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martes, 19 de octubre de 2021

Cómo leer la Biblia— 4 puntos clave

 Algunas personas dicen que la Biblia es el mayor regalo que Dios nos ha dado, por lo que debemos valorarlo y leerlo cuidadosamente; algunas personas dicen que leer la Biblia les da confianza y paciencia; algunas personas dicen que leer la Biblia les hace comprender que deben confiar en Dios y depender de Él; algunas personas dicen que si quieres ser llevado al reino de los cielos, debes leer la Biblia todos los días… Independientemente de si estas opiniones son correctas o incorrectas, estamos seguros que leer la Biblia es obligatorio todos los días, leer la Biblia es tan importante para los cristianos. Ya que leer la Biblia es muy importante, ¿alguna vez hemos pensado, cómo deberíamos leerlo o qué elementos debemos comprender para que nuestra lectura de la Biblia sea más beneficiosa para nuestras vidas? Tal vez en opinión de muchas personas, siempre y cuando continúen leyéndolo a una hora determinada todos los días, sus vidas ganarán algo bueno y beneficios; otros eligen leer el Apocalipsis, pensando que sólo al leer y estudiar los misterios del trabajo de Dios pueden crecer y obtener beneficios para sus vidas. En una palabra, todos tienen sus propios medios de práctica. Entonces, ¿cuáles son las cosas más cruciales que debemos comprender para que nuestra lectura sea de corazón para Señor?

Los siguientes cuatro elementos te ayudarán a lograr grandes resultados en la lectura de la Biblia

1.Leemos las palabras de Dios al leer la Biblia

La Biblia entera está constituida de dos partes: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Cada una de las partes tiene las palabras de Dios y las palabras del hombre. Debemos saber que en toda la Biblia, sólo las palabras de Jehová Dios, las palabras de Dios transmitidas por los profetas, las palabras del Señor Jesús, las palabras del Espíritu Santo y las palabras que Dios reveló a Juan en el Apocalipsis vienen directamente de Dios, y son las palabras de Dios. Además de estas, las biografías del hombre y las cartas de los apóstoles son todas palabras del hombre. Ellos sólo representan sus experiencias personales y puntos de vista, no son las palabras de Dios, y además no se puede decir que sean la palabra de Dios. ¿Cómo podemos distinguir entre las palabras de Dios y las palabras del hombre?. En la Biblia, las palabras de Dios están claramente expresadas. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento las palabras de Jehová Dios están marcadas "Jehová Dios dijo", "así dijo el SEÑOR" o "el SEÑOR habló"; mientras que las palabras de Dios transmitidas por los profetas están marcadas "así dijo el SEÑOR" o "así dijo el SEÑOR de los ejércitos"; y las palabras del Señor Jesús en el Nuevo Testamento están marcadas "Jesús dijo". Si captamos este punto, podemos diferenciar con precisión entre las palabras del hombre y las palabras de Dios.

El Señor Jesús dijo: "Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6). Se puede ver que sólo la palabra de Dios es la verdad y puede ser la vida de nosotros los humanos. Cuando leemos la Biblia, debemos concentrarnos en leer y reflexionar más la palabra de Dios, para recibir Su iluminación. Sólo de esta manera podemos obtener una gran edificación y beneficios en la vida. Además, podemos ver que en el Apocalipsis hay muchas profecías que dicen: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias". Además, Dios nos pidió que pudiéramos escuchar Su voz como la del Espíritu Santo. Estos muestran que cuando el Señor Jesús venga en los últimos días, Él hablará y pronunciará Sus palabras. Si queremos obtener la vida y la aprobación del Señor, tenemos que prestar atención y escuchar las palabra nuevas del Señor que ha regresado. Sólo entonces podemos encontrarnos con el Señor e ir con Él.

2. Prestar atención a orar y buscar la voluntad de Dios al leer la Biblia

La palabra de Dios es la verdad y es muy profunda; esto no es algo que podamos obtener después de leerlo sólo una vez y entender algunos significados literales. Entonces, cuando leemos la Biblia, debemos orar, reflexionar y buscar en nuestros corazones para que podamos entender la verdad y la voluntad de Dios. Así como las profecías del Antiguo Testamento dicen: "Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel" (Isaías 7:14). "Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre sus hombros" (Isaías 9:6). "Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel" (Miqueas 5:2). Las profecías de la Biblia son todas de Dios y no podemos explicarlas según nuestra propia voluntad en lo más mínimo. Pero, en aquel entonces, los fariseos lo entendían literalmente confiando en su propio pensamiento y pensaban que el que vendría había nacido de una virgen y se llamaba el Mesías. Tendría un poder extraordinario y los salvaría del gobierno romano. Pero cuando las profecías se hicieron realidad, porque el hecho no era según sus concepciones: Dios no usó el nombre Mesías sino el de Jesús; el Señor Jesús tenía madre y padre, que no parecía que no había nacido de una virgen y no tuvo poder, sino que se encontró con la persecución del gobierno romano y la burla y la calumnia de los fariseos. Los fariseos entendieron las profecías de Dios literalmente y, como resultado, no conocían ni aceptaban al Mesías que había venido. Finalmente, clavaron al Señor Jesús en la cruz que era inocente, lo que provocó la disposición de Dios y trajo la pérdida de la nación a toda la nación de Israel. De estas lecciones históricas, podemos ver que al leer las palabras de Dios en la Biblia, no podemos entenderlas ni explicarlas en términos literales; de lo contrario, será muy fácil para nosotros resistir a Dios y arruinar nuestras propias vidas. Así como 2 Corintios 3:6 dice: "porque la letra mata, pero el Espíritu da vida". La palabra de Dios es extremadamente profunda. Especialmente cuando leemos las profecías de Dios en la Biblia, aún más necesitamos orar a Dios y buscar Su voluntad, y si no podemos entenderlo, debemos mantener un corazón reverente y esperar la iluminación de Dios. De esta manera, podemos ser protegidos y nuestras vidas pueden ser beneficiadas; además, no seremos quienes resistamos y juzguemos a Dios y Su obra.

