martes, 12 de octubre de 2021

¿Cómo aprender a leer la Biblia y entenderla?

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Mensajes Bíblicos: ¿Cómo aprender a leer la Biblia y entenderla?

 Xiao Xiao (Francia)

La lectura de la Biblia es una obligación diaria para los cristianos, además de indispensable en la senda hacia la verdad y la madurez en la vida espiritual. El Señor Jesús dijo: “Escrito está: ‘No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’” (Mateo 4:4). Es evidente que leer las palabras de Dios con frecuencia y valorarlas con el corazón es obligación de todo cristiano, pero ¿cómo debemos leer la Biblia para recibir la guía del Espíritu Santo y lograr resultados positivos? Esta es una cuestión de suma importancia para nosotros. Es probable que todos hayamos leído la Escritura de la siguiente manera. A veces somos capaces de recibir el esclarecimiento y la guía de Dios y de entender Su voluntad y Sus exigencias; nuestro espíritu se conmueve y tenemos fe y determinación para practicar las palabras de Dios en la vida diaria. Cada vez nos gusta más asistir a reuniones, orar y leer la Escritura y durante ese tiempo, además, maduramos en la vida espiritual. Sin embargo, algunas veces no disfrutamos la lectura de la Biblia y no percibimos el esclarecimiento ni la iluminación del Espíritu Santo. Sólo entendemos el significado literal de los pasajes bíblicos y nos falta sentido de la voluntad y las exigencias de Dios; no sabemos defender las palabras de Dios en la vida diaria y no maduramos espiritualmente. En ocasiones puede que hasta nos entre sueño leyendo la Biblia y cada vez tengamos menos ganas de hacerlo, de asistir a reuniones y de orar. Esto puede ser muy confuso. Si leemos la Biblia como siempre, ¿por qué se dan dos resultados totalmente distintos? ¿Cómo podemos leer la Biblia para obtener resultados positivos? A fin de recibir luz a partir de la lectura de la Biblia, comprendiendo estos tres principios podemos acercarnos más a Dios y recibir Su esclarecimiento y guía con facilidad.

1. Al leer la Biblia, es imprescindible sosegar el corazón ante Dios para recibir el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo.

Aunque perseveremos en la lectura diaria de la Biblia a una hora fija, si no sosegamos el corazón ante Dios durante ese tiempo, simplemente leeremos la Biblia mientras pensamos en cómo ocuparnos de los asuntos familiares o laborales. Esa manera de leer la Escritura se limita a seguir una norma y llevar a cabo un ritual. En tal caso, es probable que lo hagamos mecánicamente y alcancemos una comprensión superficial; de ningún modo podremos recibir esclarecimiento del Espíritu Santo, no adquiriremos nueva luz y, naturalmente, ya no tendremos gozo espiritual. Especialmente en una época tan acelerada, las ocupaciones laborales y las complicadas relaciones interpersonales nos dejan exhaustos de cuerpo y mente, así que, cuando leamos la Escritura, debemos tener todavía más en cuenta el sosiego ante Dios y meditar con esmero Sus palabras. Esta es la única vía para recibir esclarecimiento y guía del Espíritu Santo.

Dice la palabra de Dios: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren” (Juan 4:23). “Acallar el corazón en presencia de Dios es el paso más crucial para entrar en Sus palabras. […] Solo después de que las personas son capaces de estar en paz delante de Dios, el Espíritu Santo puede tocarlas y las puede esclarecer e iluminar, y solo entonces pueden tener comunión verdadera con Dios y pueden entender Su voluntad y la guía del Espíritu Santo” (“Acerca de acallar el corazón delante de Dios”). En las palabras de Dios comprobamos que Él nos exige que lo adoremos con honestidad de espíritu. Si deseamos ser movidos por el Espíritu Santo y conseguir resultados positivos de la lectura de la Biblia, debemos sosegarnos ante Dios, meditar con esmero Sus palabras y escuchar Su guía, pues el tiempo que pasamos leyendo la Escritura es también el tiempo que tenemos para acercarnos a Dios, adorarlo y entender verdades de la Escritura. Sólo si veneramos a Dios de corazón, nos volcamos de todo corazón en Sus palabras y buscamos y meditamos sinceramente podemos recibir esclarecimiento y orientación del Espíritu Santo, ser movidos por Él y comprender el sentido de las palabras de Dios. Por tal motivo, antes de leer la Biblia debemos encontrar un lugar tranquilo y evitar a las personas, circunstancias o cosas que puedan distraernos. Debemos hacer una oración antes de empezar, sosegar deliberadamente el corazón ante Dios y pedirle que nos guíe para que entendamos la verdad de Sus palabras. Cuando nos volcamos de todo corazón en las palabras de Dios podemos recibir Su esclarecimiento y guía, y no sólo podemos comprender Su voluntad y Sus exigencias, sino también aprender nuevas perspectivas y conocimientos sobre Sus palabras. Cuanto más practiquemos esto, más oportunidades tendremos de ser movidos por el Espíritu Santo al leer la Escritura y seremos capaces de descubrir qué podemos hacer para cumplir la voluntad de Dios. Entonces maduraremos en la vida espiritual con mayor rapidez.

2. No leas por leer: elige pasajes acordes a tus problemas y dificultades reales.

En primer lugar, hemos de saber que leer la Biblia no implica seguir una norma ni llevar a cabo una tarea. Se trata, más bien, de resolver nuestros problemas y dificultades de carácter práctico para tener un sendero de práctica en nuestra vida diaria. Sin embargo, estamos sujetos a error en la lectura de la Biblia; a veces nos limitamos a seguir las normas y pasar de un capítulo a otro, de un versículo a otro, o leemos cualquier página a la que llegamos sin rumbo. Leer la Escritura así, sin ningún objetivo, no da resultados positivos. Es como si un enfermo intenta tratar su enfermedad: no puede esperar una mejoría tomándose cualquier medicamento, sino que primero tiene que entender qué ha provocado realmente la enfermedad y de qué tipo es para poder recuperar la salud con el medicamento adecuado a su patología concreta. Lo mismo sucede al leer la Escritura. La palabra de Dios dice: “Cuando comas y bebas de las palabras de Dios, deberás comparar con ellas la realidad de tu estado. Es decir, cuando descubras tus defectos en el transcurso de tu experiencia real, deberás saber encontrar una senda de práctica y dar la espalda a tus motivaciones y nociones incorrectas. Si siempre te esfuerzas por estas cosas y pones todo tu corazón en lograrlas, tendrás una senda que seguir, no te sentirás vacío y, por tanto, podrás mantener un estado normal. Solo entonces serás una persona que soporta una carga en la vida, que tiene fe” (“Práctica (7)”). Con las palabras de Dios comprendemos que debemos tener en cuenta las dificultades y los problemas que nos encontramos en nuestra vida normal y que leer las palabras de Dios selectivamente es la única vía para lograr resultados positivos. Por tanto, antes de hacer la lectura diaria de las palabras de Dios, primero hemos de pensar un poco en nuestra situación espiritual actual, en la clase de personas, circunstancias y cosas a que nos hemos enfrentado últimamente, en el aspecto de la verdad con el que guardan relación y en el tipo de práctica que debemos tener para cumplir la voluntad de Dios. Entonces podremos buscar conscientemente, para su lectura, unas palabras de Dios adecuadas a nuestras dificultades reales. Esto es así porque las palabras de Dios dejarán al descubierto nuestras motivaciones incorrectas y nuestra corrupción, lo que puede señalarnos el sendero correcto de práctica. Siempre que actuemos según las exigencias de Dios y desechemos nuestras motivaciones y perspectivas incorrectas, nuestros problemas se resolverán y nuestra situación espiritual y nuestra relación con Dios podrán ir mejorando. Incorporando nuestros problemas personales a la lectura de la Biblia podemos lograr resolver nuestros problemas prácticos.

