sábado, 3 de octubre de 2020

Historias Bíblicas: Perdonar setenta veces siete




Historias Bíblicas: Perdonar setenta veces siete

(Mateo 18:21-22) Luego vino Pedro hacia Él y dijo: Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano que ha pecado contra mí? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, pero hasta setenta veces siete.

Cuando Dios se hizo carne, con este hecho introdujo una etapa de Su obra: la obra específica y el carácter que Él quería expresar en esta era. En ese período, todo lo que el Hijo del Hombre hizo giró en torno a la obra que Dios quería llevar a cabo en esta era. Él no haría ni más ni menos. Cada cosa que Él dijo y cada tipo de obra que llevó a cabo guardaban relación con esta era. Independientemente de que lo expresara de una forma humana mediante el lenguaje humano o a través del lenguaje divino —cualquiera que fuera la forma o la perspectiva desde la que lo hiciera— Su objetivo era ayudar a que las personas entendieran lo que quería hacer, cuál era Su voluntad, y cuáles Sus exigencias para las personas. Podía usar diversos medios desde diferentes perspectivas para ayudar a las personas a entender, comprender y conocer Su voluntad, a conocer Su obra de salvación de la humanidad. Así, en la Era de la Gracia vemos al Señor Jesús empleando frecuentemente el lenguaje humano para expresar lo que quería comunicar a la humanidad. Además, lo vemos desde la perspectiva de un guía ordinario que habla a las personas, suple sus necesidades, las ayuda con lo que han pedido. Esta forma de obrar no se había visto en la Era de la Ley que precedió a la de la Gracia. Se volvió más íntimo y compasivo con la humanidad, así como más capaz de conseguir resultados prácticos en ambas formas y maneras. La expresión de perdonar a las personas setenta veces siete aclara realmente este punto. El propósito logrado por el número en esta expresión es permitir a las personas entender la intención del Señor Jesús en el momento en que dijo esto: se debía perdonar a los demás, y no una vez, dos o siete veces, sino setenta veces siete. ¿Qué tipo de idea es “setenta veces siete”? Es conseguir que las personas conviertan el perdón en su propia responsabilidad, algo que deben aprender, y un camino que deben observar. Aunque esto sólo era una expresión, servía como idea fundamental. Ayudaba a las personas a apreciar profundamente lo que Él quería decir y a encontrar las formas propias de practicar, así como los principios y los estándares en dicha práctica. Esta expresión ayudaba a las personas a entender claramente, y les daba un concepto preciso, para que aprendieran el perdón; perdonar sin condiciones ni limitaciones, pero con una actitud de tolerancia y comprensión hacia los demás. Cuando el Señor Jesús dijo esto, ¿qué había en Su corazón? ¿Estaba pensando realmente en setenta veces siete? No lo hacía. ¿Existe un número de veces en que Dios perdonará al hombre? Muchas personas están interesadas en el “número de veces” mencionado, quieren entender realmente el origen y el significado de este número, por qué salió este de la boca del Señor Jesús; creen que contiene implicaciones más profundas. En realidad, sólo fue una expresión de Dios en humanidad. Cualquier implicación o significado deben analizarse junto a los requisitos del Señor Jesús para la humanidad. Cuando Dios no se había hecho carne, las personas no entendían mucho de lo que Él decía, porque procedía de la divinidad total. La perspectiva y el contexto de lo que decía eran invisibles e inalcanzables para el hombre; se expresaba desde una esfera espiritual que las personas no podían ver. Y es que quienes vivían en la carne no podían pasar por el reino espiritual. Pero después de que Dios se hiciera carne, hablaba al hombre desde la perspectiva de la humanidad y Él salió y sobrepasó el alcance del mundo espiritual. Él podía expresar Su carácter, Su voluntad y Su actitud divinos por medio de cosas que los humanos podían imaginar, ver y encontrarse en sus vidas; usando métodos que estos podían aceptar, en un lenguaje que podían entender, y un conocimiento que podían comprender, para permitirles saber y conocer a Dios, comprender Su intención y Sus estándares exigidos dentro del alcance de su capacidad, en la medida en que fueran capaces. Este era el método y el principio de la obra de Dios en la humanidad. Aunque Sus formas y Sus principios de obrar en la carne se consiguieron en su mayoría por la humanidad o a través de ella, realmente obtuvo resultados que no se habrían conseguido obrando directamente en la divinidad. La obra de Dios en humanidad era más concreta, auténtica y enfocada, los métodos eran mucho más flexibles, y sobrepasaba en forma a la Era de la Ley.

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viernes, 2 de octubre de 2020

La ira de Dios es una salvaguardia para todas las fuerzas justas y todas las cosas positivas



Al entender estos ejemplos del discurso, los pensamientos y las acciones de Dios, ¿eres capaz de entender el carácter justo de Dios, un carácter que no puede ofenderse? Al final, este es un aspecto del carácter exclusivo de Dios mismo, independientemente de cuánto pueda entender el hombre. La intolerancia de la ofensa por parte de Dios es Su esencia exclusiva; la ira de Dios es Su carácter exclusivo; la majestad de Dios es Su esencia exclusiva. El principio detrás de la ira de Dios demuestra la identidad y el estatus que sólo Él posee. Uno no necesita mencionar que es también un símbolo de la esencia del único Dios mismo. El carácter de Dios es Su propia esencia inherente. No cambia en absoluto con el paso del tiempo, ni cambia cuando lo hace el lugar. Su carácter inherente es Su esencia intrínseca. Independientemente de sobre quién lleve a cabo Su obra, Su esencia no cambia, y tampoco lo hace Su carácter justo. Cuando uno enoja a Dios, lo que Él envía es Su carácter inherente; en este momento el principio detrás de Su ira no cambia, ni tampoco Su identidad y estatus únicos. Él no se enoja debido a un cambio en Su esencia o porque Su carácter haya producido diferentes elementos, sino porque la oposición del hombre contra Él ofende Su carácter. La flagrante provocación del hombre hacia Dios es un desafío serio a la propia identidad y estatus de Dios. Bajo el punto de vista de Dios, cuando el hombre lo desafía, está compitiendo con Él y poniendo a prueba Su ira. Cuando el hombre se opone a Dios, cuando compite con Dios, cuando pone a prueba continuamente la ira de Dios —que es también cuando el pecado prolifera— la ira de Dios se revelará y presentará de forma natural. Por tanto, la expresión de Dios de Su ira simboliza que todas las fuerzas malvadas dejarán de existir; simboliza que todas las fuerzas hostiles serán destruidas. Esta es la unicidad del justo carácter de Dios, y es la unicidad de Su ira. Cuando la dignidad y la santidad de Dios son desafiadas, cuando las fuerzas justas son obstruidas y no son vistas por el hombre, Dios enviará Su ira. Debido a la esencia de Dios, todas esas fuerzas sobre la tierra que compiten con Dios, se oponen y enfrentan a Él son malignas, corruptas e injusticia; proceden de Satanás y le pertenecen. Como Dios es justo, de la luz y perfectamente santo, todas las cosas malas, corruptas y pertenecientes a Satanás desaparecerán con la liberación de la ira de Dios.

