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martes, 20 de octubre de 2020

Advertencia del desastre: ¿Te has arrepentido verdaderamente?


Hoy en día, los desastres en todo el mundo son cada vez más grandes. Esto es exactamente lo que Dios recuerda y advierte a los seres humanos, porque se están volviendo cada vez más corruptos y malvados, abogando por el dinero y la violencia, engañándose unos a otros por intereses, luchándose y perjudicándose entre sí y siguiendo las tendencias del mundo para disfrutar de placeres carnales, y su corazón se ha alejado cada vez más de Dios. Dios le recuerda a la humanidad a través de desastres, con la esperanza de que ella pueda obedecer Sus palabras y venir delante de Él para confesar sus pecados, arrepentirse y dejar de pecar.
El Señor Jesús dijo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17).
Dios dice: “Si [la humanidad] desea tener un buen destino, si un país desea un buen destino, entonces el hombre debe postrarse a Dios para adorarlo, arrepentirse y confesar delante de Él, si no, la suerte y el destino del hombre serán una catástrofe inevitable”.
Las palabras de Dios nos dicen claramente que si queremos tener un buen destino, recibir Su misericordia en medio del desastre y sobrevivir, debemos lograr el verdadero arrepentimiento. Entonces, ¿qué es el sincero arrepentimiento? ¿Cómo podemos alcanzarlo? Mira el diálogo cómico “¿Te has arrepentido de verdad?”, nos dirá el camino hacia el auténtico arrepentimiento.



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Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

martes, 28 de abril de 2020

¿Cómo tener verdadero arrepentimiento para poder ser salvados y entrar en el reino de los cielos?

En los últimos años, los desastres mundiales se han vuelto cada vez más graves: terremotos, plagas, incendios e inundaciones, etc., ocurren con frecuencia. Muchas personas se han dado cuenta de que esto es una advertencia del regreso del Señor, el día del Señor está ante nuestros ojos. El Señor Jesús dijo: “[...] Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Se puede ver que solo aquellos que verdaderamente se arrepienten pueden ser protegidos por Dios y evitar ser destruidos en el desastre. Entonces, ¿qué es el verdadero arrepentimiento? ¿Cómo podemos lograr el verdadero arrepentimiento? Investigaremos este tema juntos.

lunes, 7 de octubre de 2019

Sermones Evangelísticos | "Avancemos hacia la honestidad "

Sermones Evangelísticos | "Avancemos hacia la honestidad "
Jesucristo dijo:  “Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede” (Mateo 5:37). “Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). La esencia del Señor es fiel. Le gusta el hombre honesto, y dijo que sólamente el hombre sencillo y honesto es el que entrará en el reino de Dios. Por lo tanto, Él nos exige que seamos honestos, que nuestras palabras y hechos se correspondan con la realidad, y que no engañemos ni a Dios ni al hombre. Cuando leemos estas palabras del Señor, aceptamos ser hombre honesto. Sin embargo, tan sólo cuando lo ponemos en práctica en nuestra vida diaria, es cuando descubrimos que ser honesto no es tan fácil como nos habíamos imaginado. A menudo no podemos evitar mentir; a pesar de que luchamos por contenernos, seguimos siendo incapaces de alcanzar los requisitos del Señor. Para solucionar el problema de las mentiras, incluso nos obligamos a hablar menos y así evitar mentir. Pero cuando nos resistimos ante la necesidad de hablar y nos guardamos las cosas encerradas en nuestros corazones, nos sentimos afectados y afligidos. ¿Podría decirse que ser honesto es ser parco en palabras? ¡Practicar siempre este método no funcionará! Mucha gente no puede evitar sentirse confusa: ¿Cómo podemos lograr ser honestos? ¿Qué es exactamente lo que debemos hacer para solucionar el problema de la mentira?

domingo, 21 de julio de 2019

¿Tener nuestros pecados perdonados significa que podemos entrar en el reino de los cielos?


¿Tener nuestros pecados perdonados significa que podemos entrar en el reino de los cielos?