Por ejemplo, digamos que surge un conflicto entre nosotros y nuestra familia, o nuestros hermanos y hermanas, y no somos tolerantes ni pacientes con ellos, sino que damos muestras de mal genio. Para empezar, debemos aprender a sosegarnos ante Dios, plantearnos con qué aspecto de la verdad guarda relación este problema, qué nos exige Dios, etc. Una vez que hayamos captado estas cosas, sabremos buscar en la Escritura las exigencias de Dios para que tengamos amor, tolerancia y paciencia hacia los demás. Asimismo, podremos buscar pasajes en los que Dios nos pide introspección y que no nos centremos solamente en la otra persona. También podríamos leer cómo el Señor Jesús amaba y perdonaba a la gente. Con esta clase de lectura selectiva de la Escritura podemos apreciar lo arrogantes, ofendidos, mezquinos y conflictivos que somos con los demás. Igualmente podemos reconocer que es voluntad de Dios que aprendamos a perdonar al prójimo, que nos amemos, seamos magnánimos y tolerantes unos con otros; quiere que vivamos como cristianos. Luego, si pensamos un poco en la magnanimidad y tolerancia del Señor Jesús hacia la gente, por las que lavó personalmente los pies de Sus discípulos, nos emocionaremos más todavía. Cuando conozcamos estas verdades sentiremos ganas de amar al prójimo según las exigencias de Dios y, con naturalidad, cultivaremos la tolerancia y la comprensión hacia quienes nos rodean. Veamos otro ejemplo. Cuando nos volvemos débiles y negativos mientras predicamos el evangelio y nos topamos con los impedimentos, la represión, la calumnia y el juicio de las malvadas fuerzas de Satanás, podemos leer en la Escritura pasajes acerca de cómo tener en consideración la voluntad de Dios, así como sobre el perfeccionamiento de nuestra fe a manos de Dios. También podemos mirar fragmentos acerca de la prudencia ante las fuerzas de Satanás, opuestas a Dios, mientras predicamos el evangelio. Con la lectura de estas Escrituras podemos entender mejor la voluntad de Dios, ver que somos tan frágiles que nos volvemos negativos y débiles ante los fracasos o los reveses, y que tenemos muy poca fe. Puede que esto, asimismo, nos ayude a comprender que la propagación del evangelio del reino es nuestro deber y misión obligatorios y que hemos de soportar la persecución y las dificultades para dar testimonio de la obra de Dios. De igual modo, en la Escritura podemos llegar a conocer las exigencias de Dios hacia nosotros; debemos ser prudentes al difundir el evangelio en esta era del mal y aprender a ser astutos como las serpientes e inocentes como las palomas. Cuando sepamos estas cosas tendremos fe para apoyarnos en Dios y podremos utilizar la prudencia para vencer a Satanás y seguir difundiendo el evangelio de Dios. Por ello, si leemos la Biblia selectivamente, dirigiéndonos a nuestras dificultades reales, podremos recibir con mayor facilidad el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo, alcanzar a entender la voluntad de Dios y tener un sendero de práctica correcto. Acto seguido, nuestra relación con Dios puede volverse más íntima; así es como se logra el mejor resultado de la lectura de la Escritura.

3. Céntrate en meditar las palabras de Dios y en entender el significado profundo de la verdad.

Muchos piensan que solamente alegran a Dios las personas que están muy familiarizadas con la Biblia y tienen muchos conocimientos bíblicos. Así, al leer la Escritura, hacemos mucho hincapié en leer y memorizar más pasajes para sabérnosla más al dedillo y de cabo a rabo. Sin embargo, no nos centramos en meditar las palabras de Dios para lograr entender de qué tratan realmente. Si lo pensamos detenidamente, tal vez nos parezca que esta práctica simplemente nos familiariza más con el texto bíblico y que llegamos a comprender algunos principios espirituales. No obstante, no entendemos las verdades inherentes a las palabras de Dios, no conocemos Su voluntad ni Sus exigencias y, en especial, nos falta verdadero conocimiento del propio Dios. Es más, en nuestra vida normal no sabemos experimentar ni practicar las palabras de Dios. De ese modo, puede que también nos volvamos cada vez más arrogantes por dominar tantos conocimientos y teorías de la Biblia. Alardeamos ante los hermanos y hermanas y nos lucimos interpretando teorías y conocimientos bíblicos; nos exhibimos para que nos admiren y adoren, y nos plantamos ante nuestros hermanos y hermanas al tiempo que tenemos una relación cada vez más distante con Dios. En lo espiritual, caemos en la oscuridad, involucionamos y no sentimos la presencia de Dios.

La palabra de Dios dice: “Cuando leía las palabras de Dios, Pedro no estaba centrado en entender las doctrinas y, menos aún, en obtener conocimiento teológico; más bien, se concentró en comprender la verdad y captar la voluntad de Dios y lograr un entendimiento de Su carácter y Su encanto. Pedro también intentó comprender los diversos estados corruptos del hombre a partir de las palabras de Dios, así como la naturaleza corrupta del hombre y sus verdaderas deficiencias, cumpliendo, así, con todos los aspectos de las exigencias que Dios le hace al hombre para que lo satisfaga. Pedro tuvo muchas prácticas correctas que se ciñeron a las palabras de Dios. Esto estuvo totalmente alineado con la voluntad de Dios y fue la mejor forma en la que una persona podía cooperar al tiempo que experimentaba la obra de Dios” (“Cómo caminar por la senda de Pedro”). Esto deja claro que, cuando Pedro leía las palabras de Dios, no se conformaba únicamente con comprender algunos conocimientos teológicos o cartas y doctrinas, sino que se esforzaba especialmente en lo que Dios exige, así como en la búsqueda y la contemplación reiteradas, y entonces captó el propósito y la voluntad inherentes a las palabras de Dios. Posteriormente, actuó conforme a las exigencias de Dios de tal modo que supo poner en práctica, con gran naturalidad, las palabras de Dios en todas las cosas y vivir la realidad de Sus palabras. La práctica de Pedro nos aporta una senda propia, práctica y viable. Las palabras de Dios son la verdad, expresión de Su carácter y de lo que Él tiene y es; todas contienen la voluntad y las exigencias de Dios. Si no las buscamos, meditamos ni percibimos detenidamente, no entenderemos nada más que doctrinas literales; desde luego, no la voluntad de Dios. Tampoco entenderemos de qué tratan realmente las palabras de Dios, por lo que, naturalmente, no podremos entrar en la realidad de las mismas. Así pues, cada vez que leamos un pasaje de ellas, debemos meditar con esmero lo siguiente: ¿Cuál era el propósito de Dios al decir esto? ¿Cuál es Su voluntad y cuáles Sus exigencias a la humanidad? ¿Qué quería que lográramos por medio de esto? ¿En qué fallo yo? ¿Cómo debo practicar y entrar en esto en mi vida real? ¿Qué puedo hacer para cumplir las exigencias de Dios? Al emprender este tipo de búsqueda y meditación, para cuando nos demos cuenta, Dios nos dará esclarecimiento y guía y nos permitirá comprender el significado profundo de Sus palabras. Tendremos algo de verdadero conocimiento del carácter y la voluntad de Dios, hallaremos un sendero de práctica y entrada y, así, entraremos paso a paso en la realidad de las palabras de Dios.