3. Examinar las demandas de Dios al leer la Biblia y practicar según las palabras de Dios

Hay muchas demandas de Dios en la Biblia: algunas están relacionadas con el hombre de cómo ora y adora a Dios; algunos nos enseñan que tipo de hombre está en la de las intenciones del Señor. Pero cualquier cosa que Dios nos pida, si podemos aceptarla y practicarla con precisión, entonces seguramente obtendremos edificación y beneficios en la vida.

Por ejemplo, el Señor Jesús dijo: "En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mateo 18:3). De las palabras del Señor, podemos ver que Dios requiere que seamos personas honestas porque sólo siendo personas honestas podemos entrar al reino de los cielos. Muchas personas piensan que mientras cumplan con sus reglas y no mientan en ningún momento, se convertirán en personas honestas. Que las mentiras no pueden salir de la boca es el primer comportamiento para ser una persona honesta. Pero a veces incluso si nuestras bocas no dicen mentiras, nuestros corazones aún pueden engañar a Dios, estamos mintiendo desde nuestros corazones. Entonces, ¿es un hombre como éste, una persona honesta? Ser una persona honesta también necesita ser un hombre que no tenga ninguna mentira dentro de su corazón. Este es la segunda pauta para ser un hombre honesto. Entonces, ¿si cuando hablas no mientes y no tiene ninguna mentira dentro de su corazón son los comportamientos para ser un hombre honesto? En nuestras experiencias, todavía podemos sentir que cuando nosotros oramos ante Dios, no abrimos nuestros corazones, somos seres disfrazados y mentirosos. Esta vez, tenemos un poco más de comprensión: ser honesto también está relacionado con abrir nuestros corazones a Dios. De esto podemos saber que para ser un hombre honesto no es tan simple como imaginamos. Requiere que busquemos y profundicemos incesantemente en nuestras experiencias y alcancemos gradualmente un conocimiento preciso de los requisitos de Dios para las personas honestas. Así es como podemos convertirnos verdaderamente en personas honestas a los ojos de Dios y obtener las bendiciones de Dios.

Déjame dar otro ejemplo. En Mateo 22:37-39, el Señor Jesús dijo: "Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu projimo como a ti mismo". El Señor requiere que le amemos a Dios con todo nuestro corazón, con todas nuestras almas y con todas nuestras mentes. ¿Cómo debemos practicar para cumplir con las peticiones de Dios? Muchas personas dependen del entusiasmo para trabajar y sacrifican todo por el Señor y pueden soportar muchas dificultades y pagar mucho precio, por lo que piensan que han logrado amar al Señor con todos sus corazones, almas y mentes. En realidad, el Señor no sólo requiere que trabajemos, corramos y suframos mucho por Él, sino que también nos exige que no tengamos intenciones e impurezas mientras trabajamos y andamos por ahí, que estemos listos y dispuestos, y que no tengamos quejas, no importa cuánto lo hagamos. Has sufrido y pagado, para hacer todo por el bien de practicar la verdad y seguir la voluntad de Dios, y aferrarte a las comisiones del Señor, gastar para Él y ser fiel hasta el final sin importar cuántas pruebas y exigencias aguantemos. A las personas como esta se les puede considerar como personas que practican la verdad y esas personas realmente cumplen con las peticiones de Dios de amarlo con todos sus corazones, almas y mentes. Si sólo podemos trabajar, sufrir, gastar y pagar mucho precio para el Señor, pero no podemos renunciar a nuestros propósitos e intenciones personales, que son para obtener bendiciones e ir al cielo para satisfacer nuestros propios deseos, o si simplemente hacemos algún trabajo al cumplir con la doctrina y el siguiente procedimiento, entonces no se puede decir que practiquemos la verdad, mucho menos que amemos a Dios y sigamos la voluntad de Dios.

Los requisitos del Señor para nosotros es la verdad que debemos practicar. Pero el significado interno de la verdad es muy profundo, lo que requiere que lo meditemos más, confiando en Dios, y que lo experimentemos continuamente en profundidad. De esta manera, finalmente podemos cumplir con los requisitos de Dios y convertirnos en el hombre que está línea con la voluntad de Dios.

4.Prestar atención a conocer el carácter de Dios y lo que Dios tiene de Sus palabras al leer la Biblia

Cuando se trata de comprender la disposición de Dios, muchas personas pensarán que el Señor Jesús es un Dios misericordioso y amoroso, así como en Mateo 18:12-14, el Señor Jesús dijo: "¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se ha descarriado, ¿no deja las noventa y nueve en los montes, y va en busca de la descarriada? Y si sucede que la halla, en verdad os digo que se regocija más por ésta que por las noventa y nueve que no se han descarriado. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeñitos". De la parábola del Señor, podemos ver que el Señor usó ovejas como una comparación para los creyentes que realmente lo siguen. El Señor sabía profundamente que antes de que comprendamos y obtengamos la verdad, nuestros logros son muy pequeños y es muy fácil para nosotros caminar por el camino equivocado y caer en todo tipo de tentaciones de Satanás, como la fama y la fortuna, el dinero, el estatus social, placer y demás. Cuando estamos atados a estas cosas y caemos en las redes de Satanás, Dios se sentirá dolido por esto. Pero debido a la disposición misericordiosa y amorosa de Dios, Él nos dará oportunidades. Mientras podamos encontrar nuestro camino de regreso de descarriarnos y arrepentirnos sinceramente ante Dios, Él mostrará misericordia por nuestra infantilidad y hará la vista gorda a nuestra ignorancia y rebeldía, haciéndonos sentir verdaderamente el amor y la salvación de Dios. La disposición de Dios está llena de su amor y cuidado por la humanidad, por lo que todos pensamos que la disposición de Dios es sólo misericordia y amor.