Aunque el derramamiento de la ira de Dios es un aspecto de la expresión de Su carácter justo, la ira de Dios no es en absoluto indiscriminada en cuanto a su objetivo o sin principios. Al contrario, Dios no es en absoluto rápido para la ira, ni revela precipitadamente Su ira y Su majestad. Adicionalmente, la ira de Dios se controla y mide considerablemente; no es en absoluto comparable a cómo estallará un hombre de furia o dará rienda suelta a su ira. La Biblia registra muchas conversaciones entre el hombre y Dios. Las palabras de algunos de estos individuos eran superficiales, ignorantes e infantiles, pero Dios no los mató, ni los condenó. En particular, durante la prueba de Job, ¿cómo trató Jehová a los tres amigos de Job y a los demás después de oír las palabras que hablaron a Job? ¿Los condenó? ¿Se enfureció con ellos? ¡No hizo nada por el estilo! En su lugar, Él dijo a Job que rogase por ellos, que orase por ellos; Dios, por otra parte, no se tomó a pecho sus errores. Todos estos ejemplos representan la actitud principal con la que Dios trata a la humanidad corrupta e ignorante. Por tanto, la liberación de la ira de Dios no es en absoluto una expresión o un desahogo del estado de ánimo. La ira de Dios no es una erupción de furia a gran escala tal como el hombre la entiende. Dios no desata Su ira porque sea incapaz de controlar Su propio estado de ánimo o porque Su enojo haya alcanzado su punto de ebullición y deba ser descargado. Al contrario, Su ira es una muestra de Su carácter justo y una expresión genuina de Su carácter justo; es una revelación simbólica de Su esencia santa. Dios es ira, no tolera ninguna ofensa, esto no quiere decir que la ira de Dios no distinga entre causas o no tenga principios; la humanidad corrupta es la que tiene una patente exclusiva de estallidos de furia aleatorios y sin principios que no distingue entre causas. Una vez que el hombre tiene estatus, encontrará frecuentemente difícil controlar su estado de ánimo, y disfrutará aprovechándose de situaciones para expresar su insatisfacción y dar rienda suelta a sus emociones; a menudo estallará de furia sin razón aparente, como para revelar su capacidad y hacer que otros sepan que su estatus e identidad son diferentes de los de las personas ordinarias. Por supuesto, las personas corruptas sin estatus alguno también perderán frecuentemente el control. Su enojo es a menudo provocado por un daño a sus beneficios individuales. Con el fin de proteger su propio estatus y dignidad, la humanidad corrupta dará frecuentemente rienda suelta a sus emociones y revelará su naturaleza arrogante. El hombre estallará de ira y descargará sus emociones a fin de defender la existencia del pecado, y estas acciones son las formas en las que el hombre expresa su insatisfacción. Estas acciones rebosan de inmundicia; rebosan de conspiraciones e intrigas; rebosan de la corrupción y la maldad del hombre, más aun, rebosan de las ambiciones y los deseos salvajes del hombre. Cuando la justicia compite con la maldad, el hombre no estallará de furia para defender la existencia de la justicia; contrariamente, cuando las fuerzas de la justicia son amenazadas, perseguidas y atacadas, la actitud del hombre es la de pasar por alto, evadirse o encogerse. Sin embargo, cuando se enfrenta a las fuerzas del mal, la actitud del hombre es la de siervo, reverencia, sumisión. Por tanto, el desahogo del hombre es un escape para las fuerzas malignas, una expresión de la conducta malvada descontrolada e imparable del hombre carnal. Cuando Dios envía Su ira, sin embargo, todas las fuerzas malvadas serán detenidas; todos los pecados que hacen daño al hombre serán detenidos; todas las fuerzas hostiles que obstruyen la obra de Dios serán evidentes, separadas y malditas; todos los cómplices de Satanás que se oponen a Dios serán castigados, erradicados. En su lugar, la obra de Dios continuará libre de cualquier obstáculo; el plan de gestión de Dios continuará desarrollándose paso a paso según el calendario; el pueblo escogido de Dios estará libre de las perturbaciones y los engaños de Satanás; aquellos que siguen a Dios disfrutarán del liderazgo y la provisión de Dios en entornos tranquilos y apacibles. La ira de Dios es una salvaguardia que evita que todas las fuerzas malignas se multipliquen y proliferen, y es también una salvaguardia que protege la existencia y la difusión de todas las cosas justas y positivas, y las guarda eternamente de la supresión y la subversión.

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¿Cómo pueden asistir a las bodas del Cordero?



Una mañana estaba leyendo la Biblia con mi prima, “Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a El la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado. Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio, porque las acciones justas de los santos son el lino fino. Y el ángel me dijo: Escribe: ‘Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero.’ Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios” (Apocalipsis 19:7-9).

Después de terminar de leer, le dije contenta a mi prima: “Todos sabemos que esta es la visión que Juan vio sobre el regreso del Señor en los últimos días. Ha llegado el período de los últimos días, el tiempo en que el Señor vendrá de nuevo. Como cristianos, todos anhelamos asistir a las bodas del Cordero, entrar en el reino de los cielos y vivir juntos con Dios. Para ello, debemos prepararnos sobriamente, asistiendo a más reuniones, orando cada día por la mañana y por la noche, trabajando y predicando más para el Señor, y dando más fruto. De esta manera, podremos asistir a la fiesta de las bodas del Cordero cuando el Señor regrese. ¿Qué dices?”