Observemos las siguientes palabras del Señor: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). “Antes bien, sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; y lo que es más de esto, procede del mal” (Mateo 5:37). En las palabras de Dios vemos que Él posee una esencia de credibilidad: ama a los honestos y le disgustan los mentirosos y tramposos. Sólo los honestos pueden entrar en el reino de los cielos, mientras que los siniestros y taimados no pueden cruzar sus puertas. La oración y meditación de las palabras de Dios son la única vía para que podamos entender que Dios quiere que seamos honestos, inocentes y abiertos como niños, sin mentir de palabra y sin engaño ni falsedad de corazón. Llegados a ese punto en nuestros planteamientos, podemos pasar a la búsqueda: ¿Tenemos elementos de deshonestidad? Reflexionando sobre nuestros pensamientos y actos comprobamos que aún manifestamos mucha falsedad. En ocasiones, cuando estamos ante Dios en oración, decimos toda clase de maravillas y nos proponemos muchas cosas, pero casi nunca estamos a esa altura en la vida real. A veces hacemos algo mal y queremos reconocer el error ante otra persona, pero nos da miedo que nos desprecie, así que, para preservar nuestra imagen y reputación, decimos una media verdad y ocultamos la realidad. De vez en cuando, al comentar nuestras experiencias, estamos más que dispuestos a airear cómo ponemos en práctica las palabras de Dios, pero muy rara vez hablamos de cómo desafiamos y nos oponemos a Dios y de cuando no ponemos en práctica la verdad. A menudo aparentamos ser lo que no somos para que los demás conserven una buena imagen de nosotros. Alguna vez vemos a hermanos y hermanas que hacen cosas que no están en consonancia con la voluntad de Dios y queremos hablar con ellos, pero nos preocupa herirlos en su orgullo o nos da miedo que no acepten nuestra opinión y nos juzguen, por lo que mantenemos un ojo abierto y otro cerrado como si no supiéramos nada. Suma y sigue. Con la reflexión vemos cuánta falsedad manifestamos: en absoluto somos honestos y agradables a Dios, así que ¿cómo podría entrar alguien como nosotros en el reino de los cielos? Tras comprender estas cosas, debemos proceder a sopesar la senda hacia la honestidad en las palabras de Dios. En primer lugar, no podemos mentir de palabra, sino que debemos hablar con arreglo a la verdad. Hay que diferenciar las cosas: este es el fundamento de nuestra práctica. Pero, más que nada, es necesaria la honestidad de corazón. Este no puede albergar perversidad ni falsedad; todo cuanto decimos o hacemos está sujeto al escrutinio de Dios. No podemos mentir ni engañar para proteger nuestro estatus, reputación o imagen, sino que, ante un problema, deberíamos ser capaces de despojarnos de nuestras motivaciones incorrectas y hablar sin rodeos, con honestidad y con el corazón. Este es el primer paso hacia la honestidad. Si siempre meditamos seriamente las palabras de Dios de esta forma, procurando entender la esencia de la verdad más allá del sentido literal, comprenderemos cada vez mejor los pormenores de la verdad y, entonces, será más correcto lo que practiquemos en nuestra vida. Nos acercaremos más a la voluntad y las exigencias de Dios y nuestra práctica será más acorde a Su voluntad. Estaremos cada vez más cerca de Dios y nos sentiremos firmes, tranquilos y satisfechos en el alma.

Otro punto que cabe plantear es que, sea cual sea el aspecto que estemos leyendo de las palabras de Dios, no podemos conocerlo del todo y a fondo tras una o unas pocas lecturas. Esto siempre es un proceso. Las palabras de Dios son tan profundas que ocultan muchas verdades, por lo que no podemos tener demasiada prisa ni ansia por terminar. Debemos esforzarnos con ellas, sopesarlas y orar al respecto de manera constante y trabajar diligentemente para entender las verdades que contienen. También debemos llevarlas a la práctica en la vida diaria, reflexionándolas y entrando en ellas al mismo tiempo para que adquiramos a través de nuestras experiencias una comprensión más profunda de las verdades que contienen. Tras practicar esto durante un tiempo, podremos entender y profundizar poco a poco en la verdad, lo que nos aportará conocimiento de la misma.

Estos son los tres principios de la lectura de la Escritura. Poniéndolos en práctica podemos subsanar nuestros problemas de falta de esclarecimiento en la lectura o de ausencia de gozo espiritual, madurar en la vida espiritual y cultivar una relación de creciente cercanía con Dios. Queridos hermanos y hermanas, ¿a qué esperáis? ¡Haced la prueba!

Para conocer más: Qué significa la Medianoche en la Biblia

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

lunes, 11 de octubre de 2021

El nombre de Dios puede cambiar, pero Su esencia nunca cambia

 Las palabras relevantes de Dios:

Cada vez que Dios llegue a la tierra, cambiará Su nombre, Su género, Su imagen, y Su obra; Él no repite Su obra, y siempre es nuevo y nunca viejo. Cuando vino anteriormente, se le llamó Jesús; ¿se le podría seguir llamando Jesús cuando venga de nuevo esta vez? Cuando vino anteriormente, era un varón; ¿podría ser de nuevo un varón esta vez? Cuando vino durante la Era de la Gracia Su obra fue ser clavado en la cruz; ¿seguirá redimiendo a la humanidad del pecado cuando venga de nuevo esta vez? ¿Volverá a ser clavado en una cruz? ¿No sería eso una repetición de Su obra? ¿No sabías que Dios es siempre nuevo y nunca viejo? Están aquellos que dicen que Dios es inmutable. Eso es correcto, pero se refiere a la inmutabilidad del carácter y la esencia de Dios. Los cambios en Su nombre y obra no demuestran que Su esencia se haya alterado; en otras palabras, Dios siempre será Dios, y esto nunca cambiará. Si dices que la obra de Dios siempre permanece igual, ¿sería entonces capaz de terminar Su plan de gestión de seis mil años? Sólo sabes que Dios es eternamente inmutable, ¿pero sabes que Él es siempre nuevo y nunca viejo? Si la obra de Dios nunca cambió, ¿podría haber traído a la humanidad hasta hoy? Si Dios es inmutable, ¿por qué ha hecho ya la obra de dos eras? Su obra siempre está progresando hacia adelante, es decir, Su carácter se manifiesta gradualmente al hombre y lo que se revela es Su carácter inherente. En el principio, el carácter de Dios se escondió del hombre. Él nunca reveló abiertamente Su carácter al hombre, y este simplemente no tenía conocimiento de Él. Por ello, usó Su obra para revelar poco a poco Su carácter al hombre, pero esto no significa que este cambie en cada era. No es el caso que el carácter de Dios esté cambiando constantemente, porque Su voluntad siempre lo esté haciendo, sino que al ser diferentes las eras de Su obra, Su carácter inherente se revela poco a poco al hombre en su totalidad, de forma que este pueda conocerle. Pero esto no demuestra en absoluto que Dios no tenga originalmente un carácter particular y que este haya ido cambiando de forma gradual con el paso de las eras; ese entendimiento es erróneo. Dios le revela al hombre Su carácter inherente y particular, lo que Él es, de acuerdo con el paso de las eras. La obra de una sola era no puede expresar todo el carácter de Dios. Por tanto, las palabras “Dios es siempre nuevo y nunca viejo” hacen referencia a Su obra, y las palabras “Dios es inmutable” tienen relación con lo que Dios inherentemente tiene y es. En cualquier caso, no puedes hacer depender la obra de seis mil años en un punto, o representarla con simples palabras muertas. Tal es la estupidez del hombre. Dios no es tan simple como el hombre imagina, y Su obra no puede detenerse en una era. Jehová, por ejemplo, no puede representar siempre el nombre de Dios; Él también puede hacer Su obra bajo el nombre de Jesús. Esto es una señal de que la obra de Dios siempre progresa hacia adelante.

Extracto de ‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Algunos dicen que el nombre de Dios no cambia. ¿Por qué, entonces, pasó a ser Jesús el nombre de Jehová? Se profetizó la venida del Mesías, ¿por qué vino, entonces, un hombre con el nombre de Jesús? ¿Por qué cambió el nombre de Dios? ¿No se llevó a cabo esa obra hace mucho tiempo? ¿Acaso no puede realizar Dios una obra más nueva hoy? La obra de ayer puede alterarse y la obra de Jesús puede seguir a la de Jehová. ¿No puede, entonces, la obra de Jesús ser sucedida por otra obra? Si el nombre de Jehová puede cambiar al de Jesús, entonces, ¿no puede cambiarse también el nombre de Jesús? Nada de esto es extraño, es solo que las personas son así de simples. Dios siempre será Dios. Sin importar cómo cambie Su obra e independientemente de cómo pueda cambiar Su nombre, Su carácter y sabiduría nunca cambiarán. Si crees que solo se puede llamar a Dios por el nombre de Jesús, tu conocimiento es demasiado limitado. ¿Te atreves a afirmar que Jesús será para siempre el nombre de Dios, que a Dios eternamente y para siempre se le llamará por el nombre de Jesús y que esto nunca cambiará? ¿Te atreves a afirmar con certeza que es el nombre de Jesús el que concluyó la Era de la Ley y también concluirá la era final? ¿Quién puede decir que la gracia de Jesús puede llevar la era a su fin?