Sin embargo, en la Biblia podemos ver otro aspecto de la disposición de Dios. Al igual que en Mateo 23:13-15, el Señor Jesús maldijo a los fariseos: "Pero, ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, aun cuando por pretexto hacéis largas oraciones; por eso recibiréis mayor condenación.¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros". Los fariseos estaban profundamente versados ​​en la Biblia pero no entendían el verdadero significado de los versículos. No entendieron ni obtuvieron la verdad de los versículos, mucho menos desarrollaron un corazón de reverencia por Dios. Cuando el Señor Jesús vino a hacer Su obra, no buscaron ni investigaron la obra del Señor; en cambio, ellos condenaron injustamente al Señor Jesús y dijeron que el Señor Jesús estaba expulsando a los demonios por el príncipe de los demonios, y etiquetaron la obra del Señor Jesús, llena de la autoridad y el poder de Dios, como una locura. Cometieron el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo y ofendieron seriamente la disposición de Dios. Además, también incitaron y engañaron a los creyentes a resistir y condenar al Señor Jesús, haciendo que los fieles pierdan la salvación del Señor. El Señor Jesús denunció a los fariseos con los "Siete Aflicciones" debido a su mal comportamiento, que muestra plenamente la santidad de Dios y la disposición justa que no se puede ofender.

De la manera en que el Señor Jesús trató a diferentes personas, podemos ver que Dios muestra misericordia y bondad a las personas que verdaderamente creen en Él y lo siguen, y no definen Su trabajo de acuerdo con sus propias ideas e imaginaciones; sin embargo, Dios muestra Su disposición majestuosa, iracunda y justa que no puede ofenderse a las personas malvadas y anticristos que resisten, se rebelan contra Él, condenan su obra confiando en sus conceptos imaginarios y se oponen deliberadamente a Él. Entonces, para comprender la disposición de Dios y alcanzar el verdadero conocimiento de Dios, debemos investigar en muchos aspectos y no podemos medir o definir el trabajo y la disposición de Dios en base a un pasaje o varios pasajes de las Escrituras. Si definimos la disposición de Dios sólo de acuerdo con un pasaje de las Escrituras, no sólo no podremos alcanzar el verdadero conocimiento de la disposición de Dios, sino que repetiremos los mismos errores de los fariseos y nos convertiremos en el hombre que resiste a Dios y Dios detesta, rechaza y elimina.

Si queremos que nuestra lectura de la Biblia esté en consonancia con las intenciones del Señor y sea muy beneficiosa para nuestra vida, comprender los cuatro elementos anteriores es de la mayor importancia para nosotros. Si leemos la Biblia siguiendo nuestra propia voluntad y de acuerdo con nuestras preferencias personales, imaginaciones y nociones, entonces será muy difícil para nosotros obtener la verdad y ser bendecidos por Dios. Sólo si captamos estos elementos clave en nuestra lectura de la Biblia podemos crecer y obtener beneficios en la vida.

Para conocer más: Qué significa la Medianoche en la Biblia

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Estudiar la Biblia

martes, 12 de octubre de 2021

¿Cómo aprender a leer la Biblia y entenderla?

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Mensajes Bíblicos: ¿Cómo aprender a leer la Biblia y entenderla?

 Xiao Xiao (Francia)

La lectura de la Biblia es una obligación diaria para los cristianos, además de indispensable en la senda hacia la verdad y la madurez en la vida espiritual. El Señor Jesús dijo: “Escrito está: ‘No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’” (Mateo 4:4). Es evidente que leer las palabras de Dios con frecuencia y valorarlas con el corazón es obligación de todo cristiano, pero ¿cómo debemos leer la Biblia para recibir la guía del Espíritu Santo y lograr resultados positivos? Esta es una cuestión de suma importancia para nosotros. Es probable que todos hayamos leído la Escritura de la siguiente manera. A veces somos capaces de recibir el esclarecimiento y la guía de Dios y de entender Su voluntad y Sus exigencias; nuestro espíritu se conmueve y tenemos fe y determinación para practicar las palabras de Dios en la vida diaria. Cada vez nos gusta más asistir a reuniones, orar y leer la Escritura y durante ese tiempo, además, maduramos en la vida espiritual. Sin embargo, algunas veces no disfrutamos la lectura de la Biblia y no percibimos el esclarecimiento ni la iluminación del Espíritu Santo. Sólo entendemos el significado literal de los pasajes bíblicos y nos falta sentido de la voluntad y las exigencias de Dios; no sabemos defender las palabras de Dios en la vida diaria y no maduramos espiritualmente. En ocasiones puede que hasta nos entre sueño leyendo la Biblia y cada vez tengamos menos ganas de hacerlo, de asistir a reuniones y de orar. Esto puede ser muy confuso. Si leemos la Biblia como siempre, ¿por qué se dan dos resultados totalmente distintos? ¿Cómo podemos leer la Biblia para obtener resultados positivos? A fin de recibir luz a partir de la lectura de la Biblia, comprendiendo estos tres principios podemos acercarnos más a Dios y recibir Su esclarecimiento y guía con facilidad.

1. Al leer la Biblia, es imprescindible sosegar el corazón ante Dios para recibir el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo.

Aunque perseveremos en la lectura diaria de la Biblia a una hora fija, si no sosegamos el corazón ante Dios durante ese tiempo, simplemente leeremos la Biblia mientras pensamos en cómo ocuparnos de los asuntos familiares o laborales. Esa manera de leer la Escritura se limita a seguir una norma y llevar a cabo un ritual. En tal caso, es probable que lo hagamos mecánicamente y alcancemos una comprensión superficial; de ningún modo podremos recibir esclarecimiento del Espíritu Santo, no adquiriremos nueva luz y, naturalmente, ya no tendremos gozo espiritual. Especialmente en una época tan acelerada, las ocupaciones laborales y las complicadas relaciones interpersonales nos dejan exhaustos de cuerpo y mente, así que, cuando leamos la Escritura, debemos tener todavía más en cuenta el sosiego ante Dios y meditar con esmero Sus palabras. Esta es la única vía para recibir esclarecimiento y guía del Espíritu Santo.

