el otro, reprendióle, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenación?
41 Y nosotros, á la verdad, justamente padecemos; porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas éste ningún mal hizo.
42 Y dijo á Jesús: Acuérdate de mí cuando vinieres á tu reino.
43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Juan 19:25-29
25 Y estaban junto á la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena.
26 Y como vió Jesús á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice á su madre: Mujer, he ahí tu hijo.
27 Después dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo.
28 Después de esto, sabiendo Jesús que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo.
29 Y estaba allí un vaso lleno de vinagre: entonces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y rodeada á un hisopo, se la llegaron á la boca.
Recomendación: Mensajes Bíblicos

Película cristiana "La fe en Dios" Escena 3 - ¿Qué aportan la obra y la aparición de Dios al mundo religioso?


Película cristiana "La fe en Dios" Escena 3 - ¿Qué aportan la obra y la aparición de Dios al mundo religioso?

Cada vez que Dios se encarna y se aparece para realizar Su obra, las fuerzas malignas de Satanás se oponen y condenan brutalmente el camino verdadero. De este modo, en el mundo espiritual surge una guerra que divide y deja al descubierto al mundo religioso. El Señor Jesús dijo, "No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada" (Mateo 10:34). Cuando el Señor Jesús se apareció y obró en la Era de la Gracia, el judaísmo se dividió en muchas facciones. Ahora, con la aparición y obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, el mundo religioso está muy expuesto; el trigo y la cizaña, las ovejas y las cabras, las vírgenes prudentes e insensatas y los buenos y malos siervos... todos quedan al descubierto, cada cual según su tipo. ¡La sabiduría y las maravillas de Dios son verdaderamente insondables!

Recomendación: Recursos cristianos

Scripture quotations taken from LBLA. Copyright by The Lockman Foundation.