Extracto de ‘¿Cómo puede el hombre que ha delimitado a Dios con sus nociones recibir Sus revelaciones?’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dios es siempre Dios, y nunca se volverá Satanás; Satanás siempre es Satanás, y nunca se volverá Dios. La sabiduría, lo maravilloso, la justicia y la majestad de Dios nunca cambiarán. Su esencia y lo que Él tiene y es nunca cambiarán. Sin embargo, Su obra siempre está progresando hacia adelante y siempre va profundizando, porque Él siempre es nuevo y nunca viejo. En cada era Dios adopta un nuevo nombre, hace una obra nueva y permite a Sus criaturas ver Su nueva voluntad y Su nuevo carácter. Si las personas no ven la expresión del nuevo carácter de Dios en la nueva era, ¿acaso no lo clavarían eternamente en la cruz? Y al hacerlo, ¿no definirían a Dios?

Extracto de ‘La visión de la obra de Dios (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Para conocer más: Como sera la venida de Cristo

domingo, 10 de octubre de 2021

Canción cristiana | El fruto de sosegar tu corazón ante Dios



Canción cristiana | El fruto de sosegar tu corazón ante Dios
I
Para venir ante Dios, haz de tu vida Sus palabras,
primero debes estar en silencio ante Él.
Sólo estando en silencio,
Él te esclarecerá, te hará comprender.
Cuanto más sosegado está el hombre ante Dios,
más obtiene de Su esclarecimiento.
Por eso el hombre debe tener piedad y fe,
la única forma de perfeccionarse.
Sólo cuando estés en silencio ante Dios
entenderás Sus palabras de hoy
y practicarás bien el esclarecimiento del Espíritu Santo,
entenderás las intenciones de Dios claramente,
servirás aconsejado muy precisamente,
entenderás cómo te guía y te conmueve el Espíritu Santo,
vivirás bajo la guía del Espíritu Santo.
Esto es lo que conseguirás si estás en silencio ante Dios.
II
La clave para entrar en una vida espiritual
es sosegarse ante Dios.
Todo tu entrenamiento espiritual servirá
si te sosiegas ante Él.
Si no puedes sosegar tu corazón ante Dios,
no podrás recibir la obra del Espíritu Santo.
Sólo cuando estés en silencio ante Dios
entenderás Sus palabras de hoy
y practicarás bien el esclarecimiento del Espíritu Santo,
entenderás las intenciones de Dios claramente,
servirás aconsejado muy precisamente,
entenderás cómo te guía y te conmueve el Espíritu Santo,
vivirás bajo la guía del Espíritu Santo.
Esto es lo que conseguirás si estás en silencio ante Dios.
III
Cuando la gente no tiene clara la palabra de Dios,
sin una forma de practicar o entender la intención de Dios,
y cuando les faltan los principios de cómo actuar,
es porque su corazón no está en silencio ante Dios.
Sólo cuando estés en silencio ante Dios
entenderás Sus palabras de hoy
y practicarás bien el esclarecimiento del Espíritu Santo,
entenderás las intenciones de Dios claramente,
servirás aconsejado muy precisamente,
entenderás cómo te guía y te conmueve el Espíritu Santo,
vivirás bajo la guía del Espíritu Santo.
Esto es lo que conseguirás si estás en silencio ante Dios.
El fin de estar en silencio es ser sincero y pragmático,
tener clara la palabra de Dios, y al final,
entender la verdad y conocer a Dios.
De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

Si quiere saber más, haga clic aquí: Recursos cristianos

sábado, 9 de octubre de 2021

La persona humilde está bendecida por Dios

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Devocionales cristianos: La persona humilde está bendecida por Dios

El Señor Jesús dijo: “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). A juzgar por esto, sólo los pobres en espíritu pueden entrar en el reino de los cielos ¿Entonces qué significa ser pobre en espíritu? ¿Qué manifiestan?

Un día, vi tales palabras en el libro de Job: “En todo esto Job no pecó ni culpó a Dios” (Job 1:22). A través de esto podemos ver que, al enfrentarse a algo, Job temía a Dios, y no dijo nada insensatamente ni comentó sobre las acciones de Dios. Él sabía del dominio de Dios sobre todo lo que es. Sin importar lo que le aconteciera, Job no pecaba con sus labios, en su lugar, se sometía a la soberanía y los planes de Dios. Cuando toda la propiedad de Job fue arrebatada por ladrones, e incluso sus hijos murieron en la catástrofe, en lugar de quejarse al respecto, se inclinó, le rezó a Dios y obedeció Su dominio y Sus planes. Aún cuando todo su cuerpo estaba cubierto llagas, y aunado a eso, su esposa le advirtió que sus amigos le juzgaban a sus espaldas, Job no se quejaba y seguía alabando el nombre de Dios. El motivo por el cual Job consiguió la aprobación de Dios fue que él aceptó y se sometió a todas las cosas, y no hizo comentario ciego alguno sobre ellas. Pero la actitud de sus tres amigos hacia sus pruebas fue: Emitieron juicios sobre Job debido a sus propias concepciones y cometieron pecados con sus labios, como resultado ofendieron a Dios, lo que estimuló Su ira. La razón por la cual Dios se molestó con ellos fue el hecho de que emitieran juicio insensatamente sobre todo lo que Dios le hizo a Job, en lugar de rezar y buscar la voluntad de Dios. Sin embargo, cuando Job se encontró con todo esto, no pecó con sus labios ni hizo comentarios ciegos sobre la obra de Dios. En su lugar, sólo rezó y buscó la voluntad de Dios, diciendo: “¡Vive Dios, que ha quitado mi derecho, y el Todopoderoso, que ha amargado mi alma! Porque mientras haya vida en mí, y el aliento de Dios esté en mis narices, mis labios, ciertamente, no hablarán injusticia, ni mi lengua proferirá engaño” (Job 27:2-4). He aprendido lo que es humildad de la experiencia de Job. Es decir, como creyente, cuando lidiamos con la obra de Dios y nos enfrentamos a algo que no coincide con nuestra noción, no podemos pecar con nuestros labios; en su lugar deberíamos obedecer, buscar, y esperar, y no podemos definir la obra de Dios por nuestras propias nociones e imaginación, o inclusive juzgar lo que pueda o no hacer Dios. Dado que los pensamientos de Dios son más elevados que los pensamientos del hombre y Su obra no puede ser comprendido por nosotros.

En la Biblia existe una profecía: “Por tanto, el Señor mismo os dará una señal: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel” (Isaías 7:14). En la Era de la Ley, Dios les hizo una promesa a los Israelitas: Cuando Él venga, Su nombre será Emmanuel. Sin embargo, tomó el nombre de Jesús cuando vino, lo que fue distinto a lo que dictaba literalmente la profecía de la Biblia. Así que, la gente no reconoció que el Señor Jesús era Cristo y, los Fariseos negaron al Señor Jesús debido al dictamen literal de la profecía de la Biblia. Además, juzgaron y condenaron al Señor Jesús por sus concepciones e imaginación, carentes del corazón de buscar la voluntad de Dios con humildad. Siempre que la obra y la palabra del Señor Jesús no coincidió con sus ideas, se opusieron y las condenaron, tratando de manejarlo a Él. Como dice la Biblia: “Y los escribas que habían descendido de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebú; y: Expulsa los demonios por el príncipe de los demonios” (Marcos 3:22). “Entonces salieron los fariseos y comenzaron a discutir con El, buscando de El una señal del cielo para ponerle a prueba” (Marcos 8:11). “Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos para sorprenderle en alguna palabra” (Marcos 12:13). Muchos otros versos como este mostraron que los Fariseos no rezaron, buscaron, ni examinaron la obra de Dios con humildad cuando lidiaban con la obra y los sermones del Señor Jesús, en su lugar, juzgaron y condenaron al Señor Jesús de acuerdo con sus nociones e imaginación. Al final, se encontraron con la ira y el castigo de Dios. Al contrario, Pedro y otros discípulos aceptaron y se sometieron a la obra del Señor Jesús con humildad. En lugar de juzgarlo y condenarlo de acuerdo con sus concepciones e imaginación, escucharon seriamente los sermones del Señor y buscaron el conocimiento de Dios, por ello, entendieron que la obra y la palabra del Señor Jesús iba más allá de la habilidad humana. Por ejemplo: Una palabra del Señor Jesús podría hacer que el viento y el mar cesaran la tempestad, y hacer que los muertos resucitaran, y con cinco hogazas de pan y dos peces, Él alimentó a 5.000 personas. En esto vieron que el poder y autoridad del Señor Jesús provenían de Dios, así que decidieron seguirlo. Al final, consiguieron Su salvación. Cuando El Señor Jesús le preguntó a Pedro quién era Él, Pedro respondió: “Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16). Y Jesús le dijo a Pedro, “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos” (Mateo 16: 17-19). Pedro buscó la verdad y la voluntad de Dios en todas las cosas. Practicó la verdad con un corazón de amar a Dios para satisfacerlo a Él. Al final, consiguió la bendición de Dios y Él le dio la llave del reino de los cielos. De los ejemplos anteriores, me he dado cuenta de que si queremos entrar en el reino de los cielos, debemos ser temerosos de Dios y buscar con humildad la verdad en todas las cosas. Adicionalmente, no podemos juzgar insensatamente y condenar la obra de Dios bajo nuestras nociones e imaginación, en su lugar deberíamos rezar y buscar la voluntad de Dios bajo nuestra condición de criatura. Sólo así podremos obtener la orientación, iluminación, gracia, y bendición de Dios.