Dice la palabra de Dios: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren” (Juan 4:23). “Acallar el corazón en presencia de Dios es el paso más crucial para entrar en Sus palabras. […] Solo después de que las personas son capaces de estar en paz delante de Dios, el Espíritu Santo puede tocarlas y las puede esclarecer e iluminar, y solo entonces pueden tener comunión verdadera con Dios y pueden entender Su voluntad y la guía del Espíritu Santo” (“Acerca de acallar el corazón delante de Dios”). En las palabras de Dios comprobamos que Él nos exige que lo adoremos con honestidad de espíritu. Si deseamos ser movidos por el Espíritu Santo y conseguir resultados positivos de la lectura de la Biblia, debemos sosegarnos ante Dios, meditar con esmero Sus palabras y escuchar Su guía, pues el tiempo que pasamos leyendo la Escritura es también el tiempo que tenemos para acercarnos a Dios, adorarlo y entender verdades de la Escritura. Sólo si veneramos a Dios de corazón, nos volcamos de todo corazón en Sus palabras y buscamos y meditamos sinceramente podemos recibir esclarecimiento y orientación del Espíritu Santo, ser movidos por Él y comprender el sentido de las palabras de Dios. Por tal motivo, antes de leer la Biblia debemos encontrar un lugar tranquilo y evitar a las personas, circunstancias o cosas que puedan distraernos. Debemos hacer una oración antes de empezar, sosegar deliberadamente el corazón ante Dios y pedirle que nos guíe para que entendamos la verdad de Sus palabras. Cuando nos volcamos de todo corazón en las palabras de Dios podemos recibir Su esclarecimiento y guía, y no sólo podemos comprender Su voluntad y Sus exigencias, sino también aprender nuevas perspectivas y conocimientos sobre Sus palabras. Cuanto más practiquemos esto, más oportunidades tendremos de ser movidos por el Espíritu Santo al leer la Escritura y seremos capaces de descubrir qué podemos hacer para cumplir la voluntad de Dios. Entonces maduraremos en la vida espiritual con mayor rapidez.

2. No leas por leer: elige pasajes acordes a tus problemas y dificultades reales.

En primer lugar, hemos de saber que leer la Biblia no implica seguir una norma ni llevar a cabo una tarea. Se trata, más bien, de resolver nuestros problemas y dificultades de carácter práctico para tener un sendero de práctica en nuestra vida diaria. Sin embargo, estamos sujetos a error en la lectura de la Biblia; a veces nos limitamos a seguir las normas y pasar de un capítulo a otro, de un versículo a otro, o leemos cualquier página a la que llegamos sin rumbo. Leer la Escritura así, sin ningún objetivo, no da resultados positivos. Es como si un enfermo intenta tratar su enfermedad: no puede esperar una mejoría tomándose cualquier medicamento, sino que primero tiene que entender qué ha provocado realmente la enfermedad y de qué tipo es para poder recuperar la salud con el medicamento adecuado a su patología concreta. Lo mismo sucede al leer la Escritura. La palabra de Dios dice: “Cuando comas y bebas de las palabras de Dios, deberás comparar con ellas la realidad de tu estado. Es decir, cuando descubras tus defectos en el transcurso de tu experiencia real, deberás saber encontrar una senda de práctica y dar la espalda a tus motivaciones y nociones incorrectas. Si siempre te esfuerzas por estas cosas y pones todo tu corazón en lograrlas, tendrás una senda que seguir, no te sentirás vacío y, por tanto, podrás mantener un estado normal. Solo entonces serás una persona que soporta una carga en la vida, que tiene fe” (“Práctica (7)”). Con las palabras de Dios comprendemos que debemos tener en cuenta las dificultades y los problemas que nos encontramos en nuestra vida normal y que leer las palabras de Dios selectivamente es la única vía para lograr resultados positivos. Por tanto, antes de hacer la lectura diaria de las palabras de Dios, primero hemos de pensar un poco en nuestra situación espiritual actual, en la clase de personas, circunstancias y cosas a que nos hemos enfrentado últimamente, en el aspecto de la verdad con el que guardan relación y en el tipo de práctica que debemos tener para cumplir la voluntad de Dios. Entonces podremos buscar conscientemente, para su lectura, unas palabras de Dios adecuadas a nuestras dificultades reales. Esto es así porque las palabras de Dios dejarán al descubierto nuestras motivaciones incorrectas y nuestra corrupción, lo que puede señalarnos el sendero correcto de práctica. Siempre que actuemos según las exigencias de Dios y desechemos nuestras motivaciones y perspectivas incorrectas, nuestros problemas se resolverán y nuestra situación espiritual y nuestra relación con Dios podrán ir mejorando. Incorporando nuestros problemas personales a la lectura de la Biblia podemos lograr resolver nuestros problemas prácticos.