“Mm...” mi prima dudó por un momento y dijo: “Lo que acabas de decir es la práctica actual de la mayoría de los hermanos y hermanas. Pero creo que si queremos asistir a la fiesta de las bodas del Cordero cuando el Señor regrese en los últimos días, no basta con hacer solo estas cosas. Lo más importante es acoger de manera activa la aparición de Dios y seguir de cerca los pasos del Cordero, tal como está escrito en el Apocalipsis 14:4: ‘Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va’. Hablando de esto, recuerdo la parábola en la Biblia de las vírgenes prudentes que acuden a la fiesta: ‘Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio. Y cinco de ellas eran insensatas, y cinco prudentes. Porque las insensatas, al tomar sus lámparas, no tomaron aceite consigo, pero las prudentes tomaron aceite en frascos junto con sus lámparas. Al tardarse el novio, a todas les dio sueño y se durmieron. Pero a medianoche se oyó un clamor: “¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo.” Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. […] y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta’ (Mateo 25:1-7, 10). De estos versículos sabemos que la razón por la cual las vírgenes prudentes pueden dar la bienvenida al novio y asistir a las bodas del Cordero es porque cuando ellas escuchan a alguien clamar ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’, salen activamente a saludarlo y siguen de cerca los pasos del Cordero. Además, se concentran en escuchar las palabras y expresiones del Señor. Así que, si queremos asistir a la fiesta de las bodas del Cordero, también debemos prestar mucha atención a escuchar las declaraciones de Dios.

El Señor Jesús dijo: ‘Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen’ (Juan 10:27). Y está profetizado muchas veces en Apocalipsis capítulo 2-3: ‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias’. Apocalipsis 3:20 se profetiza: ‘He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo’. Además, un pasaje que leí en un sitio web del evangelio dice: ‘Porque donde están las nuevas palabras de Dios, ahí está la voz de Dios, y donde están las huellas de Dios, ahí están los hechos de Dios. Donde está la expresión de Dios, ahí está la aparición de Dios, y donde está la aparición de Dios, ahí existe la verdad, el camino y la vida’ (‘La aparición de Dios ha traído una nueva época’). Es evidente por todas estas palabras que el Señor hablará de nuevo cuando regrese en los últimos días. Así que es muy importante concentrarnos en escuchar la voz de Dios. Solo si encontramos lo que el Espíritu Santo dice a las iglesias y damos la bienvenida al regreso del Señor podremos tener la oportunidad de cenar en la fiesta de las bodas del Cordero y obtener la salvación de Dios”.

Escuché en silencio y concluí que lo que dijo mi prima tenía mucho sentido.

Ella añadió: “Esto me recuerda el tiempo en que el Señor Jesús hizo Su obra. Personas como Pedro, Felipe y Natanael prestaron atención a escuchar las palabras del Señor, y reconocieron que Él era el Mesías prometido y comenzaron entonces a seguirlo. Natanael, como sabemos, reconoció la verdadera identidad del Señor porque Él dijo que lo vio debajo de la higuera antes de que Felipe lo llamara. Como dice la Biblia: ‘Jesús vio venir a Natanael y dijo de él: He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. Natanael le dijo: ¿Cómo es que me conoces? Jesús le respondió y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. Natanael le respondió: Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’ (Juan 1:47-49). Por lo tanto, los que escuchan humildemente las palabras de Dios son bendecidos, y son quienes siguen los pasos de Dios. Por el contrario, los sumos sacerdotes, escribas y fariseos que se aferraban a la ley en el templo, aunque habían escuchado las palabras del Señor Jesús y encontrado autoridad y poder en ellas, no tenían la intención de buscar la verdad en absoluto. A pesar de que el Señor Jesús calmó el viento y las olas con una sola palabra y sacó de su tumba a Lázaro, que había estado muerto durante cuatro días, aun así, ellos se opusieron y lo condenaron tercamente, e incluso lo clavaron en la cruz. Al final, sufrieron la maldición de Dios y perdieron para siempre la oportunidad de dar la bienvenida al Mesías. Así que, en los últimos días, no debemos cometer el mismo error que los fariseos, sino que debemos ser las vírgenes prudentes como Pedro y Natanael, buscar e investigar activamente, y concentrarnos en escuchar la voz de Dios. Cuando oímos a alguien difundir noticias sobre la venida del Señor, debemos ver con humildad si lo que predican es la aparición y las expresiones de Dios. Una vez que estemos seguras de que son las palabras del Espíritu Santo, debemos seguirlas de inmediato, y entonces podremos asistir a la fiesta de las bodas del Cordero”.

Las palabras de mi prima me emocionaron mucho y dije: “¡Gracias al Señor! Resulta que también debemos buscar activamente y concentrarnos en escuchar las palabras y expresiones de Dios si queremos ser arrebatados ante el trono de Dios y asistir a la fiesta de las bodas del Cordero cuando el Señor regrese. Quienes pueden hacer esto son las vírgenes prudentes y las más benditas. Lo que me has dicho está totalmente en consonancia con la verdad. Pero aún tengo una pregunta: ¿Cómo podemos reconocer la voz de Dios?”

Mi prima respondió: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí’ (Juan 14:6). De esto, podemos ver que las palabras de Dios pueden darle al hombre la verdad, el camino y la vida. Al igual que cuando el Señor Jesús vino a obrar y a hablar, Sus palabras tenían autoridad y poder, y podían brindar un verdadero suministro a la vida del hombre y darle un camino a seguir. Él hizo la obra de la redención y predicó el mensaje ‘Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado’ (Mateo 4:17). Y enseñó al hombre a tolerar y soportar, a sufrir y cargar la cruz, y todo lo demás que constituye el camino que debe seguir el hombre en la Era de la Gracia. Si reflexionamos cuidadosamente sobre las palabras pronunciadas por el Señor, veremos que todas ellas son verdades que pueden mostrar al hombre un camino de la práctica en la nueva era y permitirle al hombre saber cómo comportarse en su vida diaria. Por medio de estas palabras, entendemos la voluntad de Dios y conocemos Su carácter compasivo y amoroso. Además, el Señor también reveló los misterios del reino de los cielos, así como las condiciones en las que entramos en él. Basándonos en estos hechos, podemos estar seguros de que las palabras del Señor Jesús son la voz de Dios, porque aparte de Dios, nadie puede expresar estas verdades o hablar de estos misterios. De manera similar, cuando el Señor regrese para decir Sus palabras, nos traerá más verdades y revelará más misterios, tal como Él lo profetizó: ‘Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando El, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir’ (Juan 16:12-13)”.

Tras escuchar esto, dije: —Después de escuchar tus palabras, tengo un poco más de claridad sobre este asunto. Realmente sabes mucho.

—Aprendí esto después de leer muchos pasajes de enseñanzas sobre este aspecto en un sitio web del Evangelio —dijo mi prima—. Si quieres, puedo darte el nombre el sitio web, y podrás visitarlo cuando quieras.

—¿De verdad? —dije con alegría— ¡Eso sería genial!


Y luego continuamos la conversación en medio de un ambiente agradable....