El mayor anhelo para aquellos de nosotros que creemos en el Señor es entrar en el reino de los cielos, y por eso a menudo imaginamos lo hermoso que debe ser estar allí. Por supuesto, también confiamos en nuestra entrada al cielo, ya que la Biblia dice: “En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados” (Colosenses 1:14). Por lo tanto, creemos que nuestros pecados son perdonados después de tener fe en el Señor, y que ya no somos pecadores. También creemos que, cuando el Señor venga, seremos inmediatamente arrebatados al reino de los cielos. Pensar en estas cosas nos emociona mucho y anhelamos que el Señor se apresure hacia nosotros. Esto es lo que yo anhelaba antes también. Pero más tarde, después de estar hablando y discutir este asunto con mis hermanos y hermanas, hice un nuevo descubrimiento, y me gustaría compartir aquí con todos ustedes lo que logré.
El verdadero significado de tener nuestros pecados perdonados
Primero que todo, necesitamos entender algo: ¿Qué significa exactamente que nuestros pecados sean perdonados? Cuando se trata de este asunto, todos sabemos que Dios proclamó Sus leyes y mandamientos a través de Moisés en la Era de la Ley. Por medio de las leyes, Él hizo que la gente tomara conciencia del pecado, y permitió que la gente de ese tiempo supiera cómo vivir en la tierra, cómo vivir al lado de otras personas, y que si pecaban, sufrirían el castigo de Dios. Solo ofreciendo un sacrificio a Jehová Dios, sus pecados pueden ser perdonados. Tal como dice la Biblia: “Cuando alguna persona pecare por yerro en alguno de los mandamientos de Jehová sobre cosas que no se han de hacer, y obrare contra alguno de ellos; Si sacerdote ungido pecare según el pecado del pueblo, ofrecerá á Jehová, por su pecado que habrá cometido, un becerro sin tacha para expiación” (Levítico 4:2-3). Aunque los pecados de la humanidad podían ser perdonados haciendo la ofrenda por el pecado, al final de la Era de la Ley, la humanidad estaba cada vez más corrompida por Satanás; por eso no podían observar las leyes de Dios, ya no había ninguna ofrenda por el pecado que pudieran hacer para redimirlos, y todos estaban en peligro de ser condenados a muerte por las leyes.
Dios no estaba dispuesto a vernos a todos sentenciados a muerte por las leyes, y entonces se hizo carne y obró entre los hombres en la forma del Señor Jesús. Predicó el evangelio del reino de los cielos y le pidió a la gente que se arrepintiera y confesara sus pecados, hasta que finalmente fue clavado en la cruz y se convirtió en la ofrenda por el pecado para toda la humanidad. Es tal como lo dice la Biblia, “En la cual voluntad somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una sola vez. Así que, todo sacerdote se presenta cada día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados” (Hebreos 10:10-11). Debido a la redención del Señor, nuestros pecados fueron perdonados y escapamos del peligro de ser sentenciados a muerte por las leyes. Cada vez que recordamos estos hechos, sentimos una increíble sensación de calidez en nuestros corazones, ya que fue la misericordia y la indulgencia de Dios lo que nos permitió a la humanidad, sobrevivir hasta este mismo día. La Biblia dice: “En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7). Está claro que nuestros pecados fueron perdonados porque el Señor Jesús nos redimió al ser crucificados por nuestra causa. Entonces ya no estábamos condenados por las leyes de Dios, Él ya no nos consideraba pecaminosos, y finalmente estuvimos calificados para presentarnos ante Dios y orarle, confesar nuestros pecados y arrepentirnos, y disfrutar de la abundancia de gracia que Dios nos concedió. Este es el verdadero significado de tener nuestros pecados perdonados.
¿Tener nuestros pecados perdonados significa que podemos entrar en el reino de los cielos?
Nuestros pecados fueron perdonados por el Señor, y Dios ya no nos consideró pecaminosos. Esto no significó, sin embargo, que nos hubiéramos liberado del pecado y la inmundicia. Si lo pensamos con cuidado, aunque creamos en el Señor, podemos trabajar duro para Él y parecer que nos comportamos bien en apariencia, aunque vivamos sin embargo vidas en las que pecamos durante el día y confesamos nuestros pecados de noche, no hemos desechado la corrupción de nuestra carne ni nos hemos liberado de la influencia de Satanás. Para enumerar solo algunos ejemplos: cuando otras personas hacen algo que va en contra de nuestros intereses, siempre ponemos en primer lugar los nuestros debido a nuestra naturaleza egoísta y despreciable, el odio puede surgir en nosotros hacia otras personas, y simplemente nos volvemos incapaces de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos; cuando queremos poner en práctica las palabras de Dios y ser personas honestas, tratamos involuntariamente de engañar y