Por ejemplo, digamos que surge un conflicto entre nosotros y nuestra familia, o nuestros hermanos y hermanas, y no somos tolerantes ni pacientes con ellos, sino que damos muestras de mal genio. Para empezar, debemos aprender a sosegarnos ante Dios, plantearnos con qué aspecto de la verdad guarda relación este problema, qué nos exige Dios, etc. Una vez que hayamos captado estas cosas, sabremos buscar en la Escritura las exigencias de Dios para que tengamos amor, tolerancia y paciencia hacia los demás. Asimismo, podremos buscar pasajes en los que Dios nos pide introspección y que no nos centremos solamente en la otra persona. También podríamos leer cómo el Señor Jesús amaba y perdonaba a la gente. Con esta clase de lectura selectiva de la Escritura podemos apreciar lo arrogantes, ofendidos, mezquinos y conflictivos que somos con los demás. Igualmente podemos reconocer que es voluntad de Dios que aprendamos a perdonar al prójimo, que nos amemos, seamos magnánimos y tolerantes unos con otros; quiere que vivamos como cristianos. Luego, si pensamos un poco en la magnanimidad y tolerancia del Señor Jesús hacia la gente, por las que lavó personalmente los pies de Sus discípulos, nos emocionaremos más todavía. Cuando conozcamos estas verdades sentiremos ganas de amar al prójimo según las exigencias de Dios y, con naturalidad, cultivaremos la tolerancia y la comprensión hacia quienes nos rodean. Veamos otro ejemplo. Cuando nos volvemos débiles y negativos mientras predicamos el evangelio y nos topamos con los impedimentos, la represión, la calumnia y el juicio de las malvadas fuerzas de Satanás, podemos leer en la Escritura pasajes acerca de cómo tener en consideración la voluntad de Dios, así como sobre el perfeccionamiento de nuestra fe a manos de Dios. También podemos mirar fragmentos acerca de la prudencia ante las fuerzas de Satanás, opuestas a Dios, mientras predicamos el evangelio. Con la lectura de estas Escrituras podemos entender mejor la voluntad de Dios, ver que somos tan frágiles que nos volvemos negativos y débiles ante los fracasos o los reveses, y que tenemos muy poca fe. Puede que esto, asimismo, nos ayude a comprender que la propagación del evangelio del reino es nuestro deber y misión obligatorios y que hemos de soportar la persecución y las dificultades para dar testimonio de la obra de Dios. De igual modo, en la Escritura podemos llegar a conocer las exigencias de Dios hacia nosotros; debemos ser prudentes al difundir el evangelio en esta era del mal y aprender a ser astutos como las serpientes e inocentes como las palomas. Cuando sepamos estas cosas tendremos fe para apoyarnos en Dios y podremos utilizar la prudencia para vencer a Satanás y seguir difundiendo el evangelio de Dios. Por ello, si leemos la Biblia selectivamente, dirigiéndonos a nuestras dificultades reales, podremos recibir con mayor facilidad el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo, alcanzar a entender la voluntad de Dios y tener un sendero de práctica correcto. Acto seguido, nuestra relación con Dios puede volverse más íntima; así es como se logra el mejor resultado de la lectura de la Escritura.

3. Céntrate en meditar las palabras de Dios y en entender el significado profundo de la verdad.

Muchos piensan que solamente alegran a Dios las personas que están muy familiarizadas con la Biblia y tienen muchos conocimientos bíblicos. Así, al leer la Escritura, hacemos mucho hincapié en leer y memorizar más pasajes para sabérnosla más al dedillo y de cabo a rabo. Sin embargo, no nos centramos en meditar las palabras de Dios para lograr entender de qué tratan realmente. Si lo pensamos detenidamente, tal vez nos parezca que esta práctica simplemente nos familiariza más con el texto bíblico y que llegamos a comprender algunos principios espirituales. No obstante, no entendemos las verdades inherentes a las palabras de Dios, no conocemos Su voluntad ni Sus exigencias y, en especial, nos falta verdadero conocimiento del propio Dios. Es más, en nuestra vida normal no sabemos experimentar ni practicar las palabras de Dios. De ese modo, puede que también nos volvamos cada vez más arrogantes por dominar tantos conocimientos y teorías de la Biblia. Alardeamos ante los hermanos y hermanas y nos lucimos interpretando teorías y conocimientos bíblicos; nos exhibimos para que nos admiren y adoren, y nos plantamos ante nuestros hermanos y hermanas al tiempo que tenemos una relación cada vez más distante con Dios. En lo espiritual, caemos en la oscuridad, involucionamos y no sentimos la presencia de Dios.

La palabra de Dios dice: “Cuando leía las palabras de Dios, Pedro no estaba centrado en entender las doctrinas y, menos aún, en obtener conocimiento teológico; más bien, se concentró en comprender la verdad y captar la voluntad de Dios y lograr un entendimiento de Su carácter y Su encanto. Pedro también intentó comprender los diversos estados corruptos del hombre a partir de las palabras de Dios, así como la naturaleza corrupta del hombre y sus verdaderas deficiencias, cumpliendo, así, con todos los aspectos de las exigencias que Dios le hace al hombre para que lo satisfaga. Pedro tuvo muchas prácticas correctas que se ciñeron a las palabras de Dios. Esto estuvo totalmente alineado con la voluntad de Dios y fue la mejor forma en la que una persona podía cooperar al tiempo que experimentaba la obra de Dios” (“Cómo caminar por la senda de Pedro”). Esto deja claro que, cuando Pedro leía las palabras de Dios, no se conformaba únicamente con comprender algunos conocimientos teológicos o cartas y doctrinas, sino que se esforzaba especialmente en lo que Dios exige, así como en la búsqueda y la contemplación reiteradas, y entonces captó el propósito y la voluntad inherentes a las palabras de Dios. Posteriormente, actuó conforme a las exigencias de Dios de tal modo que supo poner en práctica, con gran naturalidad, las palabras de Dios en todas las cosas y vivir la realidad de Sus palabras. La práctica de Pedro nos aporta una senda propia, práctica y viable. Las palabras de Dios son la verdad, expresión de Su carácter y de lo que Él tiene y es; todas contienen la voluntad y las exigencias de Dios. Si no las buscamos, meditamos ni percibimos detenidamente, no entenderemos nada más que doctrinas literales; desde luego, no la voluntad de Dios. Tampoco entenderemos de qué tratan realmente las palabras de Dios, por lo que, naturalmente, no podremos entrar en la realidad de las mismas. Así pues, cada vez que leamos un pasaje de ellas, debemos meditar con esmero lo siguiente: ¿Cuál era el propósito de Dios al decir esto? ¿Cuál es Su voluntad y cuáles Sus exigencias a la humanidad? ¿Qué quería que lográramos por medio de esto? ¿En qué fallo yo? ¿Cómo debo practicar y entrar en esto en mi vida real? ¿Qué puedo hacer para cumplir las exigencias de Dios? Al emprender este tipo de búsqueda y meditación, para cuando nos demos cuenta, Dios nos dará esclarecimiento y guía y nos permitirá comprender el significado profundo de Sus palabras. Tendremos algo de verdadero conocimiento del carácter y la voluntad de Dios, hallaremos un sendero de práctica y entrada y, así, entraremos paso a paso en la realidad de las palabras de Dios.