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Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Estudio bíblico de la venida de Cristo: Sobre si el Señor le Dará Primero Revelaciones a los Pastores y Ancianos al Volver



Estudio bíblico de la venida de Cristo: Sobre si el Señor le Dará Primero Revelaciones a los Pastores y Ancianos al Volver

Algunos creen que el Señor les dará revelaciones primero a los pastores y ancianos cuando vuelva en los últimos días, porque ellos están familiarizados con la Biblia y siempre trabajan duro por Él ¿Es esta perspectiva acorde al Señor? ¿Les dará revelaciones el Señor primero a pastores y ancianos al volver? Este artículo te dirá la verdad.

Sobre si el Señor le Dará Primero Revelaciones a los Pastores y Ancianos al Volver (I)

En 1989, yo creí en Jesucristo con mi esposa. En ese momento, yo estaba en mis 30 y me entregaba y sacrificaba voluntariamente por el Señor. Nuestros pastores y ancianos pensaron que yo era un joven prometedor, así que me tenían en alta estima. Al poco tiempo, me volví un buen predicador y a menudo predicaba el evangelio con el pastor aquí y allá, contactando a varios líderes eclesiásticos.

Al trabajar con el pastor, a menudo le oí decir, “Cuando el Señor vuelva Él le dará revelaciones a aquellos que trabajen duro por Él, y personalmente se revelará ante pastores y ancianos, dado que ellos están familiarizados con la Biblia y siempre trabajan duro por Él”. Estas palabras estaban arraigadas profundamente en mi corazón, pensé: “Si uno desea recibir al Señor en Su regreso y recibir Sus revelaciones, debe ser una persona que trabaje duro por Él. Sólo tales personas pueden ser aprobadas por el Señor y recibir Sus revelaciones”. Para esto, trabajé diligentemente, entregándome y sacrificándome por el Señor, a menudo practiqué la caridad, y doné. Prediqué el evangelio del Señor en todos lados, y construí más de diez iglesias en menos de un año. Al ver el fruto de mi arduo trabajo, me sentí muy alagado, pensando: “Cuando el Señor regrese, con toda seguridad me dará una revelación”.

Un día, camino a casa después de una reunión, mi compañero el Hermano Zhang me preguntó “Hermano Wang, hemos estado esperando el regreso del Señor todos estos años. Ahora todas las profecías de Su regreso se han cumplido básicamente ¿Por qué el Señor no ha venido a recibirnos?” Al escuchar estas palabras, dije en medio de mi confusión, “En efecto, observamos y rezamos, esperamos a diario las revelaciones del Señor, temiendo profundamente el perder la oportunidad de ser arrebatados por el Señor. Sin embargo han pasado muchos años, y aún no hemos recibido las revelaciones del Señor. Yo sinceramente no sé cuando volverá el Señor a recibirnos”. En este momento, el Hermano Zhang me dijo seriamente, “Hermano Wang, todos estos años hemos estado esperando por las revelaciones del Señor y pensando que seguramente cuando vuelva nos dará revelaciones. El Señor es leal. Dado que Él prometió que regresaría, Él no se va a retrasar. Ahora las profecías del regreso del Señor se han cumplido. Así que ¿Has considerado alguna vez que el Señor puede haber regresado pero no nos da revelaciones como nos las imaginábamos?” “Es imposible”. Al escuchar estas palabras lo interrumpí inmediatamente, “Todos estos años ayuné, observé y recé sin interrupción alguna. Es imposible que el Señor no me de una revelación al volver”.

El Hermano Zhang me dijo sinceramente, “Por favor cálmate y escúchame, Hermano Wang. El regreso del Señor es un asunto importante, debemos tomarlo seriamente. Pensemos cuidadosamente, los pastores y ancianos nos dicen que esperemos las revelaciones del Señor, pero el Señor nunca dijo que Él nos daría revelaciones al volver. Jesucristo dijo, ‘Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen;’ (Juan 10:27). ‘He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo’ (Apocalipsis 3:20). “‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios’”.” (Apocalipsis 2:7). Estos versos nos dicen que el Señor hablará cuando Él aparezca en los últimos días, y también nos dicen que prestemos atención a escuchar Su voz en lugar de recibir revelaciones. Si el Señor fuera a dar revelaciones al hombre ¿Entonces por qué dijo que Sus corderos oirían Su voz? ¿No es esta una contradicción? Piénsalo otra vez. Cuando Dios regrese ¿Tú en serio cree que le dará revelaciones a todo aquel que haya leído constantemente la Biblia y trabajado duro por Él? En ese momento, en la primera venida de Jesús, Él no le mostró revelaciones a los sacerdotes, escribanos y Fariseos quienes hayan leído la Biblia constantemente y servido al Señor todas sus vidas. Bajo nuestra perspectiva, esa gente sirvió a Dios por muchos años, trabajaron duro por Él, y estaban familiarizados con la Biblia, así que estaban mejor calificados para recibir Sus revelaciones. Sin embargo, Dios no les dio revelación alguna. Al contrario, Jesucristo eligió a aquellos que anhelaban y buscaban la verdad, como Pedro, Juan, Mateo, Felipe, y así sucesivamente ¿alguno de ellos recibió las revelaciones del Señor antes de seguir a Jesucristo? Ninguno. El hecho es que todos ellos escucharon la voz del Señor y reconocieron en Su palabra y obra que Él era el mesías, quien había sido profetizado para volver y lo siguieron. A través de esto podemos ver que sólo aquellos que humildemente busquen y ansíen la verdad pueden recibir la iluminación de Dios y ver Su apariencia, de lo contrario el hombre se volvería fácilmente un oponente de Dios. A lo largo de las eras, los creyentes en Dios han sido tantos como estrellas hay en el cielo, pero aquellos que han recibido directamente las revelaciones de Dios son pocos. Cuando Jesucristo nació, Dios sólo se reveló ante los Reyes Magos y Simeón, pero la mayoría de los seguidores del Señor no recibieron Sus revelaciones. Jesucristo dijo, ‘Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos. … Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados. … Bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios’ (Mateo 5:3, 6, 8). Como creyentes del Señor, deberíamos ser vírgenes sabios como pidió Jesucristo, escuchando la voz de Dios. Hermano Wang, con respecto a recibir al Señor en Su regreso, debemos buscar e investigar cuidadosamente, sólo de esta forma podremos oír la voz del Señor y ver Su aparición. Si sólo esperamos ciegamente las revelaciones del Señor, pero no buscamos e investigamos activamente, entonces realmente nos volveremos vírgenes necias y seremos abandonados por Él”.