De los fracasos de los tres amigos de Job y de los Fariseos de antaño, me he dado cuenta de que al lidiar con la obra de Dios, no podemos juzgarlo y condenarlo según nuestras concepciones e imaginación. Sólo si buscamos la verdad con un corazón humilde, como Pedro y Job, haciendo a un lado nuestras concepciones e imaginación para buscar la obra de Dios con humildad, podremos obtener la orientación e iluminación de Dios y seguir Sus pasos. En la actualidad, finalmente han llegado los últimos días. Es precisamente el momento para que el Señor vuelva a aparecer para trabajar, así que deberíamos buscar la obra del Espíritu Santo con humildad: Ya que ahí donde se encuentre la voz de Dios, yace la aparición y la obra de Dios, justo como es dicho varias veces en el libro de Apocalipsis: “‘El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.[...]’”. Las palabras de Dios dicen: “[...] ya que estamos buscando las huellas de Dios, debemos buscar la voluntad de Dios, las palabras de Dios, las declaraciones de Dios, porque donde están las nuevas palabras de Dios, ahí está la voz de Dios, y donde están las huellas de Dios, ahí están los hechos de Dios. Donde está la expresión de Dios, ahí está la aparición de Dios, y donde está la aparición de Dios, ahí existe la verdad, el camino y la vida. Mientras buscabais las huellas de Dios, ignorasteis las palabras que dicen que ‘Dios es la verdad, el camino y la vida’. […] Si queréis presenciar la aparición de Dios, si queréis seguir las huellas de Dios, entonces debéis primero trascender vuestras propias nociones. No debes demandar que Dios haga esto o aquello; mucho menos debes colocarlo dentro de tus propios confines y limitarlo a tus propias nociones. En cambio, debéis preguntar cómo debéis buscar las huellas de Dios, cómo debéis aceptar la aparición de Dios, y cómo os debéis someter a la nueva obra de Dios; eso es lo que el hombre debe hace”. Los corderos de Dios pueden oír Su voz, y si queremos ganarnos la salvación de Dios y entrar en el reino de los cielos, primero, debemos hacer a un lado nuestras nociones e imaginación. Además, deberíamos oír la voz de Dios con humildad, sólo de esta forma podemos seguir los pasos de Dios, acudir al festín la boda del Cordero y conseguir la salvación de Dios.

(Traducido del original en inglés al español por WebTeachers)

Recomendación: Estudios bíblicos cristianos

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Fuente: Estudiar la Biblia

viernes, 8 de octubre de 2021

13 Versículos de la venida de Cristo


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13 Versículos de la venida de Cristo

Profecía bíblica acerca de la venida de Cristo: Venir como un ladrón durante la noche o venir sobre una nube.

De modo que la venida de Cristo vendrá siempre ha sido una pregunta muy polémica. Hay creencias contradictorias: ¿Vendrá como ladrón en la noche o vendrá sobre una nube? La Biblia dice: “Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá.” (Lucas 12:40). ¿Qué significa esto? Si el Señor viene sobre una nube, pero ¿porqué nos pidió que nos preparáramos para Su regreso? ¿Cuál es el misterio en esto? Los siguientes versículos que seleccionamos son para explorar la manera en que el Señor vendrá. Esperemos que podamos entender el misterio para acogerlo pronto en Su segunda venida, bajo la guía del Señor.

Venida sobre una nube

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amén. (Apocalipsis 1:7)

Y luego después de la aflicción de aquellos días, el sol se obscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas. Y entonces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloria. (Mateo 24:29-30)

De los cuales también profetizó Enoc, séptimo desde Adam, diciendo: He aquí, el Señor es venido con sus santos millares, (Judas 14)

Los cuales también les dijeron: Varones Galileos, ¿qué estáis mirando al cielo? este mismo Jesús que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo. (Hechos 1:11)

Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas: Secándose los hombres á causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas. Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande.  (Lucas 21:25-27)

Venida como un ladrón en la noche

Y á la media noche fué oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid á recibirle. (Mateo 25:6)

Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. (Mateo 24:27)

Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir á la hora que no pensáis. (Mateo 24:44)

Acuérdate pues de lo que has recibido y has oído, y guárda lo, y arrepiéntete. Y si no velares, vendré á ti como ladrón, y no sabrás en qué hora vendré á ti. (Apocalipsis 3:3)

He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo. (Apocalipsis 3:20)

He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus vestiduras, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. (Apocalipsis 16:15)

Vosotros pues también, estad apercibidos; porque á la hora que no pensáis, el Hijo del hombre vendrá. (Lucas 12:40)

Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día. Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación.  (Lucas 17:24-25)

Para conocer más: Como sera la venida de Cristo

Fuente: Estudiar la Biblia

jueves, 7 de octubre de 2021

Jesús come pan y explica las Escrituras después de Su resurrección


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Historias Bíblicas: Jesús come pan y explica las Escrituras después de Su resurrección

13. Jesús come pan y explica las Escrituras después de Su resurrección

Lucas 24:30-32 Y sucedió que al sentarse a la mesa con ellos, tomó pan, y lo bendijo; y partiéndolo, les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos y le reconocieron; pero Él desapareció de la presencia de ellos. Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras?

14. Los discípulos le dan un pescado asado a Jesús para que coma

Lucas 24:36-43 Mientras ellos relataban estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Pero ellos, aterrorizados y asustados, pensaron que veían un espíritu. Y Él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo; palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo. Y cuando dijo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos todavía no lo creían a causa de la alegría y que estaban asombrados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces ellos le presentaron parte de un pescado asado. Y Él lo tomó y comió delante de ellos.