Observemos las siguientes palabras del Señor: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). “Antes bien, sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; y lo que es más de esto, procede del mal” (Mateo 5:37). En las palabras de Dios vemos que Él posee una esencia de credibilidad: ama a los honestos y le disgustan los mentirosos y tramposos. Sólo los honestos pueden entrar en el reino de los cielos, mientras que los siniestros y taimados no pueden cruzar sus puertas. La oración y meditación de las palabras de Dios son la única vía para que podamos entender que Dios quiere que seamos honestos, inocentes y abiertos como niños, sin mentir de palabra y sin engaño ni falsedad de corazón. Llegados a ese punto en nuestros planteamientos, podemos pasar a la búsqueda: ¿Tenemos elementos de deshonestidad? Reflexionando sobre nuestros pensamientos y actos comprobamos que aún manifestamos mucha falsedad. En ocasiones, cuando estamos ante Dios en oración, decimos toda clase de maravillas y nos proponemos muchas cosas, pero casi nunca estamos a esa altura en la vida real. A veces hacemos algo mal y queremos reconocer el error ante otra persona, pero nos da miedo que nos desprecie, así que, para preservar nuestra imagen y reputación, decimos una media verdad y ocultamos la realidad. De vez en cuando, al comentar nuestras experiencias, estamos más que dispuestos a airear cómo ponemos en práctica las palabras de Dios, pero muy rara vez hablamos de cómo desafiamos y nos oponemos a Dios y de cuando no ponemos en práctica la verdad. A menudo aparentamos ser lo que no somos para que los demás conserven una buena imagen de nosotros. Alguna vez vemos a hermanos y hermanas que hacen cosas que no están en consonancia con la voluntad de Dios y queremos hablar con ellos, pero nos preocupa herirlos en su orgullo o nos da miedo que no acepten nuestra opinión y nos juzguen, por lo que mantenemos un ojo abierto y otro cerrado como si no supiéramos nada. Suma y sigue. Con la reflexión vemos cuánta falsedad manifestamos: en absoluto somos honestos y agradables a Dios, así que ¿cómo podría entrar alguien como nosotros en el reino de los cielos? Tras comprender estas cosas, debemos proceder a sopesar la senda hacia la honestidad en las palabras de Dios. En primer lugar, no podemos mentir de palabra, sino que debemos hablar con arreglo a la verdad. Hay que diferenciar las cosas: este es el fundamento de nuestra práctica. Pero, más que nada, es necesaria la honestidad de corazón. Este no puede albergar perversidad ni falsedad; todo cuanto decimos o hacemos está sujeto al escrutinio de Dios. No podemos mentir ni engañar para proteger nuestro estatus, reputación o imagen, sino que, ante un problema, deberíamos ser capaces de despojarnos de nuestras motivaciones incorrectas y hablar sin rodeos, con honestidad y con el corazón. Este es el primer paso hacia la honestidad. Si siempre meditamos seriamente las palabras de Dios de esta forma, procurando entender la esencia de la verdad más allá del sentido literal, comprenderemos cada vez mejor los pormenores de la verdad y, entonces, será más correcto lo que practiquemos en nuestra vida. Nos acercaremos más a la voluntad y las exigencias de Dios y nuestra práctica será más acorde a Su voluntad. Estaremos cada vez más cerca de Dios y nos sentiremos firmes, tranquilos y satisfechos en el alma.

Otro punto que cabe plantear es que, sea cual sea el aspecto que estemos leyendo de las palabras de Dios, no podemos conocerlo del todo y a fondo tras una o unas pocas lecturas. Esto siempre es un proceso. Las palabras de Dios son tan profundas que ocultan muchas verdades, por lo que no podemos tener demasiada prisa ni ansia por terminar. Debemos esforzarnos con ellas, sopesarlas y orar al respecto de manera constante y trabajar diligentemente para entender las verdades que contienen. También debemos llevarlas a la práctica en la vida diaria, reflexionándolas y entrando en ellas al mismo tiempo para que adquiramos a través de nuestras experiencias una comprensión más profunda de las verdades que contienen. Tras practicar esto durante un tiempo, podremos entender y profundizar poco a poco en la verdad, lo que nos aportará conocimiento de la misma.

Estos son los tres principios de la lectura de la Escritura. Poniéndolos en práctica podemos subsanar nuestros problemas de falta de esclarecimiento en la lectura o de ausencia de gozo espiritual, madurar en la vida espiritual y cultivar una relación de creciente cercanía con Dios. Queridos hermanos y hermanas, ¿a qué esperáis? ¡Haced la prueba!

Para conocer más: Qué significa la Medianoche en la Biblia

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

domingo, 16 de agosto de 2020

El misterio del reino de Dios oculto en el Padre Nuestro


Muchos cristianos creen que el reino de los cielos está en el cielo, pero el Padre Nuestro dice: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10). Y el Libro del Apocalipsis también dice: “[...] El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y El reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15). Entonces, ¿el reino de los cielos está en el cielo o en la tierra? En este artículo, revelamos la respuesta para usted.