Esa noche, me mantuve despierto dando vueltas en la cama, y pensé: “Lo que dijo el Hermano Zhang suena razonable. Entre nosotros los creyentes, algunos han llegado a creer en el Señor debido a enfermedad, algunos por desgracias familiares, algunos por fracasos matrimoniales, otros no creyeron por completo hasta que consiguieron algo de gracia y paz, y así sucesivamente. Ninguno de nosotros comenzó a creer en el Señor después de haber recibido una revelación. Nosotros aceptamos la salvación de Jesucristo debido a la comunicación y testimonio de otro, y el estudio de la Biblia. En el pasado aquellos Fariseos oyeron la palabra de Jesucristo y vieron Sus acciones, pero en lugar de buscar e investigar, trataron de encontrar toda clase de acusaciones en su contra y le condenaron, más aún, instigaron a los judíos a resistirse a Él. Al final, unieron fuerzas con el gobierno romano y lo clavaron en la cruz. Claramente, conocer las escrituras no representa estar calificado para recibir las revelaciones del Señor, ni mucho menos representa conocer al Señor. Dios Jehová dijo, ‘Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos […] Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos’ (Isaías 55:8-9). La sabiduría de Dios es inconmensurable para el hombre. Sin embargo yo determiné que el Señor dará revelaciones a pastores y ancianos primero en Su regreso ¿No es esto demasiado arrogante, ensimismado e irracional? Por tanto, soy proclive a resistirme a Dios. Si sigo esperando las revelaciones del Señor y no creo en Él hasta que le vea, entonces las cosas serán como Jesucristo le dijo a Tomás, ‘[...] ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron’ (Juan 20:29). De ser así ¿No me volveré igual a Tomás? ¿No están tales personas en problemas?” Mientras más pensaba en ello, más me asustaba, y pensé que debía dejarlo claro. El retorno del Señor es un asunto importante. Si me pierdo la oportunidad de ser arrebatado por el Señor ¿Mi creencia no habría sido en vano? Las palabras del Hermano Zhang estuvieron llenas de iluminación del Espíritu Santo, debo buscar más de él...

Continuará…

(Traducido del original en inglés al español por WebTeachers)

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jueves, 1 de octubre de 2020

Reaparecen los días de Noé , el Hijo del hombre ha venido


El Señor Jesús dijo: “Porque como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Pues así como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca, y no comprendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos; así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:37-39).

Echa un vistazo a la época del arca de Noé, los seres humanos estaban lejos de Dios, olvidando las instrucciones de Dios, solo codiciando los placeres de la carne, se volviendo licenciosos por naturaleza, haciendo algo malo, al final, Dios destruyó a los seres humanos malvados de aquella época con el gran diluvio. En el mundo actual, las personas adoran la maldad y se entrega al placer pecaminoso. La gente se dedica a las intrigas, a las luchas de poder ya las luchas intestinas. E incluso muchos creyentes en el Señor también siguen las tendencias mundanas involuntariamente y son codiciosos con el dinero. Ellos solo admiten el nombre del Señor pero no practican Sus palabras. Ellos viven en el pecado, sin embargo no creen que eso sea pecado.Estos fenómenos justamente demuestran que cuando la maldad y corrupción de la humanidad se han desarrollado su punto culminante, vendrá el Hijo del hombre. La expresión “Hijo del hombre” se refiere a Aquel que nace de un ser humano y tiene una humanidad normal. Por tanto, no se puede denominar “Hijo del hombre” al Espíritu. Por ejemplo, Jehová Dios es Espíritu y no puede ser llamado “Hijo del hombre”. Al Señor Jesús encarnado se le llamó “Hijo del Hombre” y “Cristo” porque Él era la carne encarnada del Espíritu de Dios que se convirtió en un hombre normal y corriente y vivió entre los hombres. Así pues, cuando el Señor Jesús dijo “el Hijo del Hombre” y “viene el Hijo del Hombre”, se refería a la venida de Dios a través de Su encarnación en los últimos días.

Ahora, Dios se ha hecho carne y ha venido entre la gente, expresando palabras para hacer una etapa de la obra de la salvación. Hoy en día, en muchas plataformas de Internet, se pueden escuchar las buenas noticias de que alguien está predicando la venida del Señor para salvar a las personas. El Señor Jesús dijo: “Pero a medianoche se oyó un clamor: «¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo»” (Mateo 25:6). “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). Por eso, cuando escuchamos a alguien dando testimonio de que el Señor ha regresado, debemos buscar e investigar activamente y aceptar la salvación de Dios en los últimos días para que seamos salvados por Él y llevados a la siguiente era; y aquellos que no creen en Sus palabras, siguen viviendo por el mal y la corrupción y disfrutando del gozo del pecado, eventualmente perderán la salvación de Dios.

Echamos una mirada retrospectiva a la Era de Noé, los seres humanos fueron corrompidos y malvado, Dios destruyó el mundo con un diluvio. En comparación con hoy, los últimos días, ¿qué elección hacemos cuando escuchamos el sonido de Dios llamando a la puerta?

Dios dice: “debo decirte que en la época de Noé, los hombres habían estado comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento hasta un punto que a Dios le resultó insoportable de presenciar, por lo que envió un gran diluvio para destruir a la humanidad y sólo dejó a la familia de ocho miembros de Noé y toda especie de aves y bestias. En los últimos días, sin embargo, aquellos a los que Dios ha guardado son todos los que le han sido leales hasta el final. Aunque ambas fueron épocas de gran corrupción insoportable para Dios de presenciar y la humanidad fue tan corrupta en ambas eras que le negó a Dios como el Señor, Dios destruyó a todos los hombres del tiempo de Noé. En ambas épocas, la humanidad ha afligido a Dios en gran manera, pero Él ha seguido siendo paciente con los hombres en los últimos días hasta ahora. ¿Por qué es esto así? ¿Nunca habéis pensado en ello? Si de verdad no lo sabéis, permitidme decíroslo. La razón por la que Dios puede tratar a los hombres con misericordia en los últimos días no es que sean menos corruptos que los de la época de Noé ni que hayan mostrado arrepentimiento a Dios, mucho menos se debe a que Él no pueda soportar destruir a los hombres en los últimos días en los que la tecnología ha avanzado. Más bien, la razón es que a Dios le queda obra por realizar en un grupo de hombres en los últimos días y será Dios mismo encarnado quien la lleve a cabo. Además, Dios escogerá a una parte de este grupo como Sus objetos de salvación, el fruto de Su plan de gestión y llevará a esos hombres con Él a la siguiente era”.

¿Quieres conocer el fin del mundo en la biblia? ¿Quieres recibir al Señor antes del desastre y asistir al banquete con Él? Le invitamos a discutir y comunicarse con nosotros a través de WhatsApp, para que podamos dar la bienvenida juntos al Señor.