traicionar a los demás por nuestros propios intereses; sabemos perfectamente bien que el Señor nos pide que seamos humildes y, sin embargo, a menudo somos arrogantes y engreídos y no escuchamos a nadie; sabemos perfectamente bien que el Señor Jesús dijo que no podemos servir al Señor y a Mammón a un mismo tiempo, y sin embargo, seguimos siendo capaces de ser poseídos por la riqueza y los placeres materiales, a veces no elevamos oraciones ni asistimos regularmente a reuniones, y algunos hermanos y hermanas incluso siguen las tendencias del mundo y se convierten en falsos creyentes que solo son cristianos de nombre... ¿Estos comportamientos no demuestran acaso que todavía estamos viviendo bajo la influencia de Satanás y en medio de la corrupción y del pecado? ¿Cómo podríamos nosotros, cubiertos por la suciedad como lo estamos, mirar el rostro de Dios? La Biblia dice: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado. Y el siervo no queda en casa para siempre: el hijo queda para siempre” (Juan 8:34-35). El Señor habla muy claramente aquí. Vivimos en un círculo vicioso de pecado y confesión, somos los sirvientes del pecado, y Dios no nos dejará entrar en Su reino.
Entonces, ¿cómo podemos entrar en el reino de Dios
Dios dice: “Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16). Apocalipsis 14:5 dice: “Y en sus bocas no ha sido hallado engaño; porque ellos son sin mácula delante del trono de Dios”. Y Apocalipsis 3:18 dice: “Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas”. Podemos ver en las palabras de Dios y en las profecías del Apocalipsis que Dios es santo, y que solo aquellos que están purificados por Dios y que desechan toda la inmundicia y la corrupción pueden entrar en el reino de Dios. De manera similar, sabemos que, evidentemente, es imposible para nosotros desechar la atadura del pecado simplemente confiando en nosotros mismos. ¿Puedo preguntar quién de nosotros, hermanos y hermanas en el Señor, desea vivir en el pecado? A juzgar por nuestros propios deseos personales, ninguno de nosotros desea vivir en el pecado. Y, sin embargo, siempre estamos cometiendo pecados involuntariamente y luego confesándolos y sintiéndonos extremadamente acongojados e indefensos. Por lo tanto, si queremos deshacernos de los lazos y limitaciones del pecado y purificarnos, necesitamos la salvación ulterior de Dios.
Si examinamos la Biblia con cuidado, podemos ver que está profetizado en muchos lugares que el Señor realizará la obra del juicio en los últimos días para salvar a la humanidad; por ejemplo, la Primera Epístola de Pedro 4:17 dice: “Porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios”. Juan 12:47-48 dice: “Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo. El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero”. Y Juan 16:8 dice: “Y cuando él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio”. A partir de estas escrituras, podemos ver que la obra del juicio que comienza con la casa de Dios en los últimos días será realizada por el Señor Jesús que ha regresado, y las raíces del pecado y las naturalezas pecaminosas que llevamos dentro de nosotros deben pasar por el juicio y el castigo de Dios antes de que puedan ser eliminadas por completo.
Pero, ¿cómo realizará Dios Su obra de juicio y castigo, y cómo deberíamos experimentarla? La Biblia no establece claramente las respuestas a estas preguntas, pero el Señor profetizó hace mucho tiempo: “El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero” (Juan 12:48). “Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no las podéis llevar. Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará á toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que han de venir” (Juan 16:12-13). “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias” (Apocalipsis 2:11). Podemos ver a partir de estas profecías que el Señor todavía tiene muchas cosas que decirnos, y que el Espíritu de la verdad vendrá en los últimos días para contarnos todas las verdades y misterios, para juzgar nuestros pecados y mostrarnos el camino para estar libres del pecado. Lo que debemos hacer en este momento crucial es prestar atención para escuchar las palabras pronunciadas por Dios y buscar y estudiar la obra del juicio de Dios en los últimos días, ya que solo así podemos ser vírgenes prudentes y dar la bienvenida al regreso del Señor, celebrar con Él, ser purificados por Dios y conducidos al reino de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, que todos podamos decir esta oración al Señor:
“¡Oh Señor! Te pido que nos guíes y nos permitas escuchar las palabras que pronuncias y agradecer Tu regreso en los últimos días...”

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¿Ser salvo es equivalente a entrar en el reino de los cielos?

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