¿El Reino de Dios está en el cielo o en la tierra?

En las reuniones, a menudo escucho decir a mi pastor: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros” (Juan 14:2-3). “Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, […] Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era de una sola perla; y la calle de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente” (Apocalipsis 21:10, 21). Y pasajes similares de las Escrituras que nos dicen que el Señor ha ido a preparar un lugar para nosotros y que, cuando Él regrese, todos seremos arrebatados directamente al cielo para disfrutar de las perlas y el oro del cielo, y que debemos esperar y orar con seriedad y con frecuencia para no quedarnos atrás cuando el Señor regrese...

Después de escuchar las palabras de mi pastor, solía llenarme de anhelo por el reino de los cielos. Pensaba que, en todo mi tiempo en la tierra, nunca había visto oro ni perlas de las cuales hablar, así que realmente quería ver cómo es el reino de los cielos. A veces también me imaginaba que estaría un día allí, de pie en el reino de los cielos, mirando el oro y el esplendor que me rodeaba, el oro chispeante brillando en mis ojos, y por todas partes por las que yo caminaba, se oía el sonido crujiente del pavimento dorado y mis zapatos chocando, y ni una mota de polvo en el aire ... ¡Esa sería verdaderamente una vida celestial! Cuanto más pensaba en ello, más esperaba que el Señor regresara y nos arrebatara al cielo para poder disfrutar de su belleza. Esto se convirtió en el centro de la mayoría de mis oraciones al Señor.

Un día, recité el Padre Nuestro: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10). Comencé a contemplar las palabras del Señor y me confundí: la intención de Dios es que oremos para que el reino de Dios aparezca en la tierra, entonces, ¿por qué el pastor dice que el Señor nos arrebatará directamente al cielo cuando Él regrese? Los sermones del pastor obviamente entran en conflicto con las palabras del Señor. ¿Por qué?

El misterio del reino de Dios es revelado

Un día, uno de mis colegas me llevó a unirme a un pequeño grupo, y una hermana allí habló muy claramente sobre la Biblia, lo cual fue muy esclarecedor para mí. Pensé: “Esta es una oportunidad única, entonces, ¿por qué no buscar respuestas a mi confusión con esta hermana?” Así que le pregunté: “Todos los días nuestro pastor nos dice que esperemos con seriedad y que, cuando el Señor regrese, nos arrebatará al cielo. Pero en el Padre Nuestro, Él nos dice claramente que oremos para que el reino de Dios venga a la tierra, lo cual está en conflicto con la declaración del pastor de que debemos esperar a ser arrebatados al cielo cuando venga el Señor. Entonces, ¿el reino de Dios está en el cielo o en la tierra?”

Ella sonrió y dijo: “Hermano, has hecho una muy buena pregunta y podemos explorar la respuesta juntos. En el Padre Nuestro, el Señor Jesús dice claramente que debemos orar para que el reino de Dios venga a la tierra, y que la voluntad de Dios se haga en la tierra. En ninguna parte se dice que el reino de Dios se establecerá en el cielo. De hecho, el Señor dijo: ‘Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo’ (Juan 3:13). El Señor nos dice claramente que aparte de Dios, ningún hombre ha ascendido al cielo. El cielo es la morada de Dios, y el Señor nos pide que oremos para que el reino de Dios venga a la tierra. Sin embargo, queremos ascender al cielo. ¿No es esto un deseo extravagante? Entonces, el reino de Dios finalmente aparecerá en la tierra, no en el cielo. También podemos ver varios versículos de la Biblia, ‘El séptimo ángel tocó la trompeta, y se levantaron grandes voces en el cielo, que decían: El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y El reinará por los siglos de los siglos’ (Apocalipsis 11:15). ‘Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado’ (Apocalipsis 21:2-4). Estos versículos claramente hacen referencia a los hechos que, ‘El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo;’ ‘Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,’ ‘el tabernáculo de Dios está entre los hombres,’ Todo esto indica que el reino de Dios descenderá a la tierra. Si le hacemos caso a nuestra imaginación, creyendo que el reino de Dios está en el cielo y que cuando el Señor venga, nos arrebatará a todos para que vivamos en el cielo, ¿no significa eso que estas profecías no se cumplirán? Todos sabemos que, en el principio, Dios creó al hombre del barro y lo colocó en el Jardín del Edén para cuidar de todas las cosas en la tierra, así como para obedecer, adorar y glorificar a Dios en la tierra, así que podemos ver que la voluntad de Dios es que la humanidad viva en la tierra. Posteriormente, la humanidad fue corrompida por Satanás, y la obra de Dios para salvar a la humanidad se ha llevado a cabo en la tierra. Dios ordenó a Moisés que guiara a los israelitas fuera de Egipto, y esto sucedió en la tierra. El Señor Jesús vino personalmente como carne encarnada para redimir a la humanidad, y eso también ocurrió en la tierra. Entonces, el destino de la humanidad está en la tierra, no en el cielo, y esto fue predeterminado por Dios hace mucho tiempo”.

Después de escuchar sus enseñanzas, me pareció que eran muy prácticas. Su entendimiento encajaba con la Biblia y con las palabras del Señor. En el pasado, yo pensaba que las palabras de mi pastor y las palabras del Señor Jesús estaban en conflicto, pero no entendía la verdad dentro de ellas. Esta conversación me hizo entender que, como en el principio Dios creó a la humanidad en la tierra, toda la obra de Dios para salvar a la humanidad ha tenido lugar en la tierra, y el Señor nos pide que oremos para que el reino de Dios venga a la tierra, y que la voluntad de Dios es que vivamos en la tierra y no que ascendamos al cielo.