A continuación, echaremos un vistazo a los pasajes anteriores de las Escrituras. El primero es un relato del Señor Jesús comiendo pan y explicando las escrituras después de Su resurrección, y el segundo es un relato de Él mismo comiendo un pescado asado. ¿Cómo os ayudan estos dos pasajes para conocer el carácter de Dios? ¿Podéis imaginar el tipo de imagen que obtendréis a partir de estas descripciones del Señor Jesús comiendo pan y después pescado asado? ¿Podéis imaginarlo de pie delante de vosotros, comiendo pan? ¿Cómo os sentiríais? O, si estuviera comiendo con vosotros en la misma mesa, o comiendo pescado y pan con las personas, ¿qué tipo de sentimiento tendríais en ese momento? Si sientes que estarías muy cerca del Señor, que Él es muy íntimo contigo, este sentimiento es correcto. Es exactamente el resultado que el Señor Jesús quiso al comer pan y pescado delante de la gente reunida tras Su resurrección. Si, tras su resurrección, solo hubiera hablado con las personas, si estas no hubieran podido sentir Su carne y Sus huesos y, en cambio, hubieran creído que se trataba de un Espíritu inalcanzable, ¿cómo se habrían sentido? ¿No se habrían sentido decepcionadas? Y al sentirse así, ¿no se habrían sentido abandonadas? ¿No habrían sentido una distancia con el Señor Jesucristo? ¿Qué tipo de impacto negativo habría creado esta distancia en la relación de las personas con Dios? Sin duda se habrían sentido asustadas, sin atreverse a acercarse a Él, demostrando por ende querer mantenerlo a una distancia respetable. De ahí en más, habrían roto su trato íntimo con el Señor Jesucristo y habrían regresado al trato que tenía la humanidad con el Dios de arriba, en el cielo, tal como era antes de la Era de la Gracia. El cuerpo espiritual que las personas no podían tocar ni sentir habría resultado en la erradicación de su intimidad con Dios y también habría hecho que ese trato íntimo —establecido durante el tiempo del Señor Jesucristo en la carne, sin distancia entre Él y los seres humanos— dejara de existir. Lo único que el cuerpo espiritual generó en las personas fue miedo, evasión y miradas silenciosas. No se habrían atrevido a acercarse a Él ni a mantener un diálogo con Él, menos aún seguirle, confiar en Él o admirarle. Dios no deseaba ver este tipo de sentimiento que los humanos tenían por Él. No quería ver que las personas lo evitaran o se apartaran de Él; solo quería que lo entendieran, que se le acercaran y que fueran Su familia. Si tu propia familia o tus hijos te vieran, pero no te reconocieran ni se atrevieran a acercarse a ti y siempre te evitaran y si no lograras que entendieran todo lo que hiciste por ellos, ¿cómo te sentirías? ¿No sería doloroso? ¿No te rompería el corazón? Esto es precisamente lo que Dios siente cuando las personas lo evitan. Así, después de Su resurrección, el Señor Jesús siguió apareciéndose a las personas bajo Su forma de carne y hueso y continuó comiendo y bebiendo con ellos. Dios ve a las personas como Su familia y también quiere ser El más querido para la humanidad; solo de esta manera puede Él ganar de verdad a las personas, y solo así las personas pueden amarlo y adorarlo verdaderamente. ¿Podéis entender ahora Mi propósito al extraer estos dos pasajes bíblicos en los que el Señor Jesús come pan y explica las Escrituras después de Su resurrección, y en los cuales los discípulos le dan pescado asado para que coma?

Puede decirse que la serie de cosas que el Señor Jesús dijo e hizo después de Su resurrección fue reflexionada muy seriamente. Estas cosas estaban llenas de la bondad y del afecto que Dios tenía por la humanidad y estaban además llenas del aprecio y del cuidado meticuloso que Él tenía por el trato íntimo que había establecido con la humanidad durante Su tiempo en la carne. Aún más, estaban llenas de la nostalgia y el anhelo que sentía por Su vida de comer y vivir junto con Sus seguidores durante Su tiempo en la carne. Por eso, Dios no quería que las personas sintieran que había una distancia entre ellos, ni quería que la humanidad se alejase de Él. Más aún, no quería que el hombre sintiera que, después de Su resurrección, el Señor Jesús ya no era el Señor que había tenido tan íntimo trato con las personas, que Él ya no estaba más junto a la humanidad porque había regresado al mundo espiritual, al Padre que las personas nunca podrían ver ni alcanzar. No quería que las personas sintieran que había surgido alguna diferencia de estatus entre Él y la humanidad. Cuando Dios ve a aquellos que quieren seguirle pero lo mantienen a una distancia respetable, Su corazón se aflige porque eso significa que su corazón está muy lejos de Él y que le será muy difícil ganarlo. Por tanto, si se les hubiera aparecido a las personas en un cuerpo espiritual que no pudieran ver ni tocar, esto habría vuelto a distanciar al hombre de Dios, y habría hecho que la humanidad tuviera un concepto erróneo de Cristo tras Su resurrección, como si se hubiera vuelto elevado, de una clase diferente que los humanos, alguien que ya no compartiría una mesa ni comería con los hombres porque los humanos son pecadores, inmundos e incapaces de estar cerca de Dios. Con el fin de disipar las malinterpretaciones de la humanidad, el Señor Jesús hizo numerosas cosas que solía hacer en la carne, tal como se registra en la Biblia: “tomó pan, y lo bendijo; y partiéndolo, les dio”. Él también les explicó las Escrituras, tal como solía hacerlo antes. Todo esto que el Señor Jesús llevó a cabo hizo que cada persona que lo vio sintiera que el Señor no había cambiado, que seguía siendo el mismo Señor Jesús. Aunque había sido clavado en la cruz y había experimentado la muerte, Él había resucitado y no había abandonado a la humanidad. Había vuelto para estar entre los humanos y nada en Él había cambiado. El Hijo del hombre que estaba de pie delante de esas personas seguía siendo el mismo Señor Jesús. ¡Su comportamiento y Su forma de conversar con las personas era tan familiar! Seguía lleno de bondad, gracia y tolerancia; seguía siendo el mismo Señor Jesús que amaba a los demás como a sí mismo, que podía perdonar a la humanidad setenta veces siete. Como siempre lo había hecho, comió con las personas, les explicó las Escrituras y, lo más importante, como antes, era de carne y hueso y se le podía tocar y ver. El Hijo del hombre que Él era permitió que sintieran su trato íntimo, que se sintieran a gusto y que disfrutaran haber recuperado algo que había sido perdido. Con gran facilidad, valentía y confianza, empezaron a admirar y a confiar en este Hijo del hombre que podía perdonarle los pecados a la humanidad. También empezaron a orar en el nombre del Señor Jesús, sin vacilaciones, comenzaron a orar para obtener Su gracia, Su bendición y a recibir de Él Su paz y Su júbilo, Su cuidado y Su protección, y comenzaron a sanar a los enfermos y expulsar demonios en el nombre del Señor Jesús.

Durante el tiempo en el que el Señor Jesús obró en la carne, la mayoría de Sus seguidores no pudieron comprobar por completo Su identidad y las cosas que decía. Cuando se iba acercando a la cruz, la actitud de ellos fue de observación. Entonces, a partir del momento que fue clavado en la cruz y hasta que fue sepultado, las personas se sintieron decepcionadas En ese entonces, en su corazón, las personas ya habían comenzado a pasar de dudar acerca de lo que el Señor Jesús había dicho cuando estuvo en la carne a negarlas por completo. Entonces, cuando Él salió de la tumba y se fue apareciendo una por una a las personas, la mayoría de los que le vieron con sus propios ojos o que oyeron las noticias de Su resurrección fueron pasando poco a poco de la negación al escepticismo. Recién cuando el Señor Jesús hizo que Tomás le pusiera la mano en Su costado y cuando partió el pan y comió delante de ellos después de Su resurrección, y después de que procediera a comer pescado asado delante de ellos, aceptaron realmente que el Señor Jesús era Cristo hecho carne. Se podría decir que fue como si ese cuerpo espiritual de carne y hueso, frente a aquellos hombres, los estuviera despertando a todos de un sueño: el Hijo del hombre que estaba allí, frente a ellos, era aquel que había existido desde tiempos inmemoriales. Tenía una forma, era de carne y hueso, y ya había vivido y comido junto a la humanidad durante un largo tiempo… En ese momento, ¡sintieron que Su existencia era muy real y maravillosa! Al mismo tiempo, ¡estaban llenos de júbilo y felices y llenos de emoción! Su reaparición permitió que vieran de verdad Su humildad, que sintieran Su cercanía y su cariño por la humanidad, y que sintieran cuánto pensaba en ellos. Esta breve reunión hizo que las personas que vieron al Señor Jesús sintieran como si hubiera transcurrido toda una vida. Sus corazones perdidos, confusos, asustados, angustiados, anhelantes y entumecidos hallaron consuelo. Ya no dudaban ni se sentían decepcionados, porque sentían que ahora había esperanza y algo en lo que confiar. El Hijo del hombre de frente a ellos sería para siempre su retaguardia; sería su torre fuerte, su refugio por toda la eternidad.