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.


Prédica cristiana:¿Qué es un verdadero cristiano?


Prédica cristiana¿Qué es un verdadero cristiano?

En este mundo material y en el vasto mar de la humanidad, es gracias a la selección y a las bendiciones del Señor que podemos ser tan afortunados de convertirnos en cristianos. Y ser un cristiano nos hace sentir gloriosos y orgullosos. La palabra "cristiano", tal como lo sugiere, se refiere a todos los creyentes que creen, aceptan y siguen a Cristo después de que Él vino a la tierra y llevó a cabo Su obra. Su significado superficial es fácil de entender. ¿Pero, como podríamos ser llamados verdaderos cristianos calificados y aprobados por el Señor? Creo que ese es el problema que preocupará a muchos de nosotros.

El Señor Jesús ha dicho alguna vez: "Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios, Que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna" (Lucas 18:29-30). Después de leer las palabras del Señor, mucha gente concluyó un criterio de búsqueda para ser un cristiano calificado, pensando que cualquiera que obedeciera la orden del Señor para predicar el Evangelio y dar más fruto, o dedicara su vida entera a predicar y trabajar, así como a pastorear la iglesia sería un devoto cristiano y así serian aprobados definitivamente por el Señor. ¿Es esta interpretación acorde con la voluntad del Señor? El Señor dijo: "El que ama padre ó madre más que á mí, no es digno de mí; y el que ama hijo ó hija más que á mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí" (Mateo 10:37-38). Cuando contemplamos las palabras del Señor vemos Su voluntad de dejarnos abandonar todo para seguirlo. Él no solo exige que demostremos buen comportamiento externo, sino que, lo que es más importante, espera que nuestro corazón acuda a Él con verdadera Fe. Solo cuando abandonamos y renunciamos a todo lo que pertenece a la carne y al mundo desde nuestro corazón, cuando obedezcamos sus palabras, busquemos la verdad y amemos al Señor es que podremos ser aprobados por Él. Solo tales personas pueden ser llamadas Discípulos del Señor. Claramente, en cuanto al asunto de seguir el camino del Señor y buscar ser aprobado por El, si no podemos tener un entendimiento comprensivo y sin adulteraciones y sentir el verdadero significado de las palabras del Señor, mal entenderemos la voluntad de Dios. Mientras tanto, confiaremos en nuestras ilusiones y nuestros puntos de vista para creer en Dios, y en este momento, incluso pensaremos que hemos seguido el camino de la voluntad de Dios, y que debemos ser aprobados y bendecidos por El. Por lo tanto, podemos exigir recompensas de Dios.

El Señor nos advierte: "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad" (Mateo 7:22-23). De estas palabras, podemos ver que muchos que creían en el Señor, trabajaban para el Señor exteriormente, e incluso habían hecho muchas buenas obras, entonces ¿por qué el Señor los calificaba como malhechores? La razón era que había intenciones y propósitos detrás de lo que aparentaban. Lo que demostraban no era obedecer y amar verdaderamente al Señor, sino que pensaban hacer un trato con Dios e intercambiarlos por las bendiciones del Reino de los cielos. Al igual que los fariseos judíos del pasado, de generación en generación, creyeron y sirvieron a Dios, y predicaron y se sacrificaron por Dios. Exteriormente eran devotos y también hicieron muchas buenas obras, que también fueron alabadas y adoradas por otros. Sin embargo, en sus corazones, no amaban la verdad sino la fama y el estatus, y les gustaba ponerse por encima de los demás y ser adorados por los demás. ¡Había intenciones y propósitos en su trabajo para el Señor, y estaban ocupados en sus propios asuntos! Cuando el Señor Jesús vino a llevar a cabo el nuevo trabajo, muchas personas siguieron al Señor. Sin embargo, al ver esta escena, se llenaron de odio hacia aquellos que siguieron al Señor, por temor a perder fama y estatus en los corazones de las personas, así como en sus medios de subsistencia. Trataron de aprovechar la situación para fabricar rumores y difamar al Señor Jesús. No persiguieron la verdad y no entendieron la voluntad del Señor en sus palabras y en sus obras, sino que le condenaron, resistieron y blasfemaron de acuerdo con sus propias ideas e imaginaciones, y al final fueron detestados, rechazados y acusados por el Señor. A las personas que actúen como esas, no importa cuántas buenas obras hayan hecho externamente, pues todo esto no cuenta a los ojos de Dios, y Dios nunca ha admitido que ellos fueron los que verdaderamente Le siguieron.

El Señor dijo: "Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará" (Juan 8:31-32). Solo cuando buscamos y aceptamos, así como practicamos, la verdad en las palabras del Señor, podemos cambiar y remplazar gradualmente todos los tipos de propósitos equivocados y las impurezas en nosotros. Y solo de esta manera, podemos deshacernos de nuestros puntos de vista que pertenecen al mundo y la filosofía de la vida, así como a las reglas satánicas, y las palabras de Dios pueden ser principios de nuestra conducta y guía para nuestra vida, de modo que gradualmente nos separaremos de la esclavitud de los pecados y obtendremos nueva vida de Dios. Cuando tenemos un verdadero conocimiento de Dios, podemos tener una fe verdadera en Dios, obedecerle y temerle. En este punto, que trabajemos, prediquemos y dediquémonos al Señor para ser aprobados por Él. Al igual que el Señor Jesús dijo: "De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado. Y el siervo no queda en casa para siempre: el hijo queda para siempre" (John 8:34-35).

Pedro, el discípulo del Señor Jesús, es precisamente el ejemplo que debemos seguir. Pedro podría abandonar todo para seguir al Señor. Desde el principio, trabajó arduamente y se dedicó al Señor con entusiasmo, luego, gradualmente, se concentró en escuchar las enseñanzas del Señor y practicó las palabras del Señor. Aunque Pedro alguna vez hizo algunas cosas ignorantes y alguna vez fue débil, por ejemplo, Pedro negó el Señor tres veces, después de esto, realmente podía reflexionar sobre sí mismo y tener remordimientos reales. Él absorbió la lección del fracaso y constantemente logró el progreso y los cambios en la disposición de su vida. Durante las experiencias, Pedro gradualmente tuvo verdadero conocimiento del Señor, y al mismo tiempo, también tuvo la verdadera comprensión de las cosas que pertenecen a la carne y los pecados en él y los odió. Desde el principio, Pedro hizo buenas obras exteriormente. Gradualmente él cambió y comenzó a tener verdadera fe y amor por el Señor, y vivió la realidad de obedecer a Dios. Al final, podría ser martirizado para pagar el amor de Dios y dar un testimonio rotundo de Dios, obteniendo la promesa y las bendiciones de Dios. Pedro fue puesto como un ejemplo para los descendientes. De las experiencias de Pedro, podemos ver que Dios ama y bendice a aquellos que persiguen la verdad y la vida. Si podemos perseguir la verdad y buscar conocer a Dios, así como dar un hermoso testimonio de Dios, como Pedro, definitivamente obtendremos la promesa y las bendiciones de Dios y nos convertiremos en el que busca el corazón de Dios, un cristiano genuino.

(Traducido del idioma Inglés al Español por Ana Castro Corrales)

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¿Podremos entrar en el reino celestial mientras pecados perdonados?


Hermanos y hermanas, ¡que la paz sea con ustedes! Muchos hermanos y hermanas tienen este punto de vista: Si seguimos al Señor y oramos en Su nombre, nuestros pecados serán perdonados, y a través de esto, además de frecuentes donaciones, trabajo, predicación, viajes y gastos, creemos que finalmente entraremos en el reino de los cielos. Pero muchos cristianos están confundidos: Nuestros pecados son perdonados, y hemos hecho algunas buenas obras, pero cuando entramos en contacto con otros, todavía revelamos la ira y nos volvemos furiosos con otras personas, no podemos llevarnos bien con otros, a menudo codiciamos y perseguimos cosas mundanas... Aunque oramos y nos confesamos al Señor todos los días, después ocurren los mismos problemas. ¿Pueden personas tan llenas de pecado como nosotros obtener realmente la aprobación de Dios y entrar en el reino de los cielos? Hoy, hablaremos para tratar esta cuestión.

Hermanos y hermanas, si queremos entender si aquellos cuyos pecados han sido perdonados pueden entrar en el reino de Dios, primero debemos entender a qué se refiere el tener nuestros pecados perdonados, así como su verdadero significado.

Todos sabemos que, en el principio, Adán y Eva estaban libres de pecado. Solo después de haber sido tentados a comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, la gente tuvo pecado. Cuando las personas son controladas por el pecado, revelamos comportamientos como la envidia, la rabia e incluso el asesinato. Caín, el hijo mayor de Adán, asesinó a su hermano Abel debido a los celos. Después de eso, el pecado se hizo cada vez más grave, el mal y la fornicación cubrieron la tierra, y finalmente Dios enfurecido destruyó el mundo con un diluvio, salvando solo a la familia de ocho personas de Noé. Para guiar la vida de las personas en la tierra, Dios hizo la obra de la Era de la Ley. Jehová Dios proclamó los mandamientos y las leyes para hacer que la gente aprendiera a adorarle y a ofrecer sacrificios y arrepentimiento después de pecar, a través de los cuales obtendrían las bendiciones de Dios. El mantenimiento de los mandamientos y las leyes de Dios también previnieron que el pecado se propagara y empeorara. Pero, a finales de la Era de la Ley, la gente fue corrompida cada vez más profundamente por Satanás, y ya no podía guardar las leyes, y siempre estaban en peligro de ser ejecutados por la ley. Para redimirnos y evitar que fuéramos condenados a muerte por violar las leyes, el Señor Jesús fue clavado en la cruz como la ofrenda eterna por nuestros pecados. Así que, decir que nuestros pecados han sido perdonados significa que ya no estamos en peligro de ser condenados a muerte por violar la ley. Debido a que creemos en el Señor Jesús, después de pecar, si oramos al Señor y confesamos nuestros pecados, el Señor los perdonará y ya no nos llamará pecadores. Como dice la Biblia: “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Este es el verdadero significado de tener nuestros pecados perdonados. Pero, también debemos entender que aunque el Señor nos ha redimido y perdonado nuestros pecados, esto se debe a que Él se apiada de nosotros, y no significa que estemos sin inmundicia, que ya hayamos sido purificados, y que podamos entrar en el reino de Dios.

Muchos hermanos y hermanas, de hecho, han experimentado y sentido esto. Después de creer en el Señor, las enseñanzas del Señor nos permiten cambiar muchos malos hábitos, tales como fumar, beber, pelear, robar, hurtar y fornicar. A menudo hacemos ofrendas de dinero a la iglesia, cuidamos de hermanos y hermanas que sufren enfermedades o debilidades. Trabajamos diligentemente para el Señor, viajamos para predicar el evangelio, establecemos iglesias por toda la tierra, e incluso cuando estamos encarcelados, no traicionamos al Señor. Estas expresiones en verdad prueban que las palabras del Señor han logrado ciertos resultados dentro de nosotros, pero tampoco podemos negar que nuestra naturaleza pecaminosa está arraigada profundamente en nuestras vidas, y que no ha sido resuelta. Somos controlados por nuestros caracteres corruptos y satánicos de arrogancia, prepotencia, egoísmo, bajeza, trampa, engaño, maldad y malicia, y aún así a menudo pecamos, como por ejemplo: cuando interactuamos con otros, si alguien está en contra de lo que queremos hacer nos negamos a aceptarlo, nos sentimos insatisfechos, e incluso nos enfurecemos y los regañamos y los refrenamos; cuando vemos a otros con un calibre más alto o con más dones que nosotros, nos volvemos celosos y resentidosos, los excluimos incluso, denigramos de ellos a sus espaldas; en los asuntos relacionados con nuestra propia riqueza, reputación, intereses y vanidad, a menudo mentimos y engañamos; en las reuniones a menudo nos exaltamos a nosotros mismos para hacer que otros nos admiren y nos adoren, en lugar de testificar de Dios; en nuestra creencia en Dios, a menudo dejamos de seguir a Dios, y en vez de eso admiramos, adoramos y seguimos a otras personas, y les escuchamos en todas las cosas; En los fracasos de los negocios y los desastres naturales, a menudo desarrollamos nociones acerca de Dios y culpamos a Dios, o incluso juzgamos, negamos y traicionamos a Dios; también hay personas que anhelan la riqueza, persiguen la fama y el estatus, siguen las tendencias mundanas y persiguen estilos de vida hedonistas mientras que normalmente no asisten a las reuniones ni mantienen una relación normal con Dios. A partir de todos estos ejemplos, podemos ver que todavía hay caracteres satánicos y corruptos en aquellos de nosotros cuyos pecados han sido perdonados. Nuestros pecados no han sido purificados, no somos compatibles con Dios, y todavía no podemos entrar en el reino de Dios.