Después de eso, mi hermana me leyó estas palabras: “Dios regresará a Su posición original y cada persona regresará al lugar que le corresponde. Estos son los destinos en los que Dios y el hombre, respectivamente, residirán después del fin de toda la gestión de Dios. Dios tiene el destino de Dios y el hombre tiene el destino del hombre. Mientras reposa, Dios seguirá guiando a toda la humanidad en sus vidas sobre la tierra. Mientras está a la luz de Dios, el hombre adorará al único Dios verdadero que está en el cielo. […] Cuando la humanidad entre en el reposo, esto querrá decir que el hombre se ha convertido en una verdadera creación; la humanidad adorará a Dios desde la tierra y tendrá vidas humanas normales. La gente ya no será desobediente a Dios o resistirá a Dios; regresará a la vida original de Adán y Eva. Estas son las respectivas vidas y destinos de Dios y la humanidad después de que entren en el reposo. La derrota de Satanás es una tendencia inevitable en la guerra entre Dios y Satanás. De esta manera, la entrada de Dios en el reposo después que se complete Su obra de gestión y la salvación completa del hombre y su entrada en el reposo se vuelven igualmente tendencias inevitables. El lugar del reposo del hombre es sobre la tierra y el lugar del reposo de Dios es en el cielo. Mientras el hombre reposa adorará a Dios y también vivirá sobre la tierra, y mientras Dios reposa, Él guiará al resto de la humanidad; los guiará desde el cielo, no desde la tierra” (“Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo”).

Ella continuó con sus enseñanzas y dijo: “A partir de este pasaje, podemos ver que después de que Dios nos rescate por completo de las manos de Satanás, Él continuará guiando la vida de la humanidad en la tierra, y no nos arrebatará al cielo. A pesar de que todavía viviremos en la tierra, en ese momento todas las fuerzas de Satanás que se resisten a Dios habrán sido completamente destruidas, la tierra ya no será perturbada ni dañada por Satanás, no habrá intrigas, disputas o engaños entre las personas, y la gente ya no sufrirá ni se preocupará o se enfermará y morirá. La humanidad vivirá como Adán y Eva en el Jardín del Edén, adorará y obedecerá a Dios, y vivirá en medio de las bendiciones de Dios. En ese momento, tanto Dios como la humanidad entrarán verdaderamente en el descanso, Dios conducirá a la humanidad desde el cielo y otorgará las bendiciones del cielo al mundo del hombre, y en la tierra la humanidad disfrutará de la guía de Dios, vivirá una vida celestial, y Dios y la humanidad vivirán felices juntos. Este es el hermoso destino que Dios ha preparado para nosotros. Esto cumple de lleno con la siguiente profecía en el Apocalipsis, ‘El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado’ (Apocalipsis 21:4)”.

Después de escuchar las enseñanzas de mi hermana sobre este pasaje, sentí mi corazón resplandeciente. Resulta que es así como se cumplirán las profecías del Apocalipsis. En ese momento entendí que el hermoso destino preparado para la humanidad por Dios está en la tierra, pero que, cuando llegue, la humanidad vivirá sin las interferencias de Satanás y viviremos en paz unos con otros, lo cual será la vida bendecida que nos ha dado Dios. Al pensar de qué manera yo creía anteriormente que el hermoso destino preparado por Dios para la humanidad estaba en el cielo, y la forma en que fantaseaba con la vida en el cielo, me di cuenta de que era ridículo imaginar eso. Somos seres carnales, así que, ¿cómo podríamos existir en el cielo? Agradezco a Dios por Su guía, que me permitió comprender el misterio del reino de Dios.

El cielo se estaba oscureciendo sin que yo me diera cuenta, y antes de sentir que ya había escuchado lo suficiente, la reunión había terminado. Pero realmente obtuve muchas cosas de esta reunión, y espero entender más acerca de la verdad en la próxima...

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Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

martes, 19 de mayo de 2020

Película cristiana completa en español | Revelar el misterio de la Biblia


Me da vergüenza decir que estos años obviamente no la siento. Tras ver sus películas empiezo a iluminar la mente, su sermón hay la obra del Espíritu Santo. No puedo evitar preguntarme si el Espíritu Santo transfirió Su obra, debo buscar a toda prisa. El Señor Jesús dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados” (Mateo 5:6).


Película cristiana completa en español | Revelar el misterio de la Biblia

Feng Jiahui es predicadora en una iglesia clandestina en China. Cree en el Señor desde hace varios años y siempre ha pensado que la Biblia fue inspirada por Dios, que hay que atenerse a ella dentro de la propia fe, que no hay palabras de Dios fuera de la Biblia y que apartarse de ella es herejía. Sin embargo, en los últimos años, la iglesia se ha quedado desolada y los creyentes se han vuelto indiferentes en su fe, lo que a ella le ha provocado grandes dudas. Diga lo que diga sobre la Biblia, no puede reavivar la iglesia… Hasta que un día un compañero, el hermano Yuan, invita a unos testigos de la Iglesia de Dios Todopoderoso y, tras varias rondas de intensos debates, Feng Jiahui por fin entiende la verdadera historia y la esencia de la Biblia. La abandona, sigue las huellas del Cordero y guía a los demás creyentes para que se vuelvan hacia Dios Todopoderoso.

Scripture quotations taken from LBLA. Copyright by The Lockman Foundation.

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miércoles, 26 de febrero de 2020

Versículos bíblicos de ánimo

Salmos 46:1
📕Estudios biblicos | Versículos bíblicos de ánimo📕
En la vida, cuando nos encontramos con la frustración y nos sentimos confundidos en el camino por delante, cuando nos enfrentamos con la tentación de la tendencia maligna mundana y no podemos deshacernos de ella... Solo Dios puede ayudarnos a resolver las dificultades y superar las adversidades, Él es nuestro respaldo, es nuestro único apoyo. Por favor, lea los siguientes versículos de ánimo para que obtenga la fe y la fuerza dadas por Dios.
Versículos de la Biblia:

Deuteronomio 31:6
Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos: que Jehová tu Dios es el que va contigo: no te dejará ni te desamparará.