Aunque el Señor Jesús hubiera resucitado, Su corazón y Su obra no habían abandonado a la humanidad. Con Su aparición les dijo a las personas que independientemente de la forma en la que Él existiera, los acompañaría, caminaría con ellos y estaría con ellos en todo momento, en todo lugar. Y les dijo que en todo momento y en todo lugar proveería para la humanidad y la pastorearía; permitiría que le vieran y le tocasen, y se aseguraría de que nunca más se sintieran indefensos. El Señor Jesús también quería que las personas supieran que no vivían solas en este mundo. La humanidad cuenta con el cuidado de Dios; Él está con ellos. Pueden apoyarse siempre en Dios y cada uno de Sus seguidores es Su familia. Al poder apoyarse en Dios, la humanidad ya no estará sola ni indefensa, y aquellos que le aceptaran como ofrenda por el pecado dejarían de estar presos del pecado. A los ojos humanos, esta porción de la obra que el Señor Jesús llevó a cabo después de Su resurrección fueron cosas muy pequeñas, pero, en Mi opinión, cada mínima cosa fue muy significativa, valiosa, importante y cargada de gran significado.

Aunque el tiempo en que el Señor Jesús obró en la carne estuvo lleno de dificultades y sufrimiento, Él terminó perfecta y completamente la obra mientras estuvo en la carne y redimió a la humanidad apareciéndose en Su cuerpo espiritual de carne y hueso. Comenzó Su ministerio haciéndose carne y acabó Su ministerio apareciéndose a la humanidad en Su forma carnal. Anunció la Era de la Gracia y la comenzó con Su identidad como Cristo. Con esta identidad llevó a cabo Su obra y fortaleció y guió a todos Sus seguidores en la Era de la Gracia. De la obra de Dios se puede decir que Él de veras acaba lo que empieza. Su obra cuenta con pasos y con un plan y está repleta de la sabiduría de Dios, de Su omnipotencia y de Sus maravillosos hechos, de Su amor y de Su misericordia. Por supuesto, el hilo principal que atraviesa toda la obra de Dios es Su preocupación por la humanidad; Su obra está impregnada de la preocupación que nunca puede dejar de lado. En estos versículos de la Biblia, en todo lo que el Señor Jesús hizo después de Su resurrección, lo que se reveló fuer la esperanza y la preocupación inmutables de Dios por la humanidad, así como Su meticuloso cuidado y Su estima por los hombres. Hasta el día de hoy, nada de esto ha cambiado jamás, ¿podéis verlo? Cuando lo veis, ¿no se acerca vuestro corazón de forma inconsciente a Dios? Si vivierais en aquella época y el Señor Jesús se os apareciera después de Su resurrección, en una forma tangible para que pudierais verle, y si se sentara frente a vosotros, comiera pan y pescado y os explicara las Escrituras y os hablara, ¿cómo os sentiríais? ¿Estaríais felices? ¿U os sentiríais culpables? Los malentendidos previos y el evitar a Dios previamente, los conflictos previos con Dios y las dudas previas sobre Dios, ¿no desaparecerían todos por completo? ¿No se volvería más normal y adecuada la relación entre Dios y el hombre?

A través de la interpretación de estos capítulos limitados de la Biblia, ¿encontráis defectos en el carácter de Dios? ¿Alguna adulteración en Su amor? ¿Veis alguna astucia o maldad en la omnipotencia o la sabiduría de Dios? ¡Desde luego que no! ¿Podéis decir ahora con seguridad que Dios es santo? ¿Podéis decir con certeza que cada una de las emociones de Dios es una revelación de Su esencia y de Su carácter? Espero que después de leer estas palabras, lo que entendáis de ellas os ayude y os brinde beneficios en la búsqueda de un cambio de carácter y en el temor de Dios, y que estas palabras den fruto en vosotros y que crezca día a día, para que en el proceso de esta búsqueda os acerquéis cada vez más a Dios y al estándar que Él requiere. Espero que la búsqueda de la verdad ya no os aburra y dejen de sentir que esa búsqueda y el cambio de carácter son cosas difíciles y superfluas. Más bien que, motivados por la expresión del verdadero carácter de Dios y Su santa esencia, anheléis la luz, la justicia y aspiréis a buscar la verdad, a procurar satisfacer la voluntad de Dios y os convirtáis en personas ganadas por Dios, os convirtáis en personas reales.

Hoy hemos hablado sobre ciertas cosas que Dios hizo en la Era de la Gracia, cuando se encarnó por primera vez. A partir de ellas hemos visto el carácter que Él expresó y reveló en la carne, así como cada aspecto de lo que Él tiene y es. Todos estos parecen muy humanizados, pero la realidad es que la esencia de todo lo que Él reveló y expresó es inseparable de Su propio carácter. Cada método y cada aspecto del Dios encarnado que expresa Su carácter en humanidad están inextricablemente vinculados a Su propia esencia. Por tanto, es de suma importancia que Dios viniera a la humanidad por medio de la encarnación. También es importante la obra que realizó en la carne, pero, para cada persona que vive en la carne, para cada persona que vive en la corrupción, más importante aún es el carácter que Él reveló y la voluntad que expresó. ¿Podéis entender esto? Tras comprender el carácter de Dios y lo que Él tiene y es, ¿habéis sacado algunas conclusiones respecto a cómo deberíais tratarle? Finalmente, en respuesta a esta pregunta, me gustaría daros tres consejos: primero, no pongáis a Dios a prueba. Independientemente de cuánto comprendáis sobre Él, de cuánto sepáis sobre Su carácter, nunca jamás lo pongáis a prueba. Segundo, no compitáis con Dios por el estatus. No importa el tipo de estatus que Dios te dé o el tipo de trabajo que te encomiende, no importa el deber que te lleve a realizar y no importa lo mucho que te hayas esforzado y sacrificado por Dios, no compitas en modo alguno con Él por el estatus. Tercero, no compitas con Dios. Independientemente de que entiendas y puedas someterte a lo que Dios hace contigo, lo que Él dispone para ti y las cosas que traiga a tu vida, no compitas de ninguna manera con Dios. Si puedes seguir estos tres consejos, entonces estarás bastante a salvo y no tenderás a enfadar a Dios.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”

Recomendación: Estudios bíblicos profundos

Fuente: Estudiar la Biblia

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

miércoles, 6 de octubre de 2021

Cómo leer la Biblia-Carta a mi amigo lejano de la iglesia

 

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Cómo leer la Biblia-Carta a mi amigo lejano de la iglesia

Sin darnos cuenta hemos estado alejado por más de dos años. ¿Cómo están yendo tus cosas en estos días? ¿Cómo están los hermanos y hermanas? Realmente extraño aquellos días cuando compartíamos el evangelio, leíamos la biblia y acudíamos a las reuniones. Recuerdas aquella vez que discutimos acerca de cómo debería ser leída la biblia ya que no entendíamos la palabra del Señor Jesús aunque la leiamos todos los días. Para ser honesto contigo hace varios años publiqué este interrogante en Internet. Rápidamente un amigo de la iglesia me contestó y me hizo ganar muchísimo. Por eso te escribo esta carta para compartir el camino de cómo leer la palabra de Dios para entender la verdad.