En este punto, muchos hermanos y hermanas ya lo habrán entendido: El Señor Jesús perdonó nuestros pecados, y el Señor no nos ve como pecadores, que es la misericordia y el amor del Señor. Pero en realidad, todavía somos pecadores, y aún podemos pecar cada día. ¿Cómo, entonces, podríamos entrar en el reino de Dios? Sin embargo, algunos de ustedes aún pueden preguntarse: El Señor es misericordioso y amoroso, y ya perdona nuestros pecados. ¿Podría ser verdad que realmente no podemos entrar en el reino de Dios sin eliminar nuestra naturaleza pecaminosa?

Hermanos y hermanas, nosotros los creyentes en el Señor debemos hacer todas las cosas de acuerdo a las palabras de Dios. Especialmente en asuntos importantes como si los creyentes pueden entrar en el reino de Dios, no debemos verlos a través de las nociones y la imaginación humanas, pues las consecuencias serían impensables. Los fariseos delimitaron al Señor Jesús por sus propias ideas e imaginaciones, y entonces lo clavaron en la cruz, perdiendo así la gracia de Dios. Esta es la severidad de las consecuencias de ver la obra de Dios de acuerdo con nuestras propias imaginaciones. Así que, veamos lo que Dios dijo sobre el asunto de entrar en el reino de los cielos. El Señor dijo: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mi, los que practicais la iniquidad’” (Mateo 7:21-23). “[...] En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre” (Juan 8:34-35). A partir de las palabras del Señor, entendemos que aquellos que a menudo pecan y no han eliminado su naturaleza pecaminosa siguen siendo siervos del pecado, e incluso si oran al Señor todos los días, laboran y trabajan, y curan a los enfermos y expulsan a los demonios en el nombre del Señor, no podrán entrar todavía en el reino de Dios. Todos los que están en el reino de los cielos son capaces de hacer la voluntad de Dios, pueden obedecer absolutamente, temer y amar a Dios, y pueden mantenerse firmes y testificar de Dios, son personas como Abraham, Job y Pedro. Es verdad que Dios es misericordioso y amoroso, pero la esencia de Dios es también justa y santa, y no retendrá en Su reino a los que están controlados por caracteres de arrogancia, egoísmo, engaño o maldad, a los que son incompatibles con Dios, a los que están llenos de nociones y malentendidos sobre Dios, y a los que son capaces de resistirse o traicionar a Dios.

En Juan 17:19, el Señor Jesús dijo: “Y por ellos yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad”. En 1 Pedro 1:15-16, se dijo: “Sino que así como aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque Yo soy santo”. En Hebreos 12:14, se dijo: “[…] y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. A partir de estos versículos de la Escritura, podemos ver que la voluntad del Señor es que busquemos ser limpiados de nuestros pecados, escapar de la influencia de Satanás, no ser controlados por nuestros caracteres corruptos, y finalmente convertirnos en personas según el corazón de Dios. Tales personas son como las que se profetizaron en el Apocalipsis, “Estos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son castos. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero. En su boca no fue hallado engaño; están sin mancha” (Apocalipsis 14:4-5). “Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a El la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado. Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio, porque las acciones justas de los santos son el lino fino” (Apocalipsis 19:7-8). A partir de esto, vemos que los que pueden entrar en el reino de los cielos son aquellos cuyos pecados son limpiados y a quienes Dios llama justos. Dios quiere a aquellos que escapan de su naturaleza pecaminosa, que ya no viven por caracteres como la arrogancia, la prepotencia, el egoísmo, la bajeza, la trampa y el engaño, y que se apartan completamente del pecado, aquellos que viven por la palabra de Dios, que pueden obedecer, amar y temer a Dios, y que tienen el mismo corazón y mente que Dios. Solo cuando las personas eliminan su naturaleza pecaminosa, cuando ya no pecan, las mentiras ya no salen de sus bocas, pueden ponerse las ropas de lino brillante de la pureza, sus obras son justas, y son novias calificadas para recibir al novio. Solo cuando las personas eliminan su naturaleza pecaminosa, cuando ya no pecan, son vencedoras, y pueden obtener la promesa de Dios y entrar en el reino de Dios.

Ahora entendemos que aquellos cuyos pecados han sido perdonados no pueden entrar en el reino de Dios, pero al mismo tiempo, surge una nueva pregunta. Hemos seguido al Señor por muchos años, y tenemos autodisciplina y somos estrictos con nosotros mismos de acuerdo con las palabras del Señor, así que, ¿por qué no podemos vivir las palabras del Señor y escapar de las limitaciones del pecado? ¿Cómo podemos escapar de nuestra naturaleza pecaminosa? Este es el problema que necesitamos comprender urgentemente. En el pasado, busqué amargamente maneras de librarme del pecado en la Biblia. Leí la Biblia durante muchos años y busqué respuestas en muchas denominaciones, pero nunca encontré la manera de purificarme de los pecados. Pedí ayuda al Señor, y gracias al Señor, Él me guió a los siguientes versículos de las Escrituras, que me proporcionaron un rayo de luz a través de mi niebla. A continuación, me gustaría compartir estos versículos con mis hermanos y hermanas. “Que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo” (1 Pedro 1:5). “Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, ésa lo juzgará en el día final” (Juan 12:47-48). “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando El, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13). “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; […]” (1 Pedro 4:17). “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 3:22). Después de leer estos versículos, encontré una nueva luz. El Señor Jesús regresará en los últimos días, hablará muchas palabras y hará la obra del juicio comenzando desde la casa de Dios. Estas son cosas que nunca oímos o experimentamos en la Era de la Gracia, los preparativos de Dios para la purificación y el cambio de nuestra naturaleza pecaminosa. Solo aceptando la obra del juicio de Dios a través de Sus palabras en los últimos días podemos eliminar nuestra naturaleza pecaminosa, escapar de nuestros caracteres corruptos y satánicos, dejar de pecar, convertirnos en personas compatibles con Dios, y entrar en el reino de Dios. Esta es la salvación de Dios en los últimos días.

En este punto de nuestra enseñanza, debemos entender que el perdón de los pecados significa que Dios no echa en cara los pecados a las personas, pero al mismo tiempo, al vivir bajo la influencia de Satanás, todavía pecamos a menudo, somos incompatibles con Dios, y no podemos entrar en el reino de Dios. En el futuro, espero que todos podamos observar atentamente la obra del Señor que ha regresado, escuchar la voz del Señor, aceptar la salvación del Señor que ha regresado, confiar en las palabras del Señor para escapar de nuestra naturaleza pecaminosa, convertirnos en personas intachables de cuyas bocas no surgen mentiras que deleitan al Señor, lograr la compatibilidad con Dios, ganar la promesa de Dios, y entrar en el reino de los cielos.

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