En primer lugar, cuando leemos la palabra de Dios deberíamos tener una actitud sincera, devota y concentrarnos. El Señor Jesús dijo: “Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad” (Juan 4:24). Dios es santo y fiel. Su palabra es la expresión de Su disposición de la vida y la revelación de Su esencia. Por lo tanto, debemos leer Su palabra con un corazón sincero y anheloso. Solo así el Espíritu Santo entrara en nosotros. Si leemos con una actitud despreocupada e indiferente y sólo nos concentramos en saber, resumir y terminar el sentido literal de Su palabra o sólo nutrirnos de la teoría espiritual, entonces caeremos inevitablemente en nuestra idea e imaginación. De este modo, no sólo no podemos entender la voluntad y requerimientos de Dios, sino que fácilmente haremos el mal para evitar a Dios e interrumpir y perturbar Su obra. Recuerda las parroquias de la era de ley. Ellos recitaban las escrituras día tras día pero nunca buscaron o reflexionaron sobre el significado profundo de la palabra de Dios, ni sabían en lo más mínimo acerca del trabajo del Espíritu Santo, en vez de eso eran tan arrogantes que tomaron conocimiento de una carta corta de la biblia y la usaron de guía y tenían varias nociones acerca de Dios. Cuando el señor Jesús vino a hacer Su trabajo para redimir a la humanidad, ellos usaron la carta y la doctrina de la Biblia para negar a Dios, rechazarlo y resistir Su obra. Finalmente usaron la carta para clavar al Señor en la cruz, pecando terriblemente y siendo eliminado y castigado por Dios. Esto completa las palabras de la biblia: “porque la letra mata, pero el Espíritu da vida” (2 Corintios 3:6). De ahí podemos ver que si nosotros deseamos la iluminación divina del Espíritu Santo y entender el propósito de Dios, es necesario una actitud piadosa, concentrada y sincera. Solo así podemos obtener resultados reales al leer la palabra del Señor.

En segundo lugar, deberíamos rezar y reflexionar más acerca de la palabra de Dios. Todos sabemos que la palabra de Dios contiene Sus requerimientos y propósitos. Cuando leemos un pasaje de Su palabra necesitamos reflexionar sobre: por qué Dios quiere pronunciar esas palabras, cuál es el propósito de esas palabras, qué problemas quería que resolvamos por nuestra cuenta y qué resultados quiere adquirir. Solo reflexionando acerca de esto, entenderemos el significado de Su palabra y comprenderemos Su propósito. Una vez cuando leí la palabra del Señor Jesús: “Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres” (Mateo 6:5). Luego reflexioné: ¿por qué Dios no aprobaba los rezos de los fariseos? ¿Qué significaba la manifestación de sus oraciones? ¿Cuál sería la consecuencia si rezaremos del mismo modo que ellos? En aquellos días, yo siempre rezaba y reflexionaba sobre estos temas. Luego de esto, pensé acerca del comportamiento de los fariseos. Por ejemplo, ellos hipócritamente realizaban largas plegarias, les encantaba rezar parados en las esquinas de las calles para ser vistos por la gente y repetían palabras agradables a Dios, pero no las ponían en práctica. Además devoraron la propiedad de las viudas y hasta asesinaron profetas. Sus plegarias engañaban a los hombres y a Dios. Dios es fiel, bendito y justo; Dios aborrece y condena las plegarias hipócritas de los Fariseos. Comparado con el comportamiento de los fariseos podemos descubrir que nuestras plegarias están llenas de mentiras, palabras vacías y pretenciosas, que decimos palabras agradables y realizamos incontables propósitos ante Dios pero pocas veces los cumplimos. Por ejemplo, en ocasiones rezábamos para obtener gracia pero nunca para entender la verdad o hacer realidad la palabra de Dios; en otras rezábamos para amar al Señor pero cuando teníamos dificultades en nuestra vida y caíamos inmediatamente nos quejábamos del Señor y no podíamos amarlo más; hubo momentos también que rezábamos a Dios diciendo que estábamos dispuestos a servir al Señor toda la vida pero al ver a nuestros amigos viviendo una vida fácil y cómoda, comenzábamos a dudar y queríamos caminar por el mismo camino que ellos. Solo luego de darnos cuenta que nuestras oraciones no están alineados con la voluntad del Señor podemos hablar de manera sincera al Señor y estar dispuesto a arrepentirnos. Este es el resultado que Dios quiere que alcancemos diciendo esas palabras. De aquí podemos ver que podemos conscientemente reflexionar acerca de cada palabra y cada requerimiento de Dios, buscar más acerca del propósito de Dios cuando habla y cuál es el resultado que quiere que alcancemos; así poder obtener la iluminación divina del Espíritu Santo y gradualmente entender el verdadero significado de las escrituras.

Además hay un tiempo para que funcione el Espíritu Santo. En algunos casos no podemos recibirnos de forma inmediata la iluminación divina del Espíritu Santo cuando reflexionamos sobre las escrituras; en ese momento no podemos abatirnos ni rendirnos pero deberíamos tener una determinación perseverante y confiado para no descansar hasta entenderlas. El Señor Jesús dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados” (Mateo 5:6). “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). Dios es fiel. Siempre que reflexionemos con frecuencia y esperemos, tal vez luego de un tiempo, Dios nos iluminara y de repente entenderemos Sus palabras. Así es como Peter lo experimento. El Señor Jesús una vez le preguntó a Peter tres veces: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” (Juan 21:16). En ese momento Peter no entendió la voluntad de Dios. Mediante constantes reflexiones y rezos se dio cuenta que él sólo amaba una idea vaga de Dios en el cielo pero no amaba al Señor en la tierra. El propósito de Dios es esperar que el hombre pueda amar al Dios práctico en tierra y no la idea vaga, invisible e intangible de Dios en el cielo. De ese momento Peter se propuso como meta para su vida amar a Dios. Al final, él alcanzó su propósito de amar a Dios al máximo y fue crucificado de cabeza por el Señor, siendo perfecto para Dios. Dios no es injusto con las personas mientras que nosotros nos esforcemos en entender la palabra de Dios y rezar más y esperar con un corazón obediente, con seguridad Dios nos iluminará y guiará.

Por último, deberíamos poner en práctica en la vida real la palabra de Dios que entendemos. Sólo de ese modo podemos entender de forma más clara la palabra de Dios. Deberíamos practicar tantas verdades como entendamos en las escrituras. Aún si sólo entendemos en sentido literal, podemos practicar de ahí. Por ejemplo, El Señor dijo: “Antes bien, sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; y lo que es más de esto, procede del mal” (Mateo 5:37). Luego de reflexionar sobre estas palabras podemos entender que para ser una persona honesta hay que llamar a las cosas por su nombre y no decir mentiras. Luego podemos empezar a practicar ser honestos de acuerdo con lo que entendimos. Cuando actuemos así, nos daremos cuenta que no es fácil ser una persona honesta y que es muy difícil no decir mentiras. Cuando hacemos algo, aún tenemos muchas impurezas y malas intenciones y para proteger nuestra vanidad, rostro e intereses, también decimos mentiras a pesar de nosotros mismos. En este momento podemos entender que Dios requiere que nosotros resolvamos las intenciones e impurezas que tenemos dentro así podemos deshacernos de nuestra predisposición deshonesta y conseguir no engañar a Dios, al hombre ni a nuestro corazón. Además, cuando nos comportamos como personas honestas, podemos descubrir que la humanidad está profundamente corrompida por Satanás y necesitamos la salvación de Dios. En este momento, rezaremos urgentemente para que Dios nos ilumine y nos guíe, así podemos practicar la verdad y ser purificados pronto y ser alguien que enorgullezca Dios. Si solo prestamos atención en nutrirnos con el conocimiento bíblico y la doctrina espiritual pero no enfatizamos en practicar la palabra de Dios lo que sabemos permanecerá superficial y aún cuando podamos recibir la iluminación de Dios la olvidaremos con rapidez. Cuando Dios vea que no practicamos la verdad el Espíritu Santo no nos iluminará más para entender la palabra de Dios. Esto completa la frase del Señor Jesús: “Porque a cualquiera que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero a cualquiera que no tiene, aun lo que tiene se le quitará” (Mateo 13:12). Entonces luego de recibir la iluminación divina del Espíritu Santo deberíamos prestar atención para ponerlo en práctica. Esta es la llave para recibir la aprobación de Señor.

Lo que te mencione anteriormente lo obtuve en los días que pasaron. Gracias al Señor! Espero que esta información sea beneficiosa para ti y que pueda ayudarte a liberarte pronto de la vejación de cómo leer las escrituras para alcanzar los propósitos y ganar un suministro interminable de agua de vida del Señor.

¡Que la bendición del Señor te acompañe!

(Traducido del original en inglés al español por Antonela Ayelen Martinez)

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Fuente: Estudiar